Al maestro Mateo Morrison. En su cumpleaños.
"Vista desde la Rómulo, en la bajada de la Lincoln está el cielo más amplio, el ejército de fantasmas que una vez sucumbió en el mar al fondo, la ciudad dividida, escindida como si algún pueblo escogido se pasase los siglos yendo y viniendo por esa avenida sin saber qué hacer con unos dioses al final enloquecidos." Miguel de Mena. Acento, 16 de abril 2025

¿Qué son las calles sin poesía? ¿O qué sería de la poesía sin las calles? ¿Sin ese farol que ilumina la vida? ¿Sin esa sirena que despierta la mañana,  que entorpece las noches? Lo urbano ha sido edificado por  poetas. Por una arquitectura de versos que ignora los cánones de una ingeniería vacía y mecánica. Lo urbano está en nosotros. Habita las aceras donde hacemos filas para escuchar los gritos de los autos, el murmullo de las horas, los pasos silenciosos del destino.

Es así  como dos escritores que comparten el arte poético. De generaciones distintas, pero con intereses comunes, se acogen a  este siglo veintiuno, vertiendo su veteranía mayúscula a los párrafos que tiñen de experiencias a papeles parlantes que antes yacían mudos, calcando en su imaginario un ente urbano que no cesa su constante cambio, nuestro maestro y premio nacional de literatura 2010 Mateo Morrison (Santo Domingo, 1946) y el también muy admirado, galardonado y respetado poeta granadino Luis García Montero (España, 1958)

Morrison/García Montero: Calco de lo urbano

García Montero, quien además es el actual  director de Instituto Cervantes, escribe:

"Bajo por la escalera mecánica del metro,

busco los arrabales del pasado,

y en dirección contraria

vengo hacia mí,

subo también camino del presente

a cruzarme conmigo.


¿Quién paga el alquiler de la ciudad

que sabe de memoria la lección de mañana?

Los ojos que se cruzan un segundo

son el lugar de paso

que nos concede el tiempo para sentirse vivo". ("Preguntas cruzadas"). Fragmento. Pág.573 (¹)

Lo urbano se une a su cuerpo. Los reflejos y sombras cobran tanta vida como la  de su propia carne. El poeta respira el mismo aire que respira el instante. Ese instante que lo acompaña calle abajo, calle arriba hasta confundirse entre identidades ficticias y reales.

Morrison, por su parte, se envuelve del entorno salvaje. Lo fragmenta y como píldoras, consume el momento como un paciente ambulatorio que calla y espera y luego, irreverente, actúa en consecuencia:

"Nunca fue equilibrada la existencia

después de fornicar en las aceras,

despojados del miedo a que las calles

revelaran nuestras desnudeces.

¿Para qué cubrirnos con abrigos

si nuestra ternura

es diluida en las nieves?

A treinta grados bajo cero,

y a nosotros ahí, calentándonos en las cunetas,

viendo pasar la esplendidez

mientras frotamos cada suspiro de piel

en dos anatomías desechas". ("Diluido el amor en las aceras"). Pág.63 (²)

García es un cómplice de la ciudad. De sus cánceres, de esa renuencia a renunciar a los pecados. Su voz es un eco de los muros, cada bloque lanza palabras que escribe y que plasma en sus poros:

"En la ciudad de hoy

reconozco los pasos

de la ambición, el éxito, la angustia,

la lealtad, las traiciones

y los amaneceres conjurados,

pero ya no se anotan

en mi suma de pérdidas o aciertos.


Es un saldo difícil, bien lo sé.

Después de haber cerrado la contabilidad,

no me siento conforme la renuncia.


Por eso voy al mundo,

hablo, niego, maldigo, bebo más de la cuenta.

asumo la impaciente brevedad

de los que están quemándose las manos

con ese nuevo sol y está Luna más joven…".("Entretiempo"). Fragmento. Pág.807 (³)

Morrison/García Montero: Calco de lo urbano

El poeta Morrison trata de descifrar la ciudad o más  que a la ciudad, al poeta mismo. Ese habitante que la construye y la reconstruye una y otra vez. La ciudad es el poeta y en él habita lo cotidiano y lo eterno; lo mitológico, lo sagrado:

"Qué piedras buscar para convertirlas en un lugar donde habite un poeta.

Qué vidrieras transgredir para mostrar su cuerpo.

La ciudad lo veía pasar arrastrando su humanidad

y exhibiéndola en cada esquina.

