San Juan de la Maguana era un volcán dormido, esperando el temblor que lo despertara. Antes y después de la muerte de Trujillo, la ciudad —de calles polvorientas y casas de madera— comenzaba a sentir cómo la efervescencia política resquebrajaba el miedo acumulado durante más de tres décadas.

Entre los rostros de esa insurrección emergió José Óscar Viñas Bonelly, abogado de palabra afilada y convicción inquebrantable. No solo hablaba: encendía. Desde las páginas de Tribuna Libre, órgano de la Unión Cívica Nacional, sus editoriales eran dardos contra la pasividad y el acomodo.

La palabra como ruptura

El 3 de septiembre de 1961, cuando la primera edición de Tribuna Libre salió de la imprenta, no fue solo un hecho periodístico: fue un acto de desafío.

La tinta fresca llevaba un llamado:

“Se invita a todos… a escuchar el mensaje de Libertad…”

San Juan, que hasta hacía poco se movía bajo la sombra del miedo, comenzaba a latir distinto.

Cada noche, esa pulsación se amplificaba en Radio San Juan. La voz de José Óscar cruzaba techos de zinc y paredes de madera:

—¡Sanjuaneros, es hora de levantar la frente! La libertad no se mendiga: se conquista.

Pero toda palabra libre genera vigilancia. Y todo eco despierta enemigos.

Viñas Bonelly lo sabía. Cada editorial, cada transmisión, lo acercaba al peligro. Aun así, no se detuvo.

Años después lo resumiría con crudeza:

—No estábamos en un club social, sino en una lucha patriótica.

Esa conciencia lo llevó a romper con sectores tibios y a formar, junto a jóvenes decididos, el núcleo local del Movimiento 14 de Junio. Allí la militancia no era simbólica: era total.

San Juan de la Maguana

El asesinato de José Alfredo Achecar

La noche del 5 de agosto de 1961 marcó un punto de no retorno.

José Alfredo Achecar, propietario de Radio San Juan, había convertido su emisora en un bastión de libertad. No era un militante orgánico, pero su compromiso con la apertura lo colocó en la mira.

Desde la penumbra, un soldado ejecutó una orden.

Un disparo. Luego el silencio.

Pero el crimen llevaba un error: el objetivo era José Óscar.

Achecar cayó en su lugar.

El asesino huyó, presa del miedo. Sin embargo, lo que debía sembrar terror produjo lo contrario: encendió la indignación colectiva.

San Juan despertó.

Hotel Maguana.

Clandestinidad y persecución

A partir de entonces, la ciudad entró en un estado de tensión permanente.

Los catorcistas se reunían en espacios cotidianos —la sastrería de Hungría, la piscina del Hotel Maguana, el Cabaret Nuevo Amanecer— donde la política se discutía en voz baja, entre vigilancia y riesgo.

La represión no tardó: arrestos, hostigamiento, ataques a la emisora.

Radio San Juan fue apedreada.
Los militantes perseguidos.

Pero el mensaje continuó.

Cuando las redadas se intensificaron, los programas comenzaron a grabarse en cintas magnetofónicas. La palabra encontró nuevas formas de sobrevivir.

El círculo de la historia

Años después, en plena Revolución de Abril de 1965, el pasado regresó con precisión casi simbólica.

En la Zona Constitucionalista, un prisionero fue llevado ante José Óscar. Era el hombre que había disparado aquella noche.

No hubo interrogatorio prolongado.

—Me pagaron para matarlo a usted también.

La historia se cerraba sobre sí misma.

De la palabra al fusil

Cuando estalló la insurrección, José Óscar no dudó.

De San Juan a Santo Domingo.
De la radio a la trinchera.

Combatió, organizó, decidió.

En uno de los momentos más críticos, encabezó la toma de alimentos para sostener a los combatientes:

—No venimos a pedir. Venimos a tomar lo que el pueblo necesita.

Su figura rompe cualquier simplificación: fue, al mismo tiempo, intelectual y combatiente. Voz y acción en una misma línea de coherencia.

Achecar: memoria y martirio

La figura de J. Alfredo Achecar trasciende su muerte. Representa la ética de abrir espacios cuando el silencio es más seguro.

Permitió que Radio San Juan fuera tribuna del Movimiento 14 de Junio. Sabía el riesgo. No retrocedió.

El 3 de enero de 1962 fue asesinado en su propia emisora.

Su hijo, Rafael Achecar Chupani, lo convirtió en memoria viva a través del poema “3 de enero”, donde el duelo se transforma en continuidad:

“No he colocado una flor…
solo pienso darte una rosa:
la consumación del grito rebelde de tus hijos.”

Pedro Mir reconoció en esos versos una verdad esencial: la honestidad como fundamento de la palabra.

Un legado que no se extingue

José Óscar Viñas Bonelly y Alfredo Achecar no pertenecen solo al pasado. Representan una misma línea histórica:

  • La palabra que desafía
  • La acción que sostiene
  • La memoria que persiste

San Juan no fue espectador de la historia dominicana.

"La historia de estos hombres no es únicamente la de una lucha contra la dictadura. Es la historia de un pueblo que decidió no vivir arrodillado.

Porque antes del fusil, fue la palabra. Y la palabra nunca pudo ser asesinada."

Ike Méndez

Poeta, educador y ensayista

Ike Méndez es ensayista y metapoeta dominicano. Coautor de obras como *"San Juan de la Maguana, una Introducción a su Historia de Cara al Futuro"* (Primer premio en el Concurso Nacional de Historia 2000) y *"Símbolos de la Identidad Sanjuanera"* (Segundo premio en 2010). Ganó el Segundo premio en el Concurso de Literatura Deportiva “Juan Bosch” (2008) y colaboró en la serie *"Fragmentos de Patria"* de Banreservas. También coeditó las antologías *"Voces Desatas"* (poesía, 2012) y la primera antología de cuentistas sanjuaneros (2015). Ha publicado seis poemarios: *Al Despertar* (2017), *Flor de Utopía* (2018), *Ruptura del Semblante* (2020), *Baúl de Viaje* (2022), *Al Borde de la Luz* (2023) y *El Joyero de Ébano* (2024), que reflejan una evolución poética constante. E-mail: jemendez@claro.net.do

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