La propuesta del decano de Humanidades de PUCMM, Radhamés Mejía, llega justo a tiempo. Y es que en su más reciente artículo publicado en Acento, hace una invitación al diálogo nacional sobre la educación superior dominicana en el preciso momento en que el país debate una reforma educativa integral, revisa sus marcos normativos y se pregunta, sin respuesta clara todavía, qué tipo de profesional, ciudadano, ciudadana y ser humano quiere formar.
La tesis de Mejía es tan simple como precisa: la República Dominicana ha crecido en matrícula universitaria, pero ese crecimiento cuantitativo no ha venido acompañado de una mejora equivalente en investigación, pensamiento crítico, innovación ni deliberación ciudadana. El país tiene más graduados. No necesariamente mejores ciudadanos, tampoco mejores ciudadanas.
Los modelos educativos
El artículo de Mejía no es un texto aislado. Se inscribe en un intercambio intelectual que incluye dos piezas del sociólogo Fernando Ferrán —"La universidad después de la universidad" y "El eclipse de la universidad dominicana"— y un ensayo de David Lapaix sobre los límites reales de la educación técnico-profesional, todos publicados en este mismo medio.
Ferrán advierte sobre el riesgo de que la universidad se convierta en una "fábrica de títulos", vaciada de su misión cultural y ciudadana. Lapaix, por su parte, desmonta el mito de que la formación técnica es la solución mágica al desempleo y la baja productividad. Mejía recoge ambas advertencias y las articula en una propuesta sistémica: construir un ecosistema pluriforme de educación superior, donde cada modalidad —universidad, institutos técnicos, microcredenciales, plataformas digitales— cumpla su función sin pretender resolverlo todo.
Lo que los tres autores comparten es una convicción: los modelos educativos vigentes fueron diseñados para un mundo que ya no existe.
La radiografía: ¿dónde está parada la educación superior dominicana?
Los datos que ha publicado Acento en los últimos meses dibujan un sistema en tensión:
- La investigación científica está concentrada en tres instituciones. Según el Informe Cienciométrico de la República Dominicana presentado en abril de 2026, el 40% de los investigadores activos del país se concentra en la UASD, la PUCMM y el INTEC. En dos décadas, la producción científica creció de 36 a 545 autores activos —un avance real—, pero la brecha entre producción de conocimiento y políticas públicas concretas sigue pendiente.
- Las leyes que rigen el sistema llevan años archivadas. La Ley de Educación Superior 139-01 y la Ley General de Educación 66-97 tienen revisiones pendientes desde hace años. Como señaló la académica Dinorah García Romero en Acento en enero de 2026, ese archivo ha contribuido a que el sistema se mantenga estático en tiempos de transformación acelerada. El ministro del MESCyT, Rafael Santos Badía, explicó en abril que la reforma comenzará por modificar esas leyes antes de tocar el currículo.
- La reforma educativa arrancó, pero con resistencias. El Decreto 309-26, firmado por el presidente Luis Abinader el 7 de mayo de 2026, creó la Comisión Ejecutiva para la Transformación Educativa. Las consultas ya comenzaron, pero los gremios docentes expresaron rechazo y especialistas advirtieron que el proceso no puede limitarse a una reorganización administrativa.
- El país se posiciona como destino de educación superior, pero con desigualdades. Con 2,250 estudiantes extranjeros registrados por el Banco Central —59.1% en carreras de ciencias médicas—, la RD consolida su atractivo regional. Sin embargo, ese dinamismo coexiste con un sistema donde las universidades privadas concentran el mayor gasto, mientras la UASD —la única pública y gratuita— carga con la mayor matrícula nacional.
- La formación técnica avanza, pero sin articulación estratégica. El ITLA lanzó en mayo el primer tecnólogo en Semiconductores y Microelectrónica del país, una señal de que el sistema técnico puede responder a demandas de vanguardia. Pero como advierte Lapaix, y recoge Mejía, esa expansión necesita inteligencia estratégica: no expandir por expandir, sino articular con la demanda real de la economía.
Lo que Mejía pone sobre la mesa
El decano de Humanidades de PUCMM no escribe desde la queja. Su propuesta tiene una dirección clara: si la universidad debe recuperar su misión cultural, científica y ciudadana, también debe ser liberada de la pretensión de resolverlo todo. El error histórico, sostiene, fue suponer que toda formación superior debe asumir la forma universitaria.
Recuperando a Ortega y Gasset, Mejía advierte sobre el riesgo del "sabio ignorante": profesionales competentes en un área estrecha, pero incapaz de comprender las dimensiones históricas, éticas y políticas de los problemas que enfrenta. Una universidad que solo entrega títulos, pero no forma criterio ni responsabilidad pública, puede crecer en matrícula mientras se vacía por dentro.
El momento es ahora
La coincidencia entre este debate intelectual y el proceso de reforma educativa en curso no es menor. El país tiene sobre la mesa la revisión de sus leyes educativas, una comisión presidencial trabajando en un anteproyecto integral y una Meta RD 2036 que aspira a duplicar el PIB real en una década. Ninguno de esos objetivos es alcanzable con una universidad que forme para el mercado laboral de ayer.
Mejía lo dice sin rodeos: la educación superior no puede ser un apéndice del sistema ni una agenda reservada a especialistas. Es una dimensión estratégica del proyecto nacional. Y ese diálogo, advierte, es urgente.
El reloj corre. La pregunta es si las instituciones —el MESCyT, las universidades, el Congreso, el Ejecutivo— están dispuestas a escuchar
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