El 16 de agosto de 1930 fue juramentado como presidente de la República el general Rafael Leónidas Trujillo Molina y como vicepresidente el licenciado Rafael Estrella Ureña, quien encabezó el derrocamiento del presidente Horacio Vásquez.

En las elecciones celebradas el 16 de mayo de 1930, la fórmula Trujillo-Estrella Ureña había ganado con el 99 % de los votos válidos emitidos, ante la ausencia forzosa de sus contrincantes.

Rafael Leónidas Trujillo Molina era, en el gobierno del Viejo Caudillo, Horacio Vásquez, la principal figura militar, quien, atrincherado en la vieja Fortaleza Ozama, apoyó con silencio e inmovilidad cómplice el llamado Movimiento Cívico, que, dirigido por Rafael Estrella Ureña, derrocó al gobierno de Vásquez el 23 de febrero de 1930.

Postulado por una confederación de partidos llamada Coalición Patriótica de Ciudadanos, la que, ante la ausencia de competidores y una abstención electoral que superaba el 40 %, ganó todos los escaños del Congreso.

El 1 de junio del año 1930, cuando apenas habían transcurrido 15 días de haber pasado la farsa que había ganado el binomio Trujillo-Estrella Ureña, desconocidos asesinaron a uno de los más radicales de sus enemigos, el periodista Virgilio Martínez Reyna, y a su esposa, Altagracia Almánzar, quien se encontraba embarazada, en su residencia en San José de las Matas, provincia Santiago.

Igual suerte corrieron los generales Cipriano Bencosme, Desiderio Arias y decenas de dominicanos que expresaron su desacuerdo con la política de terror implementada por el régimen.

El propio Estrella Ureña, artífice de la llegada de Trujillo al poder, trató de marcar distancia de un gobierno del que supuestamente era la segunda figura más importante, siendo obligado a renunciar en 1932 a la posición de vicepresidente, alegando problemas de salud.

Fueron 31 años de la peor época de terror que haya vivido el país en toda su historia, incluida la colonial, donde los presos, los desaparecidos, los exiliados y los muertos se contaron en centenares.

Una parte importante de los que lograron escaparse de Trujillo tuvieron a Cuba como destino: Juan Bosch, Juan Isidro Jiménez Grullón, Mauricio Báez, Pablo Martínez, Máximo López Molina, los hermanos Ramos Peguero (Andrés, Francisco Elizardo y Francisco Eleuterio), Juancito Rodríguez, Ángel Morales, José Dolores Alfonseca, Luis Felipe Mejía y muchos otros más.

No todos tuvieron la misma suerte de sobrevivir a la persecución trujillista, porque algunos fueron alcanzados por el brazo largo de la dictadura, como fueron los casos de Mauricio Báez y Pablo Martínez, que fueron asesinados en La Habana por órdenes de Trujillo.

Cuba fue sede de muchas actividades para el restablecimiento de la democracia en nuestro país.

En el gobierno de Ramón Grau San Martín fue que se organizó la fallida expedición de Cayo Confites de 1947, saboteada por agentes de su gobierno al servicio de Trujillo.

En el gobierno liberal de Carlos Prío Socarrás, del que el profesor Juan Bosch había sido secretario, se toleró la presencia de los dominicanos en Cuba.

Pero el mayor apoyo recibido por nuestros compatriotas fue el brindado por el gobierno revolucionario encabezado por el Dr. Fidel Castro Ruz, a partir de su llegada al poder el 1 de enero de 1959.

Proporcionó ayuda significativa para que patriotas dominicanos vinieran al país el 14 por Constanza y el 20 de junio por Maimón y Estero Hondo a derrocar la dictadura de Trujillo.

A diferencia de Cayo Confites, que fue interceptada y obligada a abortar con la complicidad de agentes del gobierno de Grau San Martín al servicio de Trujillo, la expedición del 14 y 20 de junio de 1959 recibió todo el apoyo del gobierno de Fidel.

Fue el mayor contingente de hombres decididos a luchar contra el régimen trujillista que, organizado en el exterior, pudo llegar al país.

Un total de 198 expedicionarios salieron en tres grupos de Cuba, "enamorados de un puro ideal".

El primero, al mando de Enrique Jiménez Moya y el cubano Delio Gómez Ochoa, compuesto por 54 expedicionarios, aterrizó en Constanza el 14 de junio en un avión Curtiss C-46.

Con insignias de la Aviación Militar Dominicana, trayendo como ingeniero de vuelo e instructor para el aterrizaje a Juan de Dios Ventura Simó, piloto dominicano que había desertado de la aviación dominicana en abril de 1959, llevándose un avión hacia el exilio.

Un segundo grupo, comandado por José Horacio Rodríguez, hijo del general Juancito Rodríguez, acérrimo opositor a Trujillo, desembarcó por Maimón en la embarcación Carmen Elsa, en la que venían la mayor cantidad de expedicionarios, 96 en total, la cual, por un desperfecto o supuesto sabotaje de parte del capitán de la embarcación, Stelio Bellelis, un ciudadano de origen griego que tenía vínculos con la Agencia Central de Inteligencia Estadounidense (CIA) y los servicios de inteligencia de Trujillo, retrasó su llegada hasta el día 20, cuando ya los organismos de seguridad del Estado estaban al tanto de dicho desembarco, lo que produjo una verdadera masacre de los mismos.

Stelio fue relevado de su puesto al frente de la embarcación, la cual pasó a ser capitaneada por el diestro marinero dominicano y ex sargento de la Marina Dominicana José Messon, quien se había asilado en los Estados Unidos para luego integrarse a la acción para el derrocamiento de la dictadura.

