Pedernales, provincia del extremo suroeste de la República Dominicana, en la frontera con Haití, es escenario de la ejecución de un proyecto de desarrollo turístico mediante alianza público-privada que -según ha dicho el Gobierno- será de turismo sostenible.

Son altas las expectativas. Muchos opinantes mediáticos y pueblanos -buena parte desde la ignorancia- corean que será la panacea del sur atrapado en la pobreza; sin embargo, señales ominosas ya han comenzado a multiplicarse como desmentido al paraíso perfecto mercadeado, sin que se sepa de evaluación concurrente en la planificación para enderezar el camino.

Hay evidencias de gentrificación, turistificación, improvisación y exclusión de la participación social del proceso, y ese es el jabón que dañará el sancocho de

del turismo diferente pretendido, si se mantiene el rumbo con anteojeras e ínfulas de poder.

Es peor. Cosificada, la comunidad no percibe la penetración de tales fenómenos.

En el libro Gentrificación. Capitalismo cool, turismo y control del espacio urbano, el sociólogo, investigador y catedrático Jorge Sequera Fernández define la gentrificación como “la expulsión de gentes, prácticas y saberes de un territorio concreto a través de la reinversión de capital público y/o privado y la incorporación de una población con mayor capital económico o cultural”..

Y puntualiza: “Tiene lugar en áreas urbanas populares cuya renovación está íntimamente relacionada con la especulación inmobiliaria, el desplazamiento de la población más humilde y la conversión en zonas de moda frecuentadas por personas con alto capital económico y/cultural”.

Explica que la gentrificación se da en áreas urbanas afectadas por una desinversión previa en infraestructuras (sociales y urbanas) que ha dejado vecindarios lucrativamente atractivos para este proceso de renovación.

Con Neil Smith, sostiene que “cuando los barrios sufren desinversión, baja la renta del suelo que puede extraerse en esa zona y, por ende, descienden los precios de compra y de alquiler de inmuebles… A medida que continúa la desinversión, el abismo que separa la renta del suelo en esta zona de la renta del suelo que podría obtenerse en caso de remodelación, crece hasta el punto de que la reinversión comienza a ser rentable. Todo esto no ocurre por azar, sino bajo la injerencia fundamental de los agentes externos (gobiernos, promotores inmobiliarios, entidades financieras)”.

Extrapolado a Pedernales, la falta de inversión gubernamental en proyectos habitacionales; alcantarillado pluvial y sanitario; recolección, tratamiento y disposición de los desechos sólidos (solo existe un botadero en Las Mercedes, cerca del Cabo Rojo de los hoteles y el puerto), infraestructuras para oficinas públicas, centro cultural, estadios, sitios de entretenimiento, proyectos habitacionales y culturales, implican una desvalorización o abaratamiento de los suelos, viviendas, locales comerciales originales a la par con la imposibilidad de sus propietarios para competir con los dueños del dinero, quienes adquirien los bienes “a precios de vaca muerta” para realizar sus lucrativas inversiones.

En otras palabras, se trata de un ejercicio mediático sistemático tendente a la devaluación de los bienes, construcción del desencanto y arrinconamiento que termina expulsando a los dueños originales para dar paso a forasteros poderosos que reinvierten y hacen lugares inaccesibles para los “hijos de Machepa”.

Pero la población no hace lectura de tal operación. Zombizada, la valida inconscientemente porque le han hecho creer que es beneficiosa.

Porque -como plantea el autor de referencia- la gentrificación, en tanto potente mecanismo económico y político resultado de la gestión capitalista de lo urbano, ha quedado oculta bajo conceptos como la renovación, regeneración o revitalización de la ciudad.

Cita a Tom Slater, cuando plantea que el proyecto neoliberal despliega un lenguaje cuidadosamente seleccionado para defenderse de las críticas y de la resistencia, y que llega a impregnar el propio cientificismo social.

Bajo estas nociones adoptadas en positivo -resalta- se facilita realmente que los gobiernos locales y regionales usen ese proceso en términos de política pública y de inversión, trabajando con el sector privado y con los promotores urbanos para establecer la consolidación de estos procesos segregadores.

Por el estado social de deslumbramiento provocado por marejadas de información mediática descontextualizada, otro fenómeno igualmente pernicioso ya se ha instalado en la provincia: la turistificación, que también genera de gentrificación.

