Un buen libro de memoria atrapa y seduce los sentidos. Su lectura, atenta y eficaz, deleita la imaginación y, a la vez, enriquece y amplía el horizonte cognoscitivo y comprensivo del pensar.
Ahora bien, no todo el que escribe tendría las condiciones indispensables para hacer un libro de memoria, que además de sustancioso, fuese admirable.
Consciente de ello, el Doctor José Rafael Abinader escribió, hace varios años, su autobiografía o memoria personal: “Contando los días”, donde aparecen muchos de sus recuerdos , vivencias y experiencias de vida.
Sus amplios, vastos y sólidos conocimientos (en distintas áreas del saber) y prodigiosa imaginación, le permitirían escribir, con belleza y claridad impecable, “Contando los días”, paradigma ejemplar del género memorístico, con enseñanzas para el buen vivir y el éxito añorado.
En la referida obra, el doctor Abinader da cuenta de sus ocupaciones juveniles; su infancia, adultez y el origen de sus padres; también refiere sus amigos más cercanos. Entre ellos, José Luis Corripio Estrada y Carlos Piantini, entre otros.
Con veracidad, indudable, hace saber que hizo curso de mecanografía contabilidad y que luego, en lo adelante, alcanzaría el grado de doctor en Derecho en la prestigiosa Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).
“Contando los días” refleja, claramente, que el doctor Abinader fue, entre otras cosas no menos importantes:
-Disciplinado.
-Honesto.
-Comprensivo.
– Prudente.
-Visionario.
-Creativo.
-Constante.
-Trabajador.
-Optimista.
– Justo.
-Solidario.
-Sincero.
-Empático.
-Firme.
-Talentoso.
– Ilustrado.
– Creativo.
– Preparado.
– Lúcido
– Incansable buscador de la verdad.
-Amante y cultivador del saber.
– Y, entre otras muchas cosas, auténtico ser humano, demasiado humano.
Además de ello, sería muy estudioso y lector ejemplar, que trascendería circunstancias engorrosas, con inteligencia, arrojo y voluntad inquebrantable.
El Doctor José Rafael Abinader escribió, hace varios años, su autobiografía o memoria personal: “Contando los días”, donde aparecen muchos de sus recuerdos , vivencias y experiencias de vida.
Su yo interior, inteligente y lúcido, le revelaría el sendero más idóneo para materializar sueños, inquietudes y aspiraciones.
El doctor Abinader se formó en varias disciplinas (o ámbitos del saber) no solo para entender y comprender la realidad, sino para servir a los suyos y a los demás.
Luis Beiro, reconocido intelectual y crítico literario, afirmaría:
“Contando los días” es un retrato hablado. Pero también una manera de marcar el camino. El doctor José Rafael Abinader deja en él un ejemplo para las nuevas generaciones. Nada mejor que sellar una vida dentro de un libro que puede servir a los demás. Un libro que perdurará al igual que la obra de su autor (…)”.
Esas palabras, certeras como inolvidables, constituyen merecido reconocimiento de la magnífica obra “Contando los días”, la cual, además de buen contenido vivencial, goza de admirable claridad y excelente precisión.
Ello, de por sí, es requisito fundamental de toda buena memoria vivencial y escritural.
Como se habría de saber, escritores, de distintas épocas, supieron dejar memorias impregnadas de vivencias íntimas y experiencias diversas.
Aunque no abundan las obras memorísticas, cabría mencionar los siguientes:
-“Recuerdos de niñez y mocedad”, de Miguel de Unamuno.
-“El mundo de ayer: memorias de un europeo”, de Stephan Swing.
-“Memoria, diario, notas de viajes”, de Pedro Henríquez Ureña;
-“Infancia, Adolescencia y Juventud”, de León Tolstói.
-“El pez en el agua”, de Mario Vargas Llosa.
– “Las pequeñas memorias”, de José Saramago.
-“Relato de mi vida”, de Tomás Mann y
-“Confesiones de un pequeño filósofo” (relato novelado y memorístico), de Juan Martínez Ruiz (Azorín).
Tales obras son ejemplos de memorias escritas con pasión y madurez de juicio.
De seguro que Irineo Funes (personaje principal de “Funes el memorioso”, cuento magistral de Jorge Luis Borges) habría hecho lo contrario, en caso de que hubiese escrito su propia memoria.
Su fracaso, en verdad, habría sido visiblemente desastroso.
Y no sería de otro modo, porque “Funes el memorioso” era, ciertamente, un desmemoriado sin conciencia de propias recordaciones, por la razón bien sencilla de que nunca dudó, ni, mucho menos, pensó. Al contrario: fue iluso y soñador, con la conciencia atiborrada de ayeres y distracciones somnolientas.
De ahí que fuese, sin quererlo, presa fácil de irracionales delirios recordatorios y superficiales, moldeados por la pura ficción.
La duda, como se ha de saber, es fundamental para conocer.
Irineo Funes, por tanto, jamás tendría conocimientos verídicos, debido a que nunca dudo, ni sospecho, siquiera, de nada.
Sus reminiscencias no son sino ideaciones metafóricas consonas con la filosofía platónica.
Detrás de sus recordaciones hay imágenes difusas y no pocas olvidaciones.
Dicho cuento —como todos los escritos de Borges— está forjado con elevado vuelo metafísico, onírico y creativo.
Las memorias autobiográficas de auténticos escritores son precisas, sustanciosas y deslumbrantes.
El doctor José Rafael Abinader fue, a todas luces, un escritor auténtico.
Por tanto, “Contando los días” es la esencia testimonial de sus experiencias , logros, sueños y vivencias existenciales.
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