La encuesta Gallup-Diario Libre de mayo de 2026 dejó un dato que puede leerse como una advertencia temprana para el sistema político dominicano: el 23.5 % de los entrevistados dijo no simpatizar con ningún partido.

Ese porcentaje convierte a “Ninguno” en el segundo bloque de simpatía política del país, solo por debajo del Partido Revolucionario Moderno (PRM), que aparece con 30.4 %, y por encima de la Fuerza del Pueblo, con 19.6 %, y del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), con 19.5 %.

El dato no significa que exista una fuerza organizada llamada “Ninguno”, ni que todos esos ciudadanos votarán igual, se abstendrán o respaldarán una candidatura antisistema. Pero sí revela algo políticamente sensible: una parte importante del electorado dominicano ya no se siente representada por las siglas tradicionales o, al menos, no declara una lealtad partidaria estable.

En un país donde los partidos han sido históricamente maquinarias de identidad, empleo, protección, ascenso social y movilización electoral, que casi uno de cada cuatro consultados diga no simpatizar con ninguna organización política no es un detalle estadístico. Es una señal de desgaste.

El segundo lugar no lo ocupa un partido

La primera lectura de la encuesta es que el PRM sigue encabezando la simpatía partidaria. La segunda es que la oposición tradicional permanece dividida entre la Fuerza del Pueblo y el PLD, prácticamente empatadas.

Pero la lectura más profunda está en otro lugar: el segundo espacio más grande no lo ocupa un partido, sino la ausencia de partido.

“Ninguno” supera individualmente a las dos principales organizaciones opositoras y obliga a mirar el escenario de 2028 desde una perspectiva menos rígida. No basta con medir estructuras. También hay que medir disponibilidad política, cansancio, desconfianza y distancia emocional frente a las organizaciones partidarias.

La propia encuesta plantea un escenario fragmentado de cara a 2028, donde ningún partido tendría hoy apoyo suficiente para garantizar una victoria presidencial en primera vuelta.

Eso coloca al electorado sin simpatía partidaria en el centro del tablero. No tiene local, padrón, bandera ni candidato, pero puede convertirse en el terreno donde se decida la próxima competencia presidencial.

“Ninguno” no es apatía pura

Sería un error interpretar ese 23.5 % como apatía absoluta.

Dentro de ese bloque pueden convivir perfiles muy distintos: ciudadanos independientes, jóvenes que no crecieron bajo las identidades partidarias tradicionales, votantes críticos del Gobierno y de la oposición, personas que deciden por candidatos y no por partidos, electores desencantados, abstencionistas potenciales y ciudadanos que esperan hasta último momento para definirse.

También puede haber votantes que participan, pero no quieren identificarse públicamente con ninguna organización. En contextos de baja confianza institucional, la simpatía partidaria no siempre coincide con la intención final de voto.

Por eso, más que una masa uniforme, “Ninguno” debe entenderse como un territorio político en disputa.

El partido que logre hablarle a ese segmento sin tratarlo como simple “voto prestado” puede ganar ventaja. El que lo ignore, corre el riesgo de descubrir demasiado tarde que las elecciones no se ganan solo con estructuras, sino también con emociones, credibilidad y conexión social.

El dato también aparece dentro de los partidos

Los gráficos internos de la encuesta añaden otro elemento al análisis: la respuesta “ninguno” no solo aparece como bloque nacional, también surge dentro de las propias simpatías partidarias.

En el PRM, entre sus simpatizantes, David Collado domina ampliamente la intención presidencial interna con 61.8 %, seguido por Carolina Mejía, con 21.1 %. La opción “ninguno” aparece con 9.7 %, por encima de figuras como Raquel Peña, José Ignacio Paliza, Guido Gómez Mazara, Yayo Sanz Lovatón, Wellington Arnaud, Jean Luis Rodríguez y Andrés Cueto.

“Ninguno” ya es la segunda opción política del país: el aviso de Gallup y el espejo de Colombia

En la Fuerza del Pueblo, el liderazgo interno luce más concentrado: Leonel Fernández aparece con 64.9 %, seguido por Omar Fernández, con 31.7 %, mientras “ninguno” registra apenas 3.4 % entre los simpatizantes de esa organización.

