La gestión del presidente de la república Luis Abinader ha entrado a la cuenta regresiva al pasar la frontera del 16 de agosto de 2026. Agota las horas y los días del séptimo año de sus dos cuatrienios, que será de agitación preelectoral y más encuestas de cara a las elecciones presidenciales, congresuales y municipales de 2028, amén de las advertencias legales de la Junta Central Electoral.
La narrativa oficialista con su vocería profusa, manifiesta y encubierta, está en modo subrayar en los medios de comunicación la “cantidad logros gubernamentales”.
En tales discursos nunca falta remarcar la “gran inversión social en el suroeste”, sobre todo, en Pedernales, donde -destacan- el Gobierno ha sacado a los pueblanos del ostracismo y ahora, allí, “todo es color de rosa”. Y, para anclar el mensaje sobre desprendimiento oficial, enfatizan que la región beneficiada es electoralmente poco significativa (pocos votos).
Conforme una nota difundida el 17 de febrero de 2026, en la sección económica del rotativo Hoy, en un mes y seis días de ejecución presupuestaria del año en curso, Pedernales fue la provincia que recibió el mayor monto destinado a proyectos de inversión en todo el país, con RD$1,276.6 millones (23.8% del total).
El redactor Ubaldo Guzmán Molina puntualiza que, de los trece proyectos de inversión en esta provincia, solo dos recibieron recursos: la reconstrucción de la carretera Enriquillo–Pedernales, con una asignación de RD$1,266.3 millones, y el de la investigación del potencial de tierras raras en la reserva fiscal Ávila, con una inversión de RD$10.3 millones.
Al 17 de julio de 2026, la inversión pública en Pedernales alcanzó RD$2,435.7 millones, superando en 148.6% el presupuesto inicial asignado, ha resaltado la Dirección General de Presupuesto (Digepres). Resalta que se ha enfatizado en la carretera Enriquillo-Pedernales y el desarrollo turístico de Cabo Rojo, con lo cual -precisa- se posiciona la zona como punto clave en la agenda de infraestructuras del Gobierno.
Otra historia
Como paquete, bien. Pero en el afán legitimador del discurso explícito subyace el ocultamiento de retrasos de obras y promesas incumplidas en proyectos socialmente vitales para lograr el desarrollo integral de la gente y un destino de turismo sostenible, -como se ha garantizado- supera las fallas de origen de los polos pioneros.
Muestras al canto:
La reconstrucción y ampliación del tramo Enriquillo-Pedernales (74 kilómetros) comenzó en 2021, pero no se ven señales de terminación, pese a que es la única de entrada y salida a la provincia fronteriza con el empobrecido Anse -a- Pitre, departamento sur de Haití.
Sigue relegada la urgencia de una autovía entre Baní y Pedernales (187 kilómetros). Cuando comienzan a echarse las palomas, Obras Públicas ha salido de su mudez y dice que será “licitada”, hasta Barahona.
La carretera actual es de una sola plataforma de doble sentido (direcciones opuestas), angosta y peligrosa, no apta ya para el flujo de vehículos y las altas velocidades.
Las dos circunvalaciones (Baní y Azua) fueron terminadas, como continuidad de Estado. Bien. Pero son estrechas, solitarias, oscuras, de alto riesgo y sin vigilancia. Y el tramo Barahona-Pedernales (123 kilómetros), en eterna reconstrucción, sin hallar el final.
En síntesis, no hay carretera moderna desde Baní hasta la frontera; sin embargo, ya el Gobierno, aprovechando el conformismo patológico de la región (la más empobrecida del país, cerca del 60%), ha instalado tres peajes en la ruta Santo Domingo-Pedernales (RD$100 cada uno, RD$600 para ida y vuelta).
Presa de Monte Grande, sobre el curso del río Yaque del Sur. Una obra fundamental para la producción agrícola en miles de tareas ociosas y contener las riadas sobre los pueblos cercanos, a medio talle.
El embalse principal fue construido, con capacidad de almacenamiento 160 millones metros cúbicos de agua, pero sin redes de canales de riego y otras obras complementarias, inaugurado en 2024 con una inversión de US$800,000,000 (Ochocientos millones de dólares). Los cuentos chinos están a pedir de boca para justificar lo injustificable.