Dónde llevarle girasoles para que descifre sus percepciones de erotismo.

A qué alta realidad recurriremos para que descanse

sin reprobar a Jesús.

Un grupo de escolares tiene ahora

el Canto a Proserpina.

Anochece, el poeta reposa.

El poema retorna contrariando la muerte". (21). Pág.37 (⁴)

Transita más allá de lo transitable. Luis García Montero, es una pasajero de las historias .Lo cuentan a él como un relato urbano. Él es el texto y la ciudad, la ciudad es un lector empedernido:

"Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi,

cruzo la desmedida realidad

de febrero por verte,

el mundo transitorio que me ofrece

un asiento de atrás,

su refugiada bóveda de sueños,

Luces intermitentes como conversaciones,

letreros encendidos en la brisa,

que no son el destino,

pero que están escritos encima de nosotros".

(V). Fragmento. Pág.128 (⁵)

Nuestro multipremiado autor, Mateo Morrison, desencadena los conceptos. Define la ciudad como una extensión de la vida misma y recita y canta como un trovador dueño de las equinas vacías de las noches:

"La ciudad es solo

el inicio de un árbol

que se enquistaba en la memoria

escenario de luces

propicias a nuestro encuentro

no morimos de soledad ni de distancias

prolongamos los espacios

mientras inventas

un día para mí

Fuera de agenda". (c). Pág.25 (⁶)

Ve la urbanidad a través de una ventana. Pero es una ventana que mira hacia adentro. García Montero dibuja el entorno con todos los detalles. Él es un detalle más:

"Al volver,

burocráticos hombres con cartera

descansan un momento.

Hay un rumor de luz eso suspendidas,

una dispersa calidad de voces,

y en la tarde se abren

los pájaros en fuga,

el coro de las madres y de las bicicletas,

un músico ambulante.

La vida rutinaria es en esta mansedumbre

de gente que se llama, se besa, se despide,

mientras el sol incendia las fachadas

y se apaga en el agua de la fuente,

en la botella del mendigo".(" El lector"). Fragmento.  Pág.345 (⁷)

Don Mateo depone sus sentidos. Se entrega a una urbanidad que lo consume. La ciudad, sea grande o pequeña, es una masa que avanza recolectando a su paso cuerpos y sueños:

"Asesinado el tedio

Nueva York se levanta cargado de luces y de sombras

cada segundo transcurrido en esta ciudad

me acerca a los abismos

nadie puede ser indiferente en Nueva York

hay que asumir su rostro

confrontarlo con la brisa

con las enormes construcciones y el olor

con transeúntes de ciento cincuenta países

y finalmente recordar su patio

en el sendero hacia la vida". (XVIII). Pág.45 (⁸)

Y don Luis, quien por lo demás es ensayista y catedrático de la Universidad de Granada, explora el día a día desde el aire, para ver la pequeñez de lo inmenso. Para ser un dios que juega sus piezas hechas de marfil, plástico o de letras:

"Señores pasajeros, buenas tardes

y Nueva York al fondo todavía,

delicadas  las torres de Manhattan

con la luz sumergida de una muchacha triste, buenas tardes,

señores pasajeros, mantendremos en vuelo doce mil pies de altura,

altos como un cuerpo en el pasillo

de la Universidad, una pregunta,

podría repetirme el título del libro,

cumpliendo normas internacionales,

las cuatro ventanillas de emergencia,

pero habrá que cenar, tal vez alguna copa,

casi vivir sin vínculo y sin límites,

modos de ver la noche y estar en los cristales

del alba, regresando,

y muchas otras noches regresando

bajo edificios de temblor acuático,

a una velocidad de novecientos

kilómetros, te dije

que nunca resistí la despedidas,

al aeropuerto no,

prefiero tu recuerdo por mi casa,

apoyado en el piano del Bar Andalucía,

bajo el cielo violeta

de las de los amaneceres en Manhattan,

igual que dos desnudos en penumbra

con Nueva York al fondo, todavía

al aeropuerto no,

rogamos hagan uso

del cinturón, no fumen

hasta que despeguemos,

cuiden que estén derechos los respaldos,

me tienes que llamar, de sus asientos". ("Life vest under your seat"). Pág.320 (⁹)

Mateo Morrison sucumbe a esta inmensidad que nos achica. Sin embargo, ve en lo urbano una realidad rural que no escapa. Ahí, debajo del estrés de las dimensiones inconmensurables existe una esperanza que nos hermana:

"Desdimensionando las cosas se dimensiona al hombre

y construye corazones en su hábitat

edificando mano a mano, canto a canto,

luna a luna

Dimenaionando las cosas se disminuye al hombre

y se derriban los techos sobre la humanidad

que se desnuda.

