No se trata de una reforma fiscal, sino de un ajuste que equilibra la carga en el camino.
El Ministerio de Hacienda y Economía le ha llamado “Medidas Pro-Crecimiento Económico y Mitigación de la Crisis Internacional”.
Hay quienes la denominan paquete fiscal, modernización fiscal, un endurecimiento fiscal para recaudar un mínimo de mil millones de dólares anuales adicionales.
Estamos ante una propuesta, que deberá convertirse en ley por las vías tradicionales establecidas, y luce que el hilvanado de esta propuesta ha sido meticuloso, muy fino y cuidadoso, para no levantar ronchas ni daños a los sectores menos favorecidos, y se ha decantado por acudir a las alturas, a quienes más ventajas tienen. La aprobación es prácticamente unánime en el sector empresarial, aunque en el área política hay rechazo de parte del principal líder de la oposición, Leonel Fernández, porque considera que el momento no es el oportuno… ¿Cuándo lo sería?
Lo que el ministerio de Hacienda y Economía ha presentado es justo y sienta bien, porque no taca el ITBIS, ni el IPI, ni generaliza aumentos a los sectores ya conocidos, ni invita nuevos impuestos. Se podría decir que se trata de una propuesta impositiva políticamente correcta, en el perfil del gobierno que desea el menor ruido posible, y que con este paquete se echa al olvido la propuesta de modernización fiscal presentada por el pasado ministro de Hacienda, Jochy Vicente.
Hay quienes definen la propuesta como una mini reforma tributaria, y ciertamente lo es, y está diseñada con una sensatez, una ecuanimidad y una diafanidad, como nunca antes la habíamos conocido.
Magín Díaz y su equipo hicieron un marco de contexto general, donde no dejaron ningún resquicio para las interrogantes, del por qué de esa mini reforma y de la necesidad de que el gobierno se aboque para poder, mitigar, contrarrestar, en gran medida el déficit que nos esta dejando la crisis de la guerra en el Medio Oriente. Una crisis a todas luces de carácter exógeno.
Habrá quien argumente que estamos ante la mini reforma tributaria más equilibrada que hayamos visto en los últimos 30 años, para partir de 1996, cuando Leonel Fernández inició como presidente de la República.
Tres por ciento más, a las empresas que producen más de RD$1,000 millones anuales. Diez dólares extras a la salida de la República Dominicana.
Aumento a RD$39,900, en lugar de RD$30,000 a la indexación de los salarios, lo cual abarca a los quintiles 1 y 2, del Banco Central, lo que implica un aumento de los ingresos, para el 40%, de los asalariados.
Eliminación del anticipo a las Micros y Pequeñas empresas, una verdadera revolución, que mejorará la economía popular de miles de empresas informales y de trabajadores informales.
Aumento de un 0.15% a un 0.20% la transferencias de los cheques y transacciones financieras.
Algo trascendental, que muchos no se detienen a ver su importancia, es el desmonte de un 30% de impuestos, llevado a un 3%, la carga sucesoral, de los impuestos inmobiliarios. Y el desmonte del impuesto a las ganancias de capital por venta de propiedades inmobiliarias, que baja de un 25 por ciento a un 10 por ciento.
La exención de impuestos por gastos educativos sube de un 25 a un 30 por ciento. De derogan impuestos hipotecas, constitución de compañías, fósforos, que encarecen la formalización y que incentivaban la informalidad.
La parte que tradicionalmente fue fácil, como aumentar el ITBIS, los selectivos a los combustibles, más cargas a los vehículos y al alcohol fue desechada, lo mismo que el IPI a las viviendas, los intereses a los dividendos o cargar las plataformas digitales. El ingenio se puso a funcionar en este proyecto.
La carga queda en las empresas con ingresos sobre los 1,000 millones de pesos anuales, los salarios sobre los 400 mil pesos, los viajes en avión, los casinos y las bancas. Habrá quienes se pregunten ¿dónde está el gancho, por dónde será que cobrarán a los de siempre? Y luce que no es así. Por eso Leonel tendrá que explicar cómo este proyecto afecta a los más pobres, o ¿le preocupa que se disponga de más impuestos a los más ricos?
Estamos ante una propuesta equilibrada, racional, justa, bien recibida por los sectores populares, la clase media y los ricos con conciencia. Es la reforma más equilibrada, más progresiva, porque viene en auxilio de los más pobres y de las clases medias, tradicionalmente subyugadas con las reformas fiscales anteriores.
El consenso indica que el proyecto puede irse rápidamente desde el Poder Ejecutivo hasta el Congreso Nacional, por cualquiera de las dos cámaras. Y que los congresistas hagan pronto su trabajo y lo aprueben, sin modificar la pieza.
Y que cada quien juegue su rol, su papel, y que celebremos que por fin, en muchos años, en democracia llega al Congreso una pieza de mini reforma fiscal que ayuda a los que más necesitan del progreso y la prosperidad. La propuesta de mini reforma fiscal modelo Magín Díaz.
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