Recientemente, según reportes de prensa y redes sociales, el Ministro de Cultura de la República Dominicana, Roberto Ángel Salcedo, dio unas desacertadas declaraciones públicas sobre el gagá y su relación con la cultura del pueblo dominicano. Sus pronunciamientos, contradictorios y discriminatorios, provocaron una oleada de condena y rechazo por parte de sectores dominicanos afectados negativamente por lo estipulado por el ministro Salcedo.
Escuchar al ministro Salcedo hablar sobre el gagá como expresión cultural da la impresión de que él asume estar tomando determinaciones sobre su programa televisivo Más Roberto, o que se encuentra trazando directrices para un set cinematográfico dentro de una de sus múltiples películas. Sin embargo, la imagen que proyecta el ministro al estipular improntas de rechazo sobre el gagá es que no entiende, o se hace no entender, que su función es hablar en nombre de todo el pueblo dominicano y todas sus manifestaciones culturales, no erigirse en paladín exclusivo de quienes piensan y actúan como él. Sus pronunciamientos lo implantan más cual si fuera vocero de sectores que son vanguardia del antihaitianismo, en vez de funcionario público a cargo de un ministerio guardián de la riquísima hibridación cultural de la República Dominicana.
Basta con revisar atentamente las recientes declaraciones del ministro Salcedo sobre el gagá para uno darse cuenta de que sus desacertados argumentos adolecen de crónicas falacias y contradicciones. Las siguientes son, según reportes de prensa, algunas de las declaraciones del ministro Salcedo que requieren intervención inmediata de sus superiores para evitar mayor propagación del atolladero conceptual sobre política cultural y misión del Ministerio de Cultura del país:
“Con relación al Gagá, no está dentro de la agenda del Ministerio de Cultura estimular eso. Si nosotros tenemos un ritmo como el merengue, que está reconocido ante la UNESCO como Patrimonio Inmaterial de la humanidad, vamos a trabajar eso. Si tenemos la bachata en las mismas condiciones, trabajemos eso; los valores esenciales de la cultura Dominicana.
Si tenemos una certificación con otros países sobre el casabe, bueno pues estimulemos eso; lo que se ha desarrollado dentro de la dominicanidad y lo que dentro de la inmensa mayoría del pueblo dominicano se le acredita un valor cultural dominicano.
Entonces, la mirada que nosotros tenemos siempre es una mirada de respeto a las manifestaciones. Ahora, nosotros priorizamos y colocamos en el centro de las políticas públicas, lo que esencialmente es de la República Dominicana y, hasta que nadie me lo pruebe al 100%, lo del gagá no se corresponde con la realidad de la cultura Dominicana. Que pueda tener una vinculación, que puedan venir los […] historiadores a hablarme, pero hay una discusión abierta y permanente en relación a ese tema.
Como nosotros no nos vamos a involucrar en eso, nada que tenga que ver con él gagá es prioridad en los actuales momentos en el Ministerio de Cultura de la República Dominicana” (negritas mías).
En visita reciente que el ministro Salcedo hiciera a la ciudad de New York se produjo el siguiente intercambio entre él y el culturólogo y activista comunitario Roberto Castillo sobre el mismo tema del gagá:
“R. Castillo: Me gustaría saber si dentro del elemento folclórico [del festival de cultura dominicana en NY] usted permitirá que se manifieste el Gagá como parte de la cultura nacional, ya que usted dio recientemente una declaración diciendo que el Gagá no formaba parte de nuestra cultura, algo que nosotros, los trabajadores de la cultura [en NY] consideramos completamente incorrecto.
Entonces nos gustaría saber si dentro de esa democratización a lo que usted hace referencia con relación a la feria, se va a permitir la expresión del Gaga y de todas las manifestaciones negras que realmente existen dentro de nuestra cultura.
Ministro: Nosotros vamos a priorizar y lo que hemos establecido, sin ánimos de confrontar, es un tema de prioridad. Y como lo que usted ha manifestado con lo del Gaga hay división en la sociedad dominicana y hay división en la diáspora.
