En la actualidad, la sociedad y el gobierno reconocen la alta prevalencia de los trastornos mentales. De igual manera, de forma gradual, se admite la carga de sufrimiento emocional y económico para quienes los padecen, y por extensión, para sus familiares. De lo que habitualmente ni uno ni otro tiene conciencia es de las trabas, el prejuicio y el rechazo que imponen a quien tiene afectada su salud mental.

Quien está aquejado de una condición mental debe gestionar su cotidianidad con otras personas o entidades públicas y privadas. En esa interacción diaria se encuentran comúnmente con obstáculos y dificultades sociales. Estos son invisibles; sin embargo, impiden la participación equitativa de las personas en la sociedad, al limitar su acceso a oportunidades y al bloquear sus derechos ciudadanos. A ese comportamiento de exclusión y discriminación, el cual ha jugado un papel en nuestra evolución como especie y que continúa presente en todas las culturas (1), se denomina estigma.

Dicho en otras palabras, el estigma es el desprecio, el menosprecio o trato diferenciado hacia un sujeto por su condición de salud mental. Este proceso, que siempre devalúa a la persona, implica etiquetar, estereotipar y segregar, lo que genera barreras sociales y consecuencias negativas, como aislamiento, baja autoestima y dificultades para buscar ayuda.

Si nos acogemos a las siete definiciones de estigma del Diccionario de la Real Academia Española, ninguna reconoce el estigma asociado a características personales o psicológicas. Ninguna hace alusión al estigma asociado a género, edad, color de la piel, discapacidad intelectual, deambulante sin hogar, persona con trastorno mental, entre otros. Sin embargo, estas condiciones, socialmente construidas, dañan la percepción y el trato hacia las personas que viven dentro de esas situaciones. Esto les dificulta su vida y los lleva a convivir con la exclusión social.

Antes de existir la palabra estigma, ya en las antiguas civilizaciones de Mesopotamia y Egipto se marcaba a fuego a los esclavos como signo de propiedad o castigo. Al parecer, el término stigma tiene un origen griego, y se utilizaba para describir las marcas impresas a fuego en la piel de las personas esclavas, delincuentes o vinculadas a otras condiciones sociales, con el doble fin de identificarlas como propiedad y excluirlas de la sociedad.

En la antigua Roma se mantuvo el mismo significado y se amplió, al asumir el plural stigmata para referirse a las marcas en manos y pies que sufrió Jesús en la Crucifixión. Eran signos evidentes de humillación y dolor. Se empleó para identificar a cristianos que se autolesionaban como muestra de fe. En tal sentido, planteaban un acto denigrante y de exclusión social. Durante la Inquisición, se usó este último término para señalar partes de la piel que supuestamente servían para identificar indicios de posesión demoníaca y así poder detectar brujas.

Como bien lo planteó Erving Goffman (2), cuando dijo que el estigma era "un atributo profundamente devaluador, el cual degrada y rebaja a la persona portadora del mismo", la marca infligida en la antigüedad no era solo una marca física, sino, como señala Manuel Muñoz López (3), "un proceso social y psicológico que puede tener profundas consecuencias para las personas estigmatizadas y la sociedad que estigmatiza".

Se describen cuatro tipos principales de estigma (4). El estructural, el público, el autoestigma y el estigma por asociación. El estigma estructural se refiere a las reglas, leyes, políticas y prácticas institucionales en las que incurren gobiernos, empresas o sistemas de salud, que limitan injustamente las oportunidades y perpetúan la discriminación contra ciertos grupos, como personas con enfermedades mentales, entre otros. Es una de las más dañinas, ya que proviene de la estructura social, impidiendo la participación plena en la sociedad. El estigma público es el conjunto de actitudes, creencias negativas, estereotipos y prejuicios que la sociedad en general mantiene hacia un grupo. Puede surgir del miedo o la ignorancia y afecta a personas por su salud mental, aspecto o condición. El autoestigma es la interiorización de estereotipos negativos y prejuicios sociales por parte de personas con problemas de salud mental o condiciones estigmatizadas, llevándolas a aceptarlos como verdaderos y aplicarlos a sí mismas. El estigma por asociación es la devaluación, discriminación o prejuicio que sufren familiares, amigos o allegados de personas con enfermedades mentales o condiciones estigmatizadas; describe de igual modo el sentimiento de vergüenza que poseen miembros de una familia que tienen parientes diagnosticados con enfermedades mentales, reflejando su sentimiento de vergüenza pública por tener estos lazos familiares.

Como se puede inferir, existen problemas que afectan a las definiciones y tipos de estigma. Esta falta de claridad conceptual tiende a producir confusión y solapamiento. Un ejemplo de esto es el estigma interseccional, es decir, cuando una misma persona puede ser etiquetada desde distintas condiciones. Cuando esto ocurre, esa superposición de diferentes estigmas coloca a la persona afectada en una posición de vulnerabilidad y exclusión extrema.

De los tipos de estigmas descritos, el estructural ha sido el mayor y mejor estudiado. Disciplinas como la sociología, las ciencias políticas, el derecho, las ciencias culturales o la antropología han propuesto modelos explicativos y estrategias de intervención para disminuirlo o eliminarlo. De este modo, la antropología considera este como un proceso dinámico sustentado en las normas socioculturales de cada grupo o comunidad, por lo que el estigma podría variar de un grupo a otro y de una cultura a otra (5). Esta visión concuerda con las propuestas psicológicas en la idea de que las construcciones sociales son las que determinan qué características personales se estigmatizan en cada grupo social o comunidad.

