‘’Puedes acariciar a la gente con palabras’’ -Alexander Pope
‘’¿Qué le dijo?’’, de Brunilda Contreras, con ilustraciones de Verouschka Freixas y publicado por Editora Amigos del Hogar (2025), es una obra que demuestra que la literatura infantil puede trascender el entretenimiento para convertirse en una profunda exploración del lenguaje, la imaginación y la experiencia humana. Bajo la apariencia de breves diálogos humorísticos entre animales, objetos, fenómenos naturales, letras, números y elementos cotidianos, la autora construye un universo donde todo posee voz y donde cada palabra se convierte en una invitación al asombro.
La premisa que sostiene el libro es tan sencilla como poderosa: las palabras tienen vida propia. No permanecen inmóviles dentro de los diccionarios ni se limitan a cumplir funciones gramaticales. Juegan, se transforman, se disfrazan, se encuentran y generan nuevas posibilidades de significado. A través de esta visión, el lenguaje deja de ser una herramienta para describir la realidad y se convierte en una fuerza capaz de reinventarla.
Desde esta perspectiva, la obra nos remite a una antigua intuición filosófica: nombrar no es solamente identificar algo, sino otorgarle una existencia simbólica. Por ello, Brunilda Contreras concede voz a aquello que normalmente permanece en silencio. La luna conversa con el sol, el agua dialoga con el hielo y el vapor, la escalera discute con el ascensor, y cada intercambio revela conexiones ocultas entre los seres y las cosas.
‘’La escalera al ascensor: No me acelero como tú, llevo la vida peldaño a peldaño’’
En este universo literario, la imaginación funciona como un puente entre lo visible y lo invisible. Gracias a ella, el lector descubre que la realidad contiene infinitas posibilidades de interpretación. Lo cotidiano deja de ser ordinario para convertirse en fuente de asombro.
Dicen que el mundo guarda silencio,
pero nadie ha escuchado con atención.
La rama conversa con la brisa
cuando la tarde se inclina sobre los árboles,
el río le cuenta secretos a la lluvia
y la luna responde con plata
a las preguntas antiguas del sol.
En alguna parte,
lejos del ruido de los relojes,
una piedra le habla a otra piedra
sobre la paciencia de los siglos.
Todo dialoga.
Las flores pronuncian colores,
las montañas recitan permanencias,
los caminos cuentan historias
a los pies cansados de los viajeros.
Solo el ser humano,
ocupado en nombrar las cosas,
olvida a veces
que ellas también tienen algo que decir.
Y, sin embargo,
cuando un niño imagina,
el universo recupera su voz.
La obra recupera así una visión ancestral del mundo. Muchas culturas tradicionales concebían la naturaleza como una comunidad de voces donde ríos, árboles, montañas y animales poseían voluntad y significado. Aunque la modernidad separó al ser humano de esa forma de comprender la existencia, la literatura conserva la capacidad de restaurar aquel diálogo perdido. En ‘’¿Qué le dijo?’’, la palabra vuelve a insuflar vida a lo aparentemente inerte.
Uno de los aspectos más interesantes del libro es la manera en que transforma relaciones físicas en reflexiones simbólicas. Cuando el agua afirma al hielo y al vapor que, pese a sus diferencias, todos terminan siendo lo mismo, la observación científica se convierte en una reflexión sobre la identidad. Detrás de los cambios permanece una esencia común. La pregunta filosófica acerca de qué permanece cuando todo se transforma encuentra aquí una respuesta poética: la identidad no se explica mediante conceptos abstractos, sino mediante imágenes capaces de despertar nuevas formas de comprensión.
‘’El agua al hielo y al vapor: Por más que se disfracen, terminamos siendo lo mismo’’
Esta dimensión simbólica conecta directamente con la psicología de la infancia. Jean Piaget observó que los niños suelen atribuir emociones, pensamientos e intenciones a los objetos que los rodean. Este fenómeno, conocido como animismo infantil, constituye una etapa fundamental del desarrollo cognitivo. El niño conversa con sus juguetes, imagina que el sol lo sigue o cree que una puerta puede sentirse triste al cerrarse.