Por consiguiente, nosotros vamos a priorizar lo que genera consenso, vamos a priorizar, respetando siempre las manifestaciones. Nosotros somos respetuosos de la manifestación, lo único es que vamos a priorizar donde hay consenso. Si no hay consenso y se quiebra la difusión y la conversación, pues nosotros no vamos a invertir o perder tiempo en eso logramos parte de la cultura popular.
Finalmente, nosotros lo que queremos es la mayor de las armonías con la comunidad dominicana en Nueva York y vamos a priorizar lo que la inmensa mayoría de la comunidad ha establecido como desarrollo y elemento fundamental de la dominicanidad.
Y en ese sentido, lo que no se discute en la dominicanidad será de prioridad para el Ministerio de Cultura en la realización de este festival. Es todo lo que tengo que decir” (negritas mías).
Ambas citas demuestran que el Ministro de Cultura, Roberto Ángel Salcedo, desconoce la misión del ministerio que dirige y que su función como ministro no es la de formular políticas culturales individuales, sino aplicar las políticas culturales definidas por el Estado dominicano. Tampoco parece entender el ministro Salcedo que en ese proceso de definición de políticas culturales la participación de todos los grupos poblaciones del país debe tener un papel protagónico. Las políticas culturales de Estado no deben ser expresión exclusiva de aquello a lo que la “inmensa mayoría del pueblo dominicano […] le acredita un valor cultural dominicano”, como pretende erróneamente dictaminar el ministro Salcedo. El Estado es propiedad de todo el pueblo dominicano y como tal no puede discriminar contra ninguna expresión cultural del pueblo, por más minoritaria que esta sea.
El discurso antigagá del ministro Salcedo se descarrila hacia el precipicio conceptual cuando se empeña en impregnarle certeza a su yerro de que el supuesto “consenso” que él pregona le genera validez a “los valores esenciales de la cultura Dominicana”. El yerro conceptual del ministro Salcedo es un amasijo de falacias porque quiere apelar a un “consenso” no surgido de un plebiscito o consulta pública científica que establezca preferencias sobre políticas culturales del Estado dominicano. Hasta donde sé, el Ministerio de Cultura no ha implementado ningún proceso de consulta poblacional para determinar los múltiples pareceres sobre “los valores esenciales de la cultura Dominicana”. Ese proceso de consulta no se ha desarrollado en el país ni en las comunidades dominicanas en el exterior.
Por eso es pura falacia argüir que “nosotros vamos a priorizar lo que genera consenso”, al mismo tiempo que se utilizan los recursos del pueblo dominicano para discriminar y censurar expresiones culturales como el gagá. Esa malsana práctica discriminatoria pretende borrar del mapa sociocultural dominicano la incontrovertida realidad histórica de que nuestra nación cuenta con una población domínico-haitiana no menos importante y dominicana que la domínico-sirio/libanesa, domínico-japonesa, domínico-china, etc. Para que las políticas culturales de Estado puedan ser verdadera expresión de nuestra dominicanidad, deben contener en su alcance sociocultural y administrativo los aportes culturales propios de esos sectores poblacionales del país.
El ministro Salcedo luce no entender que su función ministerial le exige mucho más que estipular que “la mirada que nosotros tenemos siempre es una mirada de respeto a las manifestaciones”. Su discriminación contra el gagá convierte ese sofisma suyo en falaz y contradictorio, sobre todo cuando él mismo afirma que “nada que tenga que ver con él gagá es prioridad en los actuales momentos en el Ministerio de Cultura de la República Dominicana”. Como el Ministerio de Cultura no es su programa Más Roberto, sus funciones ministeriales no las debe ejerce como dueño de nuestro Ministerio de Cultura, sino como empleado del pueblo a cargo de implementar políticas culturales del Estado dominicano para servicio de la colectividad.
Los pronunciamientos y posturas del ministro Salcedo contra el gagá lo ponen en directa contradicción con la visión y misión oficial del Ministerio de Cultura, las cuales pueden leerse en el portal de la misma institución que él dirige:
“Formular, aplicar y regir las políticas públicas en materia cultural, de forma participativa, inclusiva y diversa, salvaguardando el patrimonio cultural y las manifestaciones creativas, a fin de preservar la identidad nacional, garantizando los derechos culturales del pueblo dominicano para contribuir al desarrollo sostenible de la nación” (negritas mías). Ver: https://cultura.gob.do/sobre-nosotros/quienes-somos/.
