El altar de nuestra identidad, con sus objetos bien arregladitos, ocupa un lugar que defendemos hasta con los dientes: nos sacan las armas de una convicción que se solidifica convirtiendo esos objetos en monumentos incuestionables, acantonadas nuestras pasiones en actitud beligerante. Organizamos esos símbolos a partir del porcentaje de pureza que nos define, acumulando ideas en la despensa, aglutinando expresiones comunes, fijando verbos como ademanes, conceptos y pasiones como quien cultiva un huerto de ortigas y después tiene que buscar un antiinflamatorio. Estamos intoxicados de dominicanidad.
Pareciera que si no nos gusta la pelota, ni toleramos al Pachá, ni nos interesa el último disco de Juan Luis, ni lloramos a lágrima viva cuando le descubrieron corcho al bate de Sammy, ni sonreímos con la carcajada irónica de Bulin 47, no tenemos un buen porcentaje de dominicanidad, no somos «dominicanos de pura cepa».
Este es el momento en el que algún querido lector señalará mis generalizaciones: que tengo una «agenda», que soy enemigo del Estado, que tengo algún problema no resuelto con la dominicanidad o, en el peor de los casos, que me manejo como un «traidor a la patria». El solo hecho de no querer pensar la dominicanidad como algo cristalizado ya es un problema en este país: el no pensarnos como un absoluto incuestionable que se fija en nuestra imaginación para perdurar generaciones.
Pensar otras maneras de dominicanidad es atenerse al rechazo radical, al insulto, al señalamiento, a que se nos vincule a la amenaza de querer romper con una tradición llena de estereotipos que nos reducen hasta el mínimo. Pensar otras dominicanidades no congenia con la idea del «dominicano único», del «dominicano modelo», prototipo de la buena dominicanidad que tenemos entre ceja y ceja, ese personaje que sonríe con optimismo y sintoniza a Mariasela para recordarse a sí mismo cómo debe ser un dominicano ejemplar, un «buen dominicano» —orgulloso, con un pin del escudo nacional en la chacabana y la mano en el pecho, mientras en su cabeza se escucha a Milly Quezada y recita hasta el hartazgo nuestras cualidades más sobresalientes—. No queridos lectores, no todos los dominicanos somos iguales ni nos interesan las mismas cosas. Ni siquiera somos tan perfectos como afirmamos.

Definirnos es defendernos
Me pregunto: ¿ante qué peligros nos defendemos tanto cuando se cuestiona la idea de dominicanidad? ¿Es acaso tan frágil nuestra identidad que tenemos que armarnos hasta los dientes cuando se habla del tema? Es más, ¿somos capaces de definirnos sin ser excluyentes? El asunto es que para defender lo que creemos que es «dominicanidad» primero hay que poder definirla. Me atrevo a asegurar que si saliera por las cuatro esquinas a preguntar qué es la dominicanidad, a la mayoría le será difícil explicarla sin agarrarse de algún cliché. ¿Qué es la dominicanidad? ¿Quién pudiera explicarlo con propiedad? ¿Pueden mis lectores definirla sin apretarse del pecho, ni gaguear, sin sacar la manopla y el machete, sin acudir a sus zonas consabidas? ¿Puede ser, siquiera, pensada sin entrar en un «dime y te diré»?
Me anticipo a mis queridos y sensatos lectores: al intentar definir el concepto de dominicanidad, aparecerán generalizaciones puntuales haciendo referencia a la geografía, gastronomía, símbolos patrios, cualidades positivas, elementos arquitectónicos, entre algunos otros. Lo icónico, lo aparente, la imagen que puede ser descrita a partir de características estereotípicas, se deslizan sin riesgo por nuestro imaginario buscando una identificación inmediata, como si nuestra identidad se sintetizara a partir de estos elementos.
Esos objetos se asumen como monumentos: sirven más por su papel en la representación, que lo que realmente hacen en nuestras vidas. Su función no es otra que nos sintamos partes de un colectivo, tan sencillamente, aunque haya bastante tela que cortar. ¿Está mal? No. No está mal. Sin embargo, por eso no es de extrañar que los más jóvenes repitan los discursos de sus padres y abuelos como pequeños soldaditos de plomo alistándose frente al altar de la patria sin detenerse a preguntarse qué es lo que repiten con tanta emoción. ¡Y cuidao que nadie nos interpele, que sería igual que se nos miente la madre!