En Pedernales, al final del suroeste dominicano, la construcción del destino turístico en Cabo Rojo presenta cojeras muy pronunciadas si se mira desde la perspectiva de turismo sostenible, que ha sido la promesa gubernamental.
El puerto de crucero nacido de la adaptación del muelle de embarque de bauxita y caliza de la estadounidense Alcoa Exploration Company (1957) comenzó a operar desde el 4 de enero de 2024. A la fecha registra 47 arribos de cruceros, 192 mil cruceristas, según el saliente director de la Autoridad Portuaria Dominicana, Jean Luis Rodríguez. Sin embargo, muy pocos cruceristas se trasladan a los municipios, y poco significativo el consumo en negocios locales, tema que nunca ha estado en el discurso oficial pese a las quejas comunitarias.
En Cabo Rojo, dos de nueve hoteles anunciados al comenzar la actual gestión gubernamental están avanzados. Las autoridades hablaron de 4,700 habitaciones en edificios de cuatro pisos (para 12,000 habitaciones al final del proyecto). Las infraestructuras hidrosanitarias, planta de tratamiento, acueducto, electricidad y accesos viales, “ready”.
En cuanto al aeropuerto internacional, la pista principal ya está asfaltada y, en proceso constructivo, la zapata de la edificación principal. Las autoridades han anunciado apertura en varias ocasiones.
Con la lupa de los dolientes
Mientras tanto, en Pedernales, la carrera hacia la arrabalización y la perversión sigue su agitado curso.
Las rancherías en la periferia noroeste y noreste ganan terreno. El déficit habitacional cuantitativo es de 60% y de 80% si se incluye el cualitativo. Sin embargo, ningún proyecto habitacional en curso.
La instalación de quioscos y meaderos crece por doquier, sin importar área institucional y aceras. Todo el mundo construye donde quiere y como quiere, bloqueando correntías hacia el mar Caribe; es la antesala de grandes inundaciones.
No hay alcantarillado pluvial y sanitario, ni planta para el tratamiento de los desechos sólidos; solo existe un botadero nauseabundo al aire libre. Tampoco hay acueducto eficiente, ni un centro cultural.
El desastroso estado de las instalaciones deportivas y el edificio de oficinas públicas representa un monumento al desprecio por la comunidad.
La mendicidad, el trasiego y consumo de drogas se extienden. Es creciente la prostitución adulta y de menores; el parque central, sin control, insufrible… Señales tétricas que se matizan con el incremento de las francachelas y la animación de borracheras colectivas.
Bahía de las Águilas y La Cueva de los Pescadores ganan visitas y, a la par, pierden su naturaleza y seguridad por la falta de organización y supervisión, lo cual pone en juego la seguridad de los bañistas.
Aún se espera la carretera prometida que permitiría bajar a la playa sin riesgo de vuelco, daños en los vehículos y neutralizar la especulación en los precios de traslado.
Como se espera la que conectaría al municipio con Puerto Escondido, Duvergé, a través de Aceitillar, Parque Nacional Sierra de Baoruco (40 kilómetros). Histórica, por ser la vía de llegada de los padres fundadores; alternativa a la Pedernales-Barahona, que ahorraría tres horas de viaje, y turística, porque facilitaría a los visitantes el contacto con la rica biodiversidad del área. La construcción fue anunciada en 2021.
El incentivo a los agricultores de Los Olivares y las lomas apenas existe. Por falta de capacitación, respaldo económico y malos accesos viales, parte de la producción se pierde. Ni siquiera existe una agroindustria para procesar los productos.
Visto desde el suroeste, es enorme el desbalance entre obras para el complejo turístico y las prioritarias orientadas al objetivo del bienestar general en las comunidades. Y si no se equilibra la carga, en poco tiempo seremos víctimas de los perniciosos fenómenos de la turistificación y la gentrificación.
El caos se instalará definitivamente, no habrá espacio para vivir y todo se encarecerá hasta obligar la huida de los nativos hacia los arrabales de la periferia o migrar a otros pueblos.
Si existe duda sobre el drama, valga el aforismo: “Si el Gobierno dice que está lloviendo y las noticias dicen que está soleado, es tu responsabilidad mirar por la ventana y ver el clima por ti mismo”.
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