Conocí a Henry Timms en Nueva York, durante una actividad en 92nd Street Y (92Y), la organización cultural y cívica que dirigía en ese momento. 92Y es una institución con más de un siglo de historia que ha sabido combinar tradición, apertura comunitaria e innovación social. De ese espacio aprendí una lección que sigue vigente: la participación ciudadana florece cuando existe una institución capaz de sostenerla sin asfixiarla.

En uno de esos encuentros, Henry presentó las ideas que luego darían forma al libro The New Power. Publicado en 2018, el texto no ha perdido relevancia. Al contrario, tras la pandemia sus planteamientos han ganado fuerza en movimientos de voluntariado digital, campañas distribuidas y nuevas formas de acción colectiva. Iniciativas como GivingTuesday, que en 2025 superó los mil millones de dólares en donaciones globales, confirman que el “nuevo poder” no fue una moda pasajera, sino un cambio estructural en la manera en que las personas se movilizan.

La tesis es conocida: el llamado “viejo poder” se basa en jerarquías, control, expertos y estructuras cerradas; el “nuevo poder” se apoya en la participación abierta, las redes, la identidad compartida y la movilización masiva. El problema no es elegir entre uno u otro, sino entender para qué sirve cada uno y qué ocurre cuando no dialogan entre sí.

En la República Dominicana, uno de los ejemplos más claros de nuevo poder fue la Marcha Verde. Entre 2017 y 2018 movilizó a miles de personas en al menos siete grandes marchas nacionales, acompañadas de numerosas movilizaciones locales en todo el país, recolectó más de 300 mil firmas en el Libro Verde y colocó en el centro del debate público los sobornos vinculados al caso Odebrecht, estimados en más de 90 millones de dólares.

Marcha Verde no fue concebida para institucionalizarse ni para perdurar indefinidamente. Su objetivo era sacudir la conciencia cívica, elevar el costo social de la corrupción y marcar un punto de inflexión. En ese sentido, funcionó. Su legado no está en una estructura formal, sino en un mayor escrutinio ciudadano que aún se percibe años después. No toda movilización debe permanecer; algunas existen para abrir grietas en el sistema.

El contraste lo ofrece el voluntariado de AFS Intercultura en la República Dominicana. Con casi 65 años de presencia en el país, AFS ha sostenido una red voluntaria que se renueva constantemente sin perder continuidad. Cada año se integran voluntarios nuevos, pero al mismo tiempo hay personas que acumulan décadas de servicio, acompañando generaciones de estudiantes, familias anfitrionas y comunidades educativas.

A ello se suma un impacto acumulado de más de 6,000 egresados dominicanos que han participado en programas interculturales en el exterior y que hoy inciden, desde distintos sectores, en la vida social, educativa y profesional del país. Esa convivencia entre energía nueva y memoria institucional no ocurre por azar. Es el resultado de reglas claras, formación continua y una cultura organizacional que valora tanto la motivación individual como la responsabilidad colectiva. Aquí el nuevo poder no se diluye; se canaliza y se cuida.

El diálogo nacional sobre la crisis haitiana ofrece otro ejemplo relevante. A través del Consejo Económico y Social(CES), en 2025 se articularon seis mesas temáticas que produjeron 151 propuestas organizadas en 26 líneas de acción. Aunque fue un proceso altamente estructurado, se habilitaron mecanismos para que ciudadanos y organizaciones presentaran ideas y visiones, las cuales fueron leídas y consideradas en las mesas correspondientes.

No fue improvisación, sino una decisión institucional: abrir espacio al nuevo poder sin renunciar al orden ni a la representatividad. En 2026, el reto se ha trasladado al seguimiento y la veeduría, donde se juega la credibilidad real del ejercicio.

Hay experiencias que rara vez ocupan titulares, pero que sostienen silenciosamente el tejido social. El trabajo persistente de los Salesianos a favor de la juventud, a través de múltiples entidades educativas, formativas y comunitarias, es un ejemplo de impacto acumulativo. Décadas de enfoque claro, adaptación constante y presencia territorial han permitido transformar trayectorias de vida sin depender de picos de visibilidad ni de coyunturas políticas.

Ese tipo de poder no se mide en viralidad, sino en continuidad.

No toda movilización logra traducir energía en sostenibilidad. Tras el ciclo de Marcha Verde, surgieron iniciativas que no lograron trascender más allá de la coyuntura inicial y se diluyeron antes de 2020. La lección es clara: el nuevo poder abre puertas, pero sin institucionalidad mínima, muchas se cierran rápidamente.

En un contexto como el dominicano, marcado por ciclos electorales frecuentes y alta emocionalidad política, el desafío es construir modelos híbridos. Plataformas de voluntariado juvenil, alianzas entre organizaciones históricas y nuevas redes ciudadanas, o mecanismos de participación con memoria institucional pueden marcar la diferencia entre impacto efímero y transformación sostenida.

La República Dominicana no tiene un déficit de energía ciudadana; tiene un desafío de sostenibilidad. El nuevo poder moviliza, despierta y empuja. La institucionalidad cuida, ordena y proyecta el impacto en el tiempo.

La pregunta clave para nuestras organizaciones sociales en 2026 es incómoda, pero necesaria:
¿hemos construido puentes reales entre movilización y permanencia, o seguimos apostando solo a uno de los dos extremos?

Responderla con honestidad puede marcar la diferencia entre un impacto fugaz y una transformación duradera.

Pablo Viñas Guzmán

Educador, gestor cívico

Pablo Viñas Guzmán es director ejecutivo de AFS Intercultura en República Dominicana, gestor cívico y educador. Desde esa posición lidera programas de intercambio educativo, formación de jóvenes líderes, cooperación intersectorial y participación ciudadana. Es líder de GivingTuesday en República Dominicana y forma parte de su red global, además de presidir la Junta Directiva de Alianza ONG y participar activamente en otros espacios de articulación del sector social. Ha sido consultor y conferenciante en diplomacia pública, educación global, voluntariado internacional y fortalecimiento institucional en América Latina, Europa y Asia. Ha diseñado y ejecutado programas con el apoyo de agencias de cooperación y organismos internacionales, y ha colaborado con iniciativas de la Unión Europea, WINGS y otras plataformas en la consolidación de ecosistemas filantrópicos en el Caribe. Cuenta con formación en Derecho, Negocios Internacionales, Liderazgo Cívico y Diplomacia, y es egresado del Programa Executivo en Estrategia de Impacto Social e Innovación de la Universidad de Pensilvania.

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