Le conocí por allá en el 2005 o 2008, (no lo recuerdo bien) en la Feria Internacional del Libro de mi país, la República Dominicana, dedicada esta vez, a los países del Istmo Centroamericano. Tuve la suerte de, junto a los poetas Basilio Belliard, Plinio Chahin y otros amigos, fungir como especie de edecán para este ser humano tan especial y único, que con su humildad rayaba lo incomprensible, tratándose de un escritor ya consagrado en su país y con un ganado prestigio a nivel internacional. Pero qué va, más humilde que él, ninguno que uno conozca.
Ya sabía de su obra y de su vida militante, pues en mi trajinar por su país, en mi trabajo de consultoría de campaña política desde 2004, había tenido la dicha de cruzarme en algunos eventos de los partidos que asesoraba y que él era parte de su accionar. Pero fue en su quehacer diario en la Biblioteca Nacional, como su Director, casi vitalicio, eso creíamos, y eso añoramos todos, porque siempre fue el guardián del legado bibliográfico de este país, pero aquí poco importa eso, cuando las mediaciones son más importantes que los méritos acumulados. Pero fue allí, donde tuve la suerte de cruzar conversaciones más de una vez y darme cuenta del ser humano que siempre es. Cuando era el guardián de los libros en un almacén, ya a la víspera de que fuera destruida la casa de sabiduría que fue la antigua Biblioteca Nacional.
Manlio Argueta, poeta y novelista. Nació en San Miguel, (la capital del Oriente del país) en 1935. Comenzó a escribir desde temprana edad y estudió derecho en la Universidad de El Salvador (UES). Sin embargo, su verdadera vocación fue la lectura y la poesía.
Argueta, perteneció a la Generación Comprometida, fundada por Ítalo López Vallecillos en 1950. Pero en 1956, Roque Dalton y Roberto Armijo (otro de los grandes poetas salvadoreños) lo buscaron en la UES para formar el Círculo Literario Universitario, juntos escribían “La pájara pinta”, una revista cultural que se convirtió en un espacio de resistencia intelectual durante la década de los 60 y 70.
A lo largo de su carrera ha escrito más de 25 libros, “Un día en la vida” (1980) es su novela más conocida, traducida a más de una docena de idiomas y próximamente al japonés. Entre los idiomas a que se ha llevado su novela esta: inglés, alemán, francés, italiano, portugués, sueco, neerlandés, danés, entre otros.
Es el libro más conocido del autor salvadoreño, la cual fue publicada en 1980, como dato curioso e histórico, el mismo año en que empezó la Guerra Civil salvadoreña que duraría 12 años hasta la firma de los Acuerdos de Paz en 1992.
En la misma se recrea, en su trama, la vida (un solo día) en la vida de Guadalupe Guardado y su familia, campesinos de Chalatenango, El Salvador, justo antes de que estallara el conflicto armado en 1980. Es como se lleva la vida de una familia campesina que solo ve el sol cada mañana sin esperar nada de dios y sus designios sabiendo que tiene que lidiar con todo lo malo: hambre, enfermedades, el miedo a la represión del Estado y sus cuerpos castrenses: es la “biografía colectiva” del pueblo salvadoreño de esa época para no olvidar.
La novela muestra la represión previa a la guerra. Muestra por qué la gente se fue alzando en arma. El libro fue prohibido en el país, ya que describía los abusos de las fuerzas castrenses y los grupos paramilitares de la época.
En la novela se reivindica el papel de las mujeres del campo, y la esperanza de la vida mientras los hombres mueren en el conflicto. Es en síntesis una novela testimonial de un pueblo, su gente y una época que se vivió en la antesala de una guerra fratricida en la que hoy todavía, aunque se quiera esconder, se sufren las secuelas en un país dividido.
Tras el asesinato de su amigo Roque Dalton publicó “Caperucita en la zona roja” que lo llevó a ganar el Premio Casa de las Américas en 1977.
Fue profesor universitario en El Salvador y Costa Rica, país donde vivió en el exilio por 23 años. A su regreso asumió la dirección de la Biblioteca Nacional (BINAES) desde el 2000 hasta el 2024. Hasta que no le dejaron seguir siendo Director del especio que, por tantos años fue el guardián del acervo cultural y bibliográfico de una nación, ya no era relevante para la nueva arquitectura de poder que estaba instalándose y creo, que los resabios de una vida ejemplar respecto de su posición en la vida y su ideología le jugaron una mala pasada.
