Toda gran obra poética funda un universo que no termina cuando se dice la última palabra, porque la verdadera poesía no es una línea que avanza hacia un punto final, sino una respiración profunda de la existencia que vuelve sobre sí misma para reconocerse. Hay poemas que describen el mundo y hay otros que intentan crearlo nuevamente desde el misterio de la palabra; Piedra de Sol, de Octavio Paz, pertenece a esa segunda estatura: no es solamente un poema sobre el tiempo, el amor, la memoria o la conciencia; es una tentativa de regresar al instante original donde todas las cosas nacen antes de separarse, donde el ser humano todavía no ha sido distanciado de la naturaleza, del cuerpo, del otro y del universo. En este sentido, el poema puede leerse como un evangelio secreto de la Creación: una escritura sagrada no porque invoque una divinidad exterior, sino porque penetra en el centro del misterio donde la vida continuamente se está creando y recreando. Desde sus primeros versos, Octavio Paz nos coloca ante una imagen que contiene la totalidad del movimiento creador, cuando dice: “Un sauce de cristal, un chopo de agua, / un alto surtidor que el viento arquea, / un árbol bien plantado mas danzante”. La paradoja aparece como principio generador: el árbol está plantado, pero danza; el cristal es sólido, pero transparente; el agua fluye, pero también posee memoria. La Creación no surge de la inmovilidad, sino de la unión de fuerzas aparentemente contrarias. El universo de Piedra de Sol nace precisamente de esa reconciliación de opuestos: permanencia y cambio, cuerpo y espíritu, luz y sombra, nacimiento y muerte… El poema comienza caminando hacia sí mismo. Su primer gesto es un movimiento circular. Dice  en esa parte: “un caminar de río que se curva, / avanza, retrocede, da un rodeo / y llega siempre”. Aquí encontramos la clave de toda la anatomía espiritual del poema. El río no representa una flecha hacia adelante, como suele entenderse el tiempo humano, sino un desplazamiento que regresa al origen. El camino verdadero no consiste en alejarse del principio, sino en descubrir que todo alejamiento era una forma misteriosa de retorno. Entonces, el cuerpo humano adquiere una dimensión cósmica. En Piedra de Sol, el cuerpo amado no es solamente un cuerpo individual; es una puerta hacia la totalidad. Cuando Paz postula: “el mundo ya es visible por tu cuerpo, / es transparente por tu transparencia”, está afirmando una de las grandes intuiciones del poema: que la realidad no aparece separada del ser humano, sino revelada a través de él. El cuerpo es un templo donde la existencia se contempla a sí misma… Avanzados los citados lugares de este singular ejemplar de la poesía universal, que sin duda es Piedra de Sol, conviene, para una entera visión suya, que lo mostremos íntegramente. Veamos:

La Creación circular, según el evangelio de ‘Piedra de Sol’

