La mención de la actriz mexicana Salma Hayek, cuestionando por qué una historia nacional debe filmarse fuera de su país, para ser rodados en países como República Dominicana y la posible migración del proyecto cinematográfico “Porto Rico”, de Residente y Bad Bunny, hacia suelo dominicano, no son hechos aislados.
Son señales de una realidad: el cine ya no es solo arte, es una industria estratégica de soberanía económica. En ese escenario global, República Dominicana compite con ventaja gracias a la Ley de Cine 108-10.
Para entender el valor de la industria actual, hay que recordar el abismo de 1989.
Tras el rodaje de la película Habana, protagonizada por Robert Redford, quedó en evidencia la fragilidad institucional que rodeaba a la industria local en ese momento.
No existía una ley clara que regulara el sector, ni protocolos formales que garantizaran transparencia en la contratación de servicios.
En medio de esa informalidad, algunos suplidores locales incurrieron en prácticas desordenadas y poco profesionales, tanto en el manejo de costos como en la logística operativa. Se produjeron sobrecargos inesperados, incumplimientos y fallas organizativas que afectaron la experiencia de los productores extranjeros.
El resultado fue devastador para la reputación del país: República Dominicana pasó a ser vista como un destino riesgoso para filmaciones internacionales y quedó prácticamente vetada por Hollywood, entrando en una “lista negra” que se prolongó por casi dos décadas.
El costo fue altísimo. Sin reglas de juego claras ni seguridad jurídica, el país perdió miles de millones de dólares en inversión extranjera y miles de empleos directos e indirectos. No fue solo un tropiezo cinematográfico; fue una herida económica.
Hoy, el escenario es opuesto.
Que Salma Hayek cite a República Dominicana como ejemplo de éxito y que producciones de The Killer o Shotgun Weddingelijan el país, demuestra que la Ley de Cine 108-10 no solo atrajo capital: restauró la credibilidad internacional, sustituyendo la arbitrariedad del pasado por seguridad jurídica, transparencia y profesionalismo.
La Ley de Cine, mucho más que un incentivo fiscal
La Ley de Cine 108-10 es una herramienta de competitividad global.
Ofrece estabilidad fiscal, reglas claras y garantías legales que permiten a estudios internacionales planificar con certeza.
En una industria donde cada millón invertido requiere precisión financiera, la previsibilidad lo es todo.
Las exenciones contempladas en la Ley de Cine 108-10 representan una partida significativa dentro del gasto tributario nacional; sin embargo, diversos estudios señalan que el efecto multiplicador en inversión extranjera, empleo especializado y transferencia de conocimiento supera ampliamente el incentivo otorgado.
El mensaje es claro: República Dominicana entiende que el cine es economía estratégica.
El caso “Porto Rico”: Cuando la infraestructura decide el destino
La posible mudanza de “Porto Rico”, el proyecto de Residente y Bad Bunny, confirma una realidad incómoda: el talento y el capital se mueven hacia donde existen reglas claras.
Mientras el proyecto enfrenta falta de respaldo institucional y procesos inciertos en su territorio original, la República Dominicana ofrece estabilidad bajo la Ley de Cine 108-10, con incentivos fiscales competitivos, exenciones tributarias y más de una década de aplicación continua que garantiza seguridad jurídica.
En producciones que pueden superar los US$ 20 o US$ 30 millones, esa diferencia en certeza y ahorro fiscal pesa.
Solo la residencia artística de Bad Bunny en 2025 generó US$ 100 millones en actividad económica; un largometraje internacional puede activar cifras similares.
Si la producción se concreta en República Dominicana, no será casualidad. Será el resultado de contar con una estructura formal que convierte al país en un socio confiable para la industria global.
Casos que validan el modelo dominicano
Arthur the King
Aunque la historia ocurrió en Ecuador, la película se rodó íntegramente en República Dominicana.
La razón: infraestructura de clase mundial como Lantica Media, estabilidad jurídica y los incentivos de la Ley de Cine 108-10.
Mark Wahlberg destacó la seguridad y la calidad técnica dominicana, reforzando la reputación internacional del país.
Shotgun Wedding
La producción de Lionsgate evaluó varios destinos del Caribe. La estabilidad de la Ley de Cine 108-10 inclinó la decisión hacia República Dominicana.
Resultado: ocupación hotelera masiva en Río San Juan, impulso al turismo y activación de la economía local en un momento clave.
The Killer
Que un director David Fincher eligiera Santo Domingo valida que el país cumple con los estándares técnicos más exigentes del mundo.
Producciones de esta magnitud comparan costos entre Panamá, Colombia y República Dominicana.
Si eligen RD, es porque el retorno de inversión y la logística son superiores.
El fenómeno de los programas de telerrealidad
Programas como Exatlón y Survivor han convertido a República Dominicana en un centro permanente de producción.
A diferencia de una película que dura meses, estos proyectos operan durante años, generando empleos estables y sostenidos.
Aquí, la Ley de Cine 108-10 no solo atrae inversión; crea sustento diario para miles de familias.
Competencia global: La economía mueve la cámara
El cine se mueve por incentivos. No por tradición, ni por nostalgia, sino por números.
El mejor ejemplo es el estado de Georgia, que en 2008 lanzó una estrategia fiscal agresiva con créditos de hasta un 30 %, sin límite anual y además transferibles, lo que en la práctica los convierte en dinero líquido para las productoras.
Esa fórmula permitió que, en 2016, Georgia superara a California (Hollywood) en cantidad de grandes producciones, convirtiéndose en el nuevo epicentro del rodaje en Estados Unidos.
La reacción no tardó.
Para 2025–2026, California elevó su presupuesto de incentivos a US$ 750 millones anuales y aumentó sus créditos hasta un 35 % o incluso 40 %, permitiendo créditos reembolsables para competir con Georgia.
La lección es clara: incluso dentro de Estados Unidos, la industria se mueve hacia donde las condiciones fiscales son más eficientes. En ese mismo tablero compite República Dominicana.
Gracias a la Ley de Cine 108-10, el país ofrece estabilidad jurídica, incentivos competitivos y continuidad institucional, posicionándose con ventaja frente a otros destinos del Caribe y Latinoamérica.
Cuando el mercado decide dónde filmar, lo hace con una calculadora en la mano. Y en esa ecuación, la certeza jurídica y la eficiencia fiscal pesan más que la tradición.
Más allá de las cámaras: el Efecto multiplicador
Cada producción internacional activa:
- Turismo y hotelería
- Servicios técnicos especializados
- Gastronomía y transporte
- Construcción y logística
- Formación profesional
El cine es una “industria sin chimeneas” que exporta cultura e importa divisas.
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