Se perdieron el lujo de contar con el activo cultural e intelectual más importante vivo del país de Roque Dalton. Averigüen a quién pusieron de Director, a un sujeto que está denunciado por una empleada de ese recinto sagrado, de querer abusar de ella en un baño, (acosador). Los medios se hicieron eco de la noticia, pero ahí sigue “tan campante como juancito el caminador…” Esas nos gastamos en estos países bananeros.
Su vida académica en tierras Ticas y su labor literaria nunca estuvieron separadas, ya que en Costa Rica pudo escribir muchas de sus obras trascendentes, tanto en narrativa como en poesía. La novela más importante de ese periplo histórico y de exilio forzoso es: “Cuscatlán donde bate el mar del Sur”, la cual narra la batalla del rio San Juan de 1856-1857 contra William Walker, el filibustero estadounidense que intento apoderarse de Nicaragua y Centroamérica, proclamándose presidente y que fue abatido en Honduras por patriotas.
Otra obra que narra esas mismas peripecias históricas: “Así en la tierra como en las aguas”, 2018. En la que narra la defensa de la soberanía centroamericana frente al filibustero estadounidense, “desde una perspectiva histórica y humanista”, en la que destaca la participación del pueblo en armas en contra de las botas usurpadoras de los territorios sagrados narrada en un contexto geopolítico como debe ser. En esta novela aborda las “experiencia de los personajes, la vida misma y el esfuerzo colectivo de toda Centroamérica unida en contra del usurpador e invasor”. En ella se aborda magistralmente la toma del rio San Juan por las tropas de la Confederación. Básicamente, es una novela grandiosa que enarbola el coraje de todos los pueblos del Istmo en contra de la basura invasora. Es la “Guerra del fin del mundo”, como homenaje a Mario Vargas Llosa, para saludar ese gran esfuerzo del ilustre escritor salvadoreño.
Como ven, nos encontramos frente al más prolífico y estudioso escritor del contexto histórico del Istmo, después de Miguel Angel Asturias, es el escritor salvadoreño que más textos críticos favorable sobre su obra ha recibido. Veamos un pequeño inventario:
Críticos como Beatriz Cortéz y Ricardo Roque, lo ubican en la “Generación Comprometida” junto a Roque Dalton, pero hablan de “una literatura comprometida” no un panfleto político. Además, se le reconoce en su narratología de “usar técnicas modernas (monologo interior, lenguaje oral, fragmentación, además hablan de que su lenguaje es “sencillo pero poderoso” en su estrategia comunicativa. Dicen, que tiene un estilo depurado en el manejo de personajes como la protagonista Guadalupe Guardado.
Es tanto así que, Modern Library lo puso en el top 5 de las novelas en español del siglo XX, justo “por la luminosidad de un lenguaje sobrio”.
Ha ganado innúmeros reconocimientos, tanto dentro como fuera de su país:
- Premio Nacional de Novela UCA/Editores 1980.
- Puesto No. 5 entre las 100 mejores novelas en español del siglo XX, según Modern Library
Como legado, Manlio Argueta, deja una impronta en la literatura salvadoreña actual y la crítica lo ve “como el escritor salvadoreño mas universal”. Dice que” rescata la memoria de los que no tienen voz y lo hace con técnicas literarias de alto nivel”. Por eso lo llaman” el cronista de la dignidad campesina salvadoreña”. Tamaña designación.
En una reciente entrevista que concedió al periódico de su país, La Prensa Gráfica, habla de variados temas que le dan esa dimensión humana de la que hemos venido describiendo en esta nota. A saber:
Dijo que su novela “Un día en la vida” se va a llevar al cine, al preguntar si le emociona esto contestó:
“Sí, yo estoy entusiasmado. Ya tenía propuestas de cine. Yo estuve invitado por Robert Redford al Sundance Institute de Utah, pero hubo un pleito ahí entre el productor y mi agente. Así es que esta nueva propuesta fue una gran alegría, me reviví, corriendo acepté”.
También se le preguntó que sentía al dejar la Biblioteca Nacional, después de tanto tiempo al frente de ese bien cultural del país. Esto fue lo que dijo:
“Bueno, cuando yo asumí la Biblioteca Nacional no tenía mucho prestigio. Me da pena contarlo porque no quiero afectar a nadie. Pero cuando yo renuncié a la UES, un amigo sabía que yo tenía problemas, y me dijo la dirección de la biblioteca está libre, y fui donde el ministro, me dijo ¿ahí te querés ir? y yo de valiente le dije claro. Era humilde el nivel de la biblioteca, sin presupuesto. Algo que yo he dicho públicamente, en mis 23 años yo no tuve ni 10 dólares para operar. Todo era a través de amigos, donadores, conocidos, empresarios y bancos”.
