El sistema de salud del país requiere atención, recursos, concertación y cambios que lo posicionen en una rectoría verdadera, en una dirección que abra puertas a las diversas responsabilidades que le tocan, y que confluyan en la mejoría de los servicios de salud en general, y particularmente los servicios públicos, a una población que demanda de ellos porque los necesita. Es un tema de vida o muerte.
Salubristas tenemos en abundancia. Contamos con escuelas de medicina en universidades bien acreditadas, el país cuenta con apoyo y asesoría de la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS), y contamos con acuerdos bilaterales con numerosos países que bien pudieran brindarnos apoyo en una sostenida y poderosa reforma del sector.
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Se ha hablado de la asignación de un 5 por ciento del PIB para el sector salud, como ya se hizo con el 4 por ciento para la educación. Antes del tema de los recursos, hay que tener la decisión del camino que debe transitar el país en procura de una mejoría significativa en la prestación de servicios, calidad de atención y ganancia de la credibilidad necesaria para contar con el apoyo de la sociedad.
Muchos profesionales de la salud dominicanos se encuentran ubicados en los mejores hospitales del mundo y en los países desarrollados. Las historias que se conocen de los profesionales y cientistas de la salud dominicanos, y su desempeño en países altamente exigentes, nos muestra que es posible lograr cambios al esquema de atención y prestación, con resultados pobres, que tenemos.
La República Dominicana dispone de un marco legal adecuado, aunque es posible aplicar reformas, porque persisten brechas significativas entre lo establecido en la ley y la realidad operativa del sistema. Las debilidades son más notorias en la ejecución, fragmentación institucional y crecimiento desorganizado del sector privado. El sistema de salud, en esencia, existe más como concepto normativo que como arquitectura funcional integrada.
Elementos críticos para una rectoría efectiva
- Profesionalización de la gestión hospitalaria: Es imprescindible desarrollar una carrera formal en administración de salud que permita dirigir hospitales con criterios de eficiencia, calidad y sostenibilidad.
- Infraestructura hospitalaria: Se requiere planificación nacional basada en densidad poblacional y niveles de complejidad, evitando soluciones reactivas.
- Mantenimiento y cultura operativa: La ingeniería biomédica y el mantenimiento preventivo deben institucionalizarse como pilares del sistema.
- Control de calidad en formación médica: Es necesario establecer estándares nacionales homogéneos, mecanismos de evaluación rigurosos, exámenes de habilitación y recertificación periódica.
- Regulación del sector privado: Debe implementarse un sistema obligatorio de acreditación, con auditorías periódicas y clasificación por niveles de complejidad.
Gestión eficiente de recursos y regionalización
Uno de los problemas más relevantes es la fragmentación de servicios de alta complejidad, lo cual genera ineficiencia y potencial impacto negativo en los resultados clínicos.
La evidencia internacional demuestra que los centros de alto volumen presentan mejores resultados clínicos. Asimismo, a mayor volumen, menor costo por procedimiento, debido a economías de escala, mejor utilización de equipos, equipos clínicos más experimentados y reducción de complicaciones.
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La regionalización de servicios de alta complejidad permitiría optimizar recursos, mejorar resultados y garantizar sostenibilidad económica.
Independencia técnica del Ministerio
El Ministerio de Salud Pública debe operar bajo liderazgo técnico, con continuidad de políticas y mínima interferencia política, asegurando estabilidad en la toma de decisiones.
Cambio de paradigma: Todo es Salud
La salud debe ser entendida como un fenómeno integral que inicia en la comunidad. Factores como urbanismo, educación, alimentación y prevención juegan un rol fundamental.
Los hospitales representan el estadio final del proceso de enfermedad, no el punto de inicio de la salud.
El fortalecimiento del sistema de salud dominicano requiere un enfoque integral basado en calidad, gestión profesional, regulación efectiva y uso inteligente de los recursos. Solo así será posible garantizar el derecho a la salud de manera sostenible.
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