El caso de la niña de tres años Brianna Genao González, desaparecida en la comunidad Barrero, municipio Imbert, en Puerto Plata, ha pasado de ser una tragedia local a convertirse en un espejo de las debilidades institucionales de la República Dominicana.
Lo que comenzó como una denuncia familiar el 31 de diciembre de 2025 se ha transformado en un drama nacional que expone la lentitud, la improvisación y la falta de coordinación de las autoridades.
Los primeros días: silencio y desconcierto
La familia reportó la desaparición de la niña de tres años en la comunidad Barrero de Imbert el 31 de diciembre de 2025. Durante los primeros días, la búsqueda fue limitada y solo en el perímetro de donde fue vista por última vez.
No hubo información precisa ni protocolos visibles. Apenas cinco días después de la denuncia de la familia, el 5 de enero de 2026, las autoridades anunciaron la ampliación de la zona de rastreo, lo que supone se hizo por la comprensión de la magnitud del caso.
Arrestos y lluvias: más ruido que resultados
El 6 de enero, tres personas fueron apresadas, pero la investigación no ofreció avances concretos. La comunidad de Barrero, en lugar de recibir certezas, quedó atrapada en rumores y especulaciones.
Al día siguiente, las lluvias obligaron a paralizar la búsqueda, mostrando lo frágil que era el operativo frente a condiciones previsibles.
El 7 de enero, dirigentes comunitarios de Barrero, amparándose en la asociación Barrero Unido, denunciaron que las autoridades policiales habían torturado a los apresados con fin de presionar para obtener informaciones sobre el caso.
La búsqueda pierde fuerza
Para el 9 de enero, la intensidad de los operativos había disminuido. Un día después, el 10 de enero, se confirmó la libertad de los tíos abuelos, Rafael y Reyes Rosario Núñez quienes habían sido investigados y señalados de violación, asesinato y desaparición, según informaron fuentes del Ministerio Público, pero la carencia de evidencias terminó con vigilarlos por los cuerpos policiales.
Fue entonces cuando el caso empezó a mostrar mayores signos de desgaste y de un manejo errático por parte de las autoridades.
Objetos, perros y helicópteros
El hallazgo de una manta el 12 de enero, en un punto distante al punto de rastreo inicial fue presentado como una posible evidencia, pero pronto se convirtió en otro elemento inconcluso.
Al día siguiente, el 13 de enero, se sumaron técnicos del FBI y una unidad canina más especializada; además de una búsqueda aérea terminó sin resultados. La presencia internacional, que según la primera dama ha sido solicitada por el mandatario, ha puesto en evidencia la precariedad de los recursos locales.
Ese día, la bisabuela paterna de la niña Brianna Genao se presentó al área donde los periodistas esperaban informaciones del caso. Lucía González, acompañada de otros familiares, procuraban interés sobre la integración de los agentes del FBI, anunciadas por las autoridades.
El “yeyo” y la desconfianza
El 14 de enero, el vocero de la Policía Nacional tuvo que aclarar que el mareo (“yeyo”) sufrido por un agente del FBI y que fue reportado por los medios no afectó la búsqueda. La anécdota, más que tranquilizar, reforzó la percepción de que el caso se ha convertido en un espectáculo mediático, donde cada detalle se magnifica mientras la niña sigue sin aparecer.
Convocatoria a marcha
El próximo domingo 18 de enero, la familia de la niña Brianna Genao, encabezada por su padre Carlos Manuel Genao (conocido como Adonis), ha convocado una marcha que contará con el respaldo de la comunidad de Barrero.
Con esta manifestación buscan mantener viva la exigencia de que se esclarezca el caso y se haga justicia. Barrero, en Imbert, Puerto Plata, no es solo el lugar de residencia de la menor en la casa de su abuela materna, sino también el espacio donde la comunidad se une para acompañar a la familia en su reclamo, convirtiendo el dolor en fuerza colectiva y la protesta en un símbolo de solidaridad.
Cómo se enfrentan las emergencias
La desaparición de la niña de tres años Brianna Genao no solo es un drama humano, es también un retrato de cómo las instituciones dominicanas enfrentan —o más bien no enfrentan— las emergencias.
A 16 días de reportada la desaparición de la niña, el caso Brianna se ha convertido en una herida abierta que exige respuestas, no excusas. La comunidad de Barrero, en Imbert, Puerto Plata, y el país entero, esperan más que operativos mediáticos: esperan justicia y verdad. Una espera que no puede convertirse en desesperanza, como lo es el caso del niño -también desaparecido- Roldany Calderón.
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