La República Dominicana y demás países del Caribe y América Latina (ALC) están en mayor riesgo de su integridad territorial desde la madrugada del 3 de enero 2026 cuando el presidente de Venezuela Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores fueron raptados de su vivienda en Caracas, Venezuela, en un medio de un operativo estadounidense con helicópteros, bombardeo con misiles y un asalto de unidades élite que -según datos oficiales- dejó al menos cien muertos, entre ellos, 32 cubanos adscritos a la seguridad y ninguna baja para los atacantes.

La incursión en un territorio suramericano soberano fue precedida de una narrativa mediática aplastante que desde el discurso del silencio o la agitación de la agresión ocultó en todo momento la real intención del imperio.

La característica dicotómica del relato mediático construido, carente de contextualización (Trump bueno, salvador; Maduro, ladrón, narcotraficante y dictador), sirvió para condicionar a la opinión pública de Estados Unidos y el mundo para tender una alfombra roja a la acción militar, por decisión imperial.

Y, mientras exaltaba la grandeza bélica de EE. UU., obviaba los objetivos estratégicos estadounidenses de ahora, orientados a consolidar más su hegemonía al incrementar la expansión territorial, aislar a sus pares China y Rusia, dominar más la región de ALC y explotar los recursos naturales; sobre todo, los urgentes para la tecnología de última generación como las tierras raras.

De acuerdo a Sean Kenji Starrs, en el ensayo ¿Puede China desafiar el imperio de Estados Unidos?-, el protagonismo EUA se ha fortalecido en vez de debilitarse como piensan “numerosos líderes (entre ellos los presidentes Vladimir Putin y Xi Jinping), responsables políticos, miembros de grupos de estudios, periodistas, expertos, presentadores de podcast y activistas o integrantes de la sociedad civil de todo el mundo que consideran que ya vivimos un orden multipolar mundial.

En el mismo texto, Geopolítica del Capitalismo: Estado del Poder 2025 (pág 95), Starrs sostiene que, en algunos aspectos, Estados Unidos es hoy más poderoso que en cualquier otra década desde 1945”.

Aunque Adam Tooze, historiador británico, asegura que “estoy totalmente convencido de que vivimos un mundo multipolar. Resulta anacrónico aferrarse a una opinión diferente. Hemos abandonado el momento unipolar en la década del 2010. Ello no significa que aún no haya enormes esferas de poder e incluso predominio estadounidense. Las tres más evidentes son el poder militar, el poder financiero mundial y algunos ámbitos de la alta tecnología”. (pág 11).

El propio presidente Donald Trump, por su estilo desenfadado, develó el mismo día de la tragedia el fondo del ataque que muchos medios habían obviado hasta el mismo día de la tragedia: el petróleo. Venezuela, sin embargo, no solo posee ese hidrocarburo. Son grandes sus riquezas naturales y envidiable su posición geoestratégica, y las potencias no dejan de mirarlas.

Para el sociólogo y exmiembro de la Cámara de Representantes de Filipinas, Walden Bello, entrevistado por Nick Buxton para el libro citado (pág 13), los instintos de Trump son básicamente aislacionistas.

“Este proyecto (el de Trump) podría etiquetarse de imperialismo defensivo, a diferencia del proyecto del imperialismo expansivo del proyecto internacionalista liberal… Se trata de reconstruir lo que Trump y sus seguidores de Maga (Make America Great Again/hacer que Estados Unidos de América recupere su grandeza), consideran el núcleo dañado del imperio, al imponer obstáculos a las importaciones y los migrantes de color, y reinstaurar el capital estadounidense mediante la relocalización a través del aumento de aranceles. La atención se centra en fortalecer el núcleo estadounidense del imperio… Sus comentarios sobre Canadá (asumirla como estado 51), Groenlandia (comprarla) y golfo de México (cambio de nombre) reflejan este cambio de prioridades para centrarse en el continente americano. La postura estadounidense en la mayoría de otros ámbitos es, desde este punto de vista, negociable…

Trump -según plantea Bello- no cree en el nuevo principio liberal internacional (de los demócratas) de que negociar con el autoritarismo, apaciguarlo en una parte del mundo, como la guerra en Ucrania, podría perjudicar los intereses de Estados Unidos en otras partes del mundo”.