Si nos ponemos serios y analizamos críticamente la idea que tenemos de dominicanidad, nuestro pensamiento es sintético: hace un resumen mutilado, sedimenta una noción repetida como un mantra que no se pone en tensión. Parece incluso la salmodia de alguna hora santa en la que ya ni interesa las palabras del balbuceo, solo la repetición que nos afirma. Pero el problema es que la síntesis es sumamente peligrosa, ya que intenta legitimar e imponer un imaginario sobre todos los otros, todos los que aún no se deciden, los que tampoco congenian con esas maneras de representación, pero que también existen aquí, en este mismo contexto, solo que no es una imagen que interese a nuestros guachimanes de la patria.
Nuevamente me anticipo: al intentar definir la dominicanidad, tendremos que agarrarnos de ciertos conceptos relacionados como patria o identidad para que no se nos magulle el concepto.
La obsesión por definirnos
Según el portal de la Presidencia de la República Dominicana: «La dominicanidad es eso que nos sale por los poros, que se delata en nuestros gestos, en nuestros pensamientos, en nuestra forma de disfrutar la vida y en nuestro amor por la patria, en fin, es eso que nos identifica culturalmente como pueblo»1. Es decir, que transpiramos la dominicanidad: se nos escurre en la camiseta de camino al trabajo —ya me imagino yo, con el calorazo del verano—. En el video de ese portal, aparecen varias personas respondiendo. Aquí el listado de ideas que se nos presenta:
- «Para mí la dominicanidad ciertamente es color»
- «Es alegría, color, a pesar de todo, felicidad»
- «El dominicano es buena gente y es alegre. Le gustan los merengues y se baila»
- «Vivir la vida “happy”, feliz»
- «Algún que otro compinche, un coro»
- «Me encanta la comida, claro»
- «Somos trabajadores aparte de todo y somos bellos. Los dominicanos somos lindos»
- «Al dominicano le gusta mucho divertirse»
- «El dominicano es de “sangre caliente”, le gusta mucho andar, para eso nació»
- «Le gusta pasar tiempo en familia»
- «El dominicano es hospitalario, honesto, solidario»
- «Lealtad, responsabilidad…»
- «Si tiene que salir a defenderse, sale a defenderse»
- «Sabe salir de cualquier situación. Una maravilla. Orgulloso de ser dominicano»
- «La República Dominicana es un país que siempre y cuando se tiene el honor, se siembra y se cosecha».
Algunas palabras clave que surgen de estas expresiones: color, alegría, felicidad, familiaridad, orgullo, hospitalidad. Una imagen muy bonita, por cierto, casi un speech de venta. Esta no es la manera que somos: es la manera en que queremos ser percibidos.
Si bien es cierto que todas estas ideas y criterios se relacionan con aquello que pretende ser «lo dominicano», también pudieran aplicar para cualquier otro contexto donde sus habitantes quieren conectar con el extranjero (pensemos, por ejemplo en lo cubano, lo puertorriqueño, lo colombiano, lo brasileño, etc). ¿Acaso los demás latinoamericanos no se perciben como alegres, generosos, hospitalarios, trabajadores y resilientes? Casi todos los latinoamericanos nos autopercibimos muy bien, como si no existiera nada para pensar o corregir, como si el relato que tenemos en nuestras cabezas fuera la mejor versión posible, una construcción idealizada que funciona como un placebo y como discurso simultáneamente. Pienso que además de lo bueno, lo chulo y lo chévere, es importante pensarnos desde aquello que nunca se dice y que posiblemente revela más que cualquier otro dato alistado. La dominicanidad es un relato que interiorizamos, repetimos y repartimos a diestra y siniestra.
Ahora, volvamos a los conceptos con los que relacionamos la dominicanidad: orgullo, patria, identidad y cultura. Esos conceptos significan algo por sí mismos, tienen la particularidad de poder explicarse en pocas palabras. Sin embargo, sin ellos parece imposible explicarnos. ¿Somos capaces de decir qué es la dominicanidad en una frase contundente sin agarrarnos de alguno de ellos? Y continuando con la idea que ya establecí en «La Dominicanidad es una Ficción»2, la dominicanidad no existe como una sola cosa: es la condensación que inútilmente intenta aglutinar sin esfuerzo a una masa de personas que no compartimos valores ni formas de pensar, ni siquiera características afines y que casi siempre deja fuera a un montón de gente que también existe, pero sin relato oficial y sin espacios de representación, sin reconocimiento público. En ese sentido, la dominicanidad se suele presentar como algo absoluto, un vestido que a muchos nos queda saltacharcos.