El estigma se encuentra presente en todos los grupos sociales, salvo contadas excepciones, que van desde la escuela, la universidad, los partidos políticos, los sindicatos, la junta de vecinos, los amigos y la familia. Todos absorben e integran en su funcionamiento psicológico los elementos sociales, por lo que estas personas internalizan el estigma relacionado con la salud mental presente en la sociedad y, cuando se vinculan, aplican los mismos elementos estigmatizantes. Esto abona el terreno para que el estigma sea internalizado y se cierre el círculo con el estigma por asociación y con ello el de la exclusión, que aísla más a la persona, daña su autoestima, deteriora su calidad de vida, empeora su situación clínica y sus esperanzas de recuperación.

Para comprender este modelo integrador de los tipos de estigmas, vamos a presentar un caso que tenemos documentado. Se trata del testimonio de la hija de una paciente nuestra, que intenta contratar a una doméstica para apoyo en la limpieza del hogar, donde vive con su madre enferma y una hija universitaria.

"Un día le pregunté a un muchacho muy bueno, solidario y trabajador, que hace aquí las cosas pesadas, si conocía a una muchacha que pudiera ayudarnos en la casa, asistirnos con mami si yo tuviera que salir; me dijo que su pareja podía ser la persona indicada."

"Por su recomendación, contraté a la muchacha. Ella tiene 20 días trabajando con nosotros; a los pocos días notamos sus cambios de temperamento, de pronto está alegre, a veces uno le habla y no responde."

"Ayer ella se puso a hablar desde la cocina; yo estoy en el comedor. El día anterior la instruí sobre algo y ella se incomodó, y hoy se puso a refunfuñar. Yo le dije que ella debe ser respetuosa y tratarme porque yo puedo ser como su mamá; ahí detonó y me dijo que por eso era que ella no se llevaba conmigo, porque así como yo soy, es su mamá. Llamé a su pareja y hablamos los tres; dijo que fue ingresada por la mamá en el antiguo 28 cuando ella era muy joven, y que tiene muy malas experiencias de ese ingreso. Que luego se fue a vivir con la mamá a una isla del Caribe y que allá hizo una crisis que tuvieron que traerla. Que se puso tan mala que salió desnuda a la calle. Yo creo que ella es bipolar. Ella dice que por su casa la llamaban loca."

"Ella tiene tres hijas de dos parejas diferentes, terminó el bachillerato y habla inglés; veo que su pareja actual la quiere ayudar. Es buen muchacho; pronto viajará a los Estados Unidos porque su madre lo pidió."

"Dijo que le indicaron unas pastillas, pero que ella no se las toma porque le dan mucho sueño y ella tiene que trabajar. Discúlpeme, doctor; quisiera su ayuda porque me da pena, pero tengo preocupación y temor. Me da pena con ella porque se ve que es una persona muy vulnerable, pero es una muchacha que tiene problemas mentales. Estoy clara en que debo tener cuidado para salir de ella; puedo decirle que es por un tema económico o porque viene alguien para acá, pero debo hacerlo. Necesito su orientación: ella tiene un problema de salud mental y no se toma la medicación. Por eso creo que no es la indicada para estar aquí."

"Ella me comentó que fue abusada por el esposo de la mamá cuando vivían fuera del país. Dice que su mamá, aunque la ha ayudado, le habla del maligno, le dice loca y la ha maltratado."

"Definitivamente, quiero esperar a que termine el mes y salir de ella. Veo sus cambios bruscos, y ya estoy un poco temerosa porque paso mucho tiempo a solas con mami, y el fondo de ella todavía no lo conocemos. Me da mucha pena, muchísima pena, pero tengo muchos sentimientos encontrados; ella es una infeliz y quisiera ayudarla, pero pienso en nuestra seguridad." (6)

Colofón

El estigma, como fuente esencial de la discriminación, se expresa en el testimonio anterior, tanto en la manera en que las políticas públicas —ya sean leyes, políticas de salud o de protección, entre otras— no logran cumplir con su misión de garantizar los derechos y oportunidades de las personas, como en el hecho de que, al estar en posiciones de poder, terminan convirtiéndose en parte de la discriminación estructural.

De igual manera, observamos cómo la población general percibe y actúa frente a las personas con afecciones de salud mental, adoptando estereotipos, miedos y prejuicios, y a menudo considerándolas peligrosas o incompetentes, lo que conduce a la discriminación.

El estigma estructural y el estigma público actúan como barreras interconectadas que devalúan y discriminan a las personas con una condición mental; frenan su recuperación, provocan autoestigma y perpetúan el ciclo de exclusión social.

Bibliografía

  1. Tornicroft, G. (2006). Shunned: Discrimination against people with mental illness. Oxford University Press.
  2. Goffman, E. (1963). Estigma: la identidad deteriorada. Prentice-Hall.
  3. Muñoz López, M. (2025). Estigma y salud mental. Ediciones Pirámide.
  4. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(22)01470-2
  5. Fernández, D. Tesis doctoral. Universidad de Concepción, Chile.
  6. Testimonio ofrecido con consentimiento informado.

Angel Almánzar

Trabaja Salud Mental

Trabaja Salud Mental. Pasado presidente de la Sociedad de Psiquiatría y pasado director de Salud Mental.

Ver más