Un sauce de cristal, un chopo de agua, / un alto surtidor que el viento arquea, / un árbol bien plantado mas danzante, / un caminar de río que se curva, avanza, retrocede, da un rodeo / y llega siempre: / un caminar tranquilo de estrella / o primavera sin premura, / agua que con los párpados cerrados / mana toda la noche profecías, / unánime presencia en oleaje, /ola tras ola hasta cubrirlo todo, / verde soberanía sin ocaso / como el deslumbramiento de las alas / cuando se abren en mitad del cielo, / un caminar entre las espesuras / de los días futuros y el aciago / fulgor de la desdicha como un ave / petrificando el bosque con su canto / y las felicidades inminentes / entre las ramas que se desvanecen, / horas de luz que pican ya los pájaros, / presagios que se escapan de la mano, / una presencia como un canto súbito, / como el viento cantando en el incendio, / una mirada que sostiene en vilo al mundo / con sus mares y sus montes, / cuerpo de luz filtrada por un ágata, piernas de luz, vientre de luz, bahías, / roca solar, cuerpo color de nube, / color de día rápido que salta, la hora centellea y tiene cuerpo, / el mundo ya es visible por tu cuerpo, / es transparente por tu transparencia, / voy entre galerías de sonidos, / fluyo entre las presencias resonantes, / voy por las transparencias como un ciego, / un reflejo me borra, nazco en otro, / oh bosque de pilares encantados, / bajo los arcos de la luz penetro / los corredores de un otoño diáfano, / voy por tu cuerpo como por el mundo, / tu vientre es una plaza soleada, / tus pechos dos iglesias donde oficia / la sangre sus misterios paralelos, / mis miradas te cubren como yedra, / eres una ciudad que el mar asedia, / una muralla que la luz divide / en dos mitades de color durazno, / un paraje de sal, rocas y pájaros / bajo la ley del mediodía absorto, / vestida del color de mis deseos / como mi pensamiento vas desnuda, / voy por tus ojos como por el agua, / los tigres beben sueño en esos ojos, / el colibrí se quema en esas llamas, / voy por tu frente como por la luna, / como la nube por tu pensamiento, / voy por tu vientre como por tus sueños, / tu falda de maíz ondula y canta, / tu falda de cristal, tu falda de agua, /tus labios, tus cabellos, tus miradas, / toda la noches llueves, todo el día / abres mi pecho con tus dedos de agua, / cierras mis ojos con tu boca de agua, / sobre mis huesos llueves, en mi pecho / hunde raíces de agua un árbol líquido, / voy por tu talle como por un río, / voy por tu cuerpo como por un bosque, / como por un sendero en la montaña / que en un abismo brusco se termina, / voy por tus pensamientos afilados / y a la salida de tu blanca frente / mi sombra despeñada se destroza, / recojo mis fragmentos uno a uno / y prosigo sin cuerpo, busco a tientas, / corredores sin fin de la memoria, / puertas abiertas a un salón vacío / donde se pudren todos los veranos, / las joyas de la sed arden al fondo, / rostro desvanecido al recordarlo, / mano que se deshace si la toco, / cabelleras de arañas en tumulto / sobre sonrisas de hace muchos años, /a la salida de mi frente busco, / busco sin encontrar, busco un instante, / un rostro de relámpago y tormenta / corriendo entre los árboles nocturnos, / rostro de lluvia en un jardín a oscuras, / agua tenaz que fluye a mi costado, / busco sin encontrar, escribo a solas, / no hay nadie, cae el día, cae el año, / caigo con el instante, caigo a fondo, / invisible camino sobre espejos / que repiten mi imagen destrozada, / piso días, instantes caminados, / piso los pensamientos de mi sombra, / piso mi sombra en busca de un instante, / busco una fecha viva como un pájaro, / busco el sol de las cinco de la tarde / templado por los muros de tezontle: / la hora maduraba sus racimos / y al abrirse salían las muchachas / de su entraña rosada y se esparcían / por los patios de piedra del colegio, / alta como el otoño caminaba / envuelta por la luz bajo la arcada / y el espacio al ceñirla la vestía / de una piel más dorada y transparente, / tigre color de luz, pardo venado / por los alrededores de la noche, / entrevista muchacha reclinada / en los balcones verdes de la lluvia, / adolescente rostro innumerable, / he olvidado tu nombre, Melusina, / Laura, Isabel, Perséfona, María, / tienes todos los rostros y ninguno, / eres todas las horas y ninguna, / te pareces al árbol y a la nube, / eres todos los pájaros y un astro, / te pareces al filo de la espada / y a la copa de sangre del verdugo, / yedra que avanza, envuelve y desarraiga / al alma y la divide de sí misma, / escritura de fuego sobre el jade, / grieta en la roca, reina de serpientes, / columna de vapor, fuente en la peña, / circo lunar, peñasco de las águilas, / grano de anís, espina diminuta / y mortal que da penas inmortales, / pastora de los valles submarinos / y guardiana del valle de los muertos, / liana que cuelga del cantil del vértigo, /!enredadera, planta venenosa, / flor de resurrección, uva de vida, / señora de la flauta y del relámpago, / terraza del jazmín, sal en la herida, / ramo de rosas para el fusilado, / nieve en agosto, luna del patíbulo, / escritura del mar sobre el basalto, / escritura del viento en el desierto, / testamento del sol, granada, espiga, / rostro de llamas, rostro devorado, / adolescente rostro perseguido, / años fantasmas, días circulares / que dan al mismo patio, al mismo muro, / arde el instante y son un solo rostro / los sucesivos rostros de la llama, / todos los nombres / son un solo nombre, / todos los rostros son un solo rostro, / todos los siglos son un solo instante / y por todos los siglos de los siglos / cierra el paso al futuro un par de ojos, / no hay nada frente a mí, sólo un instante / rescatado esta noche, contra un sueño /de ayuntadas imágenes soñado, / duramente esculpido contra el sueño, / arrancado a la nada de esta noche, / a pulso levantado letra a letra, / mientras afuera el tiempo se desboca / y golpea las puertas de mi alma / el mundo con su horario carnicero, / sólo un instante mientras las ciudades, / los nombres, los sabores, lo vivido, / se desmoronan en mi frente ciega, / mientras la pesadumbre de la noche / mi pensamiento humilla y mi esqueleto, / y mi sangre camina más despacio / y mis dientes se aflojan y mis ojos / se nublan y los días y los años / sus horrores vacíos acumulan, / mientras el tiempo cierra su abanico / y no hay nada detrás de sus imágenes / el instante se abisma y sobrenada / rodeado de muerte, amenazado / por la noche y su lúgubre bostezo, / amenazado por la algarabía / de la muerte vivaz y enmascarada / el instante se abisma y se penetra, / como un puño se cierra, como un fruto / que madura hacia dentro de sí mismo / y a sí mismo se bebe y se derrama / el instante translúcido se cierra / y madura hacia dentro, echa raíces, / crece dentro de mí, me ocupa todo, / me expulsa su follaje delirante, / mis pensamientos sólo son sus pájaros, / su mercurio circula por mis venas,/ árbol mental, frutos sabor de tiempo, / oh vida por vivir y ya vivida, / tiempo que vuelve en una marejada / y se retira sin volver el rostro, / lo que pasó no fue pero está siendo / y silenciosamente desemboca / en otro instante que se desvanece: / frente a la tarde de salitre y piedra / armada de navajas invisibles / una roja escritura indescifrable / escribes en mi piel y esas heridas / como un traje de llamas me recubren, / ardo sin