Sin embargo, la obra sugiere que esta capacidad no desaparece por completo al crecer. Permanece escondida en algún lugar de la conciencia y reaparece a través de la imaginación poética.

La infancia no es una edad.
Es una manera de mirar.
Es creer que una silla descansa,
que una nube recuerda,
que una ventana sueña
con los paisajes que nunca verá.
Es escuchar
cómo los lápices cuentan historias
cuando la noche apaga las lámparas.
Es descubrir un océano
dentro de una gota de agua
y una galaxia entera
en el reflejo de un espejo.
La infancia no desaparece.
Permanece escondida
entre los pliegues del alma,
esperando que una palabra,
una canción
o un libro inesperado
vuelvan a abrirle la puerta.
Y entonces regresa,
con los bolsillos llenos de asombro.
En este sentido, Brunilda Contreras no propone un regreso ingenuo a la infancia, sino una recuperación de la capacidad de asombro. La imaginación no contradice la razón; la complementa. Allí donde el pensamiento lógico clasifica y separa, la imaginación conecta y descubre relaciones inesperadas. El lector es invitado a mirar nuevamente el mundo con ojos capaces de encontrar significado en lo aparentemente trivial.
Otro de los pilares fundamentales de la obra es la oralidad. Los diálogos poseen una musicalidad cercana a las adivinanzas, los refranes y los juegos verbales transmitidos de generación en generación. Muchas frases parecen haber sido creadas para ser pronunciadas en voz alta, compartidas en familia o discutidas en el aula. La lectura se convierte así en una experiencia colectiva donde la voz recupera su papel como vehículo de la memoria y la imaginación.
Antes de la escritura, las historias viajaban a través de la palabra hablada. La oralidad fue durante siglos el principal instrumento de transmisión cultural. ¿Qué le dijo? rescata esa tradición mediante un lenguaje ágil y cercano que transforma cada diálogo en una pequeña representación teatral.
Desde una perspectiva filosófica, esta dimensión oral recuerda que el lenguaje es esencialmente relacional. Hablar implica la existencia de un otro. No hay palabra sin destinatario ni identidad sin encuentro. Por ello, resulta significativo que ningún personaje del libro permanezca aislado. Todos buscan interlocutores. Todos participan de una inmensa red de relaciones simbólicas.
Existe un país
que no aparece en los mapas.
Sus fronteras están hechas de metáforas,
sus caminos de preguntas
y sus ciudades de imaginación.
Allí viven las palabras.
Las más antiguas
guardan la memoria de los abuelos.
Las más jóvenes
corren por las plazas
inventando significados nuevos.
No hay guerras en ese territorio.
Solo encuentros.
La letra busca a la sílaba,
la sílaba al verso,
el verso al poema
y el poema al corazón humano.
Quien aprende a habitar esa patria
descubre que el lenguaje
no es una herramienta.
Es una casa.
Y cada palabra
una ventana abierta hacia el infinito.
La estructura misma del libro refleja una verdad profundamente humana: nuestra identidad se construye a través del diálogo. Somos el resultado de nuestros encuentros, nuestras conversaciones, nuestros afectos y nuestras experiencias compartidas. Así como los personajes adquieren sentido al relacionarse entre sí, las personas encuentran significado mediante sus vínculos con los demás y con el mundo que habitan.
El humor desempeña igualmente una función esencial. Lejos de ser un recurso superficial, constituye una forma de conocimiento. La risa rompe las categorías rígidas y permite descubrir perspectivas inesperadas. Cuando una jirafa pregunta a una cebra si escapó de la cárcel o una silla acusa al sofá de llevar una vida demasiado cómoda, el lector sonríe porque reconoce una lógica nueva dentro de lo familiar.
