Tras protagonizar una fuga rocambolesca a Estados Unidos, el candidato a la Presidencia Flávio Bolsonaro hizo público un documento en el que denunciaba un supuesto fraude electoral, sin aportar ninguna prueba, y se autoproclamaba el “verdadero presidente de Brasil” y el “presidente electo”. Sin embargo, en minutos, se retractó y publicó una nueva versión en la que sustituyó las expresiones “verdadero presidente de Brasil” y “presidente electo” por “líder de Brasil”.
Según la prensa brasileña, fue el Gobierno de EE. UU. quien forzó a Flávio a retirar la frase “presidente electo de Brasil”. El portal 'UOL' publicó que emisarios vinculados con el Departamento de Estado advirtieron que el término podría perjudicar los intereses diplomáticos de EE. UU. con Brasil y que debía ser modificado. Flávio publicó el texto final 40 minutos después de que se difundiera la primera carta. El medio 'Folha' describió la primera versión como "carta golpista".
“Se trata, evidentemente, de un intento de golpe condenado al fracaso, porque ninguna institución relevante está dispuesta a respaldarlo. Los intereses a los que podría servir se encuentran en EE. UU. Para Marco Rubio y los republicanos, el episodio ofrece la oportunidad de agitar el fantasma del comunismo en América Latina en vísperas de las elecciones legislativas estadounidenses”, señala a France 24 el politólogo e historiador Christian Lynch.
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Su propio partido se aleja: "Nadie aprueba esta situación"
El pasado domingo, 25 de octubre, Flávio Bolsonaro fue derrotado en las urnas por el mandatario de izquierdas Luiz Inácio Lula da Silva y allí empezó el periplo que llevó al político de extrema derecha hacia Estados Unidos. Flávio no reconoció el triunfo de Lula, pero su partido sí.
Hasta el momento, la reacción entre las filas de la derecha no ha sido precisamente positiva. Los principales partidos de derecha y centro-derecha de Brasil, incluido el Partido Liberal (PL) de Jair Bolsonaro, han reafirmado su confianza en el sistema electoral, han reconocido la victoria de Lula y han marcado distancia con el candidato derrotado.
El propio presidente del PL, Valdemar Costa Neto, dijo que “a nadie le gustó” la carta y que Flávio ni siquiera avisó a su padre de que saldría del país. “Nadie aprobó la carta. Nadie aprueba esta situación que ocurrió con Flávio… Queremos hacer avanzar al país”, indicó Costa Neto a la prensa, tras realizar una visita a Jair Bolsonaro en su arresto domiciliario. El PL reconoció formalmente la victoria de Lula el día siguiente a los comicios.

Han sido tantas las voces críticas que es de prever un alejamiento de una parte significativa de la derecha del clan Bolsonaro en un plazo no muy lejano.
Rogério Marinho, coordinador general de la campaña presidencial de Flávio, afirmó que “el PL no puede afirmar que hubo fraude electoral porque no hay pruebas” y citó problemas en la redacción de la carta. El gobernador de SP, Tarcísio de Freitas, que en su momento fue considerado un posible presidenciable, fue un poco más cauto: “El momento requiere responsabilidad, serenidad y la construcción de una oposición fuerte, capaz de ejercer su papel”, afirmó.
Otros políticos de relevancia nacional, como Aécio Neves, quien en 2016 perdió las elecciones presidenciales contra Dilma Rousseff por un margen mínimo, han definido la carta como “impropia”. Neves además ha destacado que el papel de quien pierde en las urnas es fiscalizar el Gobierno y actuar en la oposición, y no crear “desestabilización institucional del país” a través de un “artificio”.
Incluso los jueces Kassio Nunes Marques y André Mendonça, nombrados por Jair Bolsonaro en la Corte Suprema, han intentado desvincularse de Flávio Bolsonaro después de la difusión de la carta. En la actualidad, son respectivamente presidente y vicepresidente del Tribunal Superior Electoral (TSE). Según 'Folha de S. Paulo', ambos habrían comentado en conversaciones con colaboradores que el candidato derrotado perdió el sentido común.
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Flávio ha quedado totalmente fuera de juego
“La derecha institucional ya ha pasado página. La disputa por el liderazgo de la oposición está abierta, y quien permanece en el país, con mandato y votos, parte con ventaja sobre quien habla desde el extranjero”, destaca el historiador Christian Lynch.
“Su fuga debilita o, más bien, anula cualquier posibilidad de que Flávio ejerza algún tipo de liderazgo. Para otras figuras de la extrema derecha brasileña, el camino queda mucho más despejado para intentar ocupar ese espacio: por ejemplo, el gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, o la senadora Michelle Bolsonaro, su madrastra. Por lo tanto, creo que Flávio ha quedado totalmente fuera de juego. Al mismo tiempo, resulta absurdo que él se considere un presidente legítimo. De hecho, perdió por una diferencia de votos muy grande”, añade Guilherme Simões Reis, profesor de la Escuela de Ciencia Política de Unirio, en una entrevista con France 24.
En la carta de Flávio se compara con el general francés Charles de Gaulle, quien reescribió la Constitución de Francia y fundó la Quinta República, pero es este otro trecho el que llama especialmente la atención:
"En Venezuela, Juan Guaidó y Edmundo González tuvieron que abandonar el país por enfrentarse a la dictadura chavista, y María Corina Machado, a pesar de ser perseguida, se negó a legitimar el fraude y se convirtió en un símbolo mundial de la resistencia democrática”.
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¿Un Guaidó?
Para los analistas consultados, no hay grandes posibilidades de que Flávio Bolsonaro pueda llegar a tener los mismos apoyos que, en 2019, recibió el opositor venezolano Juan Guaidó, incluso de la Unión Europea.
“Guaidó contaba con una Asamblea Nacional electa y con el reconocimiento de decenas de gobiernos extranjeros, frente a una elección presidencial cuya legitimidad era cuestionada tanto dentro como fuera de Venezuela. Flávio perdió por más de cuatro millones de votos una elección certificada por el TSE —presidido por un ministro designado por su padre— y supervisada por observadores internacionales que no registraron irregularidades. El resultado fue reconocido por su propio candidato a vicepresidente, por Valdemar Costa Neto y por Tarcísio de Freitas. Los apoyos que le quedan se encuentran en la facción más radicalizada del bolsonarismo y entre los aliados que mantiene en EE. UU.”, señala Christian Lynch.