Igual suerte corrió el grupo que llegó por Estero Hondo en la lancha Tinina, con 48 expedicionarios, al mando de José Antonio Campos Navarro, que navegó sin rumbo fijo y sin contacto con el Carmen Elsa por varios días.

Ambas embarcaciones habían zarpado de Cuba el 13 de junio de 1959. Pero las dificultades en el Carmen Elsa motivaron su retraso y la pérdida de contacto entre ambas.

El Carmen Elsa permaneció prácticamente a la deriva, teniendo que ser rescatada por la Marina de Guerra de Cuba con la fragata José Martí, que la remolcó hasta el islote de Gran Iguana, donde los tripulantes recibieron asistencia médica, además de agua y alimentos.

Esos inconvenientes no aminoraron la decisión del mayor contingente de expedicionarios, los cuales decidieron seguir adelante en búsqueda de lograr liberar al pueblo dominicano de la dictadura de Trujillo.

Luego de volver a reencontrarse con la Tinina, emprendieron la marcha el 19 de junio, escoltadas por la Marina de Guerra Cubana en las fragatas José Martí, Antonio Maceo y Máximo Gómez, hasta aguas internacionales cercanas a las costas dominicanas.

Llegaron a las costas de Puerto Plata el día 20 de junio: el Carmen Elsa por Maimón y la Tinina por Estero Hondo, bajo un fuego infernal desatado tanto por la Marina de Guerra como por la Fuerza Aérea del régimen, que ya estaba prevenido de la llegada de las mismas.

El Carmen Elsa fue destruido por los bombardeos antes de desembarcar, muriendo su comandante José Horacio Rodríguez junto a parte de su tripulación; el resto logró internarse en lomas cercanas, donde fueron perseguidos, asesinados y los sobrevivientes hechos presos para luego ser asesinados.

Los de la Tinina lograron tocar tierra, pero fueron perseguidos por una jauría de servidores del régimen, la mayoría civiles que fueron guías y colaboradores de las tropas del ejército que los perseguían con órdenes de aniquilarlos.

Según el historiador y sobreviviente del levantamiento guerrillero de 1963 junto al Dr. Manuel Tavárez, Dr. Emilio Cordero Michel, de los "198 expedicionarios que llegaron el 14 y el 20 de junio, solo 57 (29 %) murieron en acciones de guerra; 32 (16 %) fueron apresados estando heridos y rematados en el lugar; 30 (15 %) fueron apresados ilesos y fusilados en el lugar de la rendición; y 79 (40 %) fueron apresados" y llevados a la Base Aérea de San Isidro, donde fueron torturados y ejecutados por órdenes del hijo del tirano, Rafael Leónidas Trujillo Martínez (Ramfis).

Entre los expedicionarios que salieron de Cuba con el apoyo decidido del gobierno presidido por el líder de la Revolución Cubana, comandante Fidel Castro Ruz, había 148 dominicanos, 24 cubanos, 14 venezolanos, ocho puertorriqueños, dos norteamericanos, dos españoles y dos guatemaltecos.

Solo sobrevivieron seis, entre ellos dos cubanos, el comandante Delio Gómez Ochoa y Pablito Mirabal, de 15 años, junto a otros cuatro dominicanos: Poncio Pou Saleta, Mayobanex Vargas, Francisco Medardo Germán y Gonzalo Almonte Pacheco.

De los expedicionarios que fueron capturados con vida y llevados a la Base Aérea de San Isidro, donde se les sometió a toda clase de torturas y vejámenes, incluida su permanencia en la cárcel del km 9 de la carretera Mella y en la tenebrosa cárcel de La 40, ubicada en la hoy barriada de Cristo Rey, antes de su eliminación física.

El mayor ensañamiento fue contra el sargento de la Marina José Messon y el capitán de las Fuerzas Aéreas Juan de Dios Ventura Simó.

A Messón, después de haberlo llevado a la silla eléctrica que funcionaba en la cárcel de La 40, en condiciones agónicas lo llevaron a un destacamento de la Marina de Guerra que funcionaba en la avenida Abraham Lincoln con Independencia, frente al hospital infantil Robert Reid, donde fue ahorcado frente a una formación de marinos para que sirviera de ejemplo a todos los que osaran traicionar al "Jefe".

Juan de Dios Ventura Simó fue asesinado y lanzado al mar en un simulacro de acrobacia aérea donde se dijo que cayó al mar Caribe.

La gesta de junio de 1959 no triunfó militarmente, como sí lo lograron los heroicos guerrilleros de Sierra Maestra; pero su heroísmo y sacrificio despertaron la conciencia en amplios sectores del país, que decidieron salir de una dictadura que ya llevaba 29 años sembrando dolor y luto en todo el territorio nacional.

Seis meses después, el 10 de enero de 1960, surgió la Agrupación 14 de Junio para luchar contra la tiranía reivindicando el programa de los expedicionarios que, apoyados por el gobierno de Fidel Castro Ruz, salieron de Cuba: "enamorados de un puro ideal y con su sangre noble encendieron la llama augusta de la libertad", iniciando así el fin de la dictadura.

Las libertades democráticas que hoy vive el pueblo dominicano son fruto, en gran medida, de su heroísmo y sacrificio.

Loor eterno a los hombres de la raza inmortal: "que aquí cayeron por la libertad".

Gracias, Cuba, a su pueblo y a su gobierno, por habernos ayudado a salir de la más cruel y sanguinaria dictadura de América y el Caribe: la de Rafael Leónidas Trujillo Molina.