River es, dentro de Argentina, la principal plataforma de producción de futbolistas de alto nivel e histórico mayor formador de jugadores de la selección albiceleste. Para intentar entender por qué es así, y cómo funciona esa maquinaria, conversamos con algunos de los principales artífices de ese éxito. El proceso comienza identificando a chicos que tienen especial potencial. Aunque muchos surgen de las divisiones infantiles del propio club, River tiene un grupo de captadores que recorre todo el país para descubrir talento.
"Lo más difícil de encontrar, aunque te parezca raro, es la inteligencia", dice Luis Pereyra, coordinador de captación de la zona norte del país de River. "La inteligencia de poder resolver con una pelota en espacios reducidos, porque cuando venís acá tenés que resolver, porque vos venís del interior de jugar en ligas muy distintas, carentes de preparación y tenés el talento innato, y después tenés que venir a desarrollarlo acá con chicos que entrenan cuatro veces por semana".
Hace 28 años que Pereyra trabaja en captación. Antes de llegar a River fue profesor en una escuelita de fútbol de su barrio. En ese trabajo apareció la curiosidad, el interés, que luego lo llevaría a ser captador: "Sábado a sábado tratar de mirar a los contrarios, pues me agarró esa pasión no solo de ver cómo jugábamos nosotros, sino qué tenía el contrario, para yo saber de qué manera el día de mañana le podía ganar".
Ya en River, los domingos, cuando los infantiles con los que trabajaba no tenían partido, recorría el Conurbano, la periferia que rodea a la Ciudad de Buenos Aires, en busca de cracks, visitando muchos barrios de clases populares, sus canchas improvisadas entre los caseríos o a la vera de las autopistas, sus pequeños clubes zonales. "Y eso nos empezó a dar una cantera muy importante de chiquitos, porque River empezó a desarrollar como un hobby en su momento lo que hoy se transformó en un departamento de captación".
Pero con el tiempo se dieron cuenta de que con el Conurbano no alcanzaba, "porque en el Conurbano hoy tenés 30 clubes, como Boca, Independiente, Racing, San Lorenzo, todos caminan; entonces, quedan 10 jugadores para 30 clubes". Decidieron, entonces, empezar a recorrer el país: "El interior hoy es una fuente muy grande de futbolistas, que disputás con cinco o seis clubes grandes, Newell’s, Rosario Central, Atlético de Tucumán, Colón, Unión, Talleres de Córdoba, Belgrano".
Probar a 100.000 chicos para quedarse con 10

El trabajo tiene mucho de buscar pepitas de oro en un enorme río: "Nosotros vamos a 80 torneos por año, realizamos casi 300 pruebas anuales; llegamos a probar 100.000 chicos por año, entre todos los que trabajamos acá, porque acá trabajan 28 personas en captación, 100.000 chicos por año, a veces más, para poder fichar 10 pibes en este club".
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A pesar de la competencia con otros clubes importantes, River tiene un especial atractivo para los jugadores y sus familias, explica Pereyra: "No solamente esta camiseta, también el estudio, una obra social (cobertura de salud), un alimento, cosas que son carentes donde ellos viven". De los 500 chicos de inferiores, 120 estudian en la escuela de River, que está abierta al público y tiene en total unos 1.200 alumnos desde el nivel inicial hasta secundario y universitario. Los jugadores de inferiores cursan un programa especial para futbolistas. "Después, en el mundo, el fútbol de River es buscado por esa calidad, no solo futbolística, intelectual", dice el captador.
Además, 80 jugadores de inferiores viven en la pensión del club, que es un esquema –el de alojar a algunos chicos, especialmente los venidos del interior– que se repite en otros grandes clubes del país. "Hoy el fútbol infantil pasó a ser, a veces, una solución individual para aquella familia que no tiene la posibilidad de sostener a este chico", explica Pereyra. "Hoy River le da esta posibilidad textual de que un chico pueda cambiar su vida y la de su familia a través de una pelota de fútbol".
Pero lanza una advertencia a las familias de niños que ven que sus hijos tienen potencial. "A todos yo les digo lo mismo: traten de no querer salvarse con el chico, porque la única manera que ustedes se puedan salvar es si se salva el chico primero: preocúpense porque tenga una cama buena, una frazada, que pueda comer todos los días. Y no lo llenen de ansiedades, porque las ansiedades las va a tener que tener él cuando se ponga una camiseta como esta".