La dominicanidad no tiene por qué exigir un consenso y una transparencia. Sin embargo, nos obstinamos en creer que debe establecerse para no diluirse, que debe estar cristalizada de la misma forma para todos.
Y para los lectores atolondrados, les repito: no digo que esas ideas mencionadas no se relacionen o representen lo dominicano. Cada uno de los elementos que nos llegue a la mente es perfectamente válido y puede ser la dominicanidad y sin embargo, siempre faltará algo por decir. ¿Son esas primeras ideas lo único que nos define? ¿Cómo es nuestra relación con esos símbolos en las prácticas cotidianas, en nuestra relación con la ciudad e incluso, con otros pueblos? ¿Además de esos elementos, existen otros que pudieran explicarnos?

La positividad enfermiza de nuestra autodefinición
Como ya establecí, lo dominicano casi siempre se enfoca desde lo positivo y lo pintoresco. Se busca en los clichés, puliendo una idea desactualizada, incoherente consigo misma, que deja solo lo que represente ciertos valores sobre otros. No es de extrañar que para Danilo Ginebra y Mariasela, Tokischa y Alofoke no representen los más excelsos de nuestros valores, lo que un «buen cristiano» debe ser. Sin embargo, no todos pueden ni quieren aspirar a ser nuestro querido Freddy Ginebra. Tampoco la educación ha sido la misma para todos, ni nuestros privilegios. Y con esto no justifico una mirada sobre otra, sino plantear la tensión sobre cómo dimensionamos a unas figuras sobre otras, cómo hiperdimensionamos maneras de ser, estar y habitar, de comportarnos socialmente, pero no ponemos en tensión otras características comunes que asumimos naturalmente, lógicas negativas que reproducimos sin detenernos.
Rara vez se piensa la dominicanidad desde los márgenes, las grietas y nuestra propia miseria, desde el autodesprecio que sostenemos naturalmente y la violencia común del día a día. Rara vez pensamos nuestros gestos, nuestra expresividad, el uso de nuestro lenguaje, nuestra tendencia automática a la respuesta visceral, el rechazo ante un otro que nos molesta simplemente porque no se relaciona conmigo. Casi nunca pensamos en lo cotidiano, en cómo la dominicanidad se manifiesta en la práctica más elemental: nuestras relaciones humanas.
Por si no se tiene claro, lo dominicano también es la alta tasa de feminicidios en un contexto que promueve el maltrato hacia la mujer, nos guste o no. Las estadísticas están ahí3. Los titulares de los periódicos están ahí. Las mujeres asesinadas están también ahí, lamentablemente. Aunque prefiramos asociarnos a figuras como Juan Bosch y Pedro Mir: lo dominicano también son aquellos comentarios en redes que legitiman al pelotero Wander Franco y a Luis Polonia, quienes abiertamente han estado con menores de edad —el primero encontrado culpable de abuso sexual4, pero a quien el tribunal le otorgó un perdón judicial por considerarlo víctima de la extorsión de la madre; el segundo condenado por agresión sexual de una menor de 15 años5 —.
Incluso en el juicio de Franco, el señor magistrado José Núñez afirmó una frase demoledora citando a Nelson Ned: «Mujeres fáciles de consecuencias difíciles»6, como si la responsabilidad del abuso sexual recayera sobre la víctima. Es decir, que de manera institucional, el Tribunal Colegiado de Puerto Plata produjo una teoría de la dominicanidad que declara a Wander como una «víctima cultural y material» del sistema social, reduciendo la carga simbólica del hecho a un «somos así, y así somos»7. Aquí la dominicanidad parece volverse una justificación que perpetúa nuestra manera de ser, que se blinda a sí misma sin cuestionamiento, que produce y reproduce hasta el infinito al prototipo de dominicano que no puede ser de otra forma porque está en su ontología. Lo que no hacemos es reconocer el machismo, la xenofobia y la misoginia.