También se le preguntó si pudo haber conflictos de interés entre ser escritor y dirigir una institución del Estado como la BINAES. Así respondió:
“Estar en la biblioteca no era nada de político. En el Ministerio de Cultura nunca tuve problemas, nunca, simplemente yo tenía mi salario, era cumplido con mis horarios, el personal era con mi familia, me llevaba muy bien con ellos, sobrevivimos y yo creo que tuvimos lo que se necesitaba en esa época, hacíamos los festivales, hacíamos bulla, repartíamos libros en los parques. Cuando ya estábamos queriendo trasladar a la biblioteca, tuvimos que hacer todo un inventario, con libros que ya no se podían ir a la biblioteca”.
Con un dejo de pena y amargura dijo que no le invitaron a la inauguración del nuevo edificio de la biblioteca, donado por el Gobierno de China, y que hoy sirve como muestra del nuevo estilo de gobernar del país y la nueva estrategia de turismo.
¿Usted no estuvo en la inauguración?
“No me invitaron”.
¿Entonces no conoce la nueva Biblioteca Nacional?
“No, no he ido, sabe por qué, yo no me quería ir de ahí, incluso podía quedar ad honorem, además yo tenía la propuesta de una biblioteca Roque Dalton, jubilarme, ser director ad honorem y pedí todavía eso y no se me concedió, pero ahora digo, estaba renunciando a un gran tesoro, que es mi tiempo, estoy aquí con usted, ya escribí en la mañana, avancé”.
¿Qué papel tiene la literatura actualmente? ¿Estas nuevas generaciones leen más, leen menos, leen diferente?
“No, no leen diferente. Leen menos, mucho menos”.
¿Qué le diría a un joven salvadoreño que quiere ser escritor?
“Tiene que leer, si quiere ser poeta tiene que leer mucha poesía. Para mí, la poesía es uno de los géneros más complicados que hay, aunque no requiere tanto tiempo como la novela, la novela es difícil, mucha disciplina, mucho tiempo.”
He querido recrear parte de esta importante entrevista que concedió a el diario salvadoreño, porque aquí se deja ver lo que pasa un escritor que a sus 91 años ha sido pisoteado cuando debería ser un símbolo de lo que sería un país donde no se inviertan los valores en su día a día. Manlio Argueta, hoy se debería estar leyendo, analizando en las universidades, ser símbolo de lo que es un personaje universal de un país que hoy tiene el más grande nivel de exposición mundial por el CECOT (no esta mal), y no por la trascendencia de un escritor consagrado con la historia y la palabra.
El Ministerio de Cultura debería proponer un evento en honor suyo, pues no hay nadie en la cultura de este hermoso país con la dimensión de él. Hacer simposios, invitar grandes autores para analizar su obra, académicos del mundo entero, homenajear a este ser humano que ha sido reconocido a nivel mundial y aquí se “putea” y se pisotea y se pone a un acosador (denunciado en la fiscalía y en los medios de comunicación y que para colmo fue diputado) a dirigir la institución sagrada que por 20 años dignificó ese espacio de saberes y trascendencia.
Propongo que antes de que la parca llegue a buscarle, que ojalá sea nunca, se le de un merecido homenaje, no del Estado, sino de las intuiciones culturales que han trabajado por expandir el legado cultural de este pueblo digno.
Hay más de 50 “influencers”, lame C de los funcionarios de turno, con sueldos de lujos, pagados con los impuestos de los salvadoreños, hablando M en los medios e inventando mentiras e historias de sus falsos héroes de papel, y a esos se les tiene como grandes personalidades de la “cultura” del país, ¿Qué cultura es esa? Sé que todo está invertido, y para colmo son “extraviados”, y se lo celebran, espero que antes de que se le haya puesto el sol a esta estrella del firmamento literario del continente, voces se levanten y hagan que de una vez y por todas, se haga justicia, justa justicia, y se le dé el lugar merecido en el parnaso de la cultura salvadoreña a Manlio Argueta, el más leído e importante intelectual vivo salvadoreño. He dicho.
Compartir esta nota