El número 10 de Downing Street busca un nuevo inquilino después de que el primer ministro británico, Keir Starmer, anunciara este lunes 22 de junio que dejaría las riendas del Partido Laborista en las próximas semanas.
Andy Burnham, el exalcalde del Gran Manchester, confirmó de inmediato que se presentará como candidato para sucederle, después de una contundente victoria en las elecciones especiales la semana pasada que avivó los reclamos de los laboristas para una sucesión en el liderazgo.
Las próximas elecciones nacionales están previstas para 2029, pero el sistema político de Reino Unido permite que los partidos cambien de líder a mitad de mandato sin necesidad de elecciones generales.
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Un veterano laborista contra el centralismo de Londres
Burnham nació hace 56 años en la localidad de Aintree, un suburbio de Liverpool, hijo de un técnico en telecomunicaciones y una recepcionista. Tras estudiar en un colegio católico en Newton-le-Willow, en el noroeste de Inglaterra, se apuntó a la Universidad de Cambridge para estudiar Inglés.
Las populares huelgas de los mineros entre 1984 y 1985 lo marcaron al punto de solicitar su afiliación al Partido Laborista con solo 15 años, en tiempos en los que gobernaba la conservadora Margaret Thatcher.
Tras salir de la academia, comenzó una carrera de vocación política como investigador y asesor parlamentario. Fue elegido diputado por primera vez en 2001 por la circunscripción inglesa de Leigh, lo que lo catapultó como una joven promesa del denominado Nuevo Laboralismo, apoyado por el entonces primer ministro Tony Blair.
Bajo el mandato de Blair, Burnham ocupó la Secretaría del Tesoro antes de ser nombrado ministro de Cultura y Deporte y, posteriormente, de Sanidad, durante la Administración de Gordon Brown, entre 2007 y 2010.

Tras la derrota electoral de los laboristas en 2010, se presentó como candidato para liderar el partido, pero fracasó ante Ed Miliband. En 2015, lanzó su segunda aspiración para la dirección de los laboristas, pero fue derrotado por Jeremy Corbyn.
Desde 2017, se ha desempeñado como alcalde del Gran Manchester, un cargo que le ha hecho merecedor del apodo del "Rey del Norte" por su reiterada lucha contra el centralismo de Londres.
Su popularidad creció cuando desafió abiertamente las restricciones de la pandemia del Covid-19 impuestas por el ex primer ministro británico conservador Boris Johnson. En ese momento, llegó a acusar abiertamente al Gobierno de Londres de tratar al norte de Inglaterra con "desprecio" al dejarles como si fueran "ciudadanos de segunda clase", por la cancelación, por ejemplo, del tramo norte del tren de alta velocidad HS2.
Mientras el Gobierno de Starmer caía en las encuestas —en favor del partido populista y antimigración Reform UK—, Burnham se consolidó como el político laborista más popular del Reino Unido, arropado por su buena oratoria y su capacidad para conectar con la gente.

Considerado como un político de centroizquierda dentro de su partido, Burnham aboga por la nacionalización de industrias clave y el regreso del Reino Unido a la Unión Europea, una década después del Brexit.
La descentralización es uno de sus estandartes, que ha quedado plasmado en el eslogan de "priorizar el lugar sobre el partido". Para él, trasladar las decisiones de poder fuera de Londres permitiría a las comunidades mayor autonomía en temas esenciales como los servicios públicos y el transporte.
Así lo hizo en Manchester, donde impulsó la recuperación del control público de los autobuses locales.
Este 22 de junio, Burnham llegó a Londres para jurar su cargo como miembro del Parlamento.
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¿El camaleón de Manchester?
Los críticos de Andy Burnham dentro del Partido Laborista sostienen que ha cambiado constantemente sus prioridades a lo largo de su carrera política. Por este motivo, Starmer se burló de él durante el Mundial de Futbol de 2022, al comparar sus cambios de postura con los de un aficionado que alienta a las selecciones que más cerca estén de la copa.
"Tuvo la oportunidad de ver a su equipo de la infancia, Argentina, ganar la Copa del Mundo. Fue una experiencia agridulce, porque también vio a su equipo de la infancia, Francia, perder la final y a sus equipos de la infancia, Marruecos y Croacia, perder en las semifinales", ironizó entonces Starmer.
Desde que comenzó a materializar su carrera hacia Downing Street, Burnham ha matizado algunos de sus antiguos reclamos, como una mayor intervención estatal y el regreso del Reino Unido a la UE, al explicar que las finanzas del país están demasiado limitadas para nacionalizaciones a gran escala y al descartar una pronta reincorporación al bloque continental.

Los detractores del exalcalde de Manchester remarcan que su discurso evita abordar cuestiones difíciles, como la procedencia de los fondos para financiar sus promesas. Además, señalan que gobernar un país de 70 millones de habitantes es muy diferente a administrar una región metropolitana de 3 millones, en alusión a su política de "manchesterismo" con la que busca replicar a escala nacional sus logros en la ciudad industrial del norte.
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El camino hacia Downing Street
Hace solo unas semanas, la aspiración de Andy Burnham parecía una propuesta demasiado lejana para un laborista que ni siquiera tenía un escaño en la Cámara de los Comunes.
No obstante, el laborista Josh Simons renunció en mayo a su cargo de diputado de Makerfield, en el norte de Inglaterra, con el objetivo de precipitar las elecciones parciales en esa demarcación y brindar la posibilidad al exalcalde de Manchester de competir por una curul en el Parlamento.
Burnham lo consiguió el 19 de junio, tras derrotar a Rob Kenyon, del partido antimigración Reform UK, con el 54 % de los votos frente al 34 % de su rival.
Ahora que ha regresado al Parlamento, Burnham necesita el respaldo del 20 % de los diputados laboristas para formalizar su candidatura. Traducido al contexto actual, debe recibir el apoyo de al menos 81 de los 403 parlamentarios de su partido.
Como cualquier otro candidato, también deberá alcanzar el respaldo del 5 % de los partidos locales de su circunscripción, o al menos de tres organizaciones afiliadas a partidos políticos, como sindicatos y cooperativas.

Starmer afirmó que las candidaturas se abrirán del 9 al 16 de julio —antes del receso estival del parlamento—, por lo que las siguientes dos semanas serán decisivas para conocer si surgen más postulaciones.
El exministro de Sanidad Wes Streeting, quien se declaró listo para competir por el poder tras su dimisión en mayo, se adhirió este lunes a la aspiración de Burnham para evitar una división interna.
Otros posibles candidatos aún no se han pronunciado desde el anuncio de Starmer. Entre ellos se encuentran su exviceministra, Angela Rayner, quien renunció en septiembre pasado por un impuesto predial impago, y Al Carns, quien dimitió la semana pasada como ministro de las Fuerzas Armadas por diferencias con Starmer por la financiación de la defensa nacional.
Si más de un candidato cumple los requisitos, el sucesor de Starmer se decidirá mediante votación de todos los miembros y afiliados del Partido Laborista, lo que podría alargar el proceso de sucesión incluso hasta finales de agosto, antes de que el parlamento reanude sus sesiones. El ganador sería el primer candidato que obtenga más del 50 % de los votos.
Si solo un candidato alcanza el umbral de apoyo necesario, sería elegido sin oposición como líder laborista y se convertiría automáticamente en primer ministro, una vez el rey Carlos III lo invite a ocupar el cargo y a formar gobierno.
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Con Reuters, AP, EFE y medios locales
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