“Ninguno” ya es la segunda opción política del país: el aviso de Gallup y el espejo de Colombia

El caso más llamativo está en el PLD. Entre sus simpatizantes, Gonzalo Castillo encabeza con 48.3 %, seguido por Abel Martínez, con 25.3 %. Pero la opción “ninguno” alcanza 21.8 %, un porcentaje alto dentro de una organización que todavía busca recomponer liderazgo, identidad y cohesión electoral.

“Ninguno” ya es la segunda opción política del país: el aviso de Gallup y el espejo de Colombia

Ese dato no debe leerse como una intención de voto nacional, porque corresponde a bases específicas de simpatizantes por partido. Pero sí sirve como señal interna: incluso dentro de algunas organizaciones, hay votantes que se reconocen cercanos a una sigla, pero no encuentran todavía una figura presidencial que los convenza.

El golpe simbólico al PLD y la Fuerza del Pueblo

El dato nacional tiene una carga simbólica para el antiguo eje político dominicano.

Durante años, la política nacional estuvo organizada alrededor del PLD, sus desprendimientos, sus liderazgos internos y sus disputas por el poder. La aparición de la Fuerza del Pueblo reconfiguró ese mapa, mientras el PRM consolidó el cambio electoral de 2020 y la reelección de 2024.

Sin embargo, la encuesta muestra que una porción significativa del país no se está agrupando emocionalmente alrededor de esas siglas.

Que “Ninguno” supere al PLD y a la Fuerza del Pueblo por separado no significa que ambos partidos estén fuera de competencia. Pero sí refleja que el viejo lenguaje partidario ya no organiza por completo la conversación política.

La Fuerza del Pueblo conserva un liderazgo fuerte en torno a Leonel Fernández, quien reaccionó a la encuesta afirmando que su partido avanza “demasiado bien y demasiado rápido”. Diario Libre reseñó que Gallup-Diario Libre coloca a la FP con 19.6 %, casi empatada con el PLD, que registra 19.5 %.

El PLD, en cambio, sigue enfrentando el desafío de reconstruir liderazgo, identidad y conexión social después de la pérdida del poder, la división interna y el desgaste acumulado por años de gobierno.

En ese contexto, “Ninguno” no solo mide distancia frente a los partidos. También mide el vacío que los partidos todavía no han logrado llenar.

Las candidaturas internas y el peso de las alianzas

La encuesta también permite observar cómo se mueven los principales liderazgos dentro de sus respectivas organizaciones y qué ocurre cuando esos nombres se colocan en un escenario más amplio de alianzas electorales.

Entre los simpatizantes del PRM, David Collado aparece con una ventaja amplia, con 61.8 %, seguido por Carolina Mejía, con 21.1 %. En el PLD, Gonzalo Castillo encabeza la medición interna con 48.3 %, por encima de Abel Martínez, que registra 25.3 %. Mientras, en la Fuerza del Pueblo, Leonel Fernández concentra el liderazgo con 64.9 %, seguido por Omar Fernández, con 31.7 %.

Pero cuando la encuesta traslada la pregunta a la población general y plantea un escenario de partidos políticos y alianzas electorales, el panorama adquiere otra lectura. David Collado aparece con 45.2 %, seguido por Gonzalo Castillo, con 35.5 %. Más atrás figuran Omar Fernández, con 34.1 %; Leonel Fernández, con 34.9 %; y Carolina Mejía, con 17.6 %. La opción “ninguno” alcanza 23.7 %.

“Ninguno” ya es la segunda opción política del país: el aviso de Gallup y el espejo de Colombia

Ese dato vuelve a colocar la no identificación o el rechazo a las opciones disponibles como un componente relevante del escenario electoral. Incluso cuando se presentan nombres concretos y posibles alianzas, una parte considerable del electorado sigue sin inclinarse por ninguna de las figuras planteadas.

La comparación también muestra una diferencia importante entre fuerza interna y capacidad de expansión. Un dirigente puede dominar dentro de su partido, como ocurre con Leonel Fernández en la Fuerza del Pueblo o David Collado en el PRM, pero el desafío real está en convertir esa fortaleza interna en atractivo nacional, especialmente frente a votantes independientes o sin simpatía partidaria.

En el caso del PLD, el dato de Gonzalo Castillo muestra una recuperación competitiva dentro de su organización y una presencia relevante en escenarios de alianzas. Sin embargo, el partido todavía enfrenta el reto de reconstruir una narrativa política que conecte más allá de su base tradicional.

