Y fue así, cuando la verdad fue cantada, yo la escuché, en forma de bachata, en mi infancia, muchas veces… muchas vidas atrás, y de la boca de Juan Luis Guerra: "…cuando yo llego a tu puerta, llega la abeja al panal… búscame como abeja al panal… dame tu amor sin medida". Y por la dulzura implícita, la belleza del recorrido simbólico y una combinación de factores que no vienen a colación aquí detallar, esa frase reposó sobre mi piel durante décadas, como si las ondas de la abeja reposaran invisibles sobre mí, anunciantes, generando en mí una especie de devoción desde el mundo imaginal, que se tradujo en lo cotidiano, en un ritual inscrito y un pacto sagrado de complicidad y reverencia hacia estos seres minúsculos y sabios… ritual que se perpetúa hasta el día de hoy. Ellas me traen mensajes… o así, yo lo imagino.
Es así que, escuchando el mensaje de las abejas, hoy abro esta fisura, desde Brasil, donde el artista João Machado llega al encuentro con las abejas y construye su obra a partir de esa conexión. Proveniente de una familia de artistas y en un ambiente creativo desde la infancia, João creció viajando entre países hasta que radicarse en Francia desde donde gestionó su atelier de artista, al mismo tiempo que trabajó como galerista y gestor cultural del espacio cultural, bajo mecenazgo de la coleccionista y baronesa italiana Lucrezi De Domizio (compañera del artista alemán Joseph Beuys), hasta que en el año 2011 sintió un llamado fuerte y abrupto de acercarse y conocer de cerca el mundo vegetal y los procesos naturales. Ese impulso lo llevó a que cuando la baronesa Domizio le dijera: "la vida no está llena de certezas", él decidiera dejar su vida en Francia y regresar a Brasil, aterrizando algunos meses después, a 1,300 m sobre el nivel del mar, en el ecosistema de la serranía de la Mantiqueira, en el estado de São Paulo.
Su actitud al llegar pasó a ser la de un observador profundo de la ecología, estudioso del territorio y testigo silencioso del rico ecosistema en su entorno. Vivió dos años de silencio meditativo y presencia con los otros muchos seres con quienes compartía el mismo territorio. "Aurora, yo abría la boca solamente para comer", me reiteraba João durante nuestra conversación. Entender el ambiente se tornó su práctica vital: saber cómo se gestionaba la comida, integrar los tiempos de plantar, los tiempos de la tierra, todo en sintonía con los tiempos de la luna. Su práctica se basó en estudiar la tecnología de la naturaleza, como siguiendo un mapa de quien vive integrado en el territorio, ligado a él hasta llegar a participar dentro del ecosistema "con el cuerpo expandido, sintiendo animales, plantas, insectos, hormigas, luna, tierra, viento, todo sincronizado en una corriente de comunicación más allá de cada parte". João continúa reforzando y suma: "yo estudiaba, escribía, filmaba". Es aquí, en esta cumbre de absorción y participación profunda con el entorno que un vecino le regala una cajita de abejas nativas. Él no sabía nada de abejas en ese momento, sin embargo, ya estaba resoluto en su visión de que el mundo necesita nutrirse de lo relacional y el actuar… manifestando una actitud ecocéntrica, donde todos los sistemas de vida están interrelacionados, en sintonía con la necesidad de realización de reconexión con la tierra. "Mientras tanto la cajita de abejas continuaba allí" me recuerda João lleno de ternura y alegría: "Yo no sabía nada de ellas y mismo así la cajita de abejas fue ganando importancia en mi vida".

El siguiente paso a seguir para Machado fue, entonces, adentrarse en la labor de saber más sobre las abejas históricamente y localmente en asociación con Karay Tatunde, representante de una de las lideranzas del pueblo Guaraní de la región, para entender desde el territorio el papel y la importancia de las abejas desde lo simbólico y lo ecológico en el cotidiano territorial. Entender que para los Guaraní las abejas son primordiales a partir de la tradición: cada vez que un niño Guaraní va a nacer, se enciende una vela hecha de cera de la abeja nativa Jataí en la noche, para recibir el nombre de la criatura en los sueños. El nombre correcto es muy importante y para esto se requiere recibir el mensaje certero de los dioses… Aquí vemos un punto de encuentro con otras culturas antiguas como la maya y la egipcia donde las abejas eran también consideradas las grandes mensajeras. Así, estudiar este vínculo con las abejas se transforma en un ejercicio de fundirse en un tejido muy antiguo, mítico, simbólico, sagrado y a su vez muy cotidiano que remonta a entender el origen de la vida en el territorio y esta curiosidad brilla reflejada en la obra de João, donde el entenderse y relacionarse con seres no humanos da a la vida la profundidad y la amplitud que, tal vez, el alma vino a buscar.
