Hay libros que envejecen y hay libros que, con el paso del tiempo, adquieren una segunda vida. No necesariamente porque sus respuestas permanezcan intactas, sino porque las preguntas que formularon continúan interpelando a lectores de otras épocas.
En esa dimensión de la memoria literaria adquiere particular significado el testimonio del poeta dominicano Salvador Santana, quien recuerda que durante la Feria del Libro de 1978 adquirió libros de poesía brasileña vinculados a la experiencia de la Poesía Concreta y que, casi medio siglo después, todavía conserva aquellos ejemplares.
El dato podría parecer, a primera vista, una evocación personal. Sin embargo, contiene una dimensión histórica y crítica de mayor alcance. Un poeta dominicano, en un momento determinado de nuestra historia cultural, entra en contacto con una de las experiencias de renovación poética más radicales de la segunda mitad del siglo XX. El libro viaja desde Brasil, llega a Santo Domingo, entra en las manos de un lector y permanece allí durante décadas hasta volver a circular mediante una nueva experiencia colectiva de lectura.
El objeto bibliográfico se transforma así en objeto de memoria.
Pero la memoria literaria no consiste únicamente en conservar libros. Consiste también en reactivar las preguntas que esos libros contienen.
Por eso, la lectura colectiva que Salvador Santana propone alrededor de estas obras no debería entenderse solamente como un ejercicio de recuperación bibliográfica. Es, potencialmente, una operación crítica: regresar a una vanguardia desde el presente para preguntarnos qué permanece vivo de ella y qué nuevas posibilidades puede abrir.
La pregunta fundamental, entonces, no es solamente qué fue el concretismo, sino qué puede seguir preguntándonos hoy.
El libro como memoria activa
La conservación de un libro durante casi cincuenta años posee una dimensión que desborda lo sentimental. El ejemplar guardado es una forma material de la memoria.
En sus páginas quedan inscritas las expectativas de quien lo adquirió, las circunstancias culturales que hicieron posible su llegada, las lecturas que produjo y las preguntas que despertó. El libro deja de ser únicamente un soporte textual y se convierte en testimonio de una trayectoria intelectual.
En el caso del testimonio de Salvador Santana, esa trayectoria resulta particularmente significativa porque permite establecer un puente entre dos momentos históricos: 1978 y el presente.
En 1978, el acceso a determinadas experiencias internacionales de la poesía dependía en buena medida de la circulación física de libros, revistas y antologías. Hoy, las tecnologías digitales permiten acceder casi instantáneamente a textos, imágenes, archivos sonoros y reproducciones de obras que antes podían tardar años en llegar.
La transformación tecnológica, sin embargo, no ha eliminado la pregunta fundamental: ¿qué hacemos con las nuevas posibilidades del lenguaje?
Ahí aparece la vigencia del concretismo.

Volver a teoría da poesía concreta
Entre los documentos fundamentales para comprender la experiencia brasileña se encuentra Teoria da Poesia Concreta: textos críticos e manifestos, 1950-1960, obra colectiva de Augusto de Campos, Haroldo de Campos y Décio Pignatari, publicada originalmente por Edições Invenção en São Paulo, en 1965. (Google Books)
El libro reúne textos críticos y manifiestos relacionados con la formación y el desarrollo inicial de la Poesía Concreta brasileña. Su importancia no reside solamente en registrar una experiencia histórica, sino en permitirnos observar cómo una vanguardia construyó conscientemente una nueva concepción del poema.
El concretismo brasileño comenzó a formularse durante la década de 1950 alrededor del grupo Noigandres, integrado por Augusto de Campos, Haroldo de Campos y Décio Pignatari. En 1958 apareció el conocido Plano-piloto para Poesia Concreta, mientras que en 1965 sus planteamientos iniciales fueron reunidos en Teoria da Poesia Concreta. (Poesia Concreta)
Lo decisivo fue que el poema dejó de ser concebido exclusivamente como una sucesión discursiva.