Colocando los hombres y las cosas en el mismo lienzo

se entrecruzan y al final se confunden

en un abrazo final que los hermana".("Desdimensionando las cosas se dimensiona al hombre"). Pág19 (¹⁰)

¿Qué es una ciudad sin los pasos de transeúntes silenciosos?, ¿Sin el ruido de un calzado enemigo del tacto?, García Montero calca de forma milimétrica esa sensación. La sensación de ser invisible a los muros y visible a lo que realmente importa:

"Ese primer paseo en alguna ciudad

que tiembla todavía en manos del viajero.

La luz del aire limpio después de haber querido

un pacto sin demonios

con la serenidad de los recuerdos.

Una puesta de sol en la Bahía

cuando el cielo se pierde Como las aves rojas

que vuelan con sigilo hacia la oscuridad.

El desnudo impaciente que nos que nos cierra los ojos

para vivir por dentro una camisa.

El desnudo impaciente que nos abre sábanas

y llega a conversarnos de que a pesar de todo

es noble la mirada de este mundo imperfecto.

Una conversación donde ella me cuenta

las cosas de su día

antes de que yo cuente las horas de su noche.

La amistad, esa luna que rueda por el tiempo

y que brilla redonda hasta la madrugada.

El whisky Inolvidable de los libros

y las conversaciones.

El viejo mar cansado que hace preguntas grises

y espera las respuestas azules que le damos

a cualquier inocente". ("Dar vueltas en la cama es perderse en el mundo".). Fragmento. Pág.718 (¹¹)

Mientras, don Mateo llora ante lo urbano y bajo protesta lo calca pero no como es, sino como debiera haber sido:

"Quienes  encienden este bosque de cristales

¿Son nuevos habitantes del planeta?

Ellos quieren saber cómo en realidad eran las arboledas.

Inventan con su nuevo instrumental

jardines de metal

y lluvias de ceniza". (23)¹²

Morrison y García Montero son sinónimos de poesía. Han llevado por el mundo su canto y ese canto, que es el nuestro, no tiene intenciones de parar.

Notas bibliográficas:

(¹)García Montero, Luis, "Vista Cansada" (2008), Poesía Completa (1980-2017) Tusquets Editores, sexta impresión, julio 2022.

(²)Morrison, Mateo, "Hibridas Máscaras", Amargord Ediciones, 2023.

(³)García Montero, Luis, "A puerta cerrada" (2011-2017), Poesía Completa (1980-2017) Tusquets Editores, sexta impresión, julio 2022.

(⁴)Morrison, Mateo, "Tempestad del silencio", Editorial Santuario, 2014.

(⁵)García Montero, Luis, "Diario complice" (1987), Poesía Completa (1980-2017) Tusquets Editores, sexta impresión, julio 2022.

(⁶)Morrison, Mateo, "Visiones del transeunte" (1983), Visiones del amoroso ente, Editora Taller, 1991.

(⁷)García Montero, Luis, "Habitaciones separadas" (1994), Poesía Completa (1980-2017) Tusquets Editores, sexta impresión, julio 2022

(⁸)García, José Enrique, "Una mirada a la poesía de Mateo Morrison", Editora Búho, 2023."Las palabras están ahí" (2008).

(⁹)García Montero, Luis, "Habitaciones separadas" (1994), Poesía Completa (1980-2017) Tusquets Editores, sexta impresión, julio 2022.

(¹⁰)Morrison, Mateo, "A propósito de imágenes", Editora Taller, 1991.

(¹¹)García Montero, Luis, "Un invierno propio (consideraciones)" (2011), Poesía Completa (1980-2017) Tusquets Editores, sexta impresión, julio 2022.

(¹²)Morrison, Mateo, "Tempestad del silencio", Editorial Santuario, 2014.

Juan Carlos Báez Moreta

Poeta

El autor, Juan Carlos Báez Moreta, es un poeta dominicano, que ha publicado 13 libros de poesías. Es miembro de la Unión De Escritores Dominicanos (UED) y del Centro PEN de República Dominicana. Juancbaez25@gmail.com

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