La mañana de este viernes estuvo marcada por el silencio reverente, las lágrimas discretas y los cantos de fe que acompañaron las honras fúnebres del sacerdote jesuita e historiador José Luis Sáez, cuyos restos fueron expuestos en la capilla San Ignacio de Manresa Loyola, en Santo Domingo.
Con el rezo del Santo Rosario correspondiente a los misterios dolorosos, catedráticos, sacerdotes, monjas, feligreses, empresarios, comunicadores y allegados comenzaron a despedir al religioso que dedicó gran parte de su vida a la investigación, la enseñanza y la preservación de la memoria histórica del país.
Las cuerdas de una guitarra y la música ambiental llenaban el templo mientras los asistentes llegaban lentamente para rendir homenaje al sacerdote jesuita, fallecido a los 88 años, luego de 68 años en la Compañía de Jesús y 55 años de sacerdocio.
A las 10:58 de la mañana inició la misa de cuerpo presente con la canción “El Señor es mi luz y salvación”, interpretada en medio de un ambiente solemne. Dos minutos después, el arzobispo metropolitano de Santo Domingo, Francisco Ozoria Acosta, comenzó la eucaristía dando gracias por la vida, el servicio y los aportes del padre Sáez a la Iglesia y a la sociedad dominicana.
A las 11:06, el padre Cristian Espinal leyó la semblanza del jesuita, repasando una vida marcada por la disciplina intelectual, el compromiso pastoral y la búsqueda constante del conocimiento.













Minutos después, a las 11:14, fue proclamada la lectura de los Hechos de los Apóstoles. A las 11:16 resonó el salmo responsorial “Te daré gracias ante los pueblos, Señor”, seguido por la lectura del Evangelio a las 11:18.
La reflexión estuvo a cargo del padre Jorge William Hernández Díaz, quien a las 11:21 recordó la dimensión humana, intelectual y espiritual de José Luis Sáez, destacando su entrega a la formación y a la investigación.
La oración de los fieles fue realizada a las 11:29, seguida del canto “Vino y pan” a las 11:31. A las 11:45 se elevó la oración del Padre Nuestro y, dos minutos más tarde, los presentes compartieron el abrazo de la paz.
A las 11:52 se distribuyó el cuerpo de Cristo y tres minutos después se realizó la oración final. A las 11:56, monseñor Benito Ángeles ofreció la recomendación y bendición final.
El templo volvió a llenarse de emociones a las 12:02 del mediodía, cuando figuras del ámbito académico y periodístico como Juan Tomás Olivero, Fausto Rosario y José Chez Checo compartieron recuerdos, enseñanzas y vivencias junto al sacerdote.
Olivero, representante de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, describió a Sáez como un profesional que impactó la vida de generaciones de estudiantes a través de la enseñanza, la investigación y la formación humana.
Resaltó además que su legado trascendió las aulas universitarias gracias a sus aportes al ámbito académico, histórico y periodístico del país, así como por su defensa del pensamiento crítico y la educación.
Por su parte, el sacerdote jesuita Jeovanny Pujols lo definió como un gran investigador y referente intelectual dentro de la Iglesia y la sociedad dominicana.
Todos hemos leído ya sea un libro o un artículo del sacerdote, expresó durante las honras fúnebres, al destacar el impacto de las investigaciones y publicaciones de Sáez en distintas generaciones.
También la periodista y activista pro derechos humanos Altagracia Salazar recordó cómo el jesuita marcó a toda una generación con su insistencia en profundizar el pensamiento y la reflexión crítica.
A las 12:30 se realizó la bendición final y, dos minutos después, se procedió a darle cristiana sepultura. Antes de ser enterrado, familiares, religiosos y amigos elevaron el Padre Nuestro y una oración a la Virgen María a las 12:45 de la tarde.
La muerte del padre José Luis Sáez, ocurrida el pasado miércoles en Santo Domingo, marca el adiós de una de las figuras más dedicadas al estudio de la historia eclesiástica, la comunicación y el cine en República Dominicana.
Su trayectoria quedó registrada como una de las más rigurosas y sólidas en la documentación de la memoria de la Iglesia, la comunicación y la vida intelectual dominicana, dejando un legado que continuará acompañando a generaciones de investigadores, estudiantes y lectores.
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