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Autoretrato del padre José Luis Sáez, joven

José Luis Sáez Ramo nació en Valencia, casi por accidente, porque su padre Joaquín Sáez Calle y su madre Josefa Ramo Pañuelas, eran republicanos y el asedio de los nacionales, encabezados por Francisco Franco, contra Madrid, obligó a cambiar la capital del gobierno de Madrid a Valencia.

Y en la huida, con el embarazo ya avanzado, los dos empleados de la compañía Telefónica de España, recibieron al único hijo que tuvieron, en la calle Salamanca número 13, de Valencia, un 21 de septiembre de 1937. Joaquín Sáez se fue al exilio en Francia, como lo hicieron miles de españoles del bando republicano, y posteriormente decidió asentarse en la República Dominicana de la dictadura de Trujillo. Pepita, como le decían a Josefa, se quedó en Valencia y luego viajó a Madrid, y residiendo en el Barrio de las Letras, en la calle Del Amor de Dios, y en una de las navidades más tristes para el joven José Luis, en diciembre de 1954, falleció. Aquella muerte decidió la nueva vida del joven, quien optó por viajar al lado de su padre, en Santo Domingo.

José contaba que debió dejar una garantía económica para salir de Madrid hacia República Dominicana. Ocupó un bus en la Plaza de Cibeles, frente al Ayuntamiento de Madrid, y desde allí se marchó hasta llegar a la República Dominicana, donde continuó sus estudios. Entró a la Universidad de Santo Domingo a estudiar economía, pero al mismo tiempo ingresó en el noviciado jesuita de El Calvario, en Cuba, en octubre de 1958.

La carrera eclesial lo llevó a estudiar en Venezuela a los estudios de humanidades, al concluir fue enviado a estudiar filosofía en Nueva York, graduándose en la Universidad de Fordham. Hizo dos años de magisterio en el seminario Menor de Santo Domingo y en el Colegio Loyola, y regresó a Estados Unidos a estudiar teología en Maryland.

Recibió el sacerdocio en la catedral de Santo Domingo, de manos de Monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito, entonces administrador apostólico sede plena, en junio de 1970.

Trabajó varios años en Radio Santa María, en donde creó una dinámica de programas históricos y culturales, y promovió la educación y formación de jóvenes valores. Trabajó con Antonio Cabezas, José Ignacio López Vigil, José Luis Lanz, Pedro González Llorente, y con un grupo de laicos comprometidos en los que sembró el deseo de superación.

Dejó Radio Santa María en 1979, por razones de salud, y fue operado de corazón abierto en Miami. Es un período pródigo en producción de libros y publicaciones de artículos y ensayos, hasta que en 1988 volvió a ser operado, esta vez de cáncer en la lengua. En 2013 volvió a ser intervenido para extirparle una glándula salival inflamada, en CEDIMAT.

En 1974, mientras impartía docencia en la UASD, publicó su primer libro titulado Teoría del Cine, en 1978 publicó su primer libro sobre iglesia, titulado Un mártir brotó en el cabo: Apuntes para una biografía de Jacques Jules Bonnaud. En 1979 sorprendió con la publicación de su libro sobre historia de las congregaciones religiosas en la República Dominicana, titulado Testigos de la Esperanza: Historia de la vida religiosa en Santo Domingo.

Para la Academia de Ciencias, en 1985, publicó su libro Seminario sobre los restos de Cristóbal Colón. Como resultados de sus clases en la escuela de periodismo de la UASD publicó, en 1986, su libro En el lugar del hecho: El reportero de televisión, que fue premiado y publicado por CIESPAL en Quito, Ecuador. También dio a conocer sus Apuntes de periodismo Iconográfico, en 1987. Ese mismo año publicó una obra fundamental en la historia de la Iglesia, titulada Cinco siglos de Iglesia Dominicana. Tuvo tiempo ese año para investigar la vida del jesuita Miguel Domingo Fuertes, de Zaragoza, y quien vivió en el país y dio a conocer los primeros estudios científicos sobre el larimar en Barahona. Luego adicionó otro libro recopilatorio, titulado Los papeles del padre Fuertes.

