Aunque República Dominicana mantiene el liderazgo turístico del Caribe por volumen de visitantes, expertos y organismos internacionales advierten que la industria enfrenta riesgos derivados de conflictos geopolíticos, crisis económicas y fenómenos naturales.
Esta situación también sucede a nivel regional. La mayoría de los países del Caribe presentan modelos económicos caracterizados por enclaves productivos poco articulados entre sí, déficits externos y una dependencia de actividades como el turismo.
“Este sector que ha sido considerado durante décadas como una vía para el crecimiento económico, pero que mantiene una alta vulnerabilidad frente a cambios en los mercados internacionales”, destacó el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). De hecho, el turismo caribeño siente los estragos de guerras internacionales, fenómenos atmosféricos y cambios en las políticas sociales y económicas de un país.
El experto en turismo Juan Lladó señaló que acontecimientos como las guerras introducen una tensión que repercute negativamente sobre los viajes. Explicó que la decisión de viajar de vacaciones está basada en emociones y percepciones individuales sobre los destinos, “por lo que cualquier fenómeno que implique una menor sensación de seguridad en el destino anfitrión puede provocar que los potenciales viajeros cambien sus planes”.
Asimismo, indicó que la perturbación de los medios de transporte, la inflación, los actos terroristas y otros factores adversos provocan una disminución de las llegadas internacionales y, de manera particular, de los flujos turísticos hacia destinos vacacionales.
La experta en turismo Magaly Toribio afirmó que, aunque el Banco Central ha definido al turismo como un “amortiguador natural” frente al incremento de los precios internacionales del petróleo, es necesario comprender la alta vulnerabilidad de esta industria ante diversos factores externos.
Toribio destacó que el organismo ha resaltado el papel que ha desempeñado el sector para sostener la estabilidad macroeconómica del país durante los últimos años. Sin embargo, advirtió que detrás de las cifras históricas y los discursos optimistas existe una realidad que no debe ignorarse: el turismo es probablemente una de las industrias más sensibles dentro de una economía.
Según explicó, quienes conocen de cerca las complejidades de esta actividad saben que el turismo puede pasar de registrar cifras récord a enfrentar un colapso en cuestión de días. Y no es para menos. De acuerdo con el informe sobre Democracia y Desarrollo 2026, las economías caribeñas continúan enfrentando desafíos estructurales derivados de su limitada diversificación productiva, su alta dependencia de sectores volátiles y su exposición a factores externos.
El crecimiento de la industria turística en el Caribe ha estado ligado al capital extranjero y al aumento de las importaciones, especialmente de alimentos, situación que de acuerdo con el organismo internacional ha limitado los encadenamientos productivos internos y reducido el impacto de esta actividad sobre otros sectores.
Lladó afirmó que la guerra entre Ucrania y Rusia aún no muestra señales de resolución, mientras que Israel y Estados Unidos han emprendido un ataque contra Irán que ya está teniendo repercusiones sobre la economía mundial.
Señaló que no solo la incertidumbre afecta las transacciones internacionales, sino también la inflación y el impacto negativo sobre los medios de transporte, especialmente la aviación comercial. Añadió que la reducción de la actividad económica trae como consecuencia menores ingresos personales disponibles.
Para Lladó, los pronósticos sobre ambos conflictos deben manejarse con cautela debido a la imposibilidad de predecir su evolución. A esto, agregó la incertidumbre generada por las arancelarias del presidente Trump, lo que, a su juicio, mantiene un panorama mundial enrarecido en el corto y posiblemente también en el mediano plazo.
El experto recordó que, antes del conflicto con Irán, se esperaba que el flujo turístico hacia República Dominicana se beneficiara de las calamidades públicas que han afectado a importantes competidores turísticos de la región. Sin embargo, consideró que esa expectativa debe moderarse por el impacto de la guerra.
“Es difícil ser optimista sobre la conservación del crecimiento del flujo turístico hacia nuestro país. Pero mientras no haya derivaciones terroristas en el Caribe no parece haber causa de alarma, aunque sí de preocupación”, concluyó.
¿Cómo es el turismo en la región del Caribe?
República Dominicana se mantuvo en 2025 como el principal destino turístico del Caribe por volumen, al recibir 8.86 millones de extranjeros no residentes, un incremento de 3.8 % respecto al año anterior, equivalente a 324,966 turistas adicionales.
