La pureza de la luz de la luna
que cae desde el inmenso cielo
es tan maravillosa que congela
el agua que sus rayos tocan.
(Haiku japonés anónimo)
«Pocos artistas utilizan como él instrumentos provistos por la ciencia y la tecnología avanzadas para lograr fines altamente creativos y de gran presencia y plasticidad. Su escultura gana espacio y reclama atención. Bismarck Victoria hace coincidir planos y curvas en un todo envolvente que invita al espectador a acercarse y mirar con detenimiento el misterio que encierra su realización. Aspectos de la geometría minimalista y de la concepción oriental y japonesa del espacio escultórico coinciden con una visión que no olvida la riqueza y el barroquismo de los trópicos». Fernando Ureña Rib (1951-2013)
Bismarck Victoria es una de las personalidades de mayor reputación y valoración crítica en la historia de la escultura dominicana contemporánea. Escultor, pintor, dibujante e investigador de nuevos materiales y procedimientos tecnológicos, ha construido una obra de proyección nacional e internacional en la cual confluyen la abstracción geométrica, el pensamiento minimalista, la sensibilidad oriental, la memoria afroantillana y la exuberancia espiritual del Caribe.
Nació en Santiago de los Caballeros, República Dominicana, en 1952, ciudad donde vive y trabaja. En 1975 se trasladó a Nueva York, espacio determinante para su formación y para el desarrollo de su lenguaje artístico. Allí trabajó durante aproximadamente diez años como asistente de Isamu Noguchi (1904-1988), escultor, diseñador, arquitecto paisajista y escenógrafo estadounidense de ascendencia japonesa, considerado una de las figuras fundamentales de la escultura moderna y del diseño del siglo XX. Trabajó, además, bajo la guía de Joe Upham y fue colaborador de Hart Perry y Neil Lubetsky.
Hijo del poeta japonés Yone Noguchi y de la escritora estadounidense Léonie Gilmour, Isamu Noguchi desarrolló una obra capaz de integrar la sensibilidad estética japonesa con las principales corrientes modernas occidentales. Para él, la escultura no debía entenderse solamente como un objeto aislado, sino como una manera de organizar el espacio, relacionarlo con la naturaleza y conferirle orden y significado.
El contacto directo con Noguchi permitió a Bismarck Victoria comprender la escultura como una forma capaz de transformar el espacio y dotarlo de significación. De aquella experiencia proceden algunos rasgos esenciales de su producción: la síntesis formal, la relación entre materia y vacío, la integración de la obra con la arquitectura y el paisaje y la búsqueda de una espiritualidad que no necesita apoyarse en la representación figurativa tradicional.
Su formación estuvo relacionada también con el escultor boliviano Walter Terrazas, cuya presencia se vincula a la historia del arte dominicano y a la reconocida pintora Clara Ledesma. Sin embargo, Victoria no permaneció subordinado a las enseñanzas de sus maestros. A partir de esas influencias desarrolló una gramática escultórica propia, reconocible por la precisión de sus estructuras, la depuración de sus formas y el dinamismo de sus planos y curvas.
Obra y legado: materia, vacío y luz
A lo largo de varias décadas, Bismarck Victoria ha desarrollado una producción polivalente que comprende escultura, pintura, dibujo, gráfica, instalaciones, obras públicas y proyectos de integración entre el arte y la arquitectura.
Desde sus talleres de Nueva York y Santiago de los Caballeros, investigó materiales y procedimientos poco frecuentes en el panorama artístico dominicano: neón, plásticos, metales, descargas cinéticas en tubos multicolores, hologramas y, posteriormente, recursos digitales.
Esta relación con la ciencia y la tecnología nunca ha sido un fin en sí misma. En su obra, la innovación técnica está al servicio de una búsqueda estética, filosófica y espiritual. La precisión del diseño no elimina la emoción, sino que la concentra; la geometría no clausura el misterio: lo contiene y lo hace visible.
Como ha observado Marianne de Tolentino, la evolución de Bismarck Victoria se caracteriza por una coherencia poco común: ha innovado constantemente sin abandonar los principios esenciales de su lenguaje plástico. Sus esculturas tempranas, particularmente sus estructuras totémicas, contribuyeron a transformar la percepción de la tridimensionalidad entre quienes estaban acostumbrados a las formas convencionales de la talla en madera.
Su exposición de 1982 en el Voluntariado de las Casas Reales representó un momento importante para su reconocimiento ante el público dominicano. Aquella muestra presentó una concepción internacional de la escultura realizada por un artista nacional y amplió el horizonte de la creación tridimensional en el país.
Victoria transformó las influencias recibidas en una escritura escultórica singular. Sus formas componen un alfabeto visual de planos, curvas, vacíos, tensiones y volúmenes concebidos no solo para ser contemplados, sino también para ser recorridos, pensados y sentidos.
Cada escultura parece contener una respiración secreta.
Son metáforas místicas materializadas en el espacio. El hierro, el acero, el concreto, la luz y los materiales sintéticos abandonan su condición ordinaria para convertirse en memoria, interrogación y experiencia interior.
En obras como Naboria (1993), la forma parece guardar un canto remoto y devolver como presencia aquello que la historia quiso borrar. En Bismarck Victoria, el silencio no representa ausencia: es concentración espiritual, palabra detenida y latido ritual.
En sus esculturas, el vacío no es inexistencia: es el lugar donde respira la forma. La geometría no es frialdad: es el orden secreto de una emoción. La luz no se limita a iluminar la materia: parece nacer de ella.