consumirme, busco el agua, / y en tus ojos no hay agua, son de piedra, / y tus pechos, tu vientre, tus caderas / son de piedra, tu boca sabe a polvo, / tu boca sabe a tiempo emponzoñado, / tu cuerpo sabe a pozo sin salida, / pasadizo de espejos que repiten / los ojos del sediento, pasadizo / que vuelve siempre al punto de partida, / y tú me llevas ciego de la mano / por esas galerías obstinadas / hacia el centro del círculo y te yergues / como un fulgor que se congela en hacha, / como luz que desuella, fascinante / como el cadalso para el condenado, / flexible como el látigo y esbelta / como un arma gemela de la luna, / y tus palabras afiladas cavan / mi pecho y me despueblan y vacían, / uno a uno me arrancas los recuerdos, / he olvidado mi nombre, mis amigos / gruñen entre los cerdos o se pudren / comidos por el sol en un barranco, / no hay nada en mí sino una larga herida, / una oquedad que ya nadie recorre, / presente sin ventanas, pensamiento / que vuelve, se repite, se refleja / y se pierde en su misma transparencia, / conciencia traspasada por un ojo / que se mira mirarse hasta anegarse / de claridad: / yo vi tu atroz escama, / Melusina, brillar verdosa al alba, / dormías enroscada entre las sábanas / y al despertar gritaste como un pájaro / y caíste sin fin, quebrada y blanca, / nada quedó de ti sino tu grito, / y al cabo de los siglos me descubro / con tos y mala vista, barajando / viejas fotos: / no hay nadie, no eres nadie, / un montón de ceniza y una escoba, / un cuchillo mellado y un plumero, / un pellejo colgado de unos huesos, / un racimo ya seco, un hoyo negro / y en el fondo del hoyo los dos ojos / de una niña ahogada hace mil años, / miradas enterradas en un pozo, / miradas que nos ven desde el principio, / mirada niña de la madre vieja / que ve en el hijo grande un padre joven, / mirada madre de la niña sola / que ve en el padre grande un hijo niño, / miradas que nos miran desde el fondo / de la vida y son trampas de la muerte /, o es al revés: ¿caer en esos ojos / es volver a la vida verdadera?, / ¡caer, volver, soñarme y que me sueñen / otros ojos futuros, otra vida, / otras nubes, morirme de otra muerte! ), esta noche me basta, y este instante / que no acaba de abrirse y revelarme / dónde estuve, quién fui, cómo te llamas, / cómo me llamo yo: / ¿hacía planes / para el verano, / y todos los veranos, / en Christopher Street, hace diez años, / con Filis que tenía dos hoyuelos ) donde bebían luz los gorriones?, / ¿por la Reforma Carmen me decía / “no pesa el aire, aquí siempre es octubre”, / o se lo dijo a otro que he perdido / o yo lo invento y nadie me lo ha dicho?, / ¿caminé por la noche de Oaxaca, / inmensa y verdinegra como un árbol, / hablando solo como viento loco / y al llegar a mi cuarto, siempre un cuarto, / no me reconocieron los espejos?, / ¿desde el hotel Vernet vimos al alba / bailar con los castaños, ya es muy tarde” / decías al peinarte y yo veía / manchas en la pared, sin decir nada?, / ¿subimos juntos a la torre, vimos / caer la tarde desde el arrecife?, / ¿comimos uvas en Bidart?, ¿compramos / gardenias en Perote?, / nombres, sitios, / calles y calles, / rostros, plazas, calles, / estaciones, un parque, cuartos solos, / manchas en la pared, alguien se peina, / alguien canta a mi lado, alguien se viste, / cuartos, lugares, calles, nombres, cuartos, / Madrid, 1937, / en la Plaza del Ángel las mujeres / cosían y cantaban con sus hijos, / después sonó la alarma y hubo gritos, / casas arrodilladas en el polvo, / torres hendidas, frentes escupidas / y el huracán de los motores, fijo: / los dos se desnudaron y se amaron / por defender nuestra porción eterna, / nuestra ración de tiempo y paraíso, / tocar nuestra raíz y recobrarnos, / recobrar nuestra herencia arrebatada / por ladrones de vida hace mil siglos, / los dos se desnudaron y besaron / porque las desnudeces enlazadas / saltan el tiempo y son invulnerables, / nada las toca, vuelven al principio, / no hay tú ni yo, mañana, ayer ni nombres, / verdad de dos en sólo un cuerpo y alma, / oh ser total… / cuartos a la deriva /entre ciudades que se van a pique, / cuartos y calles, nombres como heridas, / el cuarto / con ventanas a otros cuartos con el mismo papel descolorido / donde un hombre en camisa lee el periódico / o plancha una mujer; el cuarto claro / que visitan las ramas del durazno; /el otro cuarto: afuera siempre llueve / y hay un patio y tres niños oxidados; / cuartos que son navíos que se mecen / en un golfo de luz; o submarinos: / el silencio se esparce en olas verdes, / todo lo que tocamos fosforece; / mausoleos del lujo, ya roídos / los retratos, raídos los tapetes; / trampas, celdas, cavernas encantadas, / pajareras y cuartos numerados, / todos se transfiguran, todos vuelan, / cada moldura es nube, cada puerta / da al mar, al campo, al aire, cada mesa / es un festín; cerrados como conchas / el tiempo inútilmente los asedia, / no hay tiempo ya, ni muro: ¡espacio, / espacio, abre la mano, coge esta riqueza, / corta los frutos, come de la vida, / tiéndete al pie del árbol, bebe el agua!, / todo se transfigura y es sagrado, / es el centro del mundo cada cuarto, / es la primera noche, el primer día, / el mundo nace cuando dos se besan, /gota de luz de entrañas transparentes / el cuarto como un fruto se entreabre / o estalla como un astro taciturno / y las leyes comidas de ratones, / las rejas de los bancos y las cárceles, / las rejas de papel, las alambradas, / los timbres y las púas y los pinchos, / el sermón monocorde de las armas, / el escorpión meloso y con bonete, / el tigre con chistera, presidente / del Club Vegetariano y la Cruz Roja, / el burro pedagogo, el cocodrilo / metido a redentor, padre de pueblos, / el Jefe, el tiburón, el arquitecto / del porvenir, el cerdo uniformado, / el hijo predilecto de la Iglesia / que se lava la negra dentadura / con el agua bendita y toma clases / de inglés y democracia, las paredes / invisibles, las máscaras podridas / que dividen al hombre de los hombres, / al hombre de sí mismo, / se derrumban / por un instante inmenso y vislumbramos / nuestra unidad perdida, el desamparo / que es ser hombres, la gloria que es ser hombres / y compartir el pan, el sol, la muerte, / el olvidado asombro de estar vivos; / amar es combatir, si dos se besan / el mundo cambia, encarnan los deseos, / el pensamiento encarna, brotan alas / en las espaldas del esclavo, el mundo / es real y tangible, el vino es vino, / el pan vuelve a saber, el agua / es agua, amar es combatir, es abrir puertas, / dejar de ser fantasma con un número a perpetua cadena condenado / por un amo sin rostro; /el mundo cambia / si dos se miran y se reconocen, / amar es desnudarse de los nombres: / “déjame ser tu puta”, son palabras / de Eloísa, mas él cedió a las leyes, / la tomó por esposa y como premio / lo castraron después; / mejor el crimen, / los amantes suicidas, el incesto / de los hermanos como dos espejos / enamorados de su semejanza, / mejor comer el pan envenenado, / el adulterio en lechos de ceniza, / los amores feroces, el delirio, / su yedra ponzoñosa, el sodomita / que lleva por clavel en la solapa / un gargajo, mejor ser lapidado / en las plazas que dar vuelta a la noria / que exprime la sustancia de la vida, / cambia la eternidad en horas huecas, / los minutos en cárceles, el tiempo / en monedas de cobre y mierda abstracta; / mejor la castidad, flor