La desaparición de la niña Brianna Genao, ocurrida el 31 de diciembre de 2025, ha puesto en evidencia el sistema de respuesta dominicano frente a emergencias infantiles.
Y, a la luz de los protocolos internacionales establecidos, como lo es la Alerta Amber, la acción de las autoridades se ha convertido en una cadena de improvisaciones, silencios y tardanzas.
El inicio: una denuncia sin eco
La familia de Brianna reportó su desaparición en la comunidad de Imbert. Sin embargo, la alerta no se difundió de manera masiva ni oficial en las primeras horas, como establece el protocolo internacional.
En países como Estados Unidos y México, la activación es inmediata: carreteras, medios y redes sociales se convierten en altavoces. En Barrero, localidad de Imbert, Puerto Plata, la noticia de la desaparición de la niña circuló primero como rumor comunitario, que muchos vieron —incluso— como un agua fiesta, por haber sucedido un 31 de diciembre.
Lluvia, arrestos y desconcierto
Cinco días después, el 5 de enero, las autoridades anunciaron la ampliación de la zona de búsqueda. El 6 de enero, tres personas fueron apresadas, pero sin resultados claros. Al día siguiente, las lluvias obligaron a suspender el operativo, mostrando la fragilidad de la estrategia. Mientras tanto, la comunidad se hundía en la angustia.
De acuerdo a los protocolos de la Alerta Amber, la búsqueda ha estado carente de un comité coordinador centralizado que dirija las acciones desde el primer momento, y a esto se suma que la información sobre la desaparición y las acciones de búsqueda es dispersa, anónima, sin fuente oficial constante… Por una semana se ha anunciado una rueda de prensa que no se concreta.
Hace apenas dos días que se ha establecido un canal oficial, desde la Policía Nacional, pero no coordinado con otros organismos. En este sentido, la Alerta Amber requiere difusión masiva y coordinada en medios, redes sociales y carreteras.
Brechas del protocolo Amber
Comparado con los estándares internacionales, la búsqueda de la niña de tres años Brianna Genao revela estar de espaldas a este protocolo internacional:
- Activación tardía: la alerta no se emitió de inmediato.
- Difusión fragmentada: no hubo comunicación masiva ni fichas oficiales de la menor.
- Coordinación débil: cada organismo actuó por separado.
- Recursos tardíos: los equipos especializados llegaron casi dos semanas después.
- Transparencia insuficiente: los hallazgos nunca se han explicado con claridad.
Un proyecto de ley que también desaparece
La Alerta Amber no es un trámite burocrático: es un mecanismo de vida o muerte que tiene que operar con la precisión de un cronómetro. En Barrero, ese reloj nunca sonó, y con él se apagó la esperanza de encontrar a Brianna a tiempo.
Pero tampoco ha sonado la alarma para las más de mil personas desaparecidas entre el primero de enero y hasta el 13 de octubre de 2025; 59 de estas personas fueron reportadas fallecidas, según cifras difundidas en las últimas horas.
En la recién concluida legislación, el proyecto de ley presentado para adoptar estas medidas no fue aprobado; así, niños, niñas y adolescentes están desprovistos de un protocolo que asegure su búsqueda. A la fecha suman cuatro las veces que legisladores dominicanos han sometido la propuesta, sin que esta prospere, demostrando la falla del Estado ante las desapariciones infantiles y de adolescentes.
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