Sus obras públicas se encuentran en espacios emblemáticos de la República Dominicana, entre ellos el Paseo de las Artes del Bulevar de la avenida 27 de Febrero, una estación del Metro de Santo Domingo, el Palacio de Justicia, la Torre Empresarial Dominicana, el Centro de Diagnóstico, Medicina Avanzada y Telemedicina —CEDIMAT— y la Plaza de la Salud. Su producción monumental tiene también presencia internacional en la República Popular China y en Nueva York.
Desde sus Toys o Juguetes —estructuras modulares adaptables tanto a un parque como a una mesa— hasta sus construcciones monumentales, Victoria demuestra que la magnitud de una obra no depende exclusivamente de sus dimensiones.
Esta relación entre escultura, paisaje y espiritualidad se manifiesta en Cristo Vivo, levantada en una colina del Jardín Botánico Profesor Eugenio de Jesús Marcano, en Santiago de los Caballeros. En ella, la vegetación, el cielo y las variaciones de la luz se integran a la experiencia artística.
La Catedral de Santiago: hacer visible lo invisible
Uno de los conjuntos más refinados y espiritualmente significativos de Bismarck Victoria se encuentra en la Catedral Santiago Apóstol el Mayor, en Santiago de los Caballeros. Sus intervenciones fueron concebidas para dialogar con la arquitectura del templo, exaltar la fe cristiana y humanista y relacionarse con los acontecimientos históricos y patrióticos vinculados a la ciudad.
Su intervención y diseño arquitectónico interior en el frontispicio de la Capilla de los Inmortales, realizados mediante mosaicos venecianos e iluminación espectral, revelan su capacidad para articular ciencia, matemática, arquitectura y espiritualidad. La luz deja de ser un elemento añadido y se convierte en materia creadora y símbolo de revelación.
El conjunto mantiene una relación estética y espacial con las tallas en relieve realizadas por Gaspar Mario Cruz para las puertas de la Catedral y con los vitrales del maestro José Rincón Mora. Se establece así un diálogo entre diferentes lenguajes, generaciones y disciplinas artísticas reunidos en torno a la historia, la fe y la memoria espiritual de Santiago.
La isla, la historia y el compromiso social
Además de su producción escultórica, la pintura y la obra gráfica de Bismarck Victoria ocupan un lugar significativo en su trayectoria. Mediante la figuración y el empleo de procesos digitales, el artista ha abordado la historia, la identidad y los conflictos sociales de la isla.
En la serie 71° 45’/The Broader Picture, contempla Santo Domingo como una unidad territorial e histórica compartida por la República Dominicana y Haití. Obras como Quisqueya Paradiso, Morceaux choisis d’après Courbet y Latin Lover remiten a la dictadura de Trujillo, la violencia, la fractura insular y las heridas de la memoria dominicana.
Su compromiso se manifiesta también en las creaciones dedicadas a Santiago de los Caballeros y a la transformación de su patrimonio urbano. Victoria cuestiona aquellas intervenciones realizadas en nombre del progreso que desconocen la historia y la identidad de la ciudad.
En su producción, el compromiso estético no se separa del compromiso humano. La belleza no encubre la violencia: la revela. La forma se convierte en conciencia; la materia, en testimonio.
Bismarck Victoria trabaja bajo la poética del guerrero: no la del hombre que destruye, sino la del creador que combate para devolverle al arte una de sus funciones esenciales: comunicar y exaltar emociones y pensamientos.
Su escultura hiere para despertar. Guarda silencio para obligarnos a escuchar. Se inmoviliza para hacer visible el movimiento interior del pensamiento.
Exposiciones, reconocimientos y valoración crítica
La trayectoria de Bismarck Victoria ha sido reconocida nacional e internacionalmente. Entre sus distinciones figuran el primer premio de la Asociación de Artes Hispánicas de Nueva York, el Premio de Adquisición de la XXI Bienal Nacional de Artes Visuales de Santo Domingo y el primer premio del Proyecto de Arte Público Julia Burgos, en Nueva York.
Su obra ha sido presentada en importantes espacios culturales de la República Dominicana y Estados Unidos. En 2001 fue invitado especial de la IV Bienal del Caribe, donde presentó la exposición individual Quimeras postmodernas de Quisqueya. En 2018, la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Santo Domingo le dedicó el V Congreso Internacional de Artistas Visuales Dominicanos.
Sus creaciones forman parte de colecciones nacionales e internacionales, entre ellas las del Museo de Arte Moderno de Santo Domingo, el Instituto Nacional de Bellas Artes de México, la Biblioteca Nacional de Caracas y el Musée Français de l’Holographie de París.
Críticos como Fernando Ureña Rib, Marianne de Tolentino y Abil Peralta Agüero han resaltado la originalidad, coherencia y profundidad de su lenguaje artístico, confirmando su lugar como una de las voces fundamentales de la escultura dominicana contemporánea.
La permanencia de una obra
El legado de Bismarck Victoria reside en haber ampliado las posibilidades de la escultura dominicana mediante una creación que integra tradición y contemporaneidad, pensamiento y emoción, innovación tecnológica y memoria cultural.
Sus esculturas no ocupan pasivamente el espacio: lo interrogan, lo transforman y lo convierten en territorio de revelación. Son poesía sostenida por la materia y expresiones de una humanidad que piensa, sufre, recuerda y sueña.
Frente al ruido de una época saturada de imágenes fugaces, la obra de Bismarck Victoria restablece la dignidad del silencio.
Ante ese silencio lítico o metálico, la luz se vuelve memoria y el vacío, presencia.
El misterio permanece.
Y, en la contemplación de sus formas, el ser humano vuelve a encontrarse consigo mismo.
Desirée Domínguez Fiallo
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