‘’La jirafa a la cebra: ¿Te escapaste de la cárcel?’’
La comicidad estimula la creatividad y favorece una comprensión más flexible de la realidad. Como señalaba Freud, el juego verbal permite expresar ideas y emociones de manera indirecta. En la obra de Contreras, el humor se convierte en un camino para reflexionar sobre temas universales como la identidad, la transformación, la cooperación, la paciencia, el amor y la convivencia.
Las ilustraciones de Verouschka Freixas complementan magistralmente esta experiencia. Lejos de limitarse a acompañar el texto, amplían sus posibilidades interpretativas. Sus imágenes enriquecen el universo imaginario del libro y establecen un diálogo constante entre palabra e imagen. El texto sugiere; la ilustración expande. Juntos construyen una experiencia estética integral donde literatura y arte visual se potencian mutuamente.
La obra también puede entenderse como una defensa de la curiosidad. Mientras muchas narraciones se orientan hacia la búsqueda de respuestas, ‘’¿Qué le dijo?’’ celebra el valor de las preguntas. Cada diálogo abre nuevas posibilidades de interpretación y convierte la incertidumbre en una fuente de creatividad.
Preguntó la lluvia al río:
—¿Dónde termina el agua?
Preguntó la estrella a la noche:
—¿Quién apaga la oscuridad?
Preguntó el árbol al viento:
—¿Por qué regresas siempre?
Y nadie respondió.
Porque algunas preguntas
no nacieron para cerrarse.
Nacieron para caminar.
Para encender senderos
en la imaginación.
Para sembrar dudas luminosas
en la tierra del pensamiento.
Tal vez la sabiduría
no consista en acumular respuestas,
sino en conservar intacta
la capacidad de asombro.
Como los niños.
Como los poetas.
Como las palabras
cuando todavía no saben
en qué frase vivirán mañana.
Esta celebración de la pregunta posee una profunda dimensión filosófica. La ciencia, el arte, la literatura y la filosofía nacieron de la curiosidad humana. Preguntar es reconocer que el mundo todavía guarda misterios. Por ello, el libro invita al lector no tanto a encontrar respuestas definitivas como a mantener viva la capacidad de maravillarse.
En el fondo, ‘’¿Qué le dijo?’’ constituye una celebración del lenguaje mismo. Las palabras aparecen como seres vivos que juegan, exploran, crean vínculos y abren horizontes inesperados. Hablar deja de ser únicamente un acto de comunicación para convertirse en una forma de creación.
Las palabras no viven en los diccionarios.
Escapan de noche
por las rendijas de las páginas,
saltan las cercas de la gramática
y se esconden en los bolsillos del viento.
Algunas juegan a disfrazarse,
otras cambian de rostro
como los actores de un teatro infinito.
Hay palabras que lloran en silencio,
palabras que ríen a carcajadas,
palabras que se enamoran
y palabras que prefieren la soledad.
A veces se encuentran
en el borde de un poema
y entonces ocurre el milagro:
dejan de ser sonidos
para convertirse en pájaros.
Y vuelan.
Vuelan tan alto
que alcanzan lugares
donde el pensamiento
todavía no ha llegado.
‘’ ¿Qué le dijo?’’ es mucho más que una colección de ocurrencias ingeniosas. Es una obra que reivindica el poder de la imaginación, la riqueza de la oralidad, el valor de la curiosidad y la profundidad simbólica del lenguaje. A través de sus breves diálogos, Brunilda Contreras nos recuerda que el mundo nunca ha sido completamente silencioso. Todo habla: los animales, los objetos, las letras, la naturaleza y las palabras. Somos nosotros quienes, al crecer, olvidamos escuchar. Quizás la verdadera función de la literatura sea precisamente esa: enseñarnos nuevamente a oír la conversación secreta del universo.
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