La economía creció 3.5 % en enero y 3.9 % en febrero. Las exportaciones de marzo superaron los US$ 1,448 millones, un récord histórico. El Banco Mundial proyecta a República Dominicana como la economía de mayor crecimiento promedio en América Latina y el Caribe para este año. El presidente Luis Abinader no ha perdido oportunidad de decirlo.
Sin embargo, en los colmados, en las paradas de transporte, en las conversaciones de los hogares dominicanos, esos porcentajes no aparecen por ningún lado. ¿Para quién crece la economía?
¿La desaceleración llegó antes de la guerra en Medio Oriente?
El Gobierno lo ha dicho varias veces que las dificultades económicas son consecuencia del conflicto en Medio Oriente, de la incertidumbre global, de factores externos que nadie podía prever.
La economía dominicana cerró 2025 con un crecimiento de apenas 2.1 %, el más bajo en años recientes, como proyectó el mismo gobernador del Banco Central, Héctor Valdez Albizu.
Para algunos economistas, esa desaceleración no fue producto de la guerra, sino de fragilidades internas acumuladas: gasto público sin control, endeudamiento sin estrategia y ausencia de reformas que el país lleva años postergando.
El analista político y financiero Juan Ramón Mejía Betances lo advirtió: "El país ingresa a este nuevo ciclo con señales inequívocas de agotamiento". Ese diagnóstico es anterior al escalamiento del conflicto bélico.
El economista Jesús Geraldo Martínez también matizó las explicaciones que atribuyen la desaceleración previa exclusivamente a factores externos. "La desaceleración venía desde antes. Ya existían factores internos: tasas de interés todavía relativamente altas, menor ritmo del crédito en algunos segmentos, presión sobre el consumo de los hogares, cautela de inversión y una percepción de pérdida de poder adquisitivo. La crisis internacional agrava el escenario, pero no lo crea por completo", afirmó.
Consideró que República Dominicana, como economía abierta, es sensible a variables como el precio del petróleo, los alimentos importados, las tasas internacionales, el turismo, las remesas y la inversión extranjera. Pero los factores domésticos —productividad, informalidad, calidad del empleo, presión fiscal y costo del crédito— también inciden de manera directa en el bolsillo de la gente.
El salario que no alcanza
Más allá de los porcentajes del PIB, hay un dato que no se celebra: al mes de enero de 2026, cerca de 2,426,652 trabajadores se encontraban cotizando en el Sistema Dominicano de Seguridad Social, realizando un total de 2,521,710 cotizaciones. El salario promedio cotizable era de RD$ 38,612.28 —un número que, a primera vista, podría parecer razonable, pero que esconde una distribución profundamente desigual.
La mayor concentración de cotizantes se ubica en el grupo de 31 a 55 años, que representa el 56.14 % del total de las cotizaciones y exhibe el salario promedio más elevado por grupo etario: RD$ 42,894.79. Eso significa que el resto de los trabajadores —los más jóvenes y los mayores de 55— se mueve por debajo de ese umbral. El promedio general de RD$ 38,612 no refleja lo que gana la mayoría: refleja lo que gana el segmento "más favorecido" del mercado formal.
Frente a esos salarios están los datos del Banco Central sobre el costo de la canasta básica a marzo de 2026 :
| Quintil | Costo mensual |
|---|---|
| Quintil 1 (menores ingresos) | RD$ 29,350.98 |
| Quintil 2 | RD$ 38,220.69 |
| Quintil 3 | RD$ 44,970.61 |
| Quintil 4 | RD$ 51,957.39 |
| Quintil 5 (mayores ingresos) | RD$ 79,171.23 |
| Promedio nacional | RD$ 48,879.38 |
El salario promedio cotizable de RD$ 38,612 no alcanza para cubrir la canasta del quintil 3. Apenas supera la del quintil 2 —por RD$ 391. Para los trabajadores del quintil más bajo, la canasta cuesta RD$ 29,350, cifra que supera el salario mínimo de las grandes empresas incluso después del aumento de 8 %. Y el promedio nacional de la canasta, RD$ 48,879, está RD$ 10,267 por encima del salario promedio del sistema formal.
El aumento salarial no alcanzó para cerrar la brecha. La cubrió parcialmente y dejó a cientos de miles de familias exactamente donde estaban: sin margen.
La inflación que el promedio no muestra
El Banco Central informó que la inflación interanual de marzo de 2026 se ubicó en 4.63 %, dentro del rango meta. El dato es técnicamente correcto. El problema es lo que ese número no dice.
El IPC mide un promedio. No mide la inflación de una familia de bajos ingresos que destina la mayor parte de su gasto a alimentos, transporte y energía, que son precisamente los rubros que más han subido.
En febrero, la inflación interanual ya había trepado a 4.67 %, 110 puntos básicos por encima del mismo mes del año anterior. El Banco Central advirtió que podría superar el 5 % en los próximos meses, impulsada por los combustibles y los ajustes en la tarifa eléctrica.
Para mantener la inflación bajo control, el Banco Central sostuvo su tasa de política monetaria en 5.25 % anual. Esa tasa alta también encarece el crédito para las pequeñas empresas y los hogares que intentan financiar consumo básico. Es un equilibrio que protege la macro y presiona la micro.
El oro no llega a la mesa
Las exportaciones récord de marzo merecen un análisis más fino. El principal motor fue el oro en bruto, con un crecimiento de 78.2 %. Es una buena noticia para la balanza comercial. Pero el oro no genera empleo masivo ni derrama ingresos en los barrios. Es un sector de enclave: produce divisas, no bienestar generalizado.
La economía dominicana descansa sobre un modelo conocido: turismo, remesas, zonas francas y construcción. Esa dependencia estructural del sector servicios, con el PIB cerrando 2025 en RD$ 7.8 billones, pero con una distribución del ingreso que no acompaña el tamaño de la economía.
Lo que viene
El Banco Central recortó en abril su proyección de crecimiento para 2026, de entre 4.0 % y 4.5 % a entre 3.5 % y 4.0 %. El FMI estima 3.7 %. El Ministerio de Hacienda proyecta 3.75 %, con una inflación promedio anual de 5.0 %. La ONU, en enero, proyectó una expansión superior al 3.5 % para el país.
Todos esos números son positivos en términos regionales. El problema es que ninguno responde la pregunta de fondo: si la economía crece a 3.7 % pero los salarios no crecen en términos reales, si la inflación erosiona el poder de compra de los hogares más vulnerables y si la estructura productiva sigue concentrando la riqueza en pocos sectores, el crecimiento es un logro estadístico, no un avance social.
Los récords de exportación merecen reconocimiento. Pero celebrarlos sin leer los datos salariales, sin mirar el costo de la canasta básica, sin reconocer que la desaceleración de 2025 fue anterior a cualquier conflicto externo, es hacer política con la estadística. Y eso, al final, lo paga la mesa de cada familia dominicana.
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