Este bloque refuerza una idea central de la encuesta: el sistema político dominicano no solo está midiendo partidos, también está midiendo liderazgos, alianzas, desgaste, memoria electoral y disponibilidad ciudadana.

David Collado y la política de la imagen favorable

Otro dato relevante de la medición es la imagen percibida de los principales líderes políticos.

En el ranking de favorabilidad, David Collado aparece con 60.8 % de imagen buena o muy buena, seguido muy de cerca por Danilo Medina, con 59.5 %. Luego figuran Omar Fernández, con 54.2 %; Leonel Fernández, con 52.8 %; Carolina Mejía, con 48.2 %; Abel Martínez, con 40.9 %; Raquel Peña, con 38.5 %; Gonzalo Castillo, con 31.9 %, y Francisco Javier García, con 16.3 %.

“Ninguno” ya es la segunda opción política del país: el aviso de Gallup y el espejo de Colombia

La combinación de esos datos ayuda a explicar por qué Collado domina con tanta amplitud dentro del PRM. No solo encabeza la intención entre simpatizantes perremeístas, también aparece como el líder con mejor imagen en el universo general de consultados.

Pero esa misma fotografía confirma una tendencia más amplia: la política dominicana se mueve cada vez más hacia liderazgos de alta visibilidad pública, buena valoración personal y capacidad de conectar más allá de la militancia dura.

En un escenario donde la identidad partidaria se debilita, la imagen individual pesa más.

El país que no quiere casarse con una sigla

La política dominicana ha cambiado. Durante décadas, la simpatía partidaria fue una especie de pertenencia. Se era peledeísta, reformista, perredeísta o, más tarde, perremeísta, como parte de una identidad familiar, territorial o social.

Hoy, esa relación parece más frágil.

Una parte del electorado observa, compara, critica y decide con menor fidelidad. Ya no necesariamente vota por historia, color o militancia. Puede votar por gestión, percepción económica, liderazgo personal, rechazo a otro candidato o simple conveniencia coyuntural.

Ese cambio favorece a los liderazgos con alta visibilidad pública, pero también vuelve más inestable el sistema. Cuando las lealtades partidarias se debilitan, las campañas dependen más de la imagen, las emociones, las redes sociales, la coyuntura económica y la capacidad de interpretar el malestar.

La encuesta Gallup no solo mide quién está arriba o abajo. Mide también un cambio cultural: la política dominicana parece moverse de la identidad partidaria hacia una lógica más volátil, más personalizada y más desconfiada.

El espejo colombiano

El paralelismo con Colombia no debe plantearse como una copia exacta. República Dominicana y Colombia tienen sistemas políticos, reglas electorales e historias distintas. Pero hay una advertencia común: cuando los partidos tradicionales no logran canalizar el malestar, ese espacio puede ser ocupado por el voto de rechazo, candidatos personalistas o discursos de ruptura.

En Colombia, el voto en blanco tiene una expresión institucional formal. La Registraduría Nacional del Estado Civil lo define, con base en la jurisprudencia constitucional, como una expresión política de disentimiento, abstención o inconformidad, con efectos políticos.

En República Dominicana, “Ninguno” no es una casilla electoral con efectos jurídicos equivalentes. Es una respuesta de encuesta. Pero ambas expresiones pueden comunicar algo parecido: una ciudadanía que no se siente completamente representada por la oferta disponible.

El caso colombiano también mostró cómo el desgaste de partidos y élites tradicionales puede abrir espacio a figuras que se presentan como ajenas al sistema. En 2022, Rodolfo Hernández llegó a la segunda vuelta presidencial con un discurso de ruptura frente a la política tradicional, apoyado en una comunicación directa, personalista y de fuerte presencia digital. Medios internacionales lo describieron entonces como un outsider con rasgos populistas y discurso contra la política tradicional.

Ese es el espejo que debe mirarse con cuidado. Cuando el sistema no procesa el desencanto, el desencanto busca salida por otros canales.

La diferencia dominicana

La República Dominicana todavía conserva partidos con estructuras territoriales fuertes, financiamiento público, experiencia electoral y capacidad de movilización. Esa realidad diferencia al país de otros procesos regionales donde los partidos tradicionales colapsaron con mayor velocidad.