invisible / que se mece en los tallos del silencio, / el difícil diamante de los santos / que filtra los deseos, sacia al tiempo, / nupcias de la quietud y el movimiento, / canta la soledad en su corola, / pétalo de cristal es cada hora, / el mundo se despoja de sus máscaras / y en su centro, vibrante transparencia, / lo que llamamos Dios, el ser sin nombre, / se contempla en la nada, el ser sin rostro / emerge de sí mismo, sol de soles, / plenitud de presencias y de nombres; / sigo mi desvarío, cuartos, calles, / camino a tientas por los corredores / del tiempo y subo y bajo sus peldaños / y sus paredes, palpo y no me muevo, / vuelvo adonde empecé, busco tu rostro, / camino por las calles de mí mismo / bajo un sol sin edad, y tú a mi lado / caminas como un árbol, como un río / caminas y me hablas como un río, / creces como una espiga entre mis manos, / lates como una ardilla entre mis manos, / vuelas como mil pájaros, tu risa / me ha cubierto de espumas, tu cabeza / es un astro pequeño entre mis manos, / el mundo reverdece si sonríes / comiendo una naranja, / el mundo cambia / si dos, vertiginosos y enlazados, / caen sobre la yerba: el cielo baja, / los árboles ascienden, el espacio / sólo es luz y silencio, sólo espacio abierto para el águila del ojo, / pasa la blanca tribu de las nubes, / rompe amarras el cuerpo, zarpa el alma, / perdemos nuestros nombres y flotamos / a la deriva entre el azul y el verde, / tiempo total donde no pasa nada / sino su propio transcurrir dichoso, / no pasa nada, callas, parpadeas / (silencio: cruzó un ángel este instante / grande como la vida de cien soles), / ¿no pasa nada, sólo un parpadeo? /, y el festín, el destierro, el primer crimen / la quijada del asno, el ruido opaco / y la mirada incrédula del muerto / al caer en el llano ceniciento, / Agamenón y su mugido inmenso / y el repetido grito de Casandra / más fuerte que los gritos de las olas, / Sócrates en cadenas (el sol nace, / morir es despertar: “Critón, un gallo / a Esculapio, ya sano de la vida”), / el chacal que diserta entre las ruinas / de Nínive, la sombra que vio Bruto / antes de la batalla, Moctezuma / en el lecho de espinas de su insomnio, / el viaje en la carreta hacia la muerte, / el viaje interminable mas contado / por Robespierre minuto / tras minuto, la mandíbula rota entre las manos, / Churruca en su barrica como un trono / escarlata, los pasos ya contados / de Lincoln al salir hacia el teatro, /el estertor de Trotski y sus quejidos / de jabalí, Madero y su mirada / que nadie contestó: ¿por qué me matan?, / los carajos, los ayes, los silencios / del criminal, el santo, el pobre diablo, / cementerios de frases y de anécdotas / que los perros retóricos escarban, / el delirio, el relincho, el ruido oscuro / que hacemos al morir y ese jadeo / de la vida que nace y el sonido / de huesos machacados en la riña / y la boca de espuma del profeta / y su grito v el grito del verdugo / y el grito de la víctima… / son llamas los ojos / y son llamas lo que miran, / llama la oreja y el sonido llama, / brasa los labios y tizón la lengua, / el tacto y lo que toca, el pensamiento / y lo pensado, llama el que lo piensa, / todo se quema, el universo es llama, / arde la misma nada / que no es nada sino un pensar en llamas, al fin humo: / no hay verdugo ni víctima… / ¿y el grito / en la tarde del viernes?, y el silencio / que se cubre de signos, / el silencio que dice sin decir, ¿no dice nada?, ¿no son nada los gritos de los hombres?, / ¿no pasa nada cuando pasa el tiempo? / no pasa nada, sólo un parpadeo /del Sol, un movimiento apenas, nada, / no hay redención, no vuelve atrás el tiempo, / los muertos están fijos en su muerte / y no pueden morirse de otra muerte, / intocables, clavados en su gesto, / desde su soledad, desde su muerte / sin remedio nos miran sin mirarnos, / su muerte ya es la estatua de su vida, / un siempre estar ya nada para siempre, / cada minuto es nada para siempre, / un rey fantasma rige tus latidos / y tu gesto final, tu dura máscara / labra sobre tu rostro cambiante: / el monumento somos de una vida / ajena y no vivida, apenas nuestra, / ¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?, /¿cuándo somos de veras lo que somos?, / bien mirado no somos, nunca somos / a solas sino vértigo y vacío, / muecas en el espejo, horror y vómito, / nunca la vida es nuestra, es de los otros, / la vida no es de nadie, todos somos / la vida pan de sol para los otros, /los otros todos que nosotros somos, / soy otro cuando soy, los actos míos / son más míos si son también de todos, / para que pueda ser he de ser otro, /salir de mí, buscarme entre los otros, / los otros que no son si yo no existo, / los otros que me dan plena existencia, / no soy, no hay yo, siempre somos nosotros, / la vida es otra, siempre allá, más lejos, / fuera de ti, de mí, siempre horizonte, / vida que nos desvive y enajena, / que nos inventa un rostro y lo desgasta, / hambre de ser, oh muerte, pan de todos, / Eloísa, Perséfona, María, / muestra tu rostro al fin para que vea / mi cara verdadera, la del otro, / mi cara de nosotros siempre todos, / cara de árbol y de panadero, / de chofer y de nube y de marino, / cara de sol y arroyo y Pedro y Pablo, / cara de solitario colectivo, / despiértame, ya nazco: / vida y muerte pactan en ti; señora de la noche, / torre de claridad, reina del alba, / virgen lunar, madre del agua madre, / cuerpo del mundo, casa de la muerte, / caigo sin fin desde mi nacimiento, / caigo en mí mismo sin tocar mi fondo, / recógeme en tus ojos, junta el polvo / disperso y reconcilia mis cenizas, / ata mis huesos divididos, sopla / sobre mi ser, entiérrame en tu tierra, / tu silencio dé paz al pensamiento / contra sí mismo airado; / abre la mano, señora de semillas que son días, / el día es inmortal, asciende, crece, / acaba de nacer y nunca acaba, / cada día es nacer, un nacimiento / es cada amanecer y yo amanezco, / amanecemos todos, amanece / el sol cara de sol, Juan amanece / con su cara de Juan cara de todos, / puerta del ser, despiértame, amanece, / déjame ver el rostro de este día, / déjame ver el rostro de esta noche, / todo se comunica y transfigura, / arco de sangre, puente de latidos, / llévame al otro lado de esta noche, / adonde yo soy tú somos nosotros, / al reino de pronombres enlazados, / puerta del ser: abre tu ser, despierta, / aprende a ser también, labra tu cara, / trabaja tus facciones, ten un rostro para mirar mi rostro / y que te mire, / para mirar la vida hasta la muerte, / rostro de mar, de pan, de roca y fuente, / manantial que disuelve nuestros / rostros en el rostro / sin nombre, el ser sin rostro, / indecible presencia de presencias… / quiero seguir, ir más allá, y no puedo: / se despeñó el instante en otro y otro, / dormí sueños de piedra que no sueña / y al cabo de los años como piedras / oí cantar mi sangre encarcelada, /con un rumor de luz el mar cantaba, / una a una cedían las murallas, / todas las puertas se desmoronaban /y el sol entraba a saco por mi frente, / despegaba mis párpados cerrados, / desprendía mi ser de su envoltura, / me arrancaba de mí, me separaba/de mi bruto dormir siglos de piedra / y su magia de espejos revivía / un sauce de cristal, un chopo de agua, / un alto surtidor que el viento arquea, / un árbol bien plantado mas danzante, / un caminar de río que se curva, / avanza, retrocede, da un rodeo / y llega siempre

