"Éramos muchos y parió la abuela". Esta expresión coloquial clásica resume con un toque de ironía y humor la certeza de que ya antes de los misilazos de EE.UU. e Israel contra Irán y el Líbano, en el Caribe ya teníamos suficiente con las lluvias, el sargazo, los corruptos, los aranceles, los femicidios, las narcolanchas y el nutritivo etcétera que nos rodea.

La nueva escalada bélica en Medio Oriente ha reabierto uno de los principales focos de incertidumbre de la economía mundial y aunque los enfrentamientos ocurren a miles de kilómetros, la historia demuestra que las guerras allá tienen repercusiones globales inmediatas debido a la importancia estratégica de las rutas marítimas, los mercados energéticos y las cadenas de suministro internacionales.

Alza de precios de los combustibles, de la factura eléctrica, de los alimentos son misilazos que ya nos cayeron encima y hay que al menos rezar para que esa inflación y otros males añadidos, colaterales y directos, no alcancen al turismo, al transporte marítimo, a las remesas ni al comportamiento de la inversión extranjera.

Lo último de esa guerra en Medio Oriente

Para gran parte del Caribe, en especial para República Dominicana, el conflicto no es un acontecimiento distante. Se trata de una crisis con capacidad de influir sobre variables fundamentales de la economía nacional y regional.

La situación adquiere una dimensión adicional debido a que organismos internacionales ya identifican a los pequeños Estados insulares en desarrollo (Peid), categoría a la que pertenecen la mayoría de los países caribeños, entre las economías más vulnerables a las consecuencias del conflicto que afecta al estrecho de Ormuz.

El estrecho de Ormuz: por qué importa al Caribe

El estrecho de Ormuz conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán, el mar Arábigo y el océano Índico. Por esa ruta transita una parte sustancial del petróleo, el gas natural y los fertilizantes que se comercializan en el mundo.

Desde febrero de 2026, la confrontación entre Estados Unidos e Israel, por una parte, e Irán y sus aliados, por la otra, ha afectado la normalidad de esa vía estratégica, generando incertidumbre sobre el suministro energético global.

Aunque República Dominicana no recibe directamente la mayoría de sus importaciones desde esa región, el precio internacional del petróleo se determina en mercados globales. En consecuencia, cualquier interrupción significativa termina repercutiendo sobre todos los países importadores de energía.

El petróleo vuelve a ser el gran termómetro económico

La primera reacción de los mercados internacionales ante cualquier conflicto en Medio Oriente suele concentrarse en el petróleo.

Según datos recopilados por la Unctad (ONU Comercio y Desarrollo), el precio del crudo aumentó más de 40 % entre enero de 2024 y mayo de 2026, al pasar de aproximadamente 65 dólares por barril a niveles cercanos a los 100 dólares.

La gasolina registró un incremento aún mayor, superior a 50 %, pasando de unos 700 dólares por tonelada a alrededor de 1100 dólares.

Para República Dominicana, que depende casi completamente de combustibles importados, este aumento tiene consecuencias directas sobre el transporte, la generación eléctrica, la producción industrial y los precios al consumidor.

Una vulnerabilidad compartida por todo el Caribe

El informe de finales de mayo de la Unctad señala que 65 de las 75 economías vulnerables analizadas dependen del petróleo importado. Esa realidad describe con precisión la situación de gran parte del Caribe.

A diferencia de grandes economías con producción energética propia, los pequeños Estados insulares deben absorber el impacto de los aumentos internacionales prácticamente sin capacidad para influir en ellos.

La situación es particularmente compleja porque la mayoría de estas economías importa combustibles refinados, más costosos que el petróleo crudo. Apenas 2 % de las importaciones petroleras de las economías vulnerables corresponde a crudo, mientras que 98 % son productos derivados.

El Caribe ya comienza a pagar la factura

Uno de los datos más relevantes del informe de Naciones Unidas es que algunos países caribeños ya experimentan impactos equivalentes a varios puntos porcentuales de su producto interno bruto (PIB).

Jamaica, Santa Lucía y Belice registran aumentos en su factura petrolera equivalentes a entre 2,5 y 2,8 % de su PIB.

