¿Cómo alcanzaron las naciones y esclavos su independencia? ¿O los autores hispanoamericanos su estilo al identificarse frente a sus opresores? Con esta idea, la escritora Aída Cartagena Portalatín empieza su libro Tablero: doce cuentos de lo popular a lo culto, donde las líneas de sus letras son el hilo que teje el pensamiento de cómo se alcanza la cima de la libertad.

Los primeros cuentos permiten al lector establecerse en el espacio-tiempo de República Dominicana entre los años posteriores a la dictadura de Trujillo y la Revolución del 65. Rápidamente, son presentados varios argumentos de mujeres con alto carácter y sin miedo al riesgo de migrar en un siglo XX que apenas arrojaba luces hacia la extensa escalera que estas debían subir.

En el primer peldaño, están Prebisteria y Malvina, quienes trabajaban con una precaria oportunidad: prestar sus cuerpos a cambio del sustento de sus familias. Por un lado, Prebisteria buscó mejorar su vida fuera del país y, alcanzado el objetivo, restauró su reputación. Lo que menos imaginaría es que, tristemente, aquella hija por la que tanto se esforzó en labores extras, siguió el ejemplo de trabajo que conoció en su madre hasta el punto de no ser dueña ni de sí misma. Por el otro, Malvina concibió a cada uno de sus hijos tomando provecho de distintos hombres y se trasladó a la Capital con el motivo de continuar trabajando. Su astucia fue heredada por su primogénito, quien se abrió camino con base en palabrerías y enterró a su madre a cambio de un par de monedas estadounidenses. En estos relatos, un pasado impoluto y lavado a superficialidad vuelve con mayor ímpetu en circunstancias posteriores de la vida.

Subiendo al siguiente escalón, están jóvenes iniciadas en el estudio. Colita, la primera de estas, había sido adoptada por la señora Sarah, quien le llamó Aurora, la inscribió en academias y la tenía como sirviente de todo cuanto necesitase en el hogar. Pero la identidad de Colita estaba más allá de aquello, ideal con el que emprendió un viaje hacia donde existía el Mundolibre, descrito por la misma como falso sueño americano. Decepcionada, no le quedó más que volver a su vida anterior y confesar no alcanzar su libertad total: «Seguí sintiéndome interiormente Colita y oyéndome Aurora en la voz de otros».

Escalera de libertad, lectura a 'Tablero' de Aída Cartagena Portalatín

En El fuego es de todos y Quién lo adivinaba entonces, las jóvenes migran del campo a la ciudad y tienen celo por las pertenencias culturales. Una es testigo de un fuego en la Ciudad Colonial al que nadie presta atención y rememora cómo en su pueblo solo bastaba oír las campanadas para salir todos a ayudar, sin saber el origen del incendio. En el relato, el país ya estaba bajo invasión norteamericana y para la narradora el único remedio para salir de esta era imitar a la protagonista del primer fuego que presenció: la delirante Baldó que, encerrada en su cepo, «hizo el fuego para destruir su cárcel». Los capitaleños no necesitaban solamente empatizar con el fuego vecino, sino crear el suyo propio para salir de la cárcel en la cual la crisis política los había encerrado.

La otra narradora indica todas las complicaciones de trasladarse en un vehículo viejo y cómo dejó todo lo que era en el campo para construir una nueva vida, misma que nadie adivinaría que sería arrebatada junto a los lugares de recreación del ciudadano, con la llegada de los yankees. Finaliza su reflexión con un proverbio particular: «Para subir a la libertad se necesita una escalera grande y otra chiquita».

A esta libertad lograron subir, en plenitud, las mujeres de los últimos 4 cuentos. Este estado de independencia comienza con el recuerdo de la autora en un viaje a Europa. El léxico cambia drásticamente a uno culto, lleno de referencias a la literatura clásica. Es en este punto donde ocurre la transición que declara el subtítulo de la obra (cuentos de lo popular a lo culto), pero la escritora no deja detrás la vida del pueblo con expresiones como: «Escribí a Máximo Avilés, amigo de mi país, lamentando que allá mis amigas no leen las Cantigas de Alfonso. Ni a Juan. Sólo juegan pócker o dejan a las hijas saltar rock and roll». Esta queja resuena dentro de su propio cuento, pero nace como referencia directa al cuento de Aurora y su música de Donna Summer. A continuación, lamenta la deprimente vida y muerte que tuvo su amiga Beatriz, y elogia los 3,500 años de recuerdos que traía consigo al volver a su país.

El tablero llega al escalón más agridulce en sus dos últimos cuentos, donde letrados en París luchan entre géneros. Muestra una pareja que sufrió el aborto de su retoño; la mujer que enfrenta la situación y el hombre que declara haberse desvinculado, huyendo y declarando que: «Mambrú no fue a la guerra». Culmina con una carta post mortem al autor Ernest Hemingway, en la que le retan a recapacitar sobre quién es la mujer desde el inicio de los tiempos y aun en su propia vida: «(Aquella dama) leyó sus cuentos, le dio importancia a sus cosas, le abrió las puertas a París y le ofreció la publicidad que merecía su gran talento de escritor desconocido. Luego que usted tuvo mucho no le importó escribir las intimidades realmente sucias de su amiga». La protesta de la escritora no es exclusivamente por la ingratitud del estadounidense, sino por su descripción femenina en París era una fiesta. Termina su descontento con el señor Hemingway al declararle que: «La mujer (…) trae por designio parir con dolores que rompen para que exista el género que tanto la reniega».

En Tablero de Aída Cartagena Portalatín, se encuentran relatos que refuerzan la identidad de un pueblo en tiempo de crisis, enfrentan el machismo de la época y muestran tres estilos de vida femenina en diferentes escalones hacia la libertad, pero vertidos en una misma dignidad: qué es, verdaderamente, ser mujer.

Ariana Isabel Peguero Núñez

Estudiante de letras

Ariana Isabel Peguero Núñez. 25 de noviembre del 2005, Distrito Nacional, República Dominicana. Letraherida con inclinaciones hacia los cuentos, versos y el teatro. Primer lugar en el Concurso Nacional de Guiones: Escuela, Escritura y Cine (CONGUIONES) del Ministerio de Educación en el año 2023, con Teitoca. Actualmente, es estudiante de la Licenciatura en Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Su correo electrónico es: arianapn25@gmail.com

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