“El Ministerio de Cultura es la instancia de nivel superior, encargada de coordinar el Sistema Nacional de Cultura de la República Dominicana, y responsable de la ejecución y puesta en marcha de las políticas, planes, programas y proyectos de desarrollo cultural.
MISIÓN
Integrar a los múltiples actores del proceso cultural en la construcción de un Sistema Nacional de Cultura, para desarrollar las distintas manifestaciones que crean y recrean la identidad cultural de la nación dominicana.
VISIÓN
Construir, en la nación dominicana, una ciudadanía cultural, democrática y diversa, que brinde oportunidades al desarrollo creativo e intelectual, fundamentado en los derechos culturales.
VALORES INSTITUCIONALES
Transparencia. Eficiencia en el servicio al ciudadano. Austeridad. Trabajo en equipo. Inclusión. Descentralización. Participación. Respeto a las minorías y a la disidencia” (negritas mías). Ver: https://datos.gob.do/organization/about/ministerio-de-cultura-de-la-republica-dominicana.
Dadas las estipulaciones que definen al Ministerio de Cultura y sus funciones, es obvio que el señor Roberto Ángel Salcedo no reúne las condiciones para ejercer el cargo de director de un ministerio del cual ignora hasta su visión y misión básica como entidad estatal dominicana. La delicadeza e importancia de un ministerio de cultura requieren que, por lo menos, sus funcionarios principales posean más que las cualidades de los amarres políticos partidarios del gobierno de turno en el poder. La administración de la cultural es tan delicada como la administración de la educación y en ambos renglones, con raras excepciones, la República Dominicana ha tenido clavada en su pecho una especie de maldición política e institucional. Desde ministros y funcionarios que confunden agenda cultural con política cultural, hasta prácticas discriminatorias contra las expresiones culturales de algunos grupos poblacionales dominicanos, el Ministerio de Cultura y el Ministerio de Educación rara vez han cumplido su cometido como lo merece la nación.
El Ministro de Cultura, Roberto Ángel Salcedo, aparenta estar tan desconectado de sus funciones dentro de ese ministerio que hasta echa al zafacón la historiografía nacional que le podría servir para edificar mejor su conocimiento sobre el gagá y su pertenencia a nuestra herencia cultural dominicana. En su garrafal yerro conceptual, el ministro Salcedo se estrella trágicamente contra la labor de estudiosos, expertos e historiadores de nuestra tradición cultural y queda muy mal parado ante la labor intelectual y de campo de profesionales de la materia como Carlos Andújar, Dagoberto Tejeda, Luis Días (El Terror), Soraya Aracena, Edis Sánchez, Nina Paulino, Roldán Mármol, Tony Vicioso, Geo Ripley, Pedro Raposo, María Terrero, Iván Domínguez, José Duluc, Martha Ellen Davis, José Guerrero, Genaro Ozuna, Xiomara Fortuna, Juan Rodríguez, José Figueroa, Kaila Paulino y muchos otros.
En el caso de Carlos Andujar, director de museos de la República Dominicana, el ministro Salcedo parece ni siquiera haberse molestado en revisar las posturas públicas y los libros sobre cultura popular publicados por este intelectual dominicano. Lo mismo puede decirse con relación a la posible ignorancia del ministro concerniente a los aportes de Dagoberto Tejeda sobre el tema en cuestión. En vez de funcionario público al servicio de todo el pueblo dominicano, el ministro Salcedo persiste en ser vocero del antihaitianismo profesado por la Antigua Orden y el vinchismo de aquellos que aún hoy le siguen negando dominicanidad a José Francisco Peña Gómez y a cualquier segmento poblacional de ascendencia haitiana.
Las posturas sobre el gagá del Ministro de Cultura, Roberto Ángel Salcedo, pertenecen a una tradición antihaitiana cuyo credo surgió con la empresa colonial española que, valiéndose del poderío espiritual de la iglesia católica, se empeñó en aplastar las expresiones socioculturales de la población nativa y africana que sometieron a la esclavitud. Destriparon al sujeto negro de su humanidad y con ello insistieron en implantar los valores del amo en sustitución de las manifestaciones culturales de nuestra negritud.
