La geopolítica contemporánea ha entrado en una fase de realismo transaccional donde las potencias han decidido sacrificar lealtades ideológicas por beneficios tangibles. El concepto de esferas de influencia, que parecía enterrado tras la caída del muro de Berlín, resurge con una fuerza pragmática que redefine las fronteras del poder. En este escenario, el silencio se convierte en la herramienta diplomática más valiosa para gestionar crisis sin recurrir a la confrontación directa.

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Secuencia de imágenes de líderes rebeldes a los intereses estadounidenses en diferentes latitudes con finales de destitución del poder político como pago de su insubordinación ante las directrices trazadas por las políticas externas de los Estados Unidos. Manuel Antonio Noriega, Panamá, 1990. Saddam Hussein, Irak, 2003. Muamar el Gadafi, Libia, 2011. Nicolás Maduro, Venezuela, 2026. Composición gráfica: Richard Moreta Castillo, 2026. Fuente: Google.

La reciente inacción de Rusia ante operaciones militares en el hemisferio occidental sugiere un cambio profundo en la doctrina de seguridad de Moscú. Históricamente, Rusia ha utilizado su presencia en el Caribe como una ficha de negociación frente al avance de la OTAN en Europa del Este. Al permitir la neutralización de sus activos en Venezuela sin represalias diplomáticas, el Kremlin parece haber aceptado un intercambio de prioridades que favorece su consolidación territorial en su propia frontera.

Por su parte, Estados Unidos ha retomado una versión actualizada de la Doctrina Monroe, priorizando la seguridad y el control de recursos en el continente americano. Esta estrategia busca eliminar la influencia de competidores extracontinentales en áreas críticas para la cadena de suministro energética. Al centrar sus esfuerzos militares y de inteligencia en su patio trasero, Washington envía una señal clara sobre cuáles son sus intereses vitales e irrenunciables en este nuevo siglo.

El impacto económico de este giro es evidente en el mercado de las materias primas y los recursos estratégicos globales. Venezuela, que posee las mayores reservas de petróleo probadas del mundo, vuelve a ser el eje central de la estrategia energética de las empresas occidentales. El control de estas reservas, junto con el acceso a yacimientos de tierras raras, otorga a las potencias del norte una ventaja competitiva frente al bloque de naciones asiáticas emergentes.

La reducción del apoyo militar a Ucrania es la otra cara de esta moneda transaccional que domina la agenda internacional de 2026. Los retrasos en los envíos de armamento avanzado y la disminución en el intercambio de inteligencia sugieren que se ha alcanzado un techo en el compromiso occidental. Este enfriamiento no es casual, sino que responde a una planificación estratégica para desescalar el conflicto europeo a cambio de libertad de acción en otras regiones.

La historia nos enseña que estos acuerdos de caballeros suelen ocurrir cuando los costos de mantenimiento de un imperio superan los beneficios políticos. Al igual que en los pactos secretos del siglo veinte, las naciones involucradas evitan la documentación formal para eludir el escrutinio público y la rendición de cuentas. El sistema de señales paralelas permite que cada líder mantenga su discurso doméstico mientras ejecuta una política exterior radicalmente diferente en la práctica.

China surge como el gran afectado en este aparente entendimiento entre Washington y Moscú sobre el control de los recursos americanos. La falta de apoyo ruso para proteger las inversiones chinas marcan una grieta importante en la alianza que anteriormente parecía inquebrantable entre ambos gigantes euroasiáticos.

El sistema financiero global experimenta una transformación donde las sanciones se aplican de manera selectiva y discrecional según conveniencia. Se ha observado que ciertas instituciones facilitan el flujo de capitales provenientes de la energía rusa bajo esquemas que mantienen la apariencia de cumplimiento legal. Esta flexibilidad permite que las economías centrales eviten una crisis de suministro mientras continúan con su retórica de presión diplomática y económica externa.

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La soberanía de los países más pequeños se ve seriamente comprometida en este sistema de gestión regional por parte de las superpotencias. Venezuela y Ucrania se convierten en los escenarios donde se prueban estos nuevos límites de la autonomía nacional frente a los intereses globales. La capacidad de decisión de estos estados queda supeditada a las negociaciones que ocurren a miles de kilómetros de sus fronteras, en despachos donde se trazan nuevas líneas de control. Fuente: Google.

La industria militar también se ajusta a estas nuevas realidades, desplazando su enfoque de grandes invasiones a operaciones de precisión quirúrgica. La eficiencia demostrada en la neutralización de infraestructura crítica sin desatar un conflicto total marca un precedente para futuras intervenciones internacionales. El uso de inteligencia artificial y tecnología de vigilancia avanzada permite que estas acciones se realicen con un impacto político interno mucho menor para el atacante.

Los mercados energéticos han reaccionado con una estabilidad sorprendente ante estos cambios, lo que indica que el sector privado ya preveía este desenlace. El control de la producción petrolera venezolana por parte de corporaciones estadounidenses garantiza un flujo constante hacia las refinerías del Golfo de México. Esta seguridad en el suministro actúa como un amortiguador contra la volatilidad que suele acompañar a las tensiones políticas en el Medio Oriente o en el Mar Rojo.

