El crecimiento del documental dominicano confirma algo que, para muchos cineastas, ya era evidente: contar historias implica mirar más allá del Gran Santo Domingo. Producciones como El Pico Duarte, Kacimiro, Sicilia a Santo Domingo, Polonia, rey del hit o Wifredo, fueron algunos de los estrenados durante el 2025 diversificando la oferta cinematográfica.
Sin embargo, el sector de documentalistas enfrenta desafíos vinculados a la distribución, la formación de audiencias y las nuevas reglas de financiamiento, incluyendo la resolución de la Dirección General de Cine (Dgcine) que fijó hasta RD$ 25 millones el presupuesto de los documentales bajo los incentivos de la Ley de Cine 108-10.
Uno de los motivos que indicó la Dgcine y el Cipac al emitir la resolución fue que “se ha evidenciado un aumento en los presupuestos sometidos para fines de evaluación y aprobación en las solicitudes de Certificado Provisional de Nacionalidad Dominicana”.
Más allá de la producción, los especialistas consultados por ACENTO dijeron en que uno de los mayores retos es la distribución de las obras cinematográficas.
Johanné Gómez Terrero, directora de Sugar Island, planteó que el problema no es la calidad de las películas, sino la falta de estrategias de mercado. “Muchas veces pasamos mucho tiempo haciendo películas que luego no se encuentran con el público”, comentó.
Elsa Turull, vicepresidenta de Asociación Dominicana de Profesionales de la Industria del Cine (Adocine), agregó que el documental tiene un potencial en espacios académicos, museos, circuitos culturales y embajadas, pero que estos canales aún no se aprovechan plenamente.
Señaló producciones como Colson, renovarse o morir, de Gina Giudicelli; y Dicen Por ahí: qué matan gente, de Richard Rodríguez y Elsa Turull, que se enfocan en proyectarse fuera de las salas de cine y complejos cinematográficos.
Esta acción también se sustenta en datos del Ministerio de Cultura y del Banco Central, que señalan que la ubicación de los cines mantiene alejados hasta a un tercio de los dominicanos. Esto equivale a unos 3,550,809 ciudadanos, tomando como referencia la población registrada en el Censo de la Oficina Nacional de Estadística (ONE).
De hecho, si a ese público potencial se suman los 531,359 habitantes de la zona fronteriza, identificados por el Ministerio de Economía (ahora Ministerio de Hacienda y Economía) como posibles consumidores del séptimo arte, la cifra asciende a 4,082,168 personas.
Este grupo podría agregarse a los 2,730,611 espectadores registrados entre enero y noviembre de 2025, según la Dirección General de Cine (Dgcine). En conjunto, el mercado cinematográfico dominicano podría alcanzar los 6,812,779 espectadores.
La ejecutiva de Adocine relató que muchas veces la carga de distribución recae en las productoras. “Nos dejan la carga a nosotros”, afirmó al referirse a los esfuerzos para llevar cine a comunidades y escuelas, y sostuvo que en el caso de Larimar Films, a través del programa Rueda Cine, su equipo lleva producciones a distintas provincias.
En Baní, recordó, unos 1,500 estudiantes asistieron a proyecciones, y cerca del 80 % vio por primera vez un cortometraje en pantalla grande.
Gómez Terrero y Santos recordó que su documental Caribbean Fantasy (2016) circuló en festivales de América Latina, África y Medio Oriente, y sostuvieron que su proyección en el Batey Consuelo costó RD$ 250,000, “dinero que salió de nosotros”.
Solo en 2025, se estrenaron 13 documentales y recaudaron RD$ 1,333,659 por la venta de 4,179 boletos en el territorio dominicano, según informaciones de la Dirección General de Cine (Dgcine).
El pico Duarte fue la producción más vista, al registrar 1,419 cinéfilos y RD$ 501,581. A este les siguieron Sueños dorados (RD$ 293,550) y La 42 (RD$ 202,751). En cuarto lugar, El triunfo de la democracia que recaudó RD$ 143,002 y fue dirigido por el fallecido René Fortunato, mientras que en el quinto lugar, se ubicó De Sicilia a Santo Domingo, que generó RD$ 65,825, de Pablo Lozano.
Además de su comercialización en salas nacionales, la presencia internacional del documental dominicano es otro indicador del crecimiento del sector. Más allá de la producción, los cineastas coincidieron en la necesidad de garantizar la vida útil de las obras cinematográficas.
Para Gómez Terrero, la pregunta central es si los documentales sobreviven a sus propios creadores y si existen sistemas para preservarlos y exhibirlos a largo plazo; mientras que Turull insistió en que el documental debe verse como una herramienta educativa y cultural, con potencial para integrarse al sistema educativo nacional.
