Hoy es día del maestro y de la maestra. Es oportuno retomar la idea del maestro y académico universitario Radhamés Mejía, a través de sus columnas en Acento y de intervenciones y diálogos con diversos sectores, ha planteado la necesidad de un diálogo sobre la educación del país, porque lo cree urgente y porque estamos en un momento en que es posible concertar.
Se ha referido a las ideas propias, a los artículos de Fernando Ferrán y de David Lapaix, quienes tienen la misma preocupación intelectual: repensar, con rigor y sentido de futuro, el papel de la educación, de la educación superior y de la educación técnica en la transformación educativa nacional.
Es cierto que en el pasado ha habido concertaciones sobre la educación. Lo primero que se gestó en los años 80 del pasado siglo fue el Plan Educativo, del que brotó el Plan Decenal de Educación, y posteriormente han surgido propuestas que se han convertido en políticas de Estado, como la dedicación del 4 por ciento para la educación pública dominicana. También hay propuestas para trabajar la calidad de la educación.
Ahora se habla de la necesidad de un diálogo sobre el futuro de la educación, de la educación universitaria y la educación técnica, a propósito de las nuevas tecnologías, el impacto de la IA sobre las carreras del futuro, y en qué sentido se puede y debe mover la sociedad dominicana respecto de la educación que necesita para el porvenir.
Radhamés Mejía ha escrito numerosos textos, como también lo han planteado Dinorah García Romero, Jacqueline Malagón, Rafael Santos Badía, entre otros, que piensan que este es un momento propicio para la concertación.
Ha dicho el académico que hay la necesidad de construir un ecosistema pluriforme de educación superior, en el que la universidad sea fortalecida en su misión más alta sin ser obligada a responder por sí sola a todas las demandas sociales, productivas, tecnológicas y culturales del país. Dice que leídas en conjunto, las diversas opiniones pueden iniciar un diálogo académico que otras voces del mundo universitario, científico, técnico, empresarial, cultural y social deberán enriquecer.
Este medio está dispuesto a brindar su espacio y ayudar en la construcción de ese diálogo. Sin embargo, la costumbre de este país es que el Poder Ejecutivo tome la iniciativa, respalde las decisiones que en ese contexto adopte el Ministerio de Educación, encabezado por Luis Miguel Decamps, y las que también adopte el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, encabezado por el profesor Rafael Santos Badía.
Radhamés Mejía tiene una opinión de peso. Es un académico de gran reconocimiento, un estudioso que ha ocupado posiciones de gran relieve en el sistema de educación superior, y cuenta con un aval investigativo de primer orden.
Sugiere una pregunta esencial, para comenzar: “La pregunta decisiva es más amplia: ¿qué sistema de educación superior necesita la República Dominicana para formar las capacidades humanas, científicas, técnicas, éticas y ciudadanas que requiere su desarrollo? La educación superior no puede ser un apéndice del sistema ni una agenda reservada a especialistas. Es una dimensión estratégica del proyecto nacional”.
El tema es para la agenda oficial, es para insertarlo en el Agenda Nacional de Desarrollo. Estamos, sin embargo, ante la irrupción de un nuevo esquema de desarrollo, es nuevo y está desbrozando todo lo establecido:
“La inteligencia artificial, con su irrupción disruptiva y su desarrollo acelerado, ha producido una transformación que venía gestándose desde hace décadas. Hoy la universidad ya no tiene el monopolio de la información ni posee en exclusiva los medios para enseñar, certificar o producir conocimiento. Plataformas digitales, laboratorios corporativos, sistemas de aprendizaje personalizados, redes de investigación, microcredenciales y nuevas formas de validación profesional asumen funciones que durante mucho tiempo estuvieron concentradas en la institución universitaria”.
Es en este tipo de reflexión que se centra la propuesta de diálogo. Ni el presidente de la República, ni los ministro de educación, ni la sociedad pueden ser indiferentes. Tampoco las academias, ni las escuelas, ni las empresas. Todo el mundo está siendo llamado a ser parte de ese diálogo, que nos definirá en el futuro inmediato y más allá.
El doctor Radhamés Mejía lanza al gobierno, al sector académico privado, a las empresas y a la sociedad dominicana el gran desafío de abrirnos a un diálogo, de ponderar el momento en que vivimos y nuestro potencial para ser parte del futuro o del pasado.
Estos párrafos son esenciales:
La conversación que proponemos nace de la convicción y la esperanza de que, entre todos, podemos superar los desafíos que tenemos por delante. Nos invita a abandonar la nostalgia institucional, mirar de frente la transformación tecnológica, reconocer la crisis del modelo heredado e imaginar una universidad más centrada en el criterio que en la información, más en la formación que en la certificación, más en la humanidad que en la burocracia.
Debemos entrar a esta conversación convencidos de que la pregunta que debemos responder ya no es únicamente qué universidad queremos, sino que estamos frente a una pregunta más amplia: ¿qué educación superior necesita la República Dominicana después del modelo único, después de la universidad industrial, después de la fábrica de títulos y después de la ilusión de que una sola modalidad puede resolver por sí misma los desafíos complejos del país?
Responder esa pregunta exige un diálogo académico de altura, abierto, respetuoso y comprometido con el país. Mi artículo anterior, los dos artículos de Fernando Ferrán y el aporte de David Lapaix pueden leerse como una invitación inicial. Ojalá otras voces se sumen para perfilar, entre todos, la educación superior que la República Dominicana necesita.
Hoy es el día del maestro y de la maestra. Es bueno celebrarlo abriendo el diálogo que propone el doctor Radhamés Mejía. Tremenda sería esa celebración, por el futuro de la educación, y del país.
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