El papel de la OTAN está siendo cuestionado por sus propios miembros europeos ante la percepción de que la seguridad continental es negociable. La disminución del paraguas de seguridad estadounidense obliga a los países de Europa Occidental a acelerar su propia autonomía defensiva y presupuesto militar. Este proceso de rearme europeo podría cambiar el balance de poder dentro de la alianza, otorgando a naciones como Francia y Alemania un liderazgo más marcado.

La doctrina de realismo transaccional aplicada por el liderazgo actual en Washington prioriza el retorno de inversión sobre los valores democráticos tradicionales. Este enfoque pragmático reduce la fricción innecesaria con adversarios ideológicos siempre que se cumplan objetivos económicos específicos y de seguridad nacional. La diplomacia de los hechos consumados reemplaza a la diplomacia de las cumbres multilaterales, acelerando los tiempos de respuesta ante crisis internacionales.

En el ámbito tecnológico, el control de los minerales de tierras raras en el hemisferio occidental asegura la transición energética de los próximos años. Al desplazar la influencia china de estos yacimientos, las potencias occidentales garantizan su independencia en la fabricación de semiconductores y baterías. Este movimiento es vital para la seguridad nacional, ya que reduce la vulnerabilidad ante posibles bloqueos comerciales provenientes de proveedores asiáticos dominantes.

Rusia, por su parte, consolida su influencia en su área de influencia inmediata, asegurando un cinturón de seguridad que considera esencial para su supervivencia. La aceptación tácita de sus avances territoriales le permite estabilizar su economía interna tras años de desgaste por el conflicto armado y las presiones externas. Este repliegue hacia sus intereses fundamentales le otorga una posición de fuerza para negociar futuros acuerdos comerciales con el bloque europeo.

La crisis de las instituciones internacionales se agrava al ser ignoradas por las potencias que tradicionalmente las lideraban en el pasado cercano. El Consejo de Seguridad de la ONU se vuelve irrelevante cuando las decisiones de guerra y paz se toman en comunicaciones privadas y silencios compartidos. Esta erosión del derecho internacional multilateral deja un vacío que es llenado por el poder bruto y la capacidad de negociación directa entre jefes de estado.

El impacto social en las naciones objeto de intercambio es profundo, generando una sensación de abandono por parte de la comunidad internacional organizada. La población civil debe adaptarse a nuevas realidades políticas impuestas desde fuera, a menudo sin que se cumplan las promesas de libertad o estabilidad. Esta desilusión alimenta movimientos nacionalistas que ven en la política de las superpotencias una amenaza a su identidad y su futuro como naciones libres.

La guerra económica entra en una nueva fase donde el objetivo no es destruir al adversario, sino integrarlo en un sistema de dependencia controlada. Al facilitar indirectamente ciertas exportaciones rusas, las potencias occidentales mantienen un nivel de influencia sobre los ingresos de Moscú sin causar un colapso total. Este equilibrio delicado requiere una gestión constante de señales y una vigilancia estrecha de los flujos financieros a través de canales secundarios.

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El futuro del orden mundial parece dirigirse hacia una multipolaridad fragmentada donde cada bloque gestiona sus propios problemas sin interferir en los ajenos. Este sistema de no intervención mutua en esferas de influencia críticas reduce el riesgo de una tercera guerra mundial, pero aumenta la frecuencia de conflictos locales. La paz global se mantiene gracias a una serie de sacrificios regionales que son aceptados como el costo necesario para la estabilidad general. Fuente: Google.

Finalmente, el año 2026 marcará el momento en que el idealismo de la posguerra fue definitivamente reemplazado por la cruda realidad del poder transaccional. La lección aprendida es que en la alta política internacional no existen las amistades permanentes, sino únicamente los intereses que se negocian en el tiempo. Este nuevo sistema internacional seguirá evolucionando mientras las potencias encuentren en el silencio y el intercambio de influencias un método eficaz de convivencia.

Richard Moreta Castillo

Prof. Richard Moreta, Arquitecto, Urbanista del Mundo del Diseño. Seleccionado en ARCH 20 / NEXT 7 ARQUITECTOS MÁS INFLUENCIALES DEL MUNDO. El Prof. Moreta fundó RA+D (Richard's Architecture+Design) para desarrollar diseños que sean programática y técnicamente innovadores, ya que son conscientes de los costos y los recursos. Recientemente nombrado por ARCH20 en su concurso Design Award Next_7 como uno de los arquitectos globales más influyentes. Richard fue nombrado por la revista Bloomberg de Nueva York, uno de los protegidos más exitosos de Jacques Fresco, y reconocido por los ganadores de los premios Hospitality en el concurso Radical Innovation como ganadores de "¿Cuál es la gran idea?", se encuentra entre las 100 personas más creativas de Fast Company en Diseño, y ha recibido una serie de medallas y premios en varios concursos internacionales (por ejemplo, American Institute of Architecs), así como en servicios civiles. Además de supervisar su práctica en Moscú, tiene oficinas de campo en América del Norte, América del Sur, el Caribe, Europa, Medio Oriente y Asia. Ha enseñado en BAUHAUS University, University of South Florida, NABA, FUTURARIUM y otras universidades internacionales en el Caribe y México, así como profesor honorario en varias otras universidades. Es un orador público frecuente en el Congreso Internacional de Arquitectura y su trabajo ha sido publicado en todo el mundo.

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