
El nombre de Damián Báez Méndez está estrechamente vinculado a la figura de su hermano Buenaventura, el cinco veces presidente de la República Dominicana, pero también lo está a algunas de las casas donde habitó con su esposa Dolores Lavastida Fernández-Palomares y algunos de sus hijos.
Una de ellas es la situada en la calle Arzobispo Meriño esquina Padre Billini de la Ciudad Colonial, construida en el siglo XVI por Francisco Tostado de la Peña, de quien toma su nombre, y que llegó a la isla en 1502 en compañía del recién nombrado gobernador Nicolás de Ovando; fue reconocido esclavista y propietario de un ingenio de caña de azúcar a orillas del río Nigua, y hoy alberga el Museo de la Familia Dominicana del Siglo XIX.
A principios del siglo XX se convirtió en la residencia de la familia Báez Lavastida, conformada por la pareja y su prole: Pablo, Refugio Buenaventura, Rosa, las mellizas Teresa Altagracia y María, y Damián Báez Lavastida. Por allí también debieron frecuentar sus nietos.

La familia Báez-Lavastida le realizó algunas remodelaciones, colocándole un elevado techo de zinc a dos aguas de evidente influencia holandesa, como las que vieron en su exilio en Curazao. En la planta alta de esta inmensa casa colonial falleció el 16 de febrero de 1937 el contestatario Panguí, Pablo Altagracia Báez Lavastida.
Otra emblemática residencia de los Báez-Lavastida fue la situada en la actual Avenida Independencia esquina Pasteur, donde estuvo ubicado el restaurante Da Ciro, la cual fue heredada por la nieta de los Báez-Lavastida, hija de Pablo Altagracia Báez, alias Panguí, llamada Carmen Irene Báez Hageman (1893-1948), quien casó el 30 de abril de 1914 con Porfirio Herrera (1 de enero de 1881 – 24 de junio de 1974), heredando este la propiedad, ubicada cerca del lugar donde fue emboscado el presidente Ramón Cáceres, allegado a la familia Báez-Lavastida.
Menos conocidas son otras propiedades residenciales que tanto por herencia de los Báez como de los Lavastida tuvo como patrimonio la pareja. Esta carta, enviada por el historiador José Gabriel García —para el momento inquilino de la familia—, señala que las reconocidas «casa de Damián Báez» o «residencia de Damián Báez» fueron tal vez «las casas o residencias de Dolores». Otras cartas de la correspondencia familiar también evidencian cómo es la señora Dolores Lavastida quien se encarga del mobiliario doméstico, desde las porcelanas hasta las hamacas.
Santo Domingo, octubre 20 de 1885
Sra. Doña. Dolores Lavastida de Báez Ciudad.
Mi estimada doña Dolores:
Esta mañana me dijo Panguí, a nombre de usted, que del mes que viene en adelante, si me convenía, pagaría por el alquiler de las casas treinta pesos; a razón que le expuse, me contestó que volvería y, como tal vez no le fue posible, la molesto con estas líneas porque mi situación, la del país y la del estado de la casa particularmente me obligan a buscar una pronta solución.
Yo no puedo pagarle más alquiler del que le pago, pues para mí es 25 pesos porque adeudo una suma que tomé a interés y estoy pagando a dos casas de comercio de esta plaza por mercancías compradas a cuatro y seis meses de plazo, porque el estado del país hace más de un año que no me permite pagar a tiempo. Y el estado de la casa es tal que, no obstante el solícito cuidado que tengo con ella, anoche tuve que pasar por la vergüenza de tener que ir a dormir donde el padre de Julita, porque no hay absolutamente un lugar donde permanecer ni de pie cuando llueve. No tiene techo; ya esta noche estoy amenazado de pasar de nuevo por lo mismo, y usted comprende que esto es lo más triste que pueda pasarle a un hombre que se respete algo… Así pues, le agradeceré mucho que, si usted no puede dejármela por el alquiler que vengo pagándole desde que la habito, me lo diga mañana para ocuparme de desalojar; y de lo contrario, para proceder inmediatamente a hacerla componer de mi cuenta, como estoy acostumbrado desde que usted me dispensó el favor de alquilármela.
Queda siempre a su disposición su afectísimo, que besa su mano,
José Gabriel García Monte Bruno

Esta carta refleja también las vicisitudes económicas de los intelectuales en momentos de crisis e inestabilidad política. En este caso, José Gabriel García, considerado el padre de la historia dominicana, expresa cómo la situación económica que atraviesa en esos momentos el país lo expone a situaciones de limitaciones económicas, vergüenzas e inquietud. La casa a la que se hace referencia podría haber sido la ubicada en la calle Las Mercedes n.º 39, donde nació en 1883 su hijo, el abogado Bienvenido García Gautier.

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