El cumplimiento de la pena, de prisión durante 30 años, de Mario José Redondo Llenas ha traído nuevamente un debate que, quiérase o no, revive las heridas de aquel horroroso crimen del niño José Rafael Llenas Aybar, con apenas 12 años.

No fue un crimen cometido por Mario José Redondo Llenas en solitario, aprovechando la familiaridad, porque eran primos. Fue un crimen en el que participaron varios sujetos, incluyendo familiares y representantes diplomáticos del gobierno argentino en la República Dominicana.

Que sepa que su perdón legal llegó, pero no vino acompañado del perdón social, y para conseguir este última tendrán que pasar muchos años, y tal vez nunca le llegue.

La pena aplicada al principal autor fue máxima, de 30 años. Corresponde ahora que la libertad le favorezca y se reinserte en la sociedad, procurando un comportamiento adecuado con su entorno, su familia, y tratando de recuperar una sobrevivencia que le será difícil de todos modos. Es pieza clave en aquel proceso. Los deudos de José Rafael Llenas Aybar lamentan que no exista la pena de muerte en nuestra Constitución de la República.

El propio Mario ha reconocido su horrible error, y conoce que nunca podrá recuperar el aprecio y el cariño de sus familiares. Su entorno más íntimo le ha acompañado, le ha ayudado a llevar la cárcel, y no mucho más de ahí. Estando en prisión pudo tener una relación y formar una familia. Ahora sabe lo que representa el dolor de un hijo agredido, extrañado, torturado, entregado en hechizos a los demonios.

Los deudos de José Rafael Llenas Aybar lamentan que no exista la pena de muerte en nuestra Constitución de la República.

En el cumplimiento de su pena Mario José Redondo Llenas se comportó favorablemente. Nunca fue parte de ninguna agresión, no creo conflictos, se convirtió en profesor en el nuevo sistema penitenciario, y estuvo resignado a esperar que se cumpliera el período de prisión que le fue asignado.

En 1996, cuando ocurrieron los hechos bochornosos que lo llevaron a la condena, no existían las redes sociales ni los nuevos y poderosos medios que se administran emocionalmente. El linchamiento mediático es una realidad, desde el punto de vista que se le mire. Las redes están enardecidas con la puesta en libertad del autor de aquel crimen contra José Rafael Llenas Aybar.

No había ni hay pena de muerte, la pena dictada fue máxima, y por tanto solo queda que se respete el mandato de la ley que este hombre, con una horrible historia detrás, encuentre el camino de su reinserción en la sociedad, de mostrar una conducta distinta de la asumida irresponsablemente hace 30 años, y que intente, si le fuera posible, hacer mucho bien de aquí en adelante. Que sepa que su perdón legal llegó, pero no vino acompañado del perdón social, y para conseguir este última tendrán que pasar muchos años, y tal vez nunca le llegue.

La sociedad, con sus angustias, resabios y deseos de justicia, siempre apostará para que a los crímenes horrendos se les condene de forma perpetua.