Parte de lo dominicano es que aún en el 2026, todavía padres y madres venden a sus hijas menores de edad a viejos barrigas verdes que buscan su «kit para los deseos», que buscan satisfacer en un mismo cuerpo joven, una amante con una empleada doméstica. Lo dominicano también es el lambonismo como práctica común con quien tiene más dinero o posición social. Lo dominicano también es no poder decir lo que pensamos por miedo a represalias, a que se nos «cierren puertas», que se reduzcan nuestras ofertas de trabajo. Lo dominicano también es el servilismo, la postura siempre asimétrica frente a un otro, fruto de nuestros complejos de inferioridad.

El dominicano como aspiración arquetípica
El arquetipo del dominicano que existe en nuestras cabezas es sumamente pulcro, demasiado aspiracional y exportable, casi una postalita de baseball pero sin los escándalos de abuso sexual: es un producto que pone a la venta un discurso sumamente excluyente y que deja de lado todo aquello que amenace con quitarnos el sueño, o que simplemente se asocie a lo negro. Por eso nos ofendemos cuando se nos señala el racismo.
—¿Racista? Tú estás loco. El dominicano no es racista8
—¿Negro? ¿Yo? Yo soy blanco curtido, trigueño, indio9
—I’m no black, I’m Dominican. No, no, no. I’m no black. Imposible. It’s not the same. Negro, nunca.10
—Orgulloso de ser dominicano. Somos el mejor país del mundo11
—¿Machista por ese piropo? Pero si yo le regalo a mi mamá de madres y cuidao, que quien la tenga en su boca le va a ir feo12

La negación sistemática de nuestro racismo es una práctica común: la negación de comunidades dominicanas que tienen no solamente historia, sino documentación, estudios que han sido escritos sobre ellos, que han sido pensados académicamente y que forman parte de nuestra cultura. Negamos nuestro racismo y preferimos quedarnos con la idea de nuestra hospitalidad, una que se aplica a gringos y europeos pero se le niega a nuestros vecinos13.
Y como nos gustan los ejemplos: lo dominicano para nuestro ministro de cultura Robertico Salcedo es excluir el Gagá de la programación cultural del ministerio porque no es «100% dominicano», porque «no nos ponemos de acuerdo en esta cuestión», porque «nada que tenga que ver con el gagá es prioridad»14. Para el señor Salcedo: «Si tenemos la bachata en las mismas condiciones, trabajemos eso; los valores esenciales de la cultura Dominicana». Es decir, que para que algo sea dominicano debe pasar por el consenso de personas de la burguesía o la política como el honorable ministro Robertico y su agenda de no generar polémica15 —que nos quedan un par de añitos en el cargo todavía y no nos podemos calentar con nuestros amigos de la Orden Dominicana—. Roberto Ángel Salcedo, un «soldadito» que responde, como él mismo afirma, a las «prerrogativas del presidente Abinader»16, nada tiene que ver con el Gagá. Y es entendible. El ministro no reconoce esa manifestación como parte de su cultura, ni con la agenda política del presidente. En su vida nunca se ha preguntado —ni mucho menos, interesado—, más que por hacer sus películas que reproducen todos los posibles estereotipos que puedan pensarse de la dominicanidad.
¿Pero qué coño es 100% dominicano si ni siquiera algunos de los grandes éxitos de Juan Luis Guerra17 y el Mayimbe son dominicanos?18 ¿Existe una prueba de ADN de la dominicanidad que se tenga que pasar, o alguna prueba nacional que se imparta en nuestras escuelas? ¿Es lo dominicano algo que pueda definirse sin entrar en conflicto ni generar incomodidad? ¿Me debe gustar el mofongo y repetir hasta el hartazgo «Volvió Juanita» en diciembre?

En el fondo, no creo que sea posible definir la dominicanidad sin caer en exclusiones o representaciones sesgadas. No existe la dominicanidad o al menos, cada quien tiene su propia versión, aunque muchos quieran que asumamos los mismos códigos. Interesante sería permitirnos mantener esa definición en una tensión permanente, problematizando su definición como ejercicio de reflexión. Así quizá, pudiéramos ver los detalles negativos con el mismo valor que los positivos.