Sin embargo, pese a liderar en cantidad de visitantes, el país registró uno de los crecimientos porcentuales más bajos de la región, solo por encima de Anguila e Islas Caimán. Los mayores avances correspondieron a San Martín (80.9 %), Guyana (22.1 %) y Dominica (17.5 %), mientras que Aruba consolidó el segundo mayor flujo turístico del Caribe con más de 1.5 millones de visitantes y un crecimiento de 6.7 %.
En contraste, varios destinos caribeños experimentaron retrocesos significativos. Cuba registró la mayor caída, con 392,454 turistas menos y una disminución de 17 %, seguida por Jamaica, que perdió 298,942 visitantes (-10.3 %), y Turks & Caicos, con una reducción de 93,560 turistas (-12 %).
También reportaron descensos Bahamas, Granada, Bermudas y Antigua y Barbuda, reflejando un comportamiento desigual del turismo regional, donde algunos mercados mostraron una fuerte recuperación mientras otros continuaron perdiendo atractivo o enfrentando mayores desafíos para captar visitantes.
Entre los factores que pueden alterar la llegada de visitantes, Juan Lladó mencionó las pandemias, las recesiones económicas en Estados Unidos o Europa, los conflictos geopolíticos, las crisis reputacionales, los desastres naturales e incluso incidentes mediáticos de alcance internacional.
Según la Organización de Turismo del Caribe (OTC), Estados Unidos continúa siendo el principal mercado emisor hacia la región, con cerca de 17 millones de visitantes y un crecimiento de 0.5 %, reflejando una demanda estable pero más cautelosa.
“Esta desaceleración relativa sugiere un cambio en los patrones de consumo, donde factores como el costo de los viajes y la incertidumbre económica inciden en las decisiones de los turistas”, detalló el organismo internacional.
El sector turístico enfrentará este año:
- Elevados costos de viaje.
- Persistencia de riesgos geopolíticos.
- Demanda más selectiva, con mayor énfasis en la relación calidad-precio.
- Mejora económica y reducción de los precios del petróleo como factores que podrían favorecer al sector.
- La incertidumbre global sigue condicionando los viajes.
América Latina y el Caribe se mostraron resilientes con crecimientos del 18 % en Centroamérica, 2 % en Norteamérica, 0.2 % en el Caribe y una caída del 0.8 % en Sudamérica, según el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC).
Asimismo, el sector servicios representa entre el 55 % y el 78 % del producto interno bruto (PIB) regional y emplea a la mitad de la fuerza laboral, mientras que la economía informal genera sustento para entre el 20 % y el 45 % de los trabajadores.
En ese contexto, el PNUD advirtió que el turismo, que emplea alrededor del 43 % de la fuerza laboral regional, figura entre los sectores más expuestos a transformaciones tecnológicas vinculadas a sistemas de reservas, gestión hotelera y atención a usuarios.
Dependencia económica del turismo y la falta de diversificación
El PNUD sostiene que los Estados caribeños enfrentan el reto de fortalecer sus capacidades institucionales para gestionar esta dependencia estructural.
Entre las medidas recomendadas figuran una mayor coordinación entre sectores productivos, el fortalecimiento de la producción nacional, el desarrollo de estrategias estatales de largo plazo y una inserción internacional que reduzca la vulnerabilidad económica.
De acuerdo con el PNUD, las economías caribeñas enfrentan:
- Estrechez fiscal.
- Elevados niveles de endeudamiento.
- Exposición a desastres naturales.
- Crecientes desafíos en materia de seguridad.
Estos factores, combinados con crisis económicas o climáticas, impactan directamente el desarrollo humano y ponen a prueba la resiliencia democrática de los países de la región.
El informe concluye que, sin políticas urgentes de diversificación económica y adaptación tecnológica, la inteligencia artificial podría profundizar las vulnerabilidades históricas del Caribe y aumentar los desafíos para el desarrollo sostenible y la estabilidad democrática de la región.
Además, Toribio consideró que, aunque el concepto de “amortiguador natural” tiene cierta lógica económica, también puede transmitir una percepción riesgosa al presentar al turismo como una industria rentable en el corto plazo, sin reconocer plenamente su carácter estratégico.
En ese sentido, sostuvo que el sector requiere planificación, inversión técnica y una visión orientada a la sostenibilidad a largo plazo para garantizar su estabilidad y desarrollo futuro.
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