Mudanza y aprendizaje se unen a través de un vínculo robusto y próximo, que proporciona alimento para ambos, en ambas direcciones. Toda mudanza trae aprendizaje. Todo aprendizaje trae mudanza. Ese vínculo es mi musa, y la de mi ánimus, hoy. En verdad, parece que ese vínculo está en el centro de mis prerrogativas y siempre ha sido así.

¿Qué quiero decir con esto? Que estoy de mudanza y que ahora, en el encuentro, entre imágenes y objetos, que se hace chocante por estar desplazados de un lugar a otro, mi subconsciente sobrecargado y en proceso de purga, asimila la mudanza de casa, y el trasteo puntual, como el salto al vacío, cargado de todo tipo de trabajos de amores recuperados, perdidos y encontrados. Y yo, desde mi conciencia, impregnada de los mensajes del inconsciente, conduciendo mi propio Cabaret Voltaire, en ruptura con comunidades de códigos pasados.

Y es mi reflexión paralela que mi mente y mi piel repiten y vibran ecos de la obra "Una cosa es una cosa" de la artista colombiana María Teresa Hincapié… vaciar cajones, armarios y anaqueles de sus cosas, poner todo en cajas y luego desarmar muebles, para luego desplazarlos a otro lugar, para que una vez allí pueda rearmar lo desarmado, reutilizar lo no utilizado, llenar una nueva casa. Algo maravilloso ocurre cuando se van adelgazando los velos entre los ámbitos y nos percibimos reorganizando nuestro espacio interno, a la vez que vamos seleccionando, desechando, desarmando y armando un nuevo hogar. Ese sentir es como estar dentro de la obra de Hincapié, solo que esta vez, en mis zapatos, con mis cosas, desplazándome esta vez, no de un continente a otro, como fue por muchos años la regla, sino de un lugar de Paraíso (barrio en São Paulo) a otro, en una parte más alta de la colina paulistana. No obstante, esta mudanza, por alguna razón, tiene otro sabor, otro aroma más penetrante. Tal vez sea por eso que el inconsciente le arroja el performance de María Teresa Hincapié a mi conciencia. Cada cosa y cada vida secreta vivida en torno a ella, juntas, viajando a poblar el espacio en el nuevo lugar.

María Teresa Hincapié, Una cosa es una cosa, 1990, registro de performance. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 6063 © Museo Nacional de Colombia Juan Camilo Segura.

La obra en cuestión, "Una cosa es una cosa", fue presentada por Hincapié en el XXXIII Salón Nacional de Artistas en Bogotá, en 1990. Esta consistía en un performance donde la artista sacaba de cajas de cartón todas sus pertenencias y las iba depositando en un orden específico en el espacio exterior. Día tras día ella hacía ese ejercicio para configurar patrones y resaltar su manera de vincularse con sus cosas, creando y nutriendo afectos a través del énfasis encarnizado con el ritual. Esta obra se convirtió en un hito del performance y del arte colombiano. "Todo se vacía, todo sale, todo se dispersa, se riega, sale, se mezcla", declaraba en la ficha técnica. Pionera del performance en Colombia, ella le susurraba a sus cosas y las trataba con gran respeto, como si con sus gestos honrara su compañía, su sentido, su alma, guardada entre forma y función.

Una mudanza no deja de ser un espacio liminal, una suerte de no-lugar donde se cierran y se abren puertas a un collage de realidades con texturas visibles e invisibles. Dueña de una religiosidad ancestral, Hincapié toma cada cosa movilizándola con extrema delicadeza a un nuevo lugar, y aun así, entre toda esa reverencia por los objetos, es en verdad su cuerpo aliado y el espacio entre cuerpo y objeto la parte esencial de la obra. En su propuesta, lo vincular del cuerpo siempre fue el centro… dándole al performance la definición de "entrenamiento", como una preparación, parte de la vida.

Qué curioso, así me siento: en entrenamiento y entre el déjà vu y el déjà rêvé…

Qué buena ayuda dan los franceses en su síntesis de estas dos particularidades, entre la memoria y la imaginación. Mis déjà vu —sensación de algo ya vivido, aun siendo una nueva experiencia, que para Carl Jung sería una manifestación de la psique en reconocimiento de un patrón arquetípico— y mis déjà rêvé —experiencia ya soñada— oscilando cómplices con el cuerpo en acción de María Teresa Hincapié. Desde mi proceso de mudanza, este sentir, esta visión, llena de rituales y conjuros de la psicología profunda.