Pero las estructuras no siempre bastan.

Un partido puede tener locales, dirigentes, padrones y alianzas, pero perder conexión emocional con una parte creciente de la sociedad. También puede conservar maquinaria electoral y, al mismo tiempo, hablarle cada vez menos a los ciudadanos que no se sienten representados por ninguna sigla.

Ese es el punto delicado para 2028. El electorado sin simpatía partidaria no necesariamente quiere destruir el sistema. Pero sí puede castigarlo si siente que las opciones existentes no responden a sus problemas cotidianos: costo de la vida, inseguridad, empleo, servicios públicos, corrupción, desigualdad y falta de oportunidades.

¿Puede “Ninguno” decidir 2028?

El 23.5 % que dice no simpatizar con ningún partido puede convertirse en un factor decisivo si el escenario electoral se mantiene fragmentado.

En una competencia sin mayoría clara, ese segmento puede inclinar la balanza. Puede dividirse entre varias candidaturas, alimentar la abstención, fortalecer a un candidato con discurso independiente o convertirse en el espacio de disputa entre el oficialismo y la oposición.

Para el PRM, el reto será evitar que la fatiga de poder empuje a parte de ese electorado hacia una opción de castigo. Para la Fuerza del Pueblo, el desafío será demostrar que puede representar cambio sin ser leída únicamente como retorno. Para el PLD, la tarea es todavía más compleja: reconstruir credibilidad, liderazgo y sentido de futuro.

Para cualquier candidatura emergente, el dato de Gallup puede ser leído como una oportunidad. Pero también como una advertencia: el descontento no se conquista solo con decir “soy diferente”. Hay que convertir la distancia frente a los partidos en propuesta, organización y confianza.

El riesgo de confundir silencio con indiferencia

La política suele subestimar a los ciudadanos que no se identifican con ninguna organización. Los trata como indecisos, apáticos o desinformados.

Pero muchas veces ese silencio es una forma de juicio.

El ciudadano que responde “ninguno” puede estar diciendo que no cree en los partidos, que no ve diferencias sustanciales, que está esperando mejores señales o que su voto dependerá de la coyuntura. También puede estar expresando una ruptura emocional con el sistema político sin haber encontrado todavía una alternativa.

Ese tipo de electorado es difícil de medir y más difícil de retener. No milita, no obedece líneas partidarias y no necesariamente se moviliza por tradición. Pero puede ser decisivo cuando una elección se define por márgenes estrechos.

Una advertencia para el sistema

La encuesta Gallup no solo revela una fotografía de simpatías partidarias. También muestra el tamaño de una ausencia.

“Ninguno” no tiene candidato, himno, color ni comité político. Pero ya representa una advertencia para todos: el oficialismo no puede confiarse en su ventaja, la oposición no puede asumir que el descontento le pertenece y los partidos no pueden seguir actuando como si la ciudadanía estuviera obligada a escoger entre las mismas estructuras de siempre.

En política, los vacíos no permanecen vacíos para siempre. Alguien termina ocupándolos.

Puede ser un partido que se renueva, un liderazgo que conecta, una candidatura outsider, un voto de castigo, una abstención creciente o una expresión de rechazo más organizada.

El dato de Gallup debe leerse, por tanto, como una alerta democrática. Una parte importante del país está políticamente disponible. Y cuando casi uno de cada cuatro ciudadanos dice no simpatizar con ningún partido, el problema no es solo electoral. Es de representación.

El mensaje detrás de “Ninguno”

El gran aviso de la encuesta es que la política dominicana no puede limitarse a contar estructuras. Tiene que recuperar confianza.

Los partidos pueden seguir midiendo porcentajes, candidaturas y alianzas. Pero el dato más incómodo está fuera de sus casas partidarias: una ciudadanía que observa desde la distancia y que todavía no entrega su adhesión.

Ese electorado puede decidir quedarse en la abstención, votar por el mal menor, respaldar una figura tradicional con discurso renovado o abrir espacio a una opción inesperada.

“Ninguno” no es todavía un movimiento. Pero es una señal. Y en América Latina, cuando los sistemas políticos ignoran esas señales, suelen descubrir demasiado tarde que el descontento también vota.

Abraham Marmolejos

Periodista, docente y estratega de comunicación, con experiencia en medios digitales, periodismo de investigación y creación de contenido.

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