Alphonse Desjardins, es considerado padre de las cooperativas de ahorro y crédito modernas en América del Norte, es a su vez uno de los defensores más influyentes de la inclusión financiera a través del cooperativismo en el país.
Aunque Friedrich Wilhelm Raiffeisen introdujo el crédito cooperativo en las áreas rurales de Alemania y Hermann Schulze-Delitzsch creó modelos cooperativos de artesanos y pequeños empresarios urbanos, es Desjardins quien adaptó estas ideas en Canadá y posteriormente en América para que el sistema fuera la vida económica de millones de personas.
A finales del siglo XIX, el sistema financiero canadiense estaba configurado para servir a las grandes empresas y a los más privilegiados. Los pequeños ahorradores no tenían acceso a servicios financieros formales y aquellos que necesitaban préstamos generalmente se veían obligados a acudir a prestamistas informales que cobraban una alta tasa de interés.
Desjardins sabía de economía y también que la carga financiera de los más pobres y vulnerables y entendía que las condiciones en como operaba el sistema financiero representaba una forma de exclusión social que impedía el progreso de gran parte de la población, debido a sus limitaciones económicas y altos costos de los préstamos.
Desjardins, estudio los modelos de cooperativas inspirado en Raiffeisen y Schulze-Delitzsch y gestionó la forma en como aplicarlo al contexto canadiense. Sus creencias, a partir de estos aprendizajes, le permitieron reafirmar la importancia de la confianza, el ahorro mutuo y la gestión democrática, autogestionada por los asociados. De hecho, en América de Norte Lévis, Quebec, creada en 1900 fue la primera Cooperativa de Crédito moderna de ahorro y crédito en esa parte del mundo.
La mayor innovación de Desjardins fue democratizar el sistema financiero. Por primera vez, miles de personas podían convertirse en ahorradores, propietarios y usuarios de una institución financiera a la vez. Hasta entonces, las finanzas habían sido dominio de grandes empresas, inversores y personas poderosas. Así fue como las cooperativas de crédito se deshicieron de ello.
El pequeño agricultor, el trabajador, el comerciante y el profesional podían trabajar todos en la misma organización financiera para su beneficio. Esto era una democracia económica en práctica. Cada miembro tenía voz y voto. El poder no dependía de la cantidad de capital aportado sino de ser miembro de la cooperativa.
De esta manera, la actividad financiera dejó de ser el privilegio de unos pocos y se convirtió en una herramienta al servicio de la comunidad. El ahorro es en este enfoque una herramienta de transformación social. La filosofía de Desjardins era que el ahorro no debía verse solo como una acumulación material de riqueza. Para él, el ahorro era una disciplina de responsabilidad, previsión y crecimiento personal.
Las cooperativas financieras debían educar a sus miembros sobre cómo gestionar sus recursos y su estabilidad económica. Esta visión es el pilar del cooperativismo financiero moderno. Las cooperativas no solo prestan dinero, también facilitan la educación financiera, la planificación económica y el crecimiento de los activos familiares. Desjardins reconoció que el acceso al crédito debía estar vinculado al desarrollo humano.
Desjardin se interesó en los préstamos para fines productivos; adquisición de vivienda, educación y construcción de negocios. Su enfoque anticipó conceptos que ahora son parte de los programas globales de inclusión financiera. Hoy en día, el acceso a servicios financieros es uno de los factores esenciales para la eliminación de la pobreza y el crecimiento económico.
Desjardins fue un verdadero precursor de las políticas actuales de inclusión financiera. En pocos años, muchas nuevas comunidades comenzaron a replicar la experiencia en diferentes regiones de Canadá. Luego, el modelo se extendió a los Estados Unidos, América Latina, África y otras partes del mundo.
Eventualmente, se formaron federaciones, confederaciones y cooperativas financieras y millones de personas se unieron. Las cooperativas de ahorro y crédito de hoy tienen muchos de los principios de Desjardins: propiedad comunitaria, gestión democrática, educación financiera, responsabilidad social y entre otros, compromiso comunitario.
Aún con sus aportes, este modelo necesita seguir acelerando su ampliación. Casi un siglo después de la creación de la primera Cooperativa de Crédito, los desafíos en torno a la inclusión financiera aún existen. Y todavía hay miles de millones de personas en todo el mundo excluidas del sistema financiero formal durante años.
La pobreza, la informalidad económica y la desigualdad territorial aún limitan el acceso al crédito, el ahorro y el seguro para las personas en todo el mundo. Las nuevas tecnologías están transformando la forma en que los servicios financieros están disponibles y está surgiendo un mercado completamente nuevo para los servicios financieros. La banca digital, la inteligencia artificial, los pagos electrónicos y las fintech están revolucionando el sector y las cooperativas financieras tienen importantes retos y desafíos en esta materia.
Pero estos avances también plantean el riesgo de exclusión para aquellos que carecen de acceso tecnológico y educación financiera. En este contexto, los principios de Desjardins siguen siendo muy relevantes. La tecnología puede modernizar los servicios, pero la confianza, la solidaridad y el compromiso con las personas siguen siendo elementos esenciales de los servicios, y están presentes incluso cuando la tecnología es más poderosa.
En la República Dominicana, las cooperativas de ahorro y crédito son uno de los medios más importantes de inclusión financiera en el país. Millones de dominicanos son ayudados por el ahorro, el financiamiento, la educación financiera y las oportunidades de desarrollo económico en ellas. Las cooperativas también crean iniciativas de responsabilidad social, apoyo educativo, promoción del emprendimiento y fortalecimiento comunitario. Estas acciones son consistentes con la visión de Desjardins de que las instituciones financieras deben ayudar a las personas en su desarrollo y no solo en la generación de ganancias. Para él, el acceso a las finanzas es tan importante como el acceso a la comida. Su gran contribución fue demostrar que las comunidades podían construir instituciones financieras fuertes, eficientes y democráticas que no estarían orientadas al dinero, sino que podrían ponerse al servicio de las personas y no al servicio del dinero.
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