La complicidad de la iglesia católica en ese genocidio cultural está muy bien documentada y los recientes artículos de Edwin Espinal, historiado dominicano de Santiago de los Caballeros, dejan claras las posturas discriminatorias y racistas dentro de las estructuras de la iglesia católica abanderada de la supuesta “limpieza de sangre” requerida para poder servir dentro de dicha institución religiosa. Esa complicidad de la iglesia católica y otros sectores religiosos sigue viva aun en nuestros días cuando se trata de valorar la importancia de nuestra africanía, sobre todo si esa africanía nos llega a través del pueblo haitiano y su intrínseca relación con nuestra identidad cultural.
Es esa cantata racista y discriminatoria la que persiste en demandar la supuesta “limpieza de sangre” al gagá y a toda expresión cultural dominicana que nos haya sido legada como parte de nuestra herencia haitiana. La trompeta ideológica de quienes así piensan y actúan afina su melodía cosmogónica insistiendo en que el pueblo dominicano y haitiano son “complemente diferentes” en su construcción sociocultural. Esos mismos profetas de la supuesta “limpieza de sangre” también pregonan que líneas radicales de separación sobre la religiosidad de ambos pueblos.
Claro, para persistir en guayar su yuca ideológica contra la evidencia histórica forjada al fragor de las relaciones sociopolíticas de Haití y la República Dominicana, esos jinetes del Apocalipsis necesitan promover la ignorancia sobre la cosmogonía compartida entre ambos pueblos sobre su herencia Congo. Esa vociferación de la ignorancia ha permitido que gente como el ministro Salcedo desconozcan el papel fundamental jugado por el catolicismo como precursor de la revolución haitiana y la forja de los cimientos del vudú en Haití. El marianismo, en tanto que movimiento religioso católico, fue un pilar decisivo en la compactación socio-religiosa durante los inicios de la revolución haitiana y un personaje llamado Ramán Rivera (Romaine Riviere -La Profeta) sirvió, en 1791, de líder indiscutible a ese movimiento marianista que le arrebató el control de las ciudades de Léogâne y Jacmel a las autoridades francesas en Haití. Así lo ha establecido muy certeramente el profesor estadounidense Terry Rey, quien además estipula:
“Romaine-la-Prophétesse estuvo vinculado práctica-mente desde su nacimiento a la forma más antigua de devoción católica en América, el marianismo ibérico, y en particular al culto a la Altagracia en el mismo lugar donde comenzó la evangelización católica del Nuevo Mundo, la Capitanía General de Santo Domingo” (p. 48-49).
Terry Rey, en su pionero libro The Priest and the Prophetess: Abbé Ouvière, Romaine Rivière, and the Revolutionary Atlantic World (2017), ha hecho un aporte fundamental a la documentación de la estrecha conexión sociocultural existente entre la República Dominicana y Haití. Bien harían quienes pregonan importarles la herencia cultural dominicana leyéndose ese magnífico libro. De igual modo, haría una grandiosa contribución cualquier institución estatal o privada dominicana que auspicie la traducción de este libro al español y organice una visita y conferencia en nuestro país del profesor Terry Rey.
Contrario a la postura personalista del ministro Salcedo, quien dice evadir las diferencias y debates sobre asuntos culturales, creo que promover la discusión masiva sobre este libro y su contenido contribuiría a desatar los nudos de la ignorancia y las mentiras racistas y discriminatorias sostenidas por sectores de poder empeñados en aplastar la disidencia en nuestro país.
¡Lo dominicano no muere en lo disidente, sino que se revitaliza y crece hacia nuevas fronteras de expresiones culturales! La hibridación cultural dominicana no es un defecto, sino una virtud de la cual debe estar orgullosa toda nuestra población. ¡Por tal motivo, el supuesto “consenso” profesado por el ministro Salcedo no puede convertirse en paredón de la disidencia cultural porque no sólo la historia oficial nos representa como dominicanidad!
Dió-genes Abréu
Mayo de 2026
New York
Noticias relacionadas
Compartir esta nota