Octavio Paz.

Visto Piedra de Sol en todo su cuerpo, concluimos que, si la Creación acontece en el encuentro, el tiempo deja entonces de ser una sucesión de relojes para convertirse en una respiración. Ese es uno de los descubrimientos más luminosos de Octavio Paz en Piedra de Sol. El poeta no acepta el tiempo como una prisión donde el pasado desaparece y el futuro aún no existe; por el contrario, lo concibe como una corriente circular en la que todos los instantes permanecen comunicados. El ayer continúa naciendo dentro del hoy, y el mañana ya germina silenciosamente en la memoria. El poema no avanza hacia un desenlace; gira sobre sí mismo como los astros, como las estaciones, como la sangre, como el deseo, como la conciencia que constantemente se recrea. Esa estructura circular no constituye un simple artificio formal, sino la expresión de una verdad espiritual: sólo aquello que regresa logra comprender verdaderamente su origen. La línea divide; el círculo integra. La línea impone principio y final; el círculo los reconcilia hasta hacerlos indistinguibles. Así, la lectura de Piedra de Sol termina pareciéndose al acto de contemplar un río que nunca repite exactamente sus aguas, aunque siempre conserve el mismo cauce. Todo cambia, pero nada deja de pertenecer al mismo movimiento creador. En determinado momento, el poema nos entrega una de sus imágenes más reveladoras, dice: “camino hacia mí mismo, hacia la fuente”. Este breve fragmento contiene una inversión extraordinaria de la experiencia humana. Habitualmente creemos que avanzar significa alejarnos del origen; sin embargo, para Octavio Paz toda verdadera travesía consiste en regresar. No regresar al pasado, sino a la fuente primordial, de la cual mana toda existencia.