Por ejemplo, La Aldea Studios estrenará Vidas truncadas, dirigido por Pablo Pedroso y Cándido Encarnacion; y Boynayel Mota concluyó el rodaje de Guloyas: la llegada de los ancestros.
En la reunión de enero del 2026, la Dgcine y el Cipac informaron que además de Guloya, ocho proyectos en etapa de rodaje sometieron un presupuesto conjunto de RD$ 690.6 millones y aplicaron al Artículo 34 de la Ley de Cine.

La Ley de Cine y el tope presupuestario
Entre enero 2023 y octubre 2025, se registraron 146 documentales, para el 50.8 % del total 287 de proyectos registrados, indica el informe “Impacto de la resolución 2024-232 en la promoción de nuevos productores dominicanos en el género documental”.
La resolución detalló que uno de los motivos es que se observó que “un importante porcentaje de estos no concluyen y no logran un alcance en audiencias locales e internacionales”.
Aunque se fijó el tope de RD$ 25 millones al género documental, esta regla aplica cuando sean producciones que apliquen a la Ley de Cine 108-10, específicamente al Artículo 34.
El esquema de financiamiento es otro punto de discusión. Los productores valoran el impacto de la Ley de Cine 108-10, pero señalan que su estructura responde al género ficción.
Nicole Quiñones, productora, explicó que la investigación de las historias documentales suelen extenderse durante años y requieren esquemas de financiamiento más flexibles. Cuestionó el tope de RD$ 25 millones establecido por la Resolución Cipac 2024-232.
“No necesariamente todos los documentales pueden llevar un tope… como se establece ahora”, planteó. También solicitó acompañamiento más individualizado, considerando que cada proyecto audiovisual tiene procesos distintos.




Turull, de Larimar Films, agregó que el sector necesita evaluaciones constantes para ajustar las políticas públicas a la realidad del género mediante va evolucionando y creciendo. “Es importante que se nos escuche y que se nos pregunte qué nosotros necesitamos”.
Los documentalistas coincidieron en que el género cumple un rol clave en la preservación de la memoria cultural. Quiñones explicó que muchos proyectos buscan rescatar tradiciones y manifestaciones culturales en riesgo de desaparecer, como carnavales o figuras históricas olvidadas.
“El documental va hacia rescatar momentos de la cultura dominicana que no queremos dejar que se escapen”, señaló.
Santos agregó que el país enfrenta un “cuello de botella histórico”, al intentar documentar historias que no se registraron antes de la Ley de Cine.
Por ejemplo, Vals de Santo Domingo (2021), dirigido por Tatiana Fernández Geara, sigue la vida de tres adolescentes durante diferentes años mientras crecen en el ballet nacional. Esta acción, de acuerdo con Santos, también productor de largometrajes Liborio (2021) y Cocote (2017), conllevó que las grabaciones se extendieran por diferentes años, lo que complicó tener un esquema de rodaje establecido desde que se aprobó el presupuesto en el Cipac.
De acuerdo con Gómez Terrero, el reto es abrir espacios a miradas desde lo rural y las periferias, así como identificar quiénes están contando esas historias fuera del circuito tradicional.
La cineasta Johanné Gómez Terrero, explicó que en el caso de Sugar Island, su propósito era crear un documental y durante el proceso de investigación terminó en un largometraje, que recorrió festivales internacionales. Su paso por cartelera nacional recaudó RD$ 185,171 por 555 boletos vendidos, según la Dgcine.
Fernando Santos coincidió con esa visión y planteó que el país necesita ver más historias contadas desde otros territorios. Aunque el rescate cultural es necesario, no siempre genera interés internacional si no conecta con contextos actuales.
“A nivel internacional a los festivales les atraen más esas miradas personales y actuales”, explicó.
La directora de la Asociación Dominicana de Documentalistas (Adocu), Ingrid Cruz, explicó que el género ha ganado presencia dentro y fuera del país.
“El documental gana cada vez más espacios, donde se producen más documentales… que narran y cuentan nuestras historias y están viajando y conquistando otros escenarios, festivales, carteleras internacionales e incluso plataformas digitales”, expresó.
Según Cruz, el alcance internacional ha demostrado el valor universal de las historias locales. “Nuestras historias… tienen la capacidad de llegar lejos y de llamar la atención”, afirmó.
El sector apunta hacia una misma conclusión: el documental dominicano avanza en producción, reconocimiento y diversidad temática, pero todavía enfrenta el reto de consolidar su ecosistema de financiamiento, distribución y formación de audiencias.
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