El anuncio de la dimisión del primer ministro británico, Keir Starmer, como líder del Gobierno y del Partido Laborista, abre una lucha interna por la sucesión del poder en un momento de grandes retos para el oficialismo. Entre ellos, el estancamiento económico y el ascenso del partido de extrema derecha y antimigración, Reform UK.
Starmer devolvió al poder al Partido Laborista tras 14 años, al obtener 411 de los 650 escaños en la Cámara de los Comunes en julio de 2024. Entonces, se comprometió a "acabar con el caos" institucional.
Pero su mandato terminará a mitad de camino tras varios desaciertos, luchas internas en el partido y un error de juicio en un nombramiento polémico.
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Política económica estancada
Keir Starmer encontró muy pronto algunos obstáculos para ejecutar sus propuestas de campaña, que atribuyó inicialmente al estado de las finanzas estatales heredadas de administraciones conservadoras anteriores. Un mes después de asumir como primer ministro, informó de "un agujero negro económico" que lo llevó a advertir: "Las cosas empeorarán antes de mejorar".
La caída de las previsiones de crecimiento para 2025 y la sensación de estancamiento afectaron la imagen de Starmer, cuya campaña insistió en la idea de que los laboristas reactivarían la economía.
En octubre de 2025, la ministra de Finanzas, Rachel Reeves, anunció el aumento de carga fiscal más alto registrado en tiempos de paz, pese a la promesa de Starmer de no ejecutar grandes subidas de impuestos, lo que derivó en una protesta generalizada por parte de los productores.
Se trató de una reforma tributaria para aumentar el recaudo 40.000 millones de libras (52.760 millones de dólares) al año, principalmente mediante el aumento de las cotizaciones a la seguridad social de los empleadores.

Ante la necesidad de apretar el gasto público, el premier corrigió o abandonó algunas medidas sobre bienestar social, recortes, derechos laborales, identidad digital y otras propuestas centrales del proyecto laborista.
El malestar por el costo de vida y la percepción de debilidad en la gestión económica acompañarían a Starmer durante todo el mandato.
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Peter Mandelson: una designación fallida
Una de las decisiones que más debilitaron el liderazgo de Keir Starmer fue la designación en 2024 de Peter Mandelson como embajador británico en Estados Unidos, a quien el líder laborista consideró el más idóneo para defender los intereses del país durante el segundo mandato de Donald Trump.
El nombramiento se ejecutó pese a que Mandelson se autodenominó en 2003 el "mejor amigo" del pederasta confeso Jeffrey Epstein, quien había muerto en una prisión estadounidense en 2019 mientras esperaba a ser juzgado por delitos sexuales.
En septiembre de 2025, con Mandelson designado en el cargo diplomático, salió a la luz un lote de correos electrónicos que demostraban la estrecha relación que mantenía con Epstein.
Aunque Starmer anunció el despido de Mandelson "con efecto inmediato", las revelaciones posteriores del Departamento de Justicia de EE. UU. provocaron una crisis prolongada para el Ejecutivo británico, ya que evidenciaron la amistad mantenida por ambos tras la condena de Epstein en 2008 por delitos sexuales contra una menor.

Otros correos electrónicos conocidos en enero de 2026 revelaron que Mandelson también transmitió a Epstein información gubernamental sensible —y potencialmente influyente en el mercado—, un motivo que condujo al arresto del exembajador, quien fue interrogado por la Policía bajo sospecha de mala conducta en el ejercicio de sus funciones públicas.
La desclasificación total del caso Epstein desencadenó una crisis interna en el Gobierno británico, que derivó en la dimisión del entonces jefe de gabinete de Starmer, Morgan McSweeney, y su director de comunicación, Tim Allan, a inicios de febrero del 2026.
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Derrota electoral y rebelión interna
La aplastante derrota del Partido Laborista en las elecciones locales y regionales de mitad de mandato del pasado 7 de mayo fue el golpe mortal para la Administración Starmer. La pérdida de casi 1.500 concejales encendió las alarmas en el oficialismo ante el temor de que esa tendencia se replique en las elecciones nacionales de 2029, lo que desplazaría al oficialismo del poder.
El ascenso del partido de ultraderecha Reform UK, gran vencedor de las elecciones locales, amenaza el liderazgo del Partido Laborista desde febrero de 2025, cuando la bancada antimigración superó por primera vez a la formación oficialista en una encuesta de opinión nacional. Desde entonces, la agrupación liderada por el defensor del Brexit, Nigel Farage, ha encabezado los sondeos.
Starmer reconoció que los resultados eran tan "duros" que "no hay forma de edulcorarlos".
El varapalo en las urnas reforzó la presión interna de los laboristas contra el primer ministro para una sucesión en el liderazgo. El ministro de Sanidad, Wes Streeting, dimitió a mediados de mayo tras invocar una pérdida de confianza en Starmer. Además, pidió una contienda por la dirección del partido, en la que se declaró aspirante.
Días después, el ministro de Defensa británico, John Healey, también anunció su salida del Gobierno, tras una disputa de meses sobre el gasto en defensa, por la que acusó a Starmer de no comprometer los fondos necesarios para proteger al país de las crecientes amenazas.
Mientras al Gobierno de Starmer perdía algunos ministros, el alcalde de Manchester, Andy Burnham, se abría paso para disputar el liderazgo laborista.

El primer respaldo se lo dio el diputado laborista por Makerfield, Josh Simons, quien dimitió para que Burnham pudiera presentarse como candidato al Parlamento. El alcalde de Manchester no solo aspiró, sino que también ganó de forma aplastante a Reform UK. El triunfo devolvió la esperanza a los laboristas de contener el impulso del partido antimigración.
El regreso de Burnham al parlamento ha allanado el camino para que sea él, considerado de centroizquierda al interior del partido, el relevo de Starmer en Downing Street.
Incluso Streeting terminó por adherirse a la aspiración de Burnham, oficializada este lunes tras el anuncio de dimisión de Starmer.
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Protestas a una década del Brexit
Horas antes de que Starmer anunciara el fin de su Gobierno, las protestas sacudieron Londres cuando está próximo a cumplirse una década del Brexit, el referendo del 24 de junio de 2016, en el que el país optó por la opción de separarse de la Unión Europea.
Las manifestantes, que señalaron como un error haber dejado la UE e instaron al Gobierno a que se reincorpore a los Veintisiete, lamentaron los daños a la economía nacional y la desestabilidad política heredada del Brexit.
Los productores británicos se han quejado de los obstáculos para operar en el mercado europeo tras abandonar la UE, donde están sus mayores socios comerciales.
Además, los acuerdos que los partidarios del Brexit pregonaron, sobre todo uno con Estados Unidos, aún no se han materializado.
Las encuestas recientes sobre el referendo de separación evidencian un sentimiento mayoritario en favor de la adhesión a la UE, un proceso que no ha dado indicios de aproximarse, pese a la postura conciliadora de Starmer con los socios europeos.
Si bien Starmer no hace parte de quienes promovieron el divorcio de Londres y Bruselas, la imposibilidad de su Gobierno para aliviar los efectos indeseados de esa decisión alimentó el malestar ciudadano que lo llevó a ceder en su empeño por terminar su mandato.
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Con Reuters, AP y medios locales
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