La Creación circular, según el evangelio de ‘Piedra de Sol’

La Creación circular exige ese retorno permanente. El ser humano no encuentra la plenitud acumulando experiencias, sino atravesándolas hasta descubrir el manantial que siempre estuvo dentro de él. Y en esa misma dirección, el poema convierte al cuerpo en un territorio donde la Creación continúa desplegándose. No existe oposición entre espíritu y materia. La carne no aparece como obstáculo para su tránsito hacia la esencialidad, sino como su manifestación más inmediata. De esto da cuenta en estos versos: “tu vientre es una plaza soleada, / tus pechos dos iglesias donde oficia / la sangre sus misterios paralelos…”. Estas imágenes poseen una profundidad que trasciende el elogio amoroso. El cuerpo femenino deja de ser únicamente un objeto de contemplación para convertirse en un espacio sagrado donde el universo celebra su liturgia más antigua. Desde una lectura taocuántica, estas metáforas revelan que toda materia vibra con una inteligencia secreta. El cuerpo no es el límite del espíritu, sino la forma visible que adopta la energía creadora. Mientras circula, crea; mientras crea, transforma; mientras transforma, prolonga el misterio del universo… Más adelante, el poeta intensifica todavía más esa visión, cuando dice: “mis miradas te cubren como yedra, / eres una ciudad que el mar asedia…”. En esta parte, la mirada deja de ser un simple acto óptico para convertirse en una fuerza creadora. Ver no significa registrar una forma exterior, sino fecundarla con la presencia de quien contempla. La yedra no destruye aquello que abraza; lo incorpora a su propio crecimiento. Así también la mirada amorosa transforma el mundo sin violentarlo. La ciudad asediada por el mar representa esa tensión permanente entre la forma y el movimiento, entre lo estable y lo infinito. Del mismo modo, ninguna identidad permanece intacta cuando ha sido alcanzada por el amor… Por ello, el poema nunca se limita a cantar la belleza; la convierte en un principio de conocimiento. Cada imagen abre una puerta hacia otra imagen, cada símbolo conduce a otro símbolo, y cada revelación prepara la siguiente. En el movimiento incesante de Piedra de Sol, la Creación no aparece como un acto terminado, sino como una revelación que ocurre continuamente en el instante. Y es esa la razón por la que altera el uso de los signos de puntuación, recurso audaz que permite crear la sucesividad propia de toda Creación circular. Porque el poeta no describe un universo acabado: lo vuelve a fundar mediante la palabra. De ahí que el poema sea también una ceremonia, una especie de acto inaugural donde nombrar significa crear… Por eso, cuando Paz escribe: “un caminar de río que se curva, / avanza, retrocede, da un rodeo / y llega siempre”, nos entrega una de las imágenes fundamentales de la circularidad. El río es el símbolo perfecto del tiempo humano: avanza, pero también vuelve; cambia constantemente, pero conserva su esencia. La existencia humana es semejante: creemos avanzar hacia algo definitivo, pero en realidad regresamos constantemente a los mismos misterios. La circularidad del poema se manifiesta también en su propia estructura. Los versos están construidos como una larga respiración que busca regresar al punto inicial. El poema es una serpiente que muerde su propia cola, una piedra solar que gira alrededor de sí misma. Esta estructura no es un simple recurso formal; es la representación de una concepción filosófica del universo.

Para Paz, el tiempo humano está fragmentado porque hemos perdido la unidad original; la poesía intenta restaurar esa unidad. En esa búsqueda aparece uno de los grandes temas del poema: el encuentro con el otro como forma de alcanzar la propia identidad. La conciencia individual no está completa en sí misma; necesita del otro para reconocerse. El amor aparece entonces como una fuerza creadora, porque permite salir del aislamiento y regresar a una totalidad perdida. El cuerpo amado no es únicamente un cuerpo deseado, sino un territorio donde el universo vuelve a manifestarse… Así lo expresa Paz cuando escribe: “tu vientre es una plaza soleada, / tus pechos dos iglesias donde oficia / la sangre sus misterios paralelos”. Aquí el cuerpo femenino adquiere una dimensión sagrada. No es un objeto separado del cosmos, sino un espacio donde ocurre una liturgia de la vida. La imagen de las “iglesias” transforma el cuerpo en templo, pero no un templo de una religión exterior, sino de una espiritualidad corporal donde la sangre, el deseo y la existencia celebran sus propios misterios. La creación vuelve a aparecer como un acto circular: la vida engendra vida, el cuerpo contiene la memoria del origen y el amor devuelve al ser humano a una dimensión sagrada. Esta sacralización del cuerpo es profundamente revolucionaria dentro de la tradición poética occidental, porque elimina la antigua oposición entre espíritu y materia. En Piedra de Sol, la carne no es una prisión del alma; es la puerta hacia la revelación. El cuerpo amado se convierte en una geografía donde el hombre puede recuperar aquello que perdió: la unidad con el mundo… Por eso el poema continúa con imágenes donde la mujer amada se confunde con la ciudad, la naturaleza y el universo: “eres una ciudad que el mar asedia, / una muralla que la luz divide / en dos mitades de color durazno”. La amada deja de ser solamente una persona y se transforma en una totalidad simbólica. Es ciudad porque contiene historia; es muralla porque guarda un misterio; es luz porque revela. El amor no consiste simplemente en poseer al otro, sino en descubrir que el otro es una puerta hacia una realidad más amplia.

Octavio Paz.