La palabra adquirió una dimensión visual.
El sonido adquirió una función estructural.
El espacio dejó de ser un simple soporte.
La página comenzó a comportarse como un campo de relaciones.
El poema podía ser leído, pero también visto, recorrido y escuchado.
De ahí la conocida concepción verbivocovisual, término que sintetiza la integración de las dimensiones verbal, vocal y visual de la experiencia poética. El proyecto concretista buscó ampliar las posibilidades de la palabra mediante su articulación con la visualidad, el sonido, el diseño y otras prácticas artísticas. (Poesia Concreta)
No estamos, por tanto, ante una simple modificación gráfica del verso.
Estamos ante una reconsideración de la naturaleza misma del poema.
Cuando la página deja de ser transparente
Uno de los aportes fundamentales del concretismo consiste en haber cuestionado la transparencia de la página.
En la tradición discursiva, la página suele funcionar como soporte relativamente invisible. El lector concentra su atención en aquello que las palabras dicen. El concretismo introduce otra posibilidad: la disposición espacial de las palabras también dice.
El blanco puede significar.
La distancia puede significar.
La repetición puede significar.
La fragmentación puede significar.
La posición de una palabra dentro del campo visual puede modificar su relación con las demás.
El poema comienza entonces a comportarse como una estructura.
Esta concepción implica una transformación profunda del acto de lectura. El lector ya no necesariamente sigue una única trayectoria lineal. Debe establecer relaciones, descubrir correspondencias, reconocer tensiones visuales y reconstruir posibles recorridos.
La lectura se vuelve, en cierto sentido, una actividad espacial.
Y aquí encontramos uno de los puntos en que la experiencia concretista continúa dialogando con la poesía contemporánea.
La vanguardia como laboratorio
Toda vanguardia auténtica contiene una dimensión experimental.
No se limita a proponer nuevos resultados: modifica las condiciones bajo las cuales una obra puede ser producida.
El concretismo entendió la poesía como un laboratorio del lenguaje. Su interés no estaba solamente en decir cosas nuevas, sino en investigar qué podía hacer el lenguaje cuando se reorganizaban sus materiales.
Esta actitud explica su diálogo con autores como Stéphane Mallarmé, Ezra Pound, James Joyce y e. e. cummings, cuya obra fue incorporada críticamente al horizonte de referencias de los concretistas. El Plano-piloto para Poesia Concreta construyó, en efecto, un linaje de modernidad poética que permitía vincular tradición e innovación. (Revista Laboratorio)
Esta relación es importante porque desmonta una idea frecuente sobre las vanguardias: que romper con la tradición significa desconocerla.
En realidad, muchas de las rupturas más fecundas nacen de una lectura radical del pasado.
La vanguardia no siempre destruye la tradición.
A veces la relee para hacerla producir futuro.

Del poema lineal al poema como campo de fuerzas
El concretismo modificó la relación entre palabra y espacio, pero también modificó la concepción del lector.
En el poema tradicional, la sucesión temporal tiene una importancia dominante. En el poema concreto, la simultaneidad adquiere un papel decisivo.
El lector puede percibir varios elementos al mismo tiempo.
La palabra deja de ser únicamente una unidad sintáctica y puede convertirse en forma, sonido, imagen, ritmo y materia.
De esta manera, el poema se aproxima a una concepción estructural en la que sus componentes establecen relaciones de tensión y complementariedad.
No se trata de eliminar necesariamente el significado verbal, sino de multiplicar los mecanismos mediante los cuales el significado se produce.
La palabra concreta es, simultáneamente, palabra y objeto de percepción.
Por eso el poema puede aproximarse a lo que posteriormente se denominará, en determinados contextos, poema-objeto: una construcción cuya materialidad forma parte inseparable de su funcionamiento estético.
La economía verbal
Otro elemento fundamental es la condensación.
