La guerra en Medio Oriente no se siente solo en los titulares. Se siente en la bomba de gasolina, en la factura del supermercado y en el recibo de la luz. Desde que el conflicto entre Irán, Israel y Estados Unidos comenzó a sacudir los mercados globales, la República Dominicana —altamente dependiente de combustibles importados— ha absorbido una presión inflacionaria que recae, de manera desproporcionada, sobre los hogares de ingresos medios y bajos.
El Gobierno del presidente Luis Abinader respondió con un plan de austeridad que incluye un recorte de gasto público de RD$ 40,000 millones. El Estado aprieta el cinturón. Y las familias, también. La pregunta es cómo.
El punto de partida: saber exactamente cuánto entra y cuánto sale
El primer hábito que distingue a los hogares que logran ahorrar en contextos de crisis es uno que parece elemental pero que pocos practican con disciplina: llevar un registro real de los ingresos y los gastos.
No se trata de una aplicación sofisticada ni de una hoja de cálculo elaborada. Puede ser un cuaderno. Lo importante es que cada peso que entra y cada peso que sale quede anotado. Eso permite identificar, con datos concretos, en qué se está gastando más de lo necesario.
El Observatorio Nacional para la Protección del Consumidor (Onpeco) lo señaló con claridad: planificar el gasto mensual es una de las acciones más efectivas que puede tomar una familia ante el impacto de la crisis internacional. Sin ese mapa, cualquier intento de ahorro es a ciegas.
Comprar con lista y sin hambre: el antídoto contra el gasto compulsivo
El supermercado es el campo de batalla más cotidiano de la economía del hogar. Y es donde más se pierde sin darse cuenta.
Las familias que logran contener su gasto en alimentos comparten dos prácticas simples: van con una lista escrita y no van con hambre. La primera elimina las compras por impulso. La segunda reduce la tentación de meter al carrito lo que no estaba planificado.
En un contexto donde los precios de la canasta básica están bajo presión —aunque la Federación de Comerciantes aseguró en abril que el abasto de arroz, azúcar y habichuelas está garantizado— cada compra no planificada es un peso que no vuelve.
A esto se suma otra práctica concreta: comparar precios entre establecimientos antes de decidir dónde comprar. Los mercados de barrio, las ferias y los colmados mayoristas suelen ofrecer precios distintos para los mismos productos. La diferencia, acumulada en el mes, puede ser significativa.
Reducir el gasto en combustible: el ajuste más urgente
Con la gasolina premium llegando a RD$ 323.10 por galón y el gasoil óptimo a RD$ 275.10 —tras el alza de hasta RD$ 9.00 por galón registrada a inicios de mayo, directamente vinculada a la crisis en Medio Oriente— el transporte se ha convertido en uno de los rubros más sensibles del presupuesto familiar.
Las familias que están manejando mejor este impacto han adoptado medidas concretas:
- Consolidar viajes: en lugar de salir varias veces al día, organizan las diligencias en una sola ruta.
- Compartir vehículo con vecinos o compañeros de trabajo cuando los destinos coinciden.
- Usar el transporte público para trayectos cortos que antes se hacían en carro propio.
- Revisar el estado del vehículo: un carro con los neumáticos desinflados o el filtro de aire sucio consume más combustible del necesario.
Ninguna de estas medidas requiere inversión. Solo requieren organización.
La electricidad: el gasto que se puede controlar más de lo que se cree
La factura eléctrica es otro punto de fuga frecuente. Y también es uno de los más controlables con cambios de hábito.
Algunas prácticas que marcan diferencia:
- Desconectar los equipos que no se están usando, no solo apagarlos. El modo standby consume energía.
- Lavar ropa con agua fría y en cargas completas, no a medias.
- Aprovechar la luz natural durante el día y reservar el uso de bombillos para cuando sea estrictamente necesario.
- Revisar que el refrigerador esté bien sellado y no esté configurado a una temperatura más baja de lo necesario.
Estos ajustes no transforman la vida, pero sí la factura.
Separar el ahorro antes de gastar, no después
Uno de los errores más comunes en la gestión del dinero del hogar es intentar ahorrar lo que "sobra" al final del mes. Casi nunca sobra nada.
Los hogares que logran construir un colchón financiero —aunque sea pequeño— hacen lo contrario: apartan una cantidad fija el mismo día que reciben el ingreso, antes de pagar cualquier cosa. Puede ser el 5% o el 10% del salario. Lo que importa es que ese dinero quede separado y no se toque.
Como señaló el economista Daniel Toribio, exministro de Hacienda, el IPC no mide la inflación de cada hogar: un hogar de ingresos bajos no sustituye igual, no resiste igual. Por eso, tener aunque sea un pequeño fondo de emergencia es la diferencia entre absorber un imprevisto y endeudarse para cubrirlo.
Reducir deudas de consumo: el peso que más agota
Las tarjetas de crédito y los préstamos de consumo son, en tiempos de crisis, una trampa que se cierra lentamente. Los intereses siguen corriendo aunque el salario no suba.
Las familias que están en mejor posición hoy son las que, en los meses anteriores, priorizaron pagar las deudas de mayor tasa de interés primero, evitaron adquirir nuevas deudas para gastos no esenciales y dejaron de usar la tarjeta de crédito como extensión del salario.
Si ya existe una deuda, la recomendación práctica es negociar directamente con la entidad financiera antes de que se acumule el atraso. Muchas instituciones tienen programas de reestructuración que no se publicitan, pero que están disponibles para quien los solicita.
Lo que no funciona: el ahorro sin contexto
Ahorrar no es sinónimo de privarse de todo. Las familias que intentan recortar de manera indiscriminada —sin identificar primero dónde está el gasto innecesario— suelen abandonar el intento en pocas semanas.
La clave está en distinguir entre gastos fijos (alquiler, servicios, alimentación básica), gastos variables controlables (entretenimiento, ropa, salidas) y gastos hormiga (esos pequeños consumos diarios que, sumados, representan una cantidad considerable al mes).
El ajuste inteligente empieza por los gastos variables y los hormiga. No por eliminar lo esencial.
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