En 2017, José Luis Sáez recibiendo el premio Caonabo de Oro, con otros dos reconocidos esa misma noche, José Mármol y Fausto Rosario Adames.

En 1988 se lanzó con su investigación Los jesuitas en la República Dominicana, al que luego le seguiría un segundo tomo en 1990. Pese a los achaques de salud, jamás se quedaba tranquilo y publicó otros 40 libros más, entre los que se cuentan la historia del Politécnico Loyola de San Cristóbal, la del Loyola de Dajabón, La historia de los hospitales en el Santo Domingo colonial, la Iglesia y el negro en Santo Domingo, historias sobre los hombres de Iglesia: El arzobispo Portes, Elías Rodríguez, Don Sebastián Ramírez de Fuenleal,Génesis y evolución de la provincia eclesiástica de Santo Domingo, el Padre Fantino, apuntes para la historia de la cultura dominicana, documentos de la provincia eclesiástica de Santo Domingo, la formación sacerdotal en Santo Domingo, una biografía de Lino Zanini, diplomático y agente de cambio, sobre el arzobispo Mena, sobre Monseñor Ricardo Pitini.

Los temas le llegaban, y se fue a Cuba a trabajar la historia de los jesuitas en esa isla, escribió la historia del Colegio de Belén, otro libro sobre la contribución de la iglesia a la educación. También escribió la historia de la expulsión de los jesuitas en Santo Domingo. Publicó su libro sobre los bautismos de esclavos en Santo Domingo, otro libro sobre la aventura científica del padre Julio Cicero, hizo un inventario del archivo histórico del Arzobispado de Santo Domingo, escribió sus 9 retratos de medio cuerpo, a figuras de la Iglesia Católica Dominicana.

Publicó la historia del Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino, la biografía de Monseñor Eliseo Pérez Sánchez, y su libro sobre la historia del cine en República Dominicana, titulado Historia de un sueño importado, que ganó un premio Siboney, y escribió la historia de la presencia de los jesuitas en Cuba.

En un período en que el arzobispo de Santo Domingo imponía su criterio, José Luis Sáez publicó su monumental libro, en dos tomos, titulado La sumisión bien pagada. La Iglesia Dominicana bajo la era de Trujillo. En imprenta se encuentra el último que dejó escrito, sobre la historia de la Iglesia en Cuba. Hay muchas otras publicaciones, ensayos, memorias, libros en co-autorías, y hasta libros que ayudó a escribir sobre historias que a él les interesaban, pero que se publicaron sin el reconocimiento a sus aportes.

José Luís Sáez, con Frank Moya Pons y Ana Mitila Lora, en la puesta en circulación del libro de Ana Mitila titulado Memorias del Siglo, en 2018

José Luis Sáez fue un sacerdote íntegro hasta la saciedad, que practicó su voto de pobreza, que desconocía todo lo relacionado con el dinero, que trabajó para organizar la historia de un pueblo al que amó profundamente, porque lo adoptó desde temprano, y al que le sirvió hasta los últimos momentos de vida.

Fue maestro en historia, en periodismo televisivo, en producción cinematográfica, en periodismo radiofónico y cultural, fue dibujante y pintor y hasta los últimos días de su vida se dedicó a organizar el archivo del arzobispado de Santo Domingo. Fue miembro de número de la Academia Dominicana de la Historia, fue parte del equipo que lanzó al periódico El Nuevo Diario, escribió ampliamente para el vespertino La Noticia, para el diario Clave Digital y para el semanario CLAVE, publicó durante años artículos en la revista Amigo del Hogar.