Experiencias de profundidad y poder, en encuentro interno con un vínculo mayor fueron llamadas, por el psiquiatra Carl Jung, ejemplos de participación mística, tomando el término del antropólogo Lévy-Bruhl quien escribió sobre el tema a inicios del S. XX, haciendo alusión a la "psiquis primitiva" colectiva, sin diferenciación individual. Donde, según él, el alma sería percibida como colectiva, anulando la idea de separación entre los seres. Jung adaptó el concepto a la porosidad de fronteras psicológicas entre individuos, entre los mismos y el entorno, así como en algunos casos entre individuos y objetos; generando una experiencia de totalidad, de unidad.
Por tanto, siguiendo esta óptica existiría una vida propia en el vínculo con el mundo, entre seres, ese vínculo podría mismo ser el centro de alguna unidad mayor. Sería el centro de la experiencia trascendental de éxtasis, de luz que rebombea el corazón e irradia al ser, como una ola inmensa y desbordante de amor. Comparable al estado de trascendentalidad sin fronteras, descrito magistralmente en la literatura por Dostoevsky, en referencia al estado alcanzado durante sus sueños y durante sus ataques epilépticos.
Podría ser que ese vínculo, igual que se da entre personas, fuera con ese mundo animal, vegetal, mineral y el "búscame como abeja al panal" fuera en realidad el susurro implícito de esa fuerza profundamente sabia y misteriosa, en la naturaleza. Llegar como abeja al panal, llegar al refugio, al punto de unión con el cosmos, sin separación, ser parte de algo mayor y a la vez muy íntimo. Naturaleza como casa donde se expresa, se vive, se siente un sentido mayor de existencia. Como en una experiencia religiosa. Viviendo la vida simbólicamente dándole voz y presencia al alma. Esto se traduce en la práctica, al experimentar una búsqueda de contrato con una realidad más profunda, con un amor más ancho, que abarque una conexión sensible a un sentido más amplio de la vida. Conectar apasionadamente con el ambiente, en una sola frase.
En procura de una intimidad mayor con los saberes sobre las abejas, Machado continuó con el estudio de la flor específica que la abeja visitaba, como en un cortejo amoroso, él observaba de cerca, el objeto de sus afectos e interés, envolviéndose delicadamente en un tejido más amplio, digno de una apasionada historia de amor, respondiendo creativamente a esa fuerza primordial, integrándose en aquella ola trascendental de conexión con el cosmos. Ahí es donde está la esencia de la obra de João, así la siento: como una minuciosa, sutil y extremadamente conmovedora carta de amor a las abejas y al bosque. Y entonces pienso: cuán inevitablemente necesario es el oficio creativo de este artista y qué forma más certera de manifestar su amor y su conciencia de cuidado por el ambiente… eso es Arte puro, que 'consterna' cualquier fisura. Las colmenas, guaridas de las abejas y proyecto arquitectónico equivalente a las pirámides de Egipto, donde estos seres eran llamadas melisas (mensajeras de los dioses) otro indicador de ese vínculo mayor que conecta y atraviesa todos y todo. Siguiendo la mitología maya las abejas eran mensajeras entre humanos y dioses, imprescindibles en actos sagrados al igual que en el sustento del ecosistema global. La apicultura era una labor sagrada. Las colmenas representaban el cielo y la tierra. La miel, por tanto, regalo divino, elixir y medicina. Cuando los dioses caminaban de lado a los mortales en la península de Yucatán, cuna de la civilización maya, Ah Muzen Cab (Dios de las abejas, mitad hombre mitad abeja) mantenía el equilibrio en la naturaleza nutriendo la conexión entre humanos y dioses. Por esta razón los mayas elevaban templos en su nombre para resguardar ese vínculo humano y divino.
