Gabriela Cartagena, 20 años, estadounidense, había llegado a Pedernales con sus padres para disfrutar las bellezas naturales, pero el sábado 20 de junio de 2026 le sorprendió la muerte tras ser herida en el costado izquierdo por una yola operada por el joven Robinson Radhamés Hernández (Píter), mientras ella practicaba buceo de superficie (snorkeling) en la hermosa playa Bahía de las Águilas, en Cabo Rojo.

El cuerpo sin vida en el hospital provincial Elio Fiallo aún estaba caliente cuando ya sonaban las defensas mediáticas al yolero, las críticas de su traslado a la capital para investigación en la Dirección Central de Investigación Criminal de la Policía (Dicrim) y hasta quejas por la importancia excesiva dada al caso, decían, en vista de la condición de ciudadana estadounidense. La medida de coerción ha sido pospuesta para el 1 de julio en el Juzgado de Paz e Instrucción del municipio Pedernales.

Entendible la reacción emocional parida por la politiquería, la ignorancia y el temor al impacto negativo de hecho tan grave sobre el incipiente turismo en la provincia más meridional del territorio dominicano. Estamos acostumbrados a andar por las ramas.

Pero el caso amerita que la Justicia determine responsabilidad o no. Y es de rutina que, al tratarse de una ciudadana estadounidense, la embajada del gobierno de su país reclame transparencia. Estados Unidos y otros países se preocupan por sus ciudadanos en el mundo, sin importar los hechos que les afecten.

Inaceptable, por tanto, que en medio del dolor de una familia y del espanto de la comunidad pedernalense, se usara la estrategia de restar gravedad al siniestro acuático evitable.

Primero, porque implicaba otra estocada a la víctima y sus parientes, que, casi seguro, ahondó su impotencia.

Y segundo, porque se contribuía al ocultamiento de las causas del hecho y, por tanto, abonaban el terreno para que se repitan otras tragedias similares ante la ausencia de falta de políticas de prevención y la memoria corta de mucha gente.

Hay antecedentes sobre impactos graves a bañistas en la zona de Cabo Rojo y Bahía de las Águilas, así como otros tipos de “accidentes”.

Hace poco más de seis años, a causa del choque de dos yolas, un hombre perdió un brazo, fue estabilizado en el hospital local y enviado en helicóptero a la capital, donde murió.

En febrero de 2023, ocurrió la muerte -dijeron que a causa de un golpe de calor- de la joven excursionista Jassel Alexandra Mateo Rodríguez, economista de 28 años, quien -junto a un grupo que había llegado del Distrito Nacional- desafiaba el quemante solo del sur y los caminos agrestes del Parque Nacional Jaragua para llegar a la playa Trudillé de Oviedo.

Son realidades. Ocultarlas o subestimarlos nos daña como pueblo, en cuanto a la imagen que se forjan visitantes, sean turistas o no.

Y lo más grave: al ocultarlas, implícitamente desligan de culpas a las autoridades que están para diagnosticar el problema y diseñar políticas, programas y proyectos con miras a la construcción de una cultura de prevención, que es la urgencia de Pedernales.

La morbimortalidad a causa de enfermedades infectocontagiosas, siniestros viales y marítimos, fenómenos naturales, violencia social y doméstica y otros podría reducirse al mínimo si mediara la prevención y no el predominio de los operativos como recurso propagandístico.

Resulta, sin embargo, que la planificación es desagradable a los ojos de políticos malos porque les daña el lucrativo negocio. No es una práctica espumosa, espectacular, bullosa e instantánea, que dé pie a polémicas estériles en redes sociales y a retóricas huecas orientadas a votantes desprovistos de actitud crítica.

La ecuación ignorancia más politiquería (I+P) es el peor azar que puede sufrir un pueblo que aspire al desarrollo integral con índices de desarrollo humano dignos.  Y el primer promotor es el político malo, ese que vive del allante, del bulto, del oportunismo, de atribuirse logros ajenos, del ahora, de sacar provecho a cada coyuntura sin importar que con ello hunda a la comunidad.

El Gobierno se embarcó hace cinco años en un proyecto de un destino desarrollo turístico sostenible, que no enclave.

Desde el día 1 cacareó que es el único del país en partir de cero con un “master plan”, lo cual garantiza -aseguraban- un proyecto no masivo, no repetir los errores de origen en los polos del norte (Puerto Plata), el este (La Altagracia, La Romana, San Pedro de Macorís) y la provincia Santo Domingo, con Boca Chica a la cabeza.

Conforme a su discurso, serían cosas del pasado: la falta de planificación, el desorden en el ordenamiento territorial, caos en el tránsito, no empoderamiento de las comunidades destino, asedio y engaño a los turistas, prostitución infantil, pedofilia, drogas, privatización de las playas públicas, contaminación ambiental, desprotección de los recursos naturales.

Esas promesas merecieron nuestros aplausos, una y otra vez. Pero a la vuelta de los años, la preocupación me atrapa. Percibo que se diluyen en una avenida de una gran ola sobre lo mismo.

Encajan en la falta de planificación, los siniestros marítimos que se llevaron las vidas de la joven estadounidense, el sábado pasado, y antes, de un hombre dominicano, así como el descuido que, en 2023, llevó al desvanecimiento de una joven excursionista en Oviedo.

Demasiado en tan poco tiempo. Casi imposible de ocurrir, si primara la planificación y las autoridades fueran socialmente responsable, a pesar de los turistas traviesos que, en cualquier parte del mundo, se ahogan en alcohol y otras drogas, de los conductores suicidas y aventureros extremos que desafían montañas y profundidades marinas.

A los pedernalenses no nos conviene para nada intentar tapar el sol un dedo. Sería un autoengaño de altísimo costo social y económico.

Si queremos el bien común, conviene unificarnos, sin importar banderías políticas; ponernos tapones en los oídos para ni siquiera captar el ruido incisivo de los políticos demagogos, y exigir al Gobierno volver al redil con las obras y la planificación situacional que harían singular nuestro destino turístico, como lo ha prometido desde los primeros días de la gestión.

Tony Pérez

Periodista

Periodista y locutor, catedrático de comunicación. Fue director y locutor de Radio Mil Informando y de Noticiario Popular.

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