Desde la perspectiva de la Creación circular, el amor en Piedra de Sol funciona como una fuerza semejante a la naturaleza: destruye las fronteras, une lo separado y devuelve al ser humano a su origen. El amante busca a la amada, pero en realidad busca la totalidad perdida de sí mismo. El otro es el espejo donde la existencia puede reconocerse. La gran revelación del poema es que la Creación no está fuera del hombre; ocurre dentro de él. El poeta descubre que el universo no es solamente algo que existe frente a nosotros, sino algo que continúa naciendo en nuestra conciencia. Así, Piedra de Sol avanza como un evangelio de la unidad: anuncia que todo está conectado por una misma energía creadora. El tiempo, el cuerpo, el amor y la palabra forman parte de un mismo círculo donde principio y fin se encuentran. La poesía no explica ese misterio; lo hace visible. Y en esa revelación reside la grandeza del poema: mostrarnos que vivir no es caminar hacia un final definitivo, sino participar de una Creación interminable donde cada instante puede ser nuevamente el origen del mundo. Octavio Paz convierte el poema en un viaje hacia el centro del Ser, un descenso y un ascenso simultáneos donde la memoria personal se mezcla con la memoria del mundo… En ese sentido, el poema funciona como una búsqueda del instante absoluto, ese momento en que pasado y futuro dejan de oponerse y se funden en un presente permanente. La Creación circular es precisamente esa posibilidad de regresar al origen sin abandonar el presente. No se trata de volver atrás como quien repite una historia ya vivida, sino de regresar transformado, como la semilla que vuelve a la tierra para convertirse nuevamente en árbol… Paz expresa esta idea mediante una de las imágenes más poderosas del poema, cuando dice: “un sauce de cristal, un chopo de agua, / un alto surtidor que el viento arquea”. El movimiento del agua y del viento revela una realidad en permanente transformación. El surtidor se eleva, pero inevitablemente vuelve a caer; sube hacia el cielo y regresa a la tierra. Esa trayectoria circular contiene una profunda metáfora de la existencia: todo ascenso contiene un retorno, todo nacimiento lleva consigo la memoria de la desaparición, y toda desaparición prepara una nueva aparición.

En la visión poética de Paz, La piedra solar del título simboliza precisamente la energía que gira sin agotarse: una luz que nace, muere y vuelve a nacer eternamente. Por eso el poeta insiste en imágenes donde el tiempo parece detenerse y repetirse… Vemos como quí lo precisa: “todos los días son este día, / todos los siglos son este instante”. Esta afirmación rompe con la concepción tradicional del tiempo como una sucesión de momentos separados. Para la conciencia poética, cada instante contiene todos los instantes anteriores y todos los posibles. El presente se convierte en una puerta hacia la totalidad. Aquí aparece una de las grandes coincidencias entre la poesía de Paz y ciertas intuiciones espirituales orientales: la idea de que la iluminación consiste en despertar al presente. Sin embargo, en Piedra de Sol esta revelación no ocurre mediante la negación del mundo, sino mediante una inmersión profunda en él… El poema también plantea una crítica silenciosa a la fragmentación moderna. El hombre contemporáneo vive separado de sí mismo: dividido entre pensamiento y emoción, entre cuerpo y espíritu, entre individuo y comunidad. El acto poético es una reconciliación de los fragmentos dispersos de la existencia… Esta búsqueda aparece cuando Paz expresa: “voy entre galerías de sonidos, / fluyo entre presencias resonantes”. Las “galerías” sugieren un espacio interior lleno de ecos, como si la conciencia fuera un gran templo donde sobreviven todas las voces del pasado. Así como el cosmos continúa expandiéndose, la conciencia continúa descubriendo nuevas dimensiones de sí misma; pues uno de los aspectos más fascinantes de Piedra de Sol es que la experiencia amorosa nunca permanece limitada a dos seres humanos; siempre abre una dimensión cósmica. La unión de los amantes representa simbólicamente la unión de todas las cosas separadas. Por eso Paz declara: “amar es combatir, si dos se besan / el mundo cambia”… Estos versos contienen una de las declaraciones esenciales del poema: el amor es una fuerza creadora porque transforma la realidad.

La Creación circular no significa entonces una repetición vacía. El círculo de Paz no es una prisión donde todo vuelve idéntico; es una espiral donde cada retorno implica una transformación. Volvemos al origen, pero nunca somos los mismos. Cada regreso contiene una nueva comprensión, una nueva conciencia. De ahí que Piedra de Sol pueda leerse como un evangelio poético: no anuncia una salvación fuera del mundo, sino una redención mediante la plena conciencia de estar vivos. La piedra solar de Paz permanece girando porque representa la propia existencia: una búsqueda constante de unidad en medio de la multiplicidad… En el corazón de este poema, la Creación circular adquiere una dimensión todavía más profunda: el universo no solamente gira alrededor de sí mismo, sino que también gira alrededor de la conciencia humana que intenta comprenderlo. Octavio Paz convierte la experiencia individual en una experiencia cósmica, porque para él cada ser humano contiene una parte del misterio universal. La memoria de un hombre es también la memoria de la humanidad…  Y así, el poema avanza como una exploración de los laberintos interiores, pero esos laberintos terminan revelando que el centro buscado no está en un lugar lejano, sino dentro del propio Ser. Esta intuición aparece en el siguiente verso: “el mundo nace cuando dos se miran”. La mirada adquiere aquí una fuerza creadora. Mirar verdaderamente significa revelar la existencia del otro, reconocerlo como una realidad viva y misteriosa. La mirada amorosa no es pasiva: crea un espacio nuevo donde dos conciencias pueden encontrarse. Esto significa que la identidad no es una fortaleza aislada, sino un puente. Somos porque alguien nos mira, porque alguien nos reconoce, porque entramos en relación con aquello que no somos. La creación es circular porque el yo sale hacia el otro y, al encontrarlo, vuelve transformado hacia sí mismo. Por eso el amor en Piedra de Sol no puede reducirse a una experiencia sentimental. Es una forma de conocimiento. Amar es conocer al otro y, al mismo tiempo, descubrir dimensiones desconocidas de nuestro propio Ser. El amor abre una puerta hacia una realidad más amplia donde las divisiones comienzan a desaparecer. Paz lo expresa mediante imágenes donde la amada se convierte en totalidad, cuando declara: “para que pueda ser he de ser otro, salir de mí, buscarme entre los otros”. Estos versos contienen una de las claves esenciales de la visión paciana. La existencia no se completa mediante la afirmación aislada del yo, sino mediante el encuentro. Ser es también dejar de ser únicamente uno mismo. La paradoja de la identidad consiste en que para encontrarnos debemos salir de nosotros. La Creación circular funciona aquí como una ley espiritual: aquello que entregamos vuelve transformado; aquello que buscamos afuera revela algo que estaba oculto dentro.