"Cuando vemos a un chico que viene caminando, sabemos si va a tratar bien la pelota"
Cuando los captadores van a una prueba en una cancha en cualquier lugar del país, los ponen en una mesa en el medio de la cancha. Pero ellos no se quedan allí siempre: "Si algo manifiesta algún chico que vemos en su movimiento con pelota, enseguida vamos, nos acercamos, nos tratamos de poner cerca del chico, le preguntamos el nombre, '¿de dónde sos?, ¿siempre jugaste en esta posición?, ¿no te animás a jugar allá o moverte acá?, ¿querés mover otra cosa?, ¿tenés una duda?, ¿en qué liga jugás?, ¿a qué equipo pertenecés?'". Y lo miran jugar con mucha atención, para "ver qué hace el chico cuando agarra una pelota, qué hace cuando lo empujan, qué hace cuando se cae; estamos al lado de él cuando va a resolver, porque es la única manera de ver".
Como en cualquier oficio, la experiencia de años le ha educado a los captadores la mirada: "Nosotros, aunque te parezca raro, y esto no es demagogia, cuando vemos a un chico que viene caminando, sabemos si va a tratar bien la pelota o no".
Pereyra presta atención a tres cosas en los chicos a los que va a ver por todo el país: "Primero, la técnica individual, el chico que viene acá tiene que saber con las dos piernas el 60% de lo que puede dar, el otro 40% se lo van a poner acá. Segundo, el carácter: tenemos que elevar al chico que vemos en un potrero o en una prueba y mañana volverlo a llevar a otra prueba con chicos más grandes a ver cómo se enoja cuando le dan una patada, cuando se cae, cómo se manifiesta ante la adversidad. Y tercero, y es fundamental, la cara. Nosotros, cuando vemos la cara de un chico, nos damos cuenta si está triste porque no come, si hay maltratos, si está alegre porque lo pasa bien o si no le importa nada y es un desfachatado".

La técnica individual como marca distintiva
Los jugadores que descubren en el área de captación o que llegan del área infantil del club pasan a las manos de Gabriel Rodríguez, coordinador de las divisiones inferiores del club. Hace 27 años trabaja en el fútbol infanto-juvenil de River y es un referente en la formación de jugadores. Rodríguez y su equipo acompañan a los jugadores en el proceso de transformación que implica el tránsito por inferiores. "River Plate es una escuela de fútbol", dice. Una escuela que se distingue por el fuerte trabajo en técnica individual, con ejercicios específicos para cada jugador según su posición en la cancha.
"Lógicamente, también el tema de la musculación", agrega Rodríguez, "el tema de la preparación física, que hoy día sabemos que tenemos un fútbol muy vertiginoso, muy dinámico, al margen de la técnica, que es prioridad nuestra, también, lógicamente, tenemos que acondicionarlos futbolísticamente, con lo que hoy día estamos viendo en la velocidad que se juega, y más teniendo que resolver en décimas de segundo, hoy, por esa velocidad, justamente el tema técnico".
El proceso de formación de un jugador, desde que es detectado hasta que se convierte en material de primera o de eventual venta a clubes del extranjero, lleva entre seis y ocho años, y es acompañado por sociólogos, psicólogos, ayudantes terapéuticos, nutricionistas, cocineros, además de todo el staff deportivo.
"Tenemos ese mandato histórico y obviamente hacemos una inversión muy grande para que eso ocurra, tanto en la parte deportiva, invertimos más de 10 millones de dólares por año en nuestra cantera en cuanto a costo de operación, pero también estamos haciendo desde un tiempo a esta parte una inversión muy fuerte también en infraestructura para nuestros juveniles", dice Andrés Batlotta, vicepresidente primero de River. "Pero creo que la diferencia que hace que River sea un club único en la Argentina es que nos involucramos en inculcar valores a nuestros jugadores juveniles mediante una fuerte inversión también en su parte educativa y en su parte sociocultural".
Pero toda esa inversión rinde no sólo en lo futbolístico, sino también en lo económico. Aunque en River dicen que preferirían que los futbolistas que surgen de ese proceso se queden todos en el club, muchos son vendidos al extranjero. "Obviamente hoy el mercado europeo ansía a los jugadores de River", dice Ballotta. "En los últimos 5 años hemos tenido ventas por más de 200 millones de dólares, obviamente el caso es Mastantuono (vendido al Real Madrid), Enzo Fernández (juega en el Chelsea), Julián (Álvarez, hoy en el Atlético de Madrid)". Según el Observatorio del Fútbol del CIES, River tiene la segunda cantera más rentable del mundo fuera de Europa, por detrás del Palmeiras brasileño.
