La República Dominicana ha dado pasos reales en materia de investigación científica, pero aún camina a paso lento frente a los desafíos que impone una economía que aspira a competir en el siglo XXI. Esa fue, en esencia, la lectura que dejó el rector de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), Sencillo Espinal, durante la presentación del estudio impulsado por la PUCMM-MIMAH: un balance que mezcla logros concretos con advertencias que no deben ignorarse.
Lo que se ha construido
En más de dos décadas, el ecosistema científico dominicano ha crecido de manera notable. La PUCMM acumula más de cuatro mil publicaciones indexadas y proyectos tecnológicos de alto impacto, entre ellos el desarrollo de patentes internacionales en el área de la nanociencia, un campo de frontera que pocas universidades latinoamericanas pueden exhibir en su haber.
A nivel estatal, el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT) ha invertido más de RD$2,565 millones en investigación científica entre 2020 y 2025, financiando 376 proyectos a través del FONDOCYT, con una convocatoria adicional de RD$450 millones anunciada para 2026, según datos oficiales del organismo.
El rector Espinal destacó también el liderazgo creciente de la mujer en la investigación, un fenómeno que la propia PUCMM ha documentado: en las últimas dos décadas, la cantidad de investigadores dominicanos se multiplicó por 15, pasando de 36 autores científicos en 2003 a 545 en años recientes.
Lo que todavía falta
Sin embargo, los números también revelan una contradicción. Según el mismo estudio de la PUCMM, la participación femenina en la investigación cayó en 2024 al punto más bajo en dos décadas, representando apenas el 28.8% de los autores científicos dominicanos. El rector habló de liderazgo femenino creciente; los datos hablan de un retroceso que merece más que un reconocimiento retórico.
El diagnóstico de fondo es más estructural: el país sigue siendo, en palabras del propio Espinal, "consumidor antes que productor de conocimiento". Una crítica que no es nueva, pero que adquiere mayor urgencia cuando se contrasta con la inversión realizada. Analistas del sector señalan que el FONDOCYT, pese a sus recursos, enfrenta una debilidad persistente: el conocimiento que financia rara vez se traduce en productividad, empleo o mejoras tangibles para la ciudadanía.
La articulación entre los sectores público, privado y académico —señalada por Espinal como uno de los grandes retos pendientes— sigue siendo más una aspiración que una realidad operativa. Sin esa triada funcionando en sincronía, las publicaciones indexadas corren el riesgo de quedarse en los repositorios académicos sin impacto en la vida del país.
El momento es ahora
El contexto internacional añade presión. El gobierno dominicano presentó en 2026 su Plan de Atracción de Inversión Extranjera Directa para el sector TIC 2026-2036, con el apoyo del PNUD, apostando a posicionar al país como hub regional de servicios digitales de alto valor. Ese plan necesita, como base, una masa crítica de investigadores, innovadores y patentes propias. Sin ciencia, no hay tecnología soberana.
El llamado del rector Espinal a fortalecer la investigación como base para la formulación de políticas públicas llega, entonces, en el momento justo. La pregunta que queda abierta es si el sistema político tiene la voluntad —y la continuidad— para responderle.
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