En 1999 el presidente Leonel Fernández le otorgó la Orden Duarte Sánchez y Mella en el grado de Caballero, y en el 2011 le fue dedicada la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, junto al obispo Francisco José Arnaiz. En el 2017 recibió el Premio Caonabo de Oro como reconocimiento a su labor periodística en el país.

Trabajaba incansablemente, recibía visitas de estudiantes de diversas carreras que le cuestionaban sobre diversos temas; fue directivo de la Academia de Ciencias, y contaba en su haber con un humor característico, ácido, poderoso, que no concebía el abuso, la maldad, la maledicencia ni la prepotencia. Era un hombre con grandes conocimientos, que jamás se pavoneó con lo aprendido. Incluso, en su casa llegó a recibir a jóvenes necesitados de aprender inglés, y les mostraba el camino. Hizo traducciones de obras, por ejemplo, por encargo de Bernardo Vega. Escribió,  la cronología y bibliografía del libro de Bernard Diederich titulado Una cámara testigo de la historia. El recorrido dominicano de un cronista extranjero, 1951-1966, publicado por la Fundación Cultural Dominicana.

José Luis Sáez no escribió poesía, pero escribió cuentos, escribió ensayos, hizo cercanías con la novela, y leía con fervor las historias de ficción que le caían en mano, que recibía como regalo o que compraba.

Su poeta favorito era León Felipe, y a través del poeta del éxodo y el llanto, ejercía la tristeza de todo el que ha sufrido y sufre exilio, destierro. Le gustaba la poesía de Federico García Lorca, Rafael Alberti y Miguel Hernández. De León Felipe dejó hermosos dibujos, igual que de García Lorca y Miguel Hernández.

A Francisco Franco le veía de lejos y le gustaba entonar a veces el brevísimo poema de León Felipe que le cuenta:

Franco… tuya es la hacienda…

José Luis Sáez, en su cumpleaños el 21 de septiembre de 2019

la casa, el caballo y la pistola…

Mía es la voz antigua de la tierra.

Tú te quedas con todo

y me dejas desnudo y errante por el mundo…

mas yo te dejo mudo… ¡mudo!…

¿Y cómo vas a recoger el trigo

y a alimentar el fuego

si yo me llevo la canción?

Y por qué no decirlo, su poesía más querida era, del propio León Felipe, titulada No me contéis más cuentos, en particular la segunda parte:

Yo no sé muchas cosas, es verdad.

Digo tan sólo lo que he visto.

Y he visto:

que la cuna del hombre la mecen con cuentos,

que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,

que el llanto del hombre lo taponan en cuentos,

que los huesos del hombre los entierran con cuentos…

y que el miedo del hombre…

ha inventado todos los cuentos.

Yo sé muy pocas cosas, es verdad.

Pero me han dormido con todos los cuentos…

y sé todos los cuentos.

Retrato de León Felipe realizado por José Luis Sáez en 1984, en conmemoración del centenario del nacimiento del poeta.

Este viernes, en el cementerio de Manresa, Loyola, será sepultado el padre José Luis Sáez, hombre de Iglesia y de Historia, hombre de bien, que merece ser reconocido y recordado todo el tiempo, por los grandes aportes que hizo a las Antillas, y en particular a la República Dominicana.

Lo despedimos con llanto, con tristeza, pero también con la alegría de haber compartido con él un tiempo especial, un período de nuestra historia que él escarbó con sistematicidad. Y le deseamos, ahora que entra en la tierra, a apenas unos metros de donde está sepultado su padre Joaquín Sáez, que esté en paz y que el señor le cuide y valore su excelente y maravilloso espíritu. Y que su madre Josefa o Chepita, como le llamaban carilosamente, también se acerque a ese hijo al que amó tanto. Te despedimos, José Luis, con todo el cariño y admiración que mereces. Descansa en paz, querido amigo y maestro.

En INTEC, el 22 de noviembre de 2019, en Un Día con un Autor y su obra, XXV Edición, acompañado de Ana Mitila Lora, Fausto Rosario y Ángela Peña.