Octavio Paz.

El poema establece así una relación profunda entre creación y conciencia. El universo no aparece como una máquina indiferente, sino como una realidad llena de correspondencias. Todo está comunicándose con todo: el cuerpo con la tierra, la palabra con el silencio, el amor con la eternidad, el instante con la totalidad. La poesía descubre esas conexiones invisibles y las convierte en una experiencia sensible. Esta visión alcanza una intensidad especial cuando Paz vincula el cuerpo con los elementos naturales. Por eso encontramos imágenes como: “desnuda eres más bella que la noche”… La desnudez no significa aquí ausencia, sino revelación. Al quitar las máscaras sociales, el ser humano vuelve a una verdad esencial: la existencia en su forma más pura. La noche, símbolo tradicional del misterio, se convierte en una imagen de belleza porque contiene aquello que todavía no ha sido revelado. La amada desnuda representa el regreso al origen, al estado anterior a las separaciones y los nombres.

La verdadera iluminación no consiste en encontrar un lugar desconocido, sino en reconocer la profundidad de lo que siempre estuvo delante de nuestros ojos. El propio movimiento del poema anuncia esta filosofía cuando la voz poética afirma: “un caminar de río que se curva, / avanza, retrocede, da un rodeo / y llega siempre” Este “llegar siempre” contiene toda la metafísica de Piedra de Sol. El río de la existencia no llega a un destino exterior; llega a sí mismo. La rueda del universo nunca vuelve exactamente al mismo punto; porque cada vuelta contiene una nueva conciencia. En este sentido, el amor ocupa un lugar central en el evangelio poético de Paz… Es por eso que el poeta testifica: “el mundo ya es visible por tu cuerpo, / es transparente por tu transparencia”… Y con ello revela una de las grandes intuiciones taocuánticas que podemos encontrar en el poema: que la unidad no se alcanza eliminando las diferencias, sino descubriendo la energía invisible que las une. El hombre y la mujer, la luz y la sombra, el tiempo y la eternidad, no son enemigos; son expresiones complementarias de una misma realidad. Paz comprende que la separación es la gran herida humana, por lo que poema no inventa una realidad nueva, sino que revela la unidad oculta detrás de la apariencia fragmentada. De manera que la palabra poética posee una dimensión casi sagrada. La poesía es una segunda creación después de la creación primera… Se entiende entonces que el poeta no es un simple observador del universo; participa en su nacimiento continuo. Cuando escribe, vuelve a ordenar el caos, vuelve a unir los fragmentos dispersos de la experiencia. Porque la vida no avanza hacia la nada; retorna al misterio del cual surgió. El poema expresa esta conciencia cuando dice: “todo es presencia, todos los siglos son este presente”… Aquí encontramos una de las grandes iluminaciones del texto: la eternidad no está después del tiempo, sino dentro del tiempo. No existe un más allá separado de la existencia cotidiana; lo eterno se revela en la profundidad del instante. Y esta idea transforma también la visión del amor. El amado y la amada dejan de ser dos entidades aisladas y se convierten en una sola realidad compartida. Volvamos a esta parte: “amar es combatir, si dos se besan el mundo cambia”… Este verso contiene una extraordinaria fuerza filosófica. El amor es una rebelión contra la fragmentación. El beso se convierte en un acto creador. Por eso el poema afirma: “los dos se desnudan y se encuentran / en el centro del mundo” Ese centro es el punto donde desaparecen las fronteras artificiales entre el yo y el otro… La poesía de Paz tiene entonces una dimensión iniciática: conduce al lector desde la apariencia hasta la esencia, desde la multiplicidad hasta la unicidad… Y en ese sentido, Piedra de Sol no es únicamente un poema de amor ni una meditación sobre el tiempo; es una cosmogonía poética. Es un intento de explicar la Creación desde la experiencia interior… Es esta la razón por la que el poema regresa al inicio. La circularidad no es un simple recurso formal; es la afirmación de una verdad espiritual: todo vuelve porque todo pertenece a una misma fuente. Y es esa la gran revelación del poema: que el origen nunca se perdió. Estaba oculto dentro del propio viaje. Y que Piedra de Sol es, finalmente, un evangelio de la Creación continua.

En conclusión, volver al origen no significa retroceder; significa llegar por primera vez al lugar que siempre estuvo esperando dentro de nosotros. Y por eso el poema comienza con el movimiento del agua, con ese “caminar de río que se curva, / avanza, retrocede, da un rodeo / y llega siempre”, y en esa imagen está contenida toda la filosofía de Paz: somos ríos que buscan el océano, pero que finalmente descubren que ya llevan el océano dentro… En esta visión, el amor deja de ser solamente un encuentro entre dos seres y se convierte en una fuerza cósmica. Cuando Paz afirma que “si dos se besan, el mundo cambia”, nos entrega una de las claves esenciales de su poética: el amor es una forma de creación… Cada metáfora es una nueva forma de nacimiento. La poesía no copia la creación: continúa su movimiento secreto. Y aquí se encuentra la enseñanza final del evangelio poético de Piedra de Sol: no somos seres arrojados accidentalmente a un universo indiferente, sino expresiones momentáneas de una totalidad que busca reconocerse. Somos memoria y deseo, materia y luz, pasado y futuro reunidos en un instante presente. Y por ello, cuando el poema retorna a su comienzo, no está repitiendo una historia ya contada. Está revelando que la existencia misma es una escritura circular.

Ramón Antonio Jiménez

Poeta

Ramón Antonio Jiménez, natural de Valparaíso, San Francisco de (RD). Creador del ideario estético taocuántico cofundador y director de La Comunidad Literaria Taocuántica.

Ver más