“La pretensión de ser Guaidó o María Corina Machado es una farsa. La carta toma prestado el repertorio de la ‘internacional reaccionaria’ para simular que Brasil sería una Venezuela en vísperas de una intervención estadounidense. Difundida desde EE. UU., habla de fraude y tiranía ante un público, sobre todo, extranjero. El cambio de “presidente electo” por “líder de Brasil”, pocos minutos más tarde, pone de manifiesto la fragilidad de la propia pretensión”, agrega Lynch.
Un Lula fuerte y un Trump en la sombra
Mientras tanto, Lula ya recibió las felicitaciones de los líderes de más de 100 países. Hasta el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, citado muchas veces por Flávio como ejemplo en tema de seguridad ciudadana, reconoció la victoria de Lula e incluso lo felicitó. En su mensaje, el mandatario salvadoreño habló del fortalecimiento de las relaciones “de amistad y cooperación” con Brasil. Solo tres países que representan un eje internacional de derecha todavía no han validado el resultado electoral: EE. UU. Israel y Argentina.
Como telón de fondo está la ambigüedad de Donald Trump. El presidente de EE. UU. dijo el 29 de octubre que no tomó partido en las elecciones de Brasil a petición de Lula, con quien asegura que hablará en breve. Además, evitó decir de forma clara si reconoce la victoria de su homólogo brasileño.
Al ser consultado sobre quién, a su juicio, había ganado los comicios en Brasil, respondió: “No quiero comentar eso ahora”, al mismo tiempo que criticaba el proceso electoral, que calificó de “vergonzoso” sin presentar pruebas. Un día antes, también hizo declaraciones enigmáticas: “No voy a hacer comentarios al respecto, pero sé que le dimos autorización para entrar al país (a Flávio Bolsonaro). Sin embargo, no voy a involucrarme. Fue una elección muy extraña, eso es seguro”, afirmó.

“Trump es muy impredecible y juega con la ambigüedad. Tiene una política de radicalización que, de hecho, desentona con la trayectoria reciente de los presidentes de EE. UU., un país con una política basada en preservar su hegemonía y en obtener recursos. Pero esto solía hacerse —especialmente en América del Sur— de una manera mucho más cautelosa, con menos amenazas y con más negociación”, subraya el profesor Guilherme Simões Reis.
Queda ahora por ver si realmente la carta de Flávio acabó con cualquier pretensión de liderazgo en Brasil, según apuntan varios analistas políticos.
La periodista Mônica Bergamo asegura en una columna que el senador debería lanzarse ya en los próximos días como candidato a presidente en las elecciones de 2030. La razón de su prisa sería bloquear desde ya la posibilidad de que Tarcísio de Freitas se consolide como el referente de la derecha para la sucesión de Lula y también evitar el ascenso de su madrastra, Michelle Bolsonaro, como figura de liderazgo y opción viable para la contienda presidencial.
“Flávio ya no era un candidato que tuviera un liderazgo natural. Se postuló porque era hijo de Jair Bolsonaro, el hijo principal de Jair Bolsonaro en la política. Jair Bolsonaro logró garantizar que quien representara al sector fuera su hijo, y no otro candidato”, concluye Simões Reis. La duda es si Trump le va a respaldar y si el tiro no le va a salir por la culata.
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