El concretismo reaccionó contra la expansión discursiva cuando esta se convertía en redundancia. La reducción verbal no significaba necesariamente pobreza expresiva. Al contrario: pretendía incrementar la densidad de cada elemento.
Una palabra debía justificar su presencia.
Un sonido podía establecer una relación semántica.
Una repetición podía producir ritmo.
Un vacío podía generar tensión.
Una distribución espacial podía modificar la percepción.
Esta economía nos conduce a una idea particularmente fecunda para la poesía contemporánea: la intensidad no depende necesariamente de la cantidad de palabras, sino de la cantidad de relaciones que esas palabras pueden activar.
La poesía puede expandirse reduciéndose.
Del concretismo a la cultura digital
La actualidad del concretismo no consiste en que debamos reproducir hoy sus procedimientos de los años cincuenta y sesenta.
Sería contradictorio convertir una vanguardia experimental en una fórmula.
Su verdadera vigencia está en la pregunta que dejó abierta.
La cultura digital ha vuelto a reunir elementos que durante mucho tiempo permanecieron separados: palabra, imagen, sonido, movimiento, tipografía, animación e interacción.
La pantalla puede funcionar como una nueva página.
Pero también puede ser algo más que una página.
En ella el texto puede desplazarse, desaparecer, transformarse, responder a una acción del lector, incorporar sonido o convivir simultáneamente con imágenes en movimiento.
La poesía contemporánea dispone, por tanto, de un campo de experimentación que habría resultado inimaginable para muchos de los lectores de 1978.
Sin embargo, algunas de las preguntas ya estaban allí.
¿Qué ocurre cuando la palabra se convierte en imagen?
¿Qué sucede cuando el espacio participa de la significación?
¿Puede el lector abandonar la trayectoria lineal?
¿Dónde comienza y dónde termina un poema?
¿Cuáles son los límites materiales del lenguaje poético?
La tecnología ha cambiado.
La pregunta permanece.
Una lectura desde el presente dominicano
En este punto, el testimonio de Salvador Santana adquiere una importancia especial.
No porque permita afirmar que la Poesía Concreta brasileña haya determinado la evolución de la poesía dominicana —una afirmación que exigiría una investigación histórica específica—, sino porque ofrece un testimonio concreto de circulación, recepción y memoria de una experiencia poética internacional en el ámbito dominicano.
Esta distinción es fundamental.
Una cosa es la historia del movimiento concretista brasileño.
Otra es la recepción que determinadas obras tuvieron en otros espacios culturales.
Y otra, todavía más particular, es la memoria personal de un lector o poeta que tuvo acceso a ellas.
Entre estas dimensiones debe existir una lectura crítica rigurosa.
Precisamente por eso, el ejemplar conservado por Santana adquiere valor documental: permite formular preguntas sobre las rutas de circulación de la poesía latinoamericana, las formas de acceso a las vanguardias y las relaciones intelectuales entre Brasil y el Caribe.
La memoria individual puede convertirse así en una puerta de entrada hacia una investigación cultural más amplia.
Concretismo y metapoesía: dos momentos de una misma pregunta
Desde mi perspectiva de poeta y metapoeta, hay aquí una posibilidad adicional de diálogo.
La metapoesía coloca el poema frente a su propio espejo: pregunta qué es el poema, qué materiales lo constituyen, cuáles son sus límites y qué relación mantiene con el lenguaje.
El concretismo, desde otra coordenada histórica y estética, hizo algo semejante al interrogar los materiales mismos de la poesía.
No son movimientos equivalentes.
No deben confundirse.
Pero sí pueden establecer un diálogo metapoético alrededor de una preocupación común: la conciencia del poema sobre sus propios procedimientos.
Cuando el concretismo convierte la palabra, el espacio, el sonido y la disposición gráfica en objetos de investigación estética, el poema comienza a reflexionar sobre su propia condición material.
