En el año 1969, el profesor Juan Bosch escribió el libro De Cristóbal Colón a Fidel Castro, con un elocuente y sugerente subtítulo: El Caribe frontera imperial. Hoy, esa importante obra adquiere una gran actualidad, porque arroja luz en torno a lo que acontece en el Caribe, y en particular, lo relativo al conflicto entre Venezuela y los Estados Unidos. ¿Cuáles son las ideas básicas que se vierten en el lugar indicado? Dice: “La historia del Caribe es la historia de las luchas de los imperios contra los pueblos de la región para arrebatarles sus ricas tierras; es tambien de las luchas de los imperios, unos contra otros, para arrebatarse porciones de lo que cada uno de ellos había conquistado;  y por último, la historia de los pueblos del Caribe para libertarse de sus amos imperiales”.

Estas tres tesis del profesor Bosch, más un análisis del momento, podrán acercarnos bastante a la comprensión de lo que hoy  está pasando en el Caribe, en tanto frontera de los imperios, y espacios donde van a parar, y se manifiestan todas las contradicciones.  Siendo así: lo que pasa en el Caribe, y lo que inmediatamente se despacha como un conflicto entre Venezuela y Estados Unidos, no es tal, son hondas expansivas de la geo-economía-política mundial. Pero los ecos van y vienen, y en cada viaje, conforme a las circunstancias, adquieren un matiz distinto.

¿Cómo se manifiesta ante nuestros ojos y nuestra conciencia el mundo? Ante todo, hay que decir, en un des-orden, porque el viejo orden diseñado e impuesto por los Estados Unidos, luego de II guerra mundial, viene desmoronándose, fruto de la acción conjunta y la resistencia   de varias potencias emergentes como China, Rusia, India, África del Sur, Brasil, y demás países que conforman lo que se ha venido en llamar el grupo BRICS. Es decir, el mundo va moviéndose de la unipolaridad a la multipolaridad, lo cual se expresa en el desplazamiento del dólar como única moneda de cambio en el comercio mundial, y el surgimiento de  nuevos bloques y alianzas.

Ya que el Gobierno dominicano ha incumplido con su deber, todos los dominicanos deberíamos salir a las calles a condenar la agresión de que ha sido víctima la nación venezolana.

Los Estados Unidos ya no puede ejercer su dominio como antes, y por eso sus dirigentes, particularmente el actual presidente Donald Trump, se plantean retornar su  antigua grandeza al imperio,  y para ello han desenterrado la vieja Doctrina Monroe proclamada en 1823, por el presidente de Estados Unidos, James Monroe, de evidente corte colonialista y justificadora de invasiones, para apropiarse de las  riquezas y recursos naturales, existentes en los vastos territorios de América. A lo largo de los siglos XIX y XX, el imperio Yanqui, esparció la barbarie, la dependencia y la pobreza, en el seno de las jóvenes naciones, que acababan de sacudirse del colonialismo español. Hoy, en pleno siglo XXI, no les da vergüenza violentar la independencia de Venezuela y secuestran a su presidente Nicolás Maduro. Este acto bárbaro y  vil no tiene justificación ante la conciencia de los pueblos libres del mundo. Por tanto, proclamo libremente mi solidaridad con el pueblo venezolano, y de paso, me sumo a todas las voces que reclaman la libertad de su presidente.

Respecto a la República Dominicana, dos veces ocupada militarmente por los Estados Unidos, el pasado siglo XX, no le luce ser indiferente frente a la tragedia de un pueblo hermano, que pasa por circunstancias muy difíciles en estos momentos. Los pueblos de América, antes los peligros que se ciernen, si quieren ser libres, han de estar juntos, y luchar como en manadas, por su independencia, de lo contrario, el imperio se los irá engullendo, uno tras otros, sin importar los servicios prestados, porque los Yanqui, así como no le dan nada a nadie,  tampoco agradecen.

Pongo en dudas que un país  que preste su territorio a una potencia extranjera para agredir a un pueblo hermano sea plenamente libre. La mejor política exterior es establecer relaciones armoniosas con todos los países de la tierra, que cada nación dirima sus conflictos sin injerencia externa, y que se resuelvan pacíficamente las controversias. Ya que el Gobierno dominicano ha incumplido con su deber, todos los dominicanos deberíamos salir a las calles a condenar la agresión de que ha sido víctima la nación venezolana.

Rafael Morla

Profesor

Profesor de la Escuela de filosofía y ex decano de la Facultad de Humanidades

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