Déjà vu a partir de haber integrado "Una cosa es una cosa" desde el primer momento que supe de ella, mucho tiempo atrás.

Mis cajas, mis pertenencias, mi mundo, en decodificación y desplazamiento, una vez más. Lo doméstico como la semilla multifacética y multidimensional, en comunión con la energía de este arte, que me mueve, remueve e impulsa.

Apelo, así, a la proclamación dadaísta "El universo es mi casa" que, a través del desplazamiento y reorganización de mis espacios, me deja esta proclamación más reverberante, efervescente y activa.

Souvenirs de mis déjà rêvé en la materia: diosas africanas subterráneas, deidades y hadas japonesas, figuras míticas celtas, chibchas, gemelos místicos, obras y más obras. Tanta energía desocupándose y rearmándose. ¡Cuánta intensidad…!

Déjà rêvé en su equivalente junguiano sería el sueño prospector donde me veo a mí misma, pormenorizando pertenencias en cuartos, de la morada de mi propia existencia. Es aquí, a partir del déjà rêvé, que llega a mí otra reverberancia con otra artista de mis amores profundos: Sophie Calle y su obra "The Hotel", performance donde ella crea un escenario voyeurista y analítico a partir de su inmersión de tres semanas, trabajando bajo un seudónimo como dama de limpieza en un hotel en Venecia. Durante este tiempo ella se sumergiría en el estudio de las pertenencias privadas de los huéspedes. Ella organizó, analizó y catalogó por medio fotográfico los efectos personales y la basura dejada por los huéspedes, sobreviviendo y plasmando todo ese insumo como sustancia de reflexión en los textos acompañantes de las imágenes. Trabajo arqueológico minucioso.

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The Hotel, Sophie Calle, 1981

Y sí, definitivamente, una usurpación en la vida del otro, sin su consentimiento, a partir de sus pertenencias.

Pienso y siento mi propia mudanza como una usurpación sutil y paradójica en la vida de las otras Auroras que llegaron hasta aquí. Todas esas partes de mí que ya murieron o que están muriendo con este proceso, las que decidieron irse rápido por no tener más un lugar y las que quedaron para transformarse y generar nuevas versiones acorde al nuevo momento y lugar.

Es en este justo momento, en el espacio entre cajas, muebles, libros, obras, el lugar desde donde escribo hoy, a la vez integrando más profundamente la obra "Untitled – One Hundred Spaces" de la artista inglesa Rachel Whiteread. A partir de resina ella produce vaciados del espacio debajo de muebles, específicamente sillas.

Toqué lo numinoso de la otredad, misterio y fascinación, al ver el espacio invisible e intangible materializado con la inteligencia de la resina colorida. Recordé aquella premisa de que cuando algo tiene mucha luz mirarlo de frente puede enceguecer, y es recomendable mirar oblicuamente…

Eso es la mudanza, pensé. Es un movimiento y un espacio entre lo claro y lo oscuro, lo brillante y lo opaco, el bien y el mal, la luz y la sombra. Una experiencia sobrecogedora, mi propio autoaprendizaje desde el espacio entre el brillo y el contraste.

Sea cual sea la naturaleza y la forma de la mudanza, el arte siempre será un gran compañero de viaje y una brújula para abrir la perspectiva, la compasión y el aprendizaje de nosotros, nuestras decisiones, camino e historia.

Así es para mí y deseo que así sea para usted también.

Hasta aquí llega la fisura de hoy, continuaré abriendo cajas hasta una nueva fisura.

Aurora Martínez

Historiadora, investigadora, curadora y crítica de arte. Como educadora y directora de La Salvaje – Narrativas Curatoriais, exploro el arte como evidencia histórica y como herramienta de transformación personal y colectiva. Mi práctica se sitúa en la intersección entre pedagogía poética, memoria y procesos comunitarios. He liderado proyectos curatoriales en el Caribe, África y las Américas, colaborando con instituciones culturales, académicas y territorios diversos. Actualmente resido en São Paulo, donde continúo desarrollando iniciativas que cruzan arte, educación y pensamiento crítico.

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