La poesía deja de ser solamente representación.
Se convierte también en investigación.
Y allí reside uno de los vínculos más productivos con la sensibilidad metapoética contemporánea.
La vanguardia no termina: se transforma
Las vanguardias poseen una paradoja.
Cuando nacen, buscan romper.
Cuando pasan los años, pueden convertirse en tradición.
Pero una vanguardia verdaderamente fecunda conserva la capacidad de volver a romper, incluso después de haber sido institucionalizada por la historia literaria.
Su permanencia no depende de la repetición de sus formas.
Depende de su capacidad para generar nuevas preguntas.
Por eso el concretismo no necesita ser convertido en una receta para conservar vigencia.
No necesitamos escribir hoy como se escribía en 1958 para reconocer su importancia.
Necesitamos comprender qué operación intelectual hizo posible aquella ruptura.
Y quizás la operación más importante haya sido esta: negar que la poesía tuviera que aceptar como definitivos los límites heredados.
La memoria como creación
Aquí regresamos al libro de Salvador Santana.
Aquel ejemplar comprado en 1978 ha atravesado casi medio siglo de historia literaria.
Ha sobrevivido a cambios estéticos, tecnológicos y culturales.
Ha pasado de una época en que el libro era uno de los principales vehículos de circulación de las vanguardias a otra en que una parte considerable de la producción cultural circula mediante pantallas y redes digitales.
Pero el libro permanece.
Y ahora vuelve a abrirse.
Este gesto aparentemente sencillo posee una dimensión simbólica profunda: la memoria literaria no consiste en mirar hacia atrás, sino en hacer que el pasado vuelva a producir presente.
Una obra se conserva verdaderamente cuando vuelve a ser interrogada.
Un libro permanece vivo cuando encuentra nuevos lectores.
Una vanguardia conserva su potencia cuando sus preguntas pueden ser trasladadas a otro horizonte histórico.
Por eso esta lectura colectiva no debería entenderse como una ceremonia de nostalgia.
Es, más bien, un acto de actualización.
¿Qué queda todavía por romper?
Después de casi setenta años de la aparición de las primeras formulaciones concretistas, la pregunta podría parecer agotada.
No lo está.
El desarrollo de la inteligencia artificial, la poesía digital, la realidad aumentada, las interfaces interactivas, la experimentación sonora y las nuevas formas de circulación cultural están modificando nuevamente nuestra relación con el lenguaje.
El poema vuelve a encontrarse ante un territorio en expansión.
La pregunta ya no consiste solamente en si la poesía puede abandonar el verso.
Hace tiempo sabemos que puede hacerlo.
Tampoco consiste únicamente en si la poesía puede incorporar elementos visuales.
El concretismo demostró hace décadas que puede hacerlo.
La cuestión actual es más radical:
¿qué puede llegar a ser un poema cuando sus materiales ya no están limitados a la palabra impresa?
Y todavía más:
¿qué significa escribir poesía cuando el propio concepto de texto se encuentra en transformación?
Estas interrogantes nos conducen nuevamente hacia la metapoesía.
El poema contemporáneo puede convertirse en objeto de su propia investigación. Puede preguntarse por su soporte, su lenguaje, su arquitectura, su lector y sus condiciones de existencia.
La poesía, entonces, no solamente crea mundos.
También investiga las condiciones bajo las cuales esos mundos pueden ser creados.
Una pregunta que permanece
El verdadero legado de una vanguardia no es un catálogo de procedimientos.
Es una transformación de la sensibilidad.
El concretismo enseñó que la palabra podía ser simultáneamente sonido, imagen, materia y significado; que la página podía convertirse en espacio de construcción; que el lector podía participar activamente en la organización del sentido; y que la poesía podía dialogar con otras artes y con las tecnologías de su tiempo. (Poesia Concreta)
Pero su legado más profundo quizá sea otro: haber demostrado que la poesía puede interrogar sus propios límites.