Aunque República Dominicana no aparece entre los casos más extremos, comparte características estructurales similares que justifican preocupación.

Cada dólar adicional destinado a importar combustibles representa recursos que dejan de invertirse en infraestructura, educación, salud o programas sociales.

La factura energética de la República Dominicana cerrará este año 2026 en torno a los 5 mil 400 millones de dólares, unos 900 millones más de lo previsto debido al encarecimiento del petróleo por esa guerra, según un análisis divulgado este domingo por el Banco Central (BCRD).

Los números que preocupan al Caribe

Turismo: el segundo gran frente de impacto

Si el petróleo representa el efecto más inmediato, el turismo podría convertirse en el impacto económico más importante para República Dominicana.

La industria turística depende de varios factores sensibles a las crisis geopolíticas:

  • Precio del combustible para aviones.
  • Confianza de los consumidores.
  • Crecimiento económico en Estados Unidos y Europa.
  • Estabilidad de las rutas aéreas internacionales.

Hasta el momento, el turismo dominicano ha mostrado resiliencia. Sin embargo, una prolongación de la guerra podría afectar la capacidad de gasto de los viajeros internacionales.

La experiencia demuestra que cuando aumentan la inflación y la incertidumbre económica, muchas familias posponen o reducen sus viajes al extranjero.

¿Existe alguna oportunidad?

República Dominicana mantiene liderazgo en llegada de turistas en la región.

Paradójicamente, algunos destinos caribeños podrían beneficiarse parcialmente si determinados viajeros optan por sustituir destinos cercanos a zonas de conflicto por lugares considerados más seguros.

República Dominicana posee ventajas competitivas importantes para captar parte de esa demanda.

Sin embargo, ese beneficio potencial desaparecería si la guerra terminara provocando una desaceleración económica global significativa.

Remesas: la conexión indirecta con Medio Oriente

Las remesas constituyen una de las principales fuentes de divisas de República Dominicana.

La relación entre una guerra en Medio Oriente y los envíos de dinero desde Nueva York, Madrid o Miami puede parecer lejana, pero existe una conexión económica clara.

Si los elevados precios energéticos terminan ralentizando la economía estadounidense o europea, podrían reducirse las oportunidades laborales y los ingresos disponibles de millones de migrantes.

Hasta ahora, las remesas dominicanas han mantenido niveles elevados gracias a la fortaleza relativa del mercado laboral estadounidense.

No obstante, una prolongación del conflicto incrementa los riesgos para esta fuente fundamental de ingresos.

El problema menos visible: fertilizantes y alimentos

Uno de los aspectos más importantes del informe de la Unctad es que el estrecho de Ormuz no solo afecta al petróleo. También constituye una ruta estratégica para el comercio internacional de fertilizantes. Esto significa que la guerra podría terminar afectando la agricultura caribeña.

Un aumento de los precios de los fertilizantes incrementa los costos de producción agrícola, presiona los precios de los alimentos y agrava las tensiones inflacionarias.

Para República Dominicana, donde la seguridad alimentaria sigue siendo una prioridad estratégica, esta amenaza merece una atención especial.

Transporte marítimo y cadenas de suministro

El conflicto también está alterando el funcionamiento normal de algunas rutas marítimas internacionales. Cuando las navieras enfrentan mayores riesgos, los costos de seguros aumentan y las rutas alternativas suelen ser más largas y costosas.

Para economías importadoras como las caribeñas, en especial la dominicana, ello implica mayores costos para bienes industriales, materiales de construcción, maquinaria y productos de consumo.

El resultado final suele ser una mayor inflación y una reducción del poder adquisitivo de los hogares, que en el Caribe ya es un poder sin poder.

En otras partes, ese poder es de otra magnitud: "Para mí, es preferible pagar (un peaje para transitar a través del estrecho de Ormuz de) US$ 100,000 o US$ 200,000 — en función del tamaño de la carga o del buque y "todo ese dinero podría cubrir la totalidad de los daños ocasionados hasta la fecha", dijo en las últimas horas el magnate naviero griego Evangelos Marinakis, que posee una flota de 185 buques y cerca de 35 petroleros a través de su empresa Capital Maritime Group.

