Los nuevos tiempos traen grandes y nuevos desafíos. Uno de los riesgos ya comprobados es un deterioro progresivo de la salud mental de cada vez más personas, tanto por la invasión extraordinaria de los espacios individuales como por la soledad que se estimula desde muchas de las nuevas tecnologías, incluyendo las de aquellas personas que interactúan con los programas de Inteligencia Artificial.

Esto trae consigo un aumento desmedido de las conductas y comportamientos disonantes y cuadros psicóticos y depresivos, que antes no eran identificables ni se hacían evidentes.

Hay un aumento de los suicidios, por ejemplo, en personas en edad productiva y reproductiva, de mujeres y hombres, algunos de los cuales atentan contra su propia vida en lugares públicos, para llamar la atención o porque en estos espacios se sienten alentados para la comisión de sus desvaríos. Algunos centros comerciales se han convertido en imanes, como pasa en los Estados Unidos con ciertas edificaciones del gran centro comercial conocido como Hudson Yards.

Es alarmante la cantidad de situaciones individuales que están conociendo los consultorios privados en temas de salud mental, terapias y comportamientos psiquiátricos lesivos. Pero hay que entender que los casos conocidos representan apenas una ínfima parte, y lo que existe y debe ser más evidente es un subregistro de los casos de enfermedades mentales no diagnosticadas.

Y no se trata solo de personas jóvenes. También hay situaciones graves en personas adultas y en personas menores de edad. Algunos que han trascendido a los medios de comunicación han llegado a la comisión de terribles crímenes, de personas inocentes y de familiares cercanos. Igual ocurre en los Estados Unidos, en donde hay un uso más abierto de las armas de fuego, y los crímenes de múltiples personas resultan más comunes, cometidos por desquiciados mentales. Los hay incluso que han atentado contra políticos y personalidades con autoridad.

El presidente Luis Abinader, con la vicepresidenta, la primera dama, el ministro de Salud y otras autoridades, acaba de lanzar un programa de prevención y atención a las enfermedades de salud mental, que pudiera ser un aliento para la protección de las personas afectadas.

Se presentó el estado de los avances alcanzados por el Estado dominicano en salud mental a nivel nacional, enfocando los esfuerzos en acciones preventivas, fortalecimiento de la atención primaria, participación comunitaria e integración social.

El anuncio que se hizo, como parte del plan, es que durante este 2026 se expandirá la línea de servicios de salud mental 811, en sustitución del número tradicional 809-200-1400, que brinda atención gratuita y permanente, haciéndola de más fácil acceso para la población.

También se dijo que se aumentará de 137 a 500 las camas para atención de pacientes y serán iniciados los trabajos para la creación del Instituto Nacional de Neurociencia, que tendrá área clínica y de investigación. Se informó que se habilitarán unidades de desintoxicación de drogas.

Se informó que se aumentará y se mejorará la atención primaria, así como el dispendio de medicamentos para las personas con afectación de su salud mental. Víctor Atallah, ministro de Salud, reconoció “que los trastornos mentales han aumentado más que nunca, más de mil millones de personas en todo el mundo (un 12 % de la población mundial) han padecido, o padece, algún trastorno mental”. En el país podríamos tener una aproximación, pero los factores que han producido el incremento son múltiples, y ninguna de esas razones está siendo atendida, preventiva o inmediatamente.

El país debe aumentar sus esfuerzos y recursos para que haya un aumento significativo de especialistas en Salud Mental, para que los problemas del área sean incorporados al trabajo y al esfuerzo oficial.

Se deben adoptar políticas públicas para controlar el acceso de los menores y los adolescentes a las redes sociales, a los dispositivos móviles y tabletas y a los medios en los que existe abundancia de contenidos altamente nocivos para la salud de los menores de edad.

Hay que aumentar el número de centros de salud especializados en salud mental, de modo que por provincia haya especialistas con dedicación a esos traumas. Hay que entrenar a los agentes policiales, a los maestros y demás servidores públicos en la detección rápida y eficiente de los problemas de salud mental de las personas con las que se relacionan.

Esta epidemia no es algo que deba sorprender. Es propia de la época, y hay que suponer que hasta algunas personas electas en diferentes países se comportan como si fuesen enfermas mentales. En este momento la humanidad luce definitivamente con problemas emocionales y de desequilibrios importantes en la conducta. Si no fuese así, ¿cómo se explican las masacres en Ucrania, en Gaza y los crímenes masivos que se cometen en diversos países?