Resulta satisfactorio que la gran mayoría de los sectores productivos del país, y también del ámbito político, hayan aceptado ser parte de un diálogo convocado por el presidente Luis Abinader, sobre la crisis internacional y sus efectos en los precios de los combustibles y abastecimiento, para países como República Dominicana, que depende un 100 por ciento de la compra de petróleo.
Hace más de un mes que el problema persiste. En el presupuesto del año en curso el precio del barril de petróleo se calculó a 65 dólares, como promedio, y en la actualidad se adquiere a 94 dólares.
La diferencia es muy grande. El gobierno está haciendo lo que corresponde al abrir un diálogo con todo el que desee formar parte de una salida conjunta a una crisis importada, que nos llega como consecuencia de una guerra irracional, iniciada por Estados Unidos e Israel.
No solamente han subido los precios del petróleo y del gas, también han subido los precios de los fertilizantes y han subido los precios de carga de productos en general, como han subido los precios de los seguros y del transporte aéreo .
El país no es ajeno a lo que ocurre en el ámbito internacional. Quien no lo entienda y rechace el diálogo al que el gobierno está invitando, se podría considerar fuera de este mundo.
Conquistaron Babilonia, construyeron los primeros puentes, los Primeros caminos, los primeros correos, el sistema monetario, la primera moneda y construyeron Persépolis
Los asiáticos en general son muy afectados por la crisis. En gran parte de los países asiáticos hay desabastecimiento de gas, de combustibles, y hay racionamiento y políticas de reducción de actividades, teletrabajo y otras decisiones, incluso más drásticas, como el apagado de ascensores y la reducción del consumo de agua para servicios básicos.
El compás de dos semanas conseguido por Pakistán, en las conversaciones con Estados Unidos e Israel, es frágil y está sujeto a conversaciones que aún no tienen una ruta clara. Irán reivindica su control sobre el Estrecho de Ormuz y mantiene abiertamente su programa de enriquecimiento de uranio, para tener la bomba atómica. Israel intensificó como nunca los ataques contra El Líbano, y por ello Irán reclama que cese el fuego contra Hezbolá y contra El Libano, por parte de Israel.
Pocos conocen los acuerdos que negocian, pero está muy claro que Irán se percibe envalentonado, que ha obligado a Estados Unidos y a su presidente a buscar desesperadamente una transacción, porque han descubierto que pueden chantajear a todo el mundo con el Estrecho de Ormuz.
Los ayatollahs iraníes no son niños inocentes, ni ceden en sus creencias fundamentalistas. Proceden de una tradición de más de 3,500 años antes de Cristo, cuando iniciaron la creación del imperio persa, que gobernó al 40 por ciento de la población mundial y se enfrentó, muchas veces con éxito, a las legiones del Imperio Romano.
Los Medos y los Persas fueron sus iniciadores, y entre sus descendencias se encuentra Ciro El Grande (o Ciro II), Ciro III, Cambises, Darío, y con ellos las grandes batallas contra los griegos, contra los romanos. Conquistaron Babilonia, construyeron los primeros puentes, los Primeros caminos, los primeros correos, el sistema monetario, la primera moneda y construyeron Persépolis, una impresionante y extraordinaria ciudad, capital ceremonial del Imperio Aqueménida en Irán (fundada c. 518 a.C.), posteriormente destruida por Alejandro Magno.
Es válido que el presidente insista en el diálogo y en las medidas que se requieren, no ya preventivas, sino restauradoras del desequilibrio que tenemos y que seguiremos sufriendo, porque la restauración de los daños materiales, morales, militares y políticos necesitarán mucho tiempo. Y estamos entrando en período de crisis global. Aquí lo comenzamos a ver, aunque algunos quieran hacerse los ciegos.
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