El riesgo macroeconómico para República Dominicana

Más allá de los combustibles, el informe de Naciones Unidas identifica una cadena de riesgos económicos que también podría afectar al Caribe.

Déficits externos más elevados

El aumento de la factura petrolera incrementa la necesidad de divisas.

Si simultáneamente se desaceleran el turismo o las remesas, la presión sobre la balanza de pagos puede intensificarse.

Presión sobre las monedas

Mayores necesidades de importación energética pueden generar presiones cambiarias.

Aunque República Dominicana dispone de reservas internacionales relativamente sólidas, una crisis prolongada podría aumentar las tensiones sobre el mercado cambiario.

Tasas de interés más altas

La combinación de inflación y volatilidad internacional suele provocar condiciones crediticias más restrictivas.

Ello afecta la inversión, el consumo y el crecimiento económico.

El dilema fiscal de los gobiernos caribeños

Uno de los aspectos más delicados es la presión sobre las finanzas públicas.

Cuando aumentan los precios internacionales de los combustibles, los gobiernos enfrentan decisiones difíciles:

  • Mantener subsidios energéticos.
  • Financiar programas sociales.
  • Sostener inversiones públicas.
  • Preservar la estabilidad fiscal.

La Unctad advierte que muchas economías vulnerables deberán escoger entre amortiguar el impacto sobre los hogares o preservar recursos para el desarrollo de largo plazo.

República Dominicana no escapa a este dilema.

Los escenarios posibles

Escenario de contención

La guerra permanece limitada y el estrecho de Ormuz recupera progresivamente la normalidad.

Consecuencia para República Dominicana y demás naciones caribeñas: aumentos moderados de costos energéticos y efectos económicos manejables.

Escenario de prolongación

La crisis continúa durante meses sin una solución definitiva.

Consecuencia: combustibles más caros, inflación persistente y crecimiento económico más lento.

Escenario de escalada regional

Se amplían las hostilidades y se agravan las interrupciones del comercio energético.

Consecuencia para República Dominicana y el Caribe: fuerte presión sobre combustibles, turismo, remesas, cuentas externas y finanzas públicas.

Conclusión

La guerra en Medio Oriente ya no es únicamente un problema geopolítico distante para República Dominicana y el Caribe. Los datos recopilados por Naciones Unidas muestran que las repercusiones económicas ya están afectando a los pequeños Estados insulares.

La principal amenaza no proviene de un único factor, sino de la posible convergencia de varios impactos simultáneos: petróleo más caro, fertilizantes más costosos, inflación persistente, desaceleración turística, mayores presiones fiscales y eventuales riesgos para las remesas.

La crisis también deja una enseñanza estratégica. La vulnerabilidad energética sigue siendo uno de los principales desafíos estructurales del Caribe. Mientras la región continúe dependiendo de combustibles importados y de factores externos para sostener buena parte de su crecimiento, seguirá expuesta a conflictos ocurridos a miles de kilómetros de sus costas.

Por ello, la verdadera discusión para República Dominicana no es solamente cómo enfrentar la actual guerra en Medio Oriente, sino cómo construir una economía más resiliente frente a futuras crisis geopolíticas que, cada vez con mayor frecuencia, terminan repercutiendo en la vida cotidiana de los ciudadanos caribeños.

Qué dicen las autoridades y los actores económicos dominicanos

La preocupación por los efectos de la guerra en Oriente Medio sobre la economía dominicana no se limita a los organismos internacionales. Funcionarios, autoridades monetarias y representantes del sector turístico han comenzado a evaluar públicamente los impactos presentes y los riesgos futuros derivados del conflicto en el estrecho de Ormuz.

David Collado: el turismo resiste, pero sigue bajo vigilancia

David Collado, ministro de Turismo

El ministro de Turismo, David Collado, ha sido una de las voces más activas en torno al impacto potencial del conflicto.

Aunque reconoció la preocupación existente en el sector aeronáutico por el aumento de los precios de los hidrocarburos, aseguró que hasta el momento no existen señales de deterioro en la llegada de visitantes internacionales.