Volviendo a la idea de expresión y del riesgo que implica disentir en este país, decir una verdad incómoda, practicar el legítimo derecho a la palabra para ampliar los marcos con los que nos pensamos, me interesa pensar estos puntos clave: cómo nosotros los dominicanos tendemos a evitar toda confrontación que ponga en tensión los supuestos de nuestra cultura; cómo nos tomamos personal la opinión contraria por el simple hecho de no representar los valores con los que nos vinculamos; cómo utilizamos la violencia como moneda de cambio en represalia ante nuestra incapacidad de dialogar. A veces, esa moneda es más sutil: surge en un comentario burlón en Instagram, una opinión ligera, una línea de WhatsApp, hasta llegar al cierre de puertas laborales o incluso, a amenazas de muerte en el DM. Cada uno de esos puntos afirma una hipótesis en la que desearía estar equivocado: no somos capaces de tolerar las diferencias.
—Claudio Mena

Referencias consultadas:
1 Presidencia de la República Dominicana. (s. f.). ¿Qué es la dominicanidad? Amo ser Dominicano. https://presidencia.gob.do/series/amo-ser-dominicano/que-es-la-dominicanidad
2 Mena, C. (2025, 30 de noviembre). La dominicanidad es una ficción. Acento. https://acento.com.do/opinion/la-dominicanidad-es-una-ficcion-9603490.html
3 García, J. (2026, 19 de mayo). El número de feminicidios crece un 36,4 % en República Dominicana en 2026 y solo el 13 % de las víctimas había denunciado antes del crimen. Infobae. https://www.infobae.com/republica-dominicana/2026/05/19/el-numero-de-feminicidios-crece-un-364-en-republica-dominicana-en-2026-y-solo-el-13-de-las-victimas-habia-denunciado-antes-del-crimen/
4 Acento. (2026, 25 de mayo). Ministerio Público apelará sentencia que declara culpable a Wander Franco y le otorga perdón judicial. Acento. https://acento.com.do/actualidad/ministerio-publico-apelara-sentencia-que-declara-culpable-a-wander-franco-y-le-otorga-perdon-judicial-9685890.html
5 Castro, J. E. (2023, 15 de agosto). Peloteros dominicanos involucrados en casos de relación con menores. elCaribe. https://www.elcaribe.com.do/deportes/beisbol/grandes-ligas/peloteros-dominicanos-en-relacion-con-menores/
6 Diario Libre. (2026, 27 de mayo). Expresiones del juez del caso Wander Franco levantan cuestionamientos. https://www.diariolibre.com/actualidad/justicia/2026/05/27/expresiones-del-juez-del-caso-franco-levantan-cuestionamientos/3548116
7 Para los lectores no dominicanos: la expresión a la que hago referencia remite a «Somos así y así somos», un programa que Rahintel —el primer canal privado del país— transmitió desde 1989, y cuyo archivo posiblemente se perdió con el cierre del canal en el 1999. Buscando en internet no encuentro más rastro que una ficha en IMDb (https://www.imdb.com/title/tt7933360/): ni un clip, ni una reseña, ni una fotografía de algo que se transmitió durante años por televisión abierta. Puede que la documentación de la época exista en papel o en hemerotecas sin digitalizar. El problema es que no sabemos si el archivo falta, pero sabemos que no circula. Un detalle interesante es que no recuerdo siquiera el contenido del programa, ni sus presentadores, secciones ni temas. Lo único que apenas recuerdo es el jingle que cantaba la frase. Quizá mis lectores de más edad me ayuden con el dato.
8 Muy buena la pregunta «¿Y si el/la racista soy yo?», formulada por Riamny Méndez Féliz. Méndez Féliz, R. (2023, 17 de enero). ¿Racista, yo? Cómo hablar de racismo con una sociedad en negación. Acento. https://acento.com.do/cultura/racista-yo-como-hablar-de-racismo-con-una-sociedad-en-negacion-9153698.html
9 El sociólogo Miguel D. Mena nos dice: «Tenemos lo hermoso dominicano en Youtube, a la Presidencia de la República sean das las gracias, yendo de los hermosos paisajes puntacanescos hasta ese verde tan intenso de Constanza o Samaná. Por otro lado, el bajo mundo de Capricornio TV y el mundo al revés si te metes por cualquier callejón del Almirante o Maquiteria. To be or not to be. Dime cuál dominicano quiere ser y te complaceremos. ¡Y vivieron muy felices!». Mena, M. D. (2007, 8 de julio). Los buenos dominicanos, expertos en el autodesprecio. Hoy, Areíto. https://hoy.com.do/suplementos/areito/los-buenos-dominicanos-expertos-en-el-autodesprecio_203667.html
10 Parece un chiste, pero no lo es. El comediante norteamericano Godfrey retrata con mucho humor una realidad: muchos dominicanos en la diáspora no se perciben como negros incluso aunque se les apunte con un fusil. Nos asumimos incluso como indios, antes de negros. djvlad. (2020, 4 de junio). Godfrey impersonates Dominicans refusing to accept they’re Black (Flashback) [Video]. YouTube.
