La comunidad literaria Taocuántica   ha inaugurado un nuevo espíritu y una nueva actitud ante la poesía. Ha cimentado un ideario que compromete tres horizontes que se entrelazan, se funden, tal si fueran una misma sustancia.   Hablo de arte, ciencia y espiritualidad. Y aunque resulte muy pretensioso, la poesía tiene la solvencia, que solo en sí misma es posible, para confluir en esta triada.   Ya Juan José Arreola lo ratificó: “Todo lo que importa y vale en este mundo es la poesía”. Nadie mejor que Octavio Paz para sintonizar esta inquietud: “El mundo se convierte en un poema cuando se le mira con los ojos adecuados”. Paul Valery devino en esta contundente expresión “La poética trasciende los libros y habita en los estados del alma y en la manera en que percibimos la realidad cotidiana. Becquer lo epilogó en la misma cresta “Poesía… eres tú”.

Sin ninguna duda de arrepentimiento y sin entrar en dogmatismos, los asignatarios que hemos aceptado y sobre todo testimoniado el ideal taocuántico, creemos firmemente que la poesía ha sido responsable, ella y sus arcanos, en trascender mediante esta triada bienoliente cualquier viso al margen de lo literario y que comprometa el plano de lo espiritual. Entonces, ya seas creyente, agnóstico o ateo,  el taocuántico tiene otra mirada, cuya dimensión solo encuentra lugar y sentido en la poesía, en la realidad pura, esa que  que solo eres capaz de percibir cuando te estremece  el olor de la tierra mojada,  o el espanto de saber que aún existen genocidas, o   el inescrutable vuelo blanco de la garza en los arrozales, o   la sonrisa poderosa de un niño en Gaza, o en las decepciones de la vida por ser finita  y en esta comunidad de amigos que se ha vuelto una necesidad ineludible y salvadora para cada uno de nosotros.

La poética taocuántico más que un concepto estético y literario ha venido a ser un estilo de vida, que lo articula todo, tal como insiste en señalarlo su fundador Ramón Antonio Jiménez. Ser taocuántico nos ha dado lo oportunidad de poder crecer con absoluta libertad, sin que el mismo ideal se convierta en una camisa de fuerza, pero encadenados al amor, amor por la vida, por el respeto a la individualidad y este amor devocional consecuente a todo el universo en cada criatura, en cada cosa.

También, la experiencia taocuántica permite embriagarse sin beber una gota de alcohol y sin perder la sobriedad de un ideal, en cuyo espacio creativo concluye la filosofía taoísta con los principios de la física cuántica, aplicados a la experiencia poética, resumidos en ser la mejor versión de nosotros mismos.

Por lo tanto, asumir este ideal estético como una interpretación de la vivencia poética, que parte de la percepción del vacío fértil (Wú / “no-ser”), que trasciende el concepto de vaciedad existencialista y que, como plantea Ramón Antonio Jiménez , es el escenario perfecto donde la poesía y sus arcanos hacen vida en nosotros; es lo que hace posible, entre otras cosas,  describirse a sí mismo como un demiurgo  o el cincel de tu propia roca.

La poesía que vive en nosotros es como un acto de simplicidad profunda: hay silencios que hablan, pausas que crean sentido, vacíos que funcionan como un universo en miniatura En la poesía taocuántica, hemos aprendido a discernir la coexistencia de múltiples significados en los textos que producimos, lo que permite resignificar la exégesis del texto literario. Por lo cual, basado en la cuántica, un texto puede estar en varios estados interpretativos a la vez. No existe una lectura “correcta”; cada lector colapsa el significado según su conciencia, sus vivencias, su estado interior, su visión del mundo.

La interconexión como valor y principio taocuántico contempla que somos una red; nada está aislado, hasta lo que puedo estar escribiendo, ya otro lo pensó o lo está pensando o mil años después volver a elucubrarse. Esto es al mismo tiempo, lo que se conoce como la unidad fluida entre el yo, la naturaleza y el todo, o sea el Tao.

  La triada Taocuántica:  Arte, ciencia y espiritualidad

Es mucho lo que se puede hallar indagando sobre el Tao; por ejemplo, que la separación entre sujeto y objeto desaparece, somos el yin yang, el equilibrio entre luz y oscuridad. Somos el poema, el lector, la temática; en sí, somos el Tao. En el ideal taocuántico, se perfila una meta inaplazable: Hasta llegar a ser camino y caminante; cada decisión acción, palabra, pensamiento, en una sola irreductible dirección.

Ya lo decía, el poeta Yeye Concepción de que el poeta es el río., el lector es el viento y el poema es el cauce por donde ambos transitan. En la taocuántica, la experiencia es la fuente de todo, por lo tanto, es holista, se abraza en muchos brazos.

En la Taocuántica, hemos aprendido que la intuición es un fundamento que ayuda a captar la realidad con una mirada incisiva y es el puente entre teoricidad estética y la praxis poética, y al mismo tiempo, la instrumentalización del método poético en el acto creativo cuando se asienta el misterio. En la praxis taocuántica, domina la percepción directa, la contemplación. El poema no se explica: se deja sentir como un campo energético en donde las imágenes vibran más que “significar.

El tiempo más que un cause lineal y cronológico se convierte en una espiral, todo fluye desde cualquier instante no importan si aún es apenas una idea de un futuro lejano, en cualquier circunstancia puede materializarse en nuestras creaciones y ser un presente de muchos presentes, pasados o futuros. Así como el cuanto, en las partículas subatómicas, la experiencia poética puede saltar del pasado al presente y viceversa y del presente al futuro. Asimismo, un instante se puede convertir en eternidad y la causa en efecto y el efecto puede volver al origen. El tiempo fluctúa, pero solo la poesía con las bridas en las manos sabe hacia dónde.

  La triada Taocuántica:  Arte, ciencia y espiritualidad

La Taocuántica como conciencia de lo dual explica que el verso como las partículas cuánticas, no sigue una secuencia rígida, ni esquemática; son más bien un enjambre de colibríes en los lotes de piña de Cevicos.

En la poesía taocuántica, la belleza se fortalece en la incertidumbre, debe impresionar y sorprender, no como inventiva imaginaría, advierte Ramon Antonio Jiménez, sino como  un territorio donde: no todo se entiende, no todo se dice, no todo se resuelve. A veces, hasta la ironía es respuesta, ventanilla hacia la belleza que es la vivencia misma, en la musicalidad que despiden las palabras cuando ocupan el lugar indicado en cada poema y que solo el misterio lo precede.

La experiencia poética en la comunidad literaria taocuántica es un viaje contemplativo, vibrante, donde el poema es un campo de posibilidades, la interpretación es un acto de energía, y el lector participa de la creación como si estuviera tocando la textura invisible del mundo.

José Miguel García

Lic. en Educación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Ha cursado maestrías en Literatura y Lingüística Aplicada a la Enseñanza de la Lengua Española. Fue profesor en el Liceo Técnico Profesional Agustín Bonilla de Pimentel y actualmente es docente universitario en la Cátedra de Lengua Española Básica de la UASD, extensión San Francisco de Macorís. Entre otros textos ha publicado Pétalo, 2005, novela corta; Paz y Fuego, 1999; Versos en Cadena, 2000, El vendaval en la noche, 2001, Calles Infecundas, 2022 y Ahora que todo pasa…, 2023, Pertenece a  Amidverza (Amigos de la verdad y la belleza) y al Grupo Teocuántico de San Francisco de Macorís.

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