«No ha afectado el turismo en la República Dominicana ni tenemos alguna proyección que dé señales de que va a bajar», declaró el funcionario al referirse a los efectos iniciales de la crisis en Oriente Medio.

Collado también informó que el Ministerio de Turismo mantiene reuniones con aerolíneas y operadores internacionales para monitorear el comportamiento de los mercados emisores y anticipar posibles cambios en la demanda.

Posteriormente reiteró que el país «no tiene una sola señal de que el turismo vaya hacia la baja», aunque admitió que el encarecimiento del combustible constituye una preocupación para las compañías aéreas.

Las declaraciones del ministro adquieren relevancia en momentos en que ONU Turismo ha advertido que la guerra ha frenado el crecimiento de los viajes internacionales y obligado a revisar las previsiones mundiales para 2026.

Banco Central: el turismo y las remesas amortiguan el choque externo

Desde la perspectiva macroeconómica, el principal análisis oficial ha sido expuesto por el Banco Central de la República Dominicana.

La institución sostuvo recientemente que el dinamismo del turismo ha servido como un «amortiguador natural» frente al aumento de los costos energéticos provocado por la guerra. El organismo confirmó que el país recibió 3,7 millones de visitantes durante el primer trimestre de 2026, la cifra más alta registrada para ese período.

El Banco Central también destacó la importancia de otros generadores de divisas, entre ellos las remesas, las exportaciones y la inversión extranjera, para sostener la estabilidad cambiaria en medio de la volatilidad internacional.

Aunque la autoridad monetaria reconoce la presión derivada del encarecimiento del petróleo, considera que la economía dominicana mantiene capacidad para enfrentar choques externos gracias a sus reservas internacionales, el flujo de divisas y la fortaleza de sectores estratégicos.

El Gobierno admite el impacto del petróleo y aumenta los subsidios

La evidencia más visible del impacto de la guerra sobre República Dominicana ha surgido en el mercado de combustibles. A través del Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes, el Gobierno anunció en marzo subsidios por más de 1 189 millones de pesos para contener el traslado de los aumentos internacionales a los consumidores dominicanos.

La medida fue presentada como una respuesta directa a la volatilidad de los mercados petroleros provocada por la escalada bélica en Oriente Medio.

El episodio confirma una de las advertencias formuladas por la Unctad: los países importadores de petróleo se ven obligados a elegir entre proteger a los consumidores mediante subsidios o preservar espacio fiscal para financiar otras prioridades económicas y sociales.

Una coincidencia entre la ONU y las autoridades dominicanas

Aunque desde distintos ángulos, las conclusiones de Naciones Unidas y de las autoridades dominicanas convergen en varios puntos.

La Unctad advierte que los pequeños Estados insulares enfrentan una mayor vulnerabilidad frente al aumento de los precios energéticos y del transporte internacional y las autoridades dominicanas, por su parte, reconocen que el principal riesgo para la economía nacional proviene precisamente del encarecimiento del petróleo y de sus efectos sobre la inflación y los costos de producción.

Repiten que la diferencia es que, hasta ahora, el turismo, las remesas, las exportaciones y las reservas internacionales han permitido contener parte de esos efectos.

Sin embargo, tanto los organismos internacionales como los responsables de la política económica coinciden en un punto esencial: si el conflicto en el estrecho de Ormuz se prolonga y los precios energéticos permanecen elevados durante un período prolongado, las consecuencias terminarán sintiéndose con mayor intensidad en toda la región del Caribe

Aldo Rodríguez Villouta

Radicado en República Dominicana desde 2017, donde trabaja en Acento (www.acento.com.do) y dirige la oficina dominicana de GlobeArt de Chile, su país natal. Previamente, corresponsal de Inter Press Service (IPS), Agencia EFE, Latin American New Service (Lans, EEUU), Associated Press (AP) y BBC en Ecuador, Brasil, Italia y Venezuela. Paralelamente, corresponsal en Venezuela y Ecuador de Monitor de Radio Red de México y colaborador de la Agencia France Press (AFP) y en varios medios de prensa nacionales de esos y otros países, entre ellos Ecuadoradio y Diario Meridiano, de Ecuador, y Gazeta Mercantil, versión Mercosul en Río de Janeiro.

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