El ministro de Energía y Minas, Joel Santos, encabezó un recorrido en las instalaciones del proyecto GSF San Andrés, ubicado en Boca Chica, donde constató el progreso de una obra que aportará 470 megavatios (MW) al Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI) a partir de mayo de 2027.
“Este proyecto representa un paso en la transformación del sistema eléctrico nacional. Es parte de una nueva generación de infraestructura que impulsa la transición energética y el desarrollo del país”, afirmó Santos.
Con una inversión de US$ 700 millones, San Felipe I se proyecta como una de las plantas más modernas y eficientes de Centroamérica y el Caribe, operando con gas natural bajo tecnología de ciclo combinado, lo que permitirá una generación más limpia y estable.
El funcionario subrayó que esta infraestructura robustecerá la confiabilidad del SENI, en un contexto de creciente demanda eléctrica y de incorporación acelerada de energías, que requieren respaldo térmico eficiente.
En agosto del año pasado, el titular de Energía y Minas también supervisó su construcción donde destacó que esta obra forma parte del plan para expandir el parque de generación nacional hacia 2028, fortaleciendo y haciendo más resiliente el sistema eléctrico.



Confirman que obra energética mantiene su calendario pese a tensiones geopolíticas
Un informe del Ministerio de Energía y Minas (MEM) detalla que el Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI) disponía de una capacidad instalada total de 7,054 megavatios (MW), distribuida entre centrales térmicas convencionales y fuentes renovables. Además, la capacidad instalada de generación distribuida bajo el programa de medición neta alcanzó 563 MWp, a enero del 2026.
Aunque se habla de diversificar la matriz energética, apostar por la movilidad sostenible y disminuir las emisiones de carbono, los países aún se enfrentan a importar combustibles fósiles que conlleva destinar cuantiosas sumas de dinero y ponen el reto de cumplir con las metas energéticas.
Países como Cuba, Jamaica, Belice y República Dominicana dependen de la importación de combustibles fósiles, principalmente diésel, fuel oil y gas natural para satisfacer sus necesidades eléctricas. De acuerdo con la Organización Latinoamericana de Energía (Olade), esta dependencia de fuentes externas expone sus sistemas energéticos a la volatilidad de los precios internacionales, tensiones geopolíticas y disrupciones logísticas.
A pesar de contar con una matriz de generación cada vez más diversificada, República Dominicana, continúa dependiendo en gran medida del petróleo y el gas natural importados, manteniendo su exposición a fluctuaciones de precios.
El socio del proyecto Edgar Pichardo aseguró que el proyecto se mantiene alineado con el cronograma establecido, con una fase de ingeniería que supera el 98 % de ejecución.
Indicó que entre septiembre y noviembre de este año se realizarán pruebas clave de los sistemas asociados a la turbina, paso para garantizar la entrada en operación en la fecha prevista.
“Vamos en tiempo. El proyecto avanza conforme a lo planificado”, afirmó, al tiempo que precisó que las tensiones geopolíticas internacionales no han afectado la ejecución de la obra.
Impacto económico y empleo
La construcción de la central termoeléctrica San Felipe I se posiciona como una de las apuestas para fortalecer la seguridad energética de República Dominicana, acompañar la transición hacia una matriz más limpia.
El proyecto generará 650 empleos durante su desarrollo, contribuyendo a dinamizar la economía local y a fortalecer la cadena de valor del sector eléctrico.
La central incorporará una turbina de última generación de General Electric, considerada entre las más avanzadas de la región, lo que refuerza su perfil como infraestructura de estándar tecnológico.
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