La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, 2017, definió oficialmente a China y Rusia como adversarios, no como competidores en un mercado de competencia libre y leal.

“Fue la primera vez que en más de 20 años que Estados hostiles, en lugar de grupos terroristas no estatales, fueron identificados como la principal amenaza a Estados Unidos, y se abandonó la hipótesis de que la participación económica podía convertir a rivales en socios”, se lee en el ensayo “El nuevo frente de batalla. La lucha entre Estados Unidos y China por el control de las redes mundiales”, escrito por Ilias Alami, Jessica DiCarlo, Steve Rolf y Seth Schindler. (pág 42 del libro citado).

UNA PRÁCTICA VIEJA

La búsqueda de la verdad desde el periodismo en el mundo registra una larga historia de escollos cuando están en juego intereses imperiales.

El 15 de febrero de 1898, una explosión hundió al acorazado Maine, anclado en la bahía de la Habana, Cuba. De los 354 marineros, 266 fallecieron.

El buque –según las autoridades estadounidenses-  había sido enviado bajo tensiones por la guerra de independencia cubana contra España, “como un gesto conciliatorio y de protección a ciudadanos estadounidenses”.

El gobierno y la opinión pública de EE. UU. culparon  seguido a España; sin embargo, hoy muchos piensan que fue un accidente, ha resaltado National Geographic, y se ha preguntado: ¿Qué papel jugó este acontecimiento en la Guerra de Cuba?

La explosión del acorazado USS Maine precipitó la guerra hispano-estadounidense.

Un consejo de guerra sugirió como causa el uso de una mina externa.

Los pioneros del periodismo amarillo, The New York World (1860-1931), de George Pulitzer, y The New York Journal (1895), de William Randolph Hearst, en competencia feroz por el mercado, hicieron el resto avivando el nacionalismo en la opinión pública.

El 16 de febrero, el World insinuaba: "No está claro si la explosión se produjo dentro o debajo del Maine".

Al día siguiente, el otro titulaba: "Destrucción del Maine provocada por el enemigo".

Exigían represalias:"¡Recuerden el Maine, al infierno con España!".

Condicionada, la sociedad estadounidense y los aliados reclamaban a gritos una reacción militar. USA declaró la guerra a España. En la contienda, España perdió a Cuba, Puerto Rico y Filipinas, lo cual marcó el fin de imperio colonial.

El magnate Hearst se caracterizó por “usar ampliamente los medios de información de masas como instrumentos políticos…” (Wikipedia). Pulitzer, húngaro nacionalizado estadounidense, fue el pionero del “infotainment” (información y entretenimiento).

Cuando se consumó la pérdida de las colonias españolas que aún existían, investigaciones y el propio almirante Hyman Rickover concluyeron que la causa de la explosión fue probablemente una explosión interna accidental, como un incendio en una carbonera, provocado por el carbón bituminoso y la cercanía a los pañoles de municiones. 

CUANDO LA VERDAD NO IMPORTA

A Hiram Jonhson, político republicano por California, “firmemente aislacionista”, se le atribuye la frase: “La primera víctima cuando llega la guerra es la verdad”.

Jonhson no era un cualquiera. Se presentó al Senado en 1917, en medio de la primera guerra mundial, y murió de viejo el mismo día en que Estados Unidos tiró el 6 de agosto de 1945 su primera bomba atómica sobre Hiroshima, Japón.

Hiroshima quedó en ruinas en un instante, decenas de miles murieron y la humanidad cruzó un umbral sin retorno, destacó en 2025 Izumi Nakamitsu, alta representante de la ONU para Asuntos de Desarme, Izumi Nakamitsu, en el acto de recordación del 80 aniversario de la catástrofe, conmemorado en el Monumento a la Paz de Hiroshima.

La bomba atómica mató el mismo día de lanzamiento entre 70,000 y 140,000 seres humanos, cifra que a finales de 1945 rondó los 200,000, la mayoría civiles.