11 Mena, M. D. (2024, 7 de mayo). Sobre el orgullo y otras claves fatales del “dominicanismo”. Acento. https://acento.com.do/opinion/sobre-el-orgullo-y-otras-claves-fatales-del-dominicanismo-9336099.html
12 Espinal, R. (2026, 20 de mayo). El machismo motorizado. Acento. https://acento.com.do/opinion/el-machismo-motorizado-9681557.html
13 El señor Bernardo Matías escribe «En la República Dominicana, este patrón adquiere un matiz particular, pues el racismo se niega al tiempo que se ejerce y la negación misma se vuelve parte del repertorio cultural». Matías, B. (2025, noviembre). La negación del racismo como poder cultural en la República Dominicana. Acento. https://acento.com.do/opinion/la-negacion-del-racismo-como-poder-cultural-en-la-republica-dominicana-9579026.html
14 Z101 Digital. (2026, abril). Roberto Ángel Salcedo: "Nada que tenga que ver con gagá es prioridad en el Ministerio de Cultura" [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=8Oa6eJjmiWY
Dice el señor Diógenes Abreu: «La imagen que proyecta el ministro al estipular improntas de rechazo sobre el gagá es que no entiende, o se hace no entender, que su función es hablar en nombre de todo el pueblo dominicano y todas sus manifestaciones culturales, no erigirse en paladín exclusivo de quienes piensan y actúan como él. Sus pronunciamientos lo implantan más cual si fuera vocero de sectores que son vanguardia del antihaitianismo, en vez de funcionario público a cargo de un ministerio guardián de la riquísima hibridación cultural de la República Dominicana». Abreu, D. (2026, mayo). Gagá, falacias y Ministerio de Cultura. Acento. https://acento.com.do/cultura/gaga-falacias-y-ministerio-de-cultura-9680244.html
16 Paredes, B. (2025, 14 de enero). Roberto Ángel dice: "Soy un soldado del presidente Abinader". Diario Libre. https://www.diariolibre.com/politica/gobierno/2025/01/14/roberto-angel-dice-soy-un-soldado-del-presidente-abinader/2967595
17 Andrade, R. (2023, 19 de febrero). "Woman del Callao": ¿Quién es el verdadero compositor de la canción que popularizó Juan Luis Guerra? La República. https://larepublica.pe/datos-lr/venezuela/2023/02/12/woman-del-callao-quien-es-el-verdadero-compositor-de-la-cancion-que-popularizo-juan-luis-guerra-historia-del-calipso-woman-del-callao-carnaval-venezuela-lrtma-154320
18 En una entrevista con Junior Cabrera, el mismo Mayimbe afirma que su famosa canción «Dominicano Soy» —estandarte representativo de nuestra más recóndita idea de dominicanidad—, fue una adaptación de la canción «Gitano Soy», escrita por Ignacio Román y popularizada por el cantautor Antonio Cortés Pantoja «Chiquetete», donde sustituye la palabra gitano por dominicano —entre otros ajustes más—. Es decir, que esa pieza tan característica, es apenas, un refrito. Lo más triste para nuestros defensores de la dominicanidad, es la parte de la entrevista en la que el Mayimbe se justifica: «Chiquetete que era el compositor, nunca me pidió que revisara eso, ni que lo cambiara. Ni la compañía, ni nadie», es decir, que la carga negativa de la apropiación se reduce mágicamente por el solo hecho de reconocer la «frescura» acometida. Junior Cabrera. (2023, 17 de junio). ❌FERNANDO VILLALONA-GITANO SOY CHIQUETETE NUNCA ME DIJO NADA 👎🏻– #10preguntas #juniorcabrera [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=Kbz3Uhlbl8A
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