Esa es la razón por la cual volver hoy a Teoria da Poesia Concreta no significa regresar simplemente a un momento histórico del siglo XX.
Significa recuperar una actitud intelectual.
La actitud de quien no acepta que el poema tenga una forma definitiva.
La actitud de quien entiende el lenguaje como materia de exploración.
La actitud de quien considera que cada generación tiene derecho —y quizá también el deber— de volver a preguntar qué puede hacer la poesía.
El testimonio de Salvador Santana nos ofrece, en este sentido, una hermosa imagen de la continuidad de la literatura: un libro adquirido en 1978 vuelve a abrirse casi medio siglo después.
Entre aquella lectura y la de hoy se extiende una larga historia de transformaciones.
Pero permanece algo esencial.
La pregunta.
Y quizá toda poesía que todavía conserva capacidad de asombro comienza precisamente allí:
en la voluntad de volver a preguntar qué puede ser un poema.
Claves fundamentales de Teoria da Poesia Concreta
La lectura de los textos reunidos por Augusto de Campos, Haroldo de Campos y Décio Pignatari permite identificar, entre otros, los siguientes ejes:
- La palabra como material estético: el signo verbal posee dimensiones semánticas, sonoras y visuales.
- La página como espacio significativo: el blanco y la distribución gráfica participan en la construcción del sentido.
- La condensación: reducción de elementos superfluos para aumentar la intensidad y densidad del poema.
- La lectura no exclusivamente lineal: el lector establece recorridos y relaciones dentro del campo espacial del poema.
- La verbivocovisualidad: integración de palabra, sonido y visualidad como dimensiones articuladas de la experiencia poética. (Poesia Concreta)
- La interacción con otras artes: diálogo con las artes visuales, la música, el diseño y otras formas de experimentación.
- El poema como construcción: la forma no constituye un adorno del contenido, sino parte de la producción del significado.
- La experimentación como método: el lenguaje poético se convierte en materia de investigación.
- Tradición y ruptura: la innovación concretista se construye también mediante una relectura de autores fundamentales de la modernidad.
- La actualidad tecnológica: muchas de sus interrogantes encuentran nuevas posibilidades en los soportes digitales contemporáneos.
Bibliografía básica
CAMPOS, Augusto de; CAMPOS, Haroldo de; PIGNATARI, Décio. Teoria da Poesia Concreta: textos críticos e manifestos, 1950-1960. São Paulo: Edições Invenção, 1965. La primera edición consta de 190 páginas y constituye una referencia bibliográfica fundamental para el estudio del movimiento. (Google Books)
CAMPOS, Augusto de; CAMPOS, Haroldo de; PIGNATARI, Décio. Teoria da poesia concreta: textos críticos e manifestos, 1950-1960. Cotia: Ateliê Editorial, 2006. (Acervo Museu da Língua Portuguesa)
POESIA CONCRETA: O PROJETO VERBIVOCOVISUAL. Archivo dedicado a la Poesía Concreta brasileña y a la trayectoria de sus principales autores. (Poesia Concreta)
PAULA, Luciane de; BATISTA, Rafaela dos Santos. “A verbivocovisualidade criptografada de Augusto de Campos”. Revista da Anpoll, vol. 52, núm. 3. Estudio sobre la verbivocovisualidad y la concepción estética de la poesía concreta. (Revista da Anpoll)
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Ike Méndez es poeta, ensayista y metapoeta dominicano. Ha publicado Al Despertar (2017), Flor de Utopía (2018), Ruptura del Semblante (2020), Baúl de Viaje (2022), Al Borde de la Luz (2023) y El Joyero de Ébano (2024). Su obra y su reflexión crítica se inscriben en una búsqueda permanente alrededor de la metapoesía, la ruptura del semblante, el lenguaje y las relaciones entre poesía, pensamiento y cultura contemporánea.
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