La excusa para concretar tal catástrofe ha sido considerada por unos como inmoral; necesaria, por otros.

La justificación de USA para la acción: ahorro de dinero, lograr rendición del archipiélago asiático, acortar la segunda guerra mundial, evitar una invasión terrestre (Operación Down Falls) que -se alegó- costaría cientos de miles de vidas de militares estadounidenses y japoneses, así como civiles; usar la bomba como mensaje geopolítico a la Unión soviética y evitar que entrara a la guerra en Asia.

Al menos 40 millones de personas fallecieron durante la segunda guerra mundial.

EN EL ÁMBITO LOCAL

Estados Unidos invadió a la República Dominicana desde mayo de1916 cuando tomó Santo Domingo. Dos meses después, los principales puestos militares del país estaban bajo su control. El 29 de noviembre de 1916, el capitán H. S. Knapp proclamó la ocupación.

La invasión se extendió hasta 1924 bajo el alegato de inestabilidad política e incumplimiento de los compromisos financieros, como establecía la convención dominico-americana firmada el 8 de febrero de 1907, que establecía la entrega a USA el control de las aduanas para el cobro de la deuda.

El 25 de septiembre de 1963, Estados Unidos, con el concurso de la Iglesia católica, la oligarquía y sectores políticos retardatarios, derrocó al recién posesionado presidente Juan Bosch, bajo el relato de peligro comunista y que  no podía permitir otra Cuba de Fidel Castro en el Caribe. Bosch, candidato del democrático Partido Revolucionario Dominicana, había ganado abrumadoramente las elecciones (59.53 60%) del 20 de septiembre 1962.

La destitución y expulsión del político y escritor derramó la copa. El sábado 24 de abril de 1965, militares y civiles liderados por el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó se fueron a la guerra para restaurar al presidente constitucional.

El 28 de abril, Estados Unidos comenzó su Operación Power Pack (invasión) que terminaría en 1966 con la elección de Joaquín Balaguer. Y lo hizo bajo con el pretexto de proteger vidas estadounidenses y evitar una segunda Cuba.

Se estima que hasta 6 mil personas murieron, entre ellas 44 soldados del ejército invasor, 27 en combate, 172 heridos. Entre el 24 de abril y el 12 de julio murieron 2,850 dominicanos, según datos de la Cruz Roja citados por Listín Diario del 9 de noviembre de 1965.

Las narrativas prefabricadas para condicionar a los diferentes públicos de interés (sociedad civil, militar y empresarial estadounidense; sectores del país que será blanco del ataque, países aliados) siempre han precedido cada acción militar USA.

El reciente caso Venezuela no ha sido la excepción, es rutina, independientemente de que los Maduro mañana se declaren culpables de los delitos imputados.

Entrado el siglo XXI, la reactualización de la doctrina Monroe con el presidente Donald Trump como cabeza visible (“doctrina Donroe”), expresada en los ataques mortíferos de la madrugada del 3 de enero como prólogo del rapto del mandatario y la primera dama, amplía la brecha para intervenciones en territorios de América.

Al sacar de competencia a Rusia y China, el impero del norte de América pone indirectamente en entredicho la pertinencia de órganos estatales que ha apadrinado en países de su área de influencia, como RD, orientados a  promover la “libre y leal competencia” entre los agentes del mercado; así como la creación de leyes destinadas a garantizar la transparencia y evitar la corrupción de actores públicos y privados en las licitaciones de la administración pública.

Los objetivos estratégicos de los imperios, en estos tiempos, van en otra dirección. Y el “establishment” estadounidense ha asumido y pregona sin rubor la frase atribuida al político británico Lord Parlsmeston en el siglo XIX (Henry John Temple), “Inglaterra no tiene amigos eternos ni enemigos perpetuos. Inglaterra tiene intereses eternos y perpetuos”.

Parafraseada por el eterno canciller, Henry Kissinger y el militar, político y periodista John Foster, para la política exterior estadounidense: “Estados Unidos no tiene amigos, solo intereses”.

Tony Pérez

Periodista

Periodista y locutor, catedrático de comunicación. Fue director y locutor de Radio Mil Informando y de Noticiario Popular.

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