Neurociencia aplicada al fútbol
"Uno cuando ve algún jugador, cuando ve un jugador que hace maravillas con la pelota lo asocia con la técnica del pie, de cómo mueve su cuerpo, pero en realidad ese plan motor y esa magia que uno ve nace en el cerebro", dice Sandra Rossi, médica dedicada a medicina del deporte, especializada en neurociencia aplicada al alto rendimiento deportivo. "Todo lo que tiene que ver con la acción motora primero está en la memoria del cerebro, en cómo ese cerebro hizo que ese pie se mueva de esa forma", agrega.
El trabajo de Rossi en River es utilizar la neurociencia para mejorar el desempeño de los jugadores, un área que cobra cada vez más peso. "La neurociencia lo que viene a mejorar es la atención del jugador, mantener la concentración por más tiempo, ampliar la visión periférica, tomar mejores decisiones, poder manejar momentos estresantes con una mente más equilibrada, todas esas funciones son altamente entrenables".
Para eso su equipo de trabajo realiza mediciones para determinar el tiempo de procesamiento visual de los jugadores, cuántos milisegundos tardan en responder, o cuánto en frenar. "Eso es un indicador de mucha inteligencia del juego, porque no es sólo correr, sino es correr con sentido; ahí hay una diferenciación entre el alto rendimiento de los que van llegando y los que no tanto".
También miden el campo visual periférico y otros parámetros para obtener un perfil cognitivo de los jugadores. Y sobre la base de esa información planifican el entrenamiento con software específico, con tablets, luces, con consignas específicas que tienen que ver con su actividad.
Pero hay algo esencial en los futbolistas argentinos, dice Rossi, que traen desde la infancia: "Empezamos a ver chicos muy chicos que cuando tomamos estos testeos ya tienen algo distinto, como el caso de jugadores de selección, que con unos 14, 15, 16 años, uno ya los veía distintos, ya su mente va como a otra velocidad".

En el inicio está el potrero
Eso es algo que adquieren en esos lugares a donde los va a buscar el equipo de captación, algo entrenado por la adversidad, dice Rossi: "Cuando todas las cosas están previstas, cuando vos tenés rutinas, cuando todo está bien, cuando las canchas son impecables, hay poco desafío para el cerebro; Argentina es un país que exactamente nos pasa lo contrario, nunca sabemos qué va a pasar mañana".
"Y los chicos, sobre todo los que llegan, los que se van acercando al fútbol profesional, por lo general vienen de lugares que son potreros", sigue. "El potrero, que es algo que para mí es el primer laboratorio de neurociencia que existe, tiene las características de la imprevisibilidad: son terrenos por ahí de tierra, donde uno no sabe cómo va a picar la pelota, entonces ese chico a la fuerza tiene que desarrollar un control de su cuerpo mucho más fino que un chico que empieza a jugar al fútbol en una cancha que está perfecta. Esas cosas profundizan las habilidades cognitivas que caracterizan al jugador argentino".
Por eso, cree Luis Pereyra, el captador, el descubridor, que sin potrero desaparece el jugador típicamente argentino: "Cuando se nos muere el potrero, se nos muere la canilla que nos dé el agua para poder fichar a estos 10 jugadores en el club". Y para encontrar a los jugadores formados en el potrero hay que viajar, mirar, y seguir viajando. "Por eso se recorre hasta el pueblito más indómito de mil habitantes, donde hay una canchita, ahí hay que estar. No hay que ir solamente a la ciudad grande, hay que ir al pueblito que no te figura en el mapa, hay una canchita, hay 20 pibes corriendo, hay que ir ahí".
En esos pueblitos, en esas canchas, encuentra al talento que pasará por las manos de Rodríguez, de Rossi, y si el proceso funciona bien, y a la capacidad innata se suma el trabajo y la suerte, que es también un factor, River habrá producido un nuevo crack para su primera división, para vender al fútbol de Champions League europeo o para seguir alimentando a la selección argentina.
Según el Observatorio, además, en las últimas dos décadas, River es el segundo proveedor de las cinco principales ligas del fútbol de Europa (sin contar a los equipos que compiten en ellas). Dice el Observatorio que River Plate destaca por “su extraordinaria habilidad para producir jugadores del más alto nivel”.
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