En la actualidad, las abejas están en gran riesgo de entrar en extinción. La gran mayoría de ellas que habita en el continente Americano no tiene aguijón, viven solas y organizan su vida polinizando las plantas, labor que hacen desde hace más de 130 millones de años, lo que nos beneficia a los humanos desde hace solo 2 millones, cuando aparecimos y desde entonces nos beneficiamos de ellas para nutrir nuestra existencia.
"Las abejas son el territorio mismo", dice Machado, "gracias a la danza sonora que surge en dos tiempos y a partir de su interacción inicial con las flores ellas nutren el vínculo haciendo que la flor produzca más néctar"… la comunicación es por tanto sonora/vibracional, por emisión y recepción de frecuencias. Parece que esto fuera parte de una realidad intermedia en la que las comunicaciones son así… donde todo es música y el alma es el instrumento receptor y emisor.
Machado estructuró su estudio de las abejas, tornándose apicultor, entendiendo el ciclo de producción de propóleo, que además comenzó a usar en sus propios diseños, después de diluir en alcohol de cereal. Durante ese proceso él comenzó a percibir que las abejas precisaban de más árboles con espacios internos grandes para refugiarse… entonces fue tomado por la idea de diseñar y construir espacios para que las abejas anidaran y… eureka… voilà! En ese preciso momento, como en un coupe de foudre (flechazo), una nueva arquitectura estaba surgiendo, a partir de la intención de ayudarlas a construir su panal. Inspirado por la historia y los refugios ya construidos antiguamente en cerámica por las civilizaciones maya, egipcia y africanas Machado se encontró, una vez más, en esta labor como obra.
"Mi obra es mi trabajo para las abejas" "yo trabajo para ellas" nos resume claramente.
Construir arquitectura para abejas y estimular una población de futuros coleccionistas de meliponicultura, que adquieran arquitecturas para abejas y difundan este hábitat para las abejas. "Con eso me siento feliz", insistió João. Como parte del proceso de expandir el conocimiento sobre abejas nativas, el artista entrelaza su práctica a derivas de mapeos en los territorios donde ellas se encuentran, invitando grupos a participar regular y activamente en ellas. Adicionalmente, este universo creativo multiespecie tiene otra vía de expresión sonora con el colectivo "Zumbido" formado por Machado junto con los músicos Daniel Maganani y Rodrigo Netto, que investiga posibilidades experimentales del sonido emitido por las abejas y sus propias propuestas sonoras, resultando en una obra con y para ellas, amplificando el sonido en cajas de sonido especialmente hechas para capturar su melodía.

Cuánta vida tornándose realidad en tantos lugares, y todos fluyendo entre el espacio sustentado por el mundo que João Machado decidió construir. Es así que me gusta entrar en la fisura y salir entendiendo la ecuación personal de artistas coherentes así, vibrando el tejido que ha sido trenzado sobre ellos en compromiso con la vida.
Lograremos estar abiertos a enamorarnos profundamente de la tierra
Conectar más con ella
Escuchar sus ritmos
Pensar en cada acto pequeño como acto de amor a un ser
Vamos a dejarnos seducir por ella y cortejarla con cuidado y delicadeza
Por el futuro y por los hijos que le entregaremos a ella…
Para todo esto y más… el arte siempre es bienvenido a ayudarnos a elevarnos en este quehacer…
Asociación de Palabras para João
Propóleo: Madre
Colmena: Cerebro
Silencio: Paz
Arquitectura: Interespecie
Interespecie: centro del universo
Sonido: Latinos
Mata Atlántica: Casa
Miedo: Aliado
Vida: Danza
Colaboración: Vida
Transformación: Barriga de la ballena
Memoria: Tierra
Territorio: Corazón
Respirar: Presente
Futuro: Co-creación
Abeja reina: Madre
Saravá João. Teko Porã!
REFERENCIAS
*Saravá : Salve! En buena hora! Expresión usada en religiones afrobrasileras como la Umbanda.
*Teko Porã: expresión que revela la filosofía de vida Guaraní. Significa "buen vivir", "bello camino"
Martínez, A. (2025, noviembre). Entrevista personal con João Machado.
Jung, C. (1927). La participación mística. (Título original: Die Beziehungen zwischen dem Ich und dem Unbewussten).
Dostoyevski, F. (1877). El sueño de un hombre ridículo.
Pablo Solan Editores. (s.f.). Alternativas sistémicas. Pablo Solan Editores.
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