En estos días el feminicidio ha copado nuevamente la atención en los medios y las redes por las lamentables tragedias ocurridas recientemente, y porque el año 2026 registra ya más de 30 feminicidios.
Sabemos que la causa principal de los feminicidios es el machismo por la excesiva posesividad que siente un hombre hacia una mujer, que lo lleva a terminar con la vida de ella cuando no se siente suficientemente correspondido, según su propia interpretación.
El machismo es una construcción social de superioridad masculina que se gesta y promueve en las familias, las escuelas, las iglesias, los medios de comunicación, las redes, las empresas, los deportes y la política.
O sea, todas las instituciones sociales tienen como uno de sus pilares constitutivos el machismo; la idea de que el hombre comanda en relación con la mujer.
Una de las principales escenificaciones del machismo en la sociedad dominicana, de la que poco se habla, es el hombre motorizado.
Los motoristas, la mayoría hombres, van a excesiva velocidad, rebasan por doquier, chocan sin asumir responsabilidad, se colocan al frente de las intersecciones como si fueran una avanzada presidencial.
En su conducta agresiva no miden las consecuencias negativas para los demás, ni siquiera para ellos mismos, que son la carrocería de sus motores.
Es cierto que muchos dominicanos no pueden adquirir un vehículo y optan por un motor para la movilidad. Lo preocupante es la forma violenta en que manejan.
No todos los hombres son feminicidas, aunque sean machistas. De ahí que hace falta entender mejor las causas específicas que llevan a algunos hombres a cometer un feminicidio, y a veces hasta suicidarse después del homicidio.
Hay factores psicológicos que solo los terapeutas pueden descifrar a partir de intervenciones clínicas e investigaciones. Pero hay un factor más fácil de identificar: el patrón de consumo de alcohol o de drogas del feminicida.
Los hombres son los principales consumidores de alcohol y drogas, lo que, unido al machismo de su engranaje cultural, se convierte en causante de conductas excesivamente agresivas, como es asesinar.
Es responsabilidad de las instituciones públicas de protección ciudadana prevenir e intervenir para evitar la violencia contra las mujeres y los feminicidios, y actuar con determinación cuando hay señales de riesgo si las mujeres denuncian maltratos o amenazas.
Pero además de la intervención del Estado, las familias tienen un rol de apoyo fundamental con las mujeres maltratadas.
El feminicidio es la culminación de una secuencia de abusos que usualmente no llegan al Estado temprano en forma de denuncia; en parte, porque las mujeres tienden a aguantar muchos maltratos antes de hacer una denuncia pública.
En vez de ignorar el problema, justificarlo, o decirles a las mujeres que aguanten por el bien de los hijos, o para que no pierdan su pareja, las familias tienen que actuar para proteger a las mujeres ante cualquier señal de violencia de género.
El apoyo familiar es el primer eslabón para identificar y enfrentar la violencia temprano. Cuando los problemas llegan al Estado vía una querella, ya la crisis y el riesgo son generalmente muy grandes.
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