Se trata de “la transformación completa del espacio urbano en un espacio turístico… un proceso multifacético de cambio urbano promovido por agentes locales y transnacionales y estrechamente relacionado con la mejora de la competitividad del turismo y la capacidad de atraer turistas”.

El autor precisa que “la turistificación se definiría como la transformación del turismo de una práctica cultural en una estrategia de política urbana, con el objetivo de (re) crear una nueva ciudad para atraer a los turistas”.

En el presente de Pedernales se registra un agresivo proceso de “airbnbización” (Airbnb o alojamientos por todas partes y en cualquier vivienda) y de todo tipo de negocios orientados al turismo, sin reparar en ordenamiento territorial.

Se ha roto ya con los espacios urbanos y la vida familiar y comunitaria tradicional. La tranquilidad es bien en extinción. El encarecimiento comienza a ser insoportable para los pueblanos. El turismo es todo.

Los inversores locales viven ajenos a que capitales poderosos llegarán y, tal vez, los absorban porque necesitan una ciudad para clases sociales más sofisticadas que generen plusvalía.

Mientras esos fenómenos toman cuerpo, el Gobierno cuece otras habas en el territorio de una provincia con dos parques nacionales, el Jaragua y Sierra de Baoruco, que, junto a otras áreas protegidas, captan el 68% de los 2,075 kilómetros cuadrados de la superficie territorial.

Cabo Rojo ha sido escogido para el desarrollo hotelero y la terminal aeroportuaria y en tierras del paraje Tres Charcos, de Oviedo, la construcción del aeropuerto internacional.

En abierta contradicción, con la “colaboración” del cuerpo de ingenieros del Ejército de Estados Unidos, anda afanado evaluando cantidad y calidad de las tierras raras  (minerales críticos esenciales para las altas tecnologías) en las casi 15,000 hectáreas de la Reserva Fiscal Minera Ávila (Decreto 430 de 2018) en el territorio del Parque Nacional Sierra de Baoruco, su zona de amortiguamiento y todas las comunidades desde Las Mercedes de los yacimientos de bauxita hasta las secciones del distrito municipio José Francisco Peña Gómez (Aguas Negras, Mencía, La Altagracia, Los Arroyos).

Y con la misma velocidad ha sacado de la manga otra baraja al anunciar en febrero de este 2026 que ha acordado con la empresa gringa Launch On Demand Holdings (LOD Holdings) la inversión de US$600,000,000 en construcción de un puerto aeroespacial “comercial”, en el municipio Oviedo, para lanzar cohetes al espacio.

Empresa que luego afirmó que solo tiene disponibles cien millones de los seiscientos anunciados y que el proyecto es inviable, no atractivo para inversionistas, si no se complementa con megaproyectos eléctrico e hídrico.

Mientras el hacha va y viene, a los pedernalenses les van quedando pocas tierras donde vivir y producir alimentos, con la agravante de altos riesgos de contaminación ambiental y falta de titulación por irresponsabilidad del mismo Gobierno que, al ir al paso de la tortuga en ese proceso, implícitamente, ha agitado a las mafias hambrientas compuestas por abogados, agrimensores, empresarios y políticos que se dedican a georreferenciar y superponer títulos falsos a parcelas cuyos dueños fueron asentados desde el primer cuarto del siglo XX.

Es así como, en medio de estos avatares turísticos y la indiferencia de las autoridades, gente que no sabe ubicar el sur ni en los mapas ha comenzado a enviar al pueblo a representantes legales con títulos falsos para negociar a cambio del 30% de los terrenos.

Aparecen nuevos dueños de Pedernales, nuevos conquistadores. Es el presagio de tragedias no muy tardías.

Pedernales va camino al caos. El Gobierno debe cumplir su rol. No quisiéramos pensar que algunos de sus funcionarios son parte del tinglado y por eso el silencio.

La población, también, debe despertar de ese sueño hermoso cuya locación es el paraíso, y aterrizar en la pista de la realidad. Urge que se organice y se mueva.

Se hace tarde, si la apuesta es conservar la identidad, la cultura y la convivencia, con mínima contaminación sónica, visual y desechos sólidos. Sin pedofilia, sin drogas, sin nidos de criminales. Con educación, salud y una mayor esperanza de vida.

Tony Pérez

Periodista

Periodista y locutor, catedrático de comunicación. Fue